La Ruta de la Seda china gana adeptos e irrita a Washington y Bruselas

Pekín ha logrado involucrar a Italia, octavo PIB global, a una iniciativa “hecha en China para beneficio” del gigante asiático, alerta una “escéptica” Casa Blanca.

 

El sueño de Xi Jinping de conectar el gran mercado asiático con el resto de las economías del planeta a través de infraestructuras construidas por China parece ir viento en popa. Pero sin que, de momento, el régimen de Pekín pueda proclamar la victoria. Ha logrado la adhesión de naciones como Italia, que acaba de firmar el Memorándum de Entendimiento (MoU, según sus siglas en inglés), el plácet de participación en la Nueva Ruta de la Seda. O Belt and Road Initiative (BRI), a la que se han adherido ya una docena de naciones de Asia, África, Europa y América. La de Italia es, en cualquier caso, un gran triunfo diplomático de Pekín, que ha sabido labrarse entre el gobierno de duopolio populista -Liga Norte y Movimiento Cinco Estrellas- la participación del socio comercial e inversor con mayor capacidad económica hasta el momento. Y, de paso, añadir más tensiones en el seno de la UE, que acaba de reconocer la capacidad de separación que China puede ejercer entre los socios comunitarios. De hecho, en la sala de máquinas de la jefa de la Política Exterior de la UE, Federica Mogherini -lacónicamente, italiana- la amenaza china se ha convertido en asunto geoestratégico de primer orden. Quizás, la cuestión más dominante en la renovada agenda diplomática europea. Así lo expresaba un alto cargo exterior de la UE: “Nos hemos pasado los últimos años discutiendo sobre Vladímir Putin, pero la aparición de China es lo que ha removido todo el tablero internacional; EEUU lo sabe desde hace tiempo y ha tratado de adaptarse. En Europa, le hemos dado ahora carta de naturaleza oficial”.

Obviamente, en Italia, el mensaje de la firma del acuerdo ha sido interpretado en clave nacional: “Queremos asegurarnos que los productos made in Italy tienen más éxito en términos de flujos de exportación a China, que es el mercado más dinámico del mundo”, afirmaba Michele Geraci, subsecretario de Comercio en el Ministerio de Desarrollo Económico. Las autoridades italianas también han cerrado un pacto empresarial con la compañía China Communications Construction Company para la configuración de una nueva sociedad mercantil destinada al impulso del cargo naviero de bienes y mercancías desde el Puerto de Génova. Con participación mixta de capital. Un aspecto, la entrada de China en sectores estratégicos como el de los puertos o la energía que ha sido vetada por países como EEUU desde que, en los últimos dos decenios, se haya intentado por parte de Pekín acceder al control de infraestructuras catalogadas como esenciales para la seguridad nacional por la Casa Blanca.

El BRI nació en 2013 y ha sido, desde su origen, un proyecto al que el presidente Jinping le ha impregnado un marchamo personal. Está dividido en seis grandes rutas terrestres, a las que, de forma colectiva, se las denomina el Cinturón Económico de la Ruta de la Seda, y una marítima, que ha asumido el nombre de Ruta Marítima de la Seda. A lo largo de sus trayectos se suceden planes de construcción o remodelación de carreteras, gaseoductos, líneas marítimas y muchas otras redes de infraestructuras. Pekín tiene previsto invertir entre 1 y 8 billones de dólares en estos proyectos. En función del éxito que alcance la iniciativa en el futuro. Objetivo que depende de la participación activa del sector privado y del respaldo de otros países. Grandes ponencias, como EEUU o India, se han mostrado reacias a unirse a la BRI ante la creciente ambición política y militar de China y sus deseos de acceder a intercambios en innovación tecnológica que exigen gran parte de las obras de infraestructuras y que han propiciado, en buena medida, las subidas arancelarias entre las dos superpotencias que, desde enero, reescriben por completo la relación económica bilateral que sirva para superar la actual guerra comercial. Un diálogo que se ha visto salpicado de tensiones, como las amenazas estadounidenses para que sus aliados no suscriban acuerdos para el uso de las redes inalámbricas 5G de la firma china Huawei, a la que acusan de trasferir secretos tecnológicos y geoestratégicos de países occidentales a los servicios secretos de Pekín.

China también ha sido acusada de ofrecer créditos, con altos tipos de interés, a economías a las que les desbordan vencimientos de pagos con el Gobierno de Jinping. Como Sri Lanka, que en 2017 hizo entrega de un puerto del sur de su territorio a China porque no podía hacer frente a la deuda acumulada. El pasado año, Malasia se comprometió a financiar con 22.000 millones de dólares uno de los proyectos de infraestructuras de la BRI, también por problemas de impagos con Pekín.

Hecho por China, para iniciativa de China. Garrett Marquis, portavoz del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, respondía de esta manera a la adhesión de Italia a la Ruta de la Seda. “Es nuestra visión”, advertía a Roma. “Somos escépticos sobre que el Ejecutivo de Italia pueda lograr una cuota de retorno sostenible, a modo de beneficios económicos, para la sociedad civil italiana; más bien al contrario, esta decisión podría dañar la reputación internacional de Italia a largo plazo”, añadió. Italia es el primer socio del G-7 en unirse a esta iniciativa.

Europa acaba de marcar también distancias con Pekín. Después de que Francia y Alemania, de forma individual, hayan aplicado políticas para limitar la influencia económica de China. Entre otras, con nuevas cortapisas a la inversión extranjera. Mientras países como Grecia o Portugal han saludado al capital chino. El Puerto del Pireo, el más importante del estado heleno, también está mayoritariamente en manos de COSCO, la China Ocean Shipping Company. Las empresas italianas suscribieron con compañías chinas acuerdos por un volumen de negocio que supera los 23.000 millones de dólares. En el cuartel general comunitario de Bruselas, la diplomacia ha dado forma a una nueva estrategia exterior que sitúa a China en la cúspide de su agenda. El equipo de Mogherini ha constatado la intención de Pekín de poner a los distintos socios de la Unión en situación de disputa entre ellos. Por abordar el mercado chino. En otro intento de dividir la UE. Un objetivo que también persigue la Rusia de Putin o los EEUU de Donald Trump, afirman voces diplomáticas comunitarias ya sin tapujos. Definitivamente, las tres superpotencias nucleares se muestran convencidas de su preferencia por tratar de forma aislada a los 28 socios de la UE -a la espera del divorcio de Reino Unido- que someterse a los criterios de una táctica exterior única y bien perfilada. “El periodo de ingenuidad europea hacia China ha concluido”, ha afirmado hace escasas fechas el presidente francés, Emmanuel Macron. Pekín “es un socio aunque, al mismo tiempo, es un competidor, por lo que resulta crucial que haya juego limpio en las condiciones comerciales”, precisaba también el canciller austriaco Sebastian Kurz.

Last modified: 10/04/2019