La OMC surge como la gran víctima de la guerra comercial de Trump

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La máxima institución del libre comercio soporta flagrantes violaciones de sus normas y una pérdida de credibilidad como entidad protectora del sistema de globalización.

 

La guerra comercial desatada por Donald Trump el pasado mes de marzo, con la imposición de tarifas del 25% sobre el acero y del 10% sobre el aluminio a Canadá, México, la UE y China sembró de dudas el sistema regulatorio del comercio de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Las palabras, descalificantes, del presidente de EEUU hacia la institución multilateral, tras invocar la cláusula de sus estatutos fundacionales que permite a cualquier socio suspender sus concesiones comerciales en defensa de su seguridad nacional -argumento que adujo Trump para declarar la guerra comercial- señalaron directamente a la organización con sede en Ginebra. Desde entonces, la OMC trata de desprenderse de las críticas a su incapacidad para gestionar la globalización de los mercados, según los criterios de libre circulación de mercancías, bienes y servicios. Hasta el punto de haber visto mermado su prestigio y credibilidad como gendarme del comercio internacional y de ver cómo se han intensificado las violaciones de sus normas de funcionamiento.

La OMC se enfrenta al mayor desafío

Para más inri, su director general -sexto mandatario al frente de la institución- Roberto Azevêdo, tiene en su mesa de trabajo, en su segundo mandato cuatrienal, que expira en 2021, un desafío sin precedentes. Varios de sus miembros más prominentes (Canadá, China, México, Noruega, Rusia, la UE y Turquía) le han requerido la configuración de un panel de disputas -tribunales sentenciadores de la organización sobre conflictos de intereses comerciales entre alguno de sus asociados, más de 160 países del mundo- encargado de dictaminar si la Casa Blanca ha incurrido en prácticas dañinas o ajenas a los principios rectores del libre comercio por sus incrementos arancelarios.

¿Ha violado EEUU la carta normativa de la OMC?

El problema al que se enfrenta Azevêdo es que difícilmente podrá resolver que Washington ha violado la carta normativa de la OMC. O, dicho en otros términos, el panel de disputas tiene complicado impedir que EEUU siga con su política proteccionista. El principio de la defensa nacional prevalece sobre cualquier actitud que pudiera ser considerada contraria a la libertad comercial. Por mucho que, en realidad, existan pocas dudas de que la subida de tarifas a las importaciones de una larga lista de productos procedentes de Europa, China u otras latitudes -aliadas, incluso- atenten contra el espíritu de la cláusula invocada por la Administración Trump. Según reza la cláusula en cuestión, la OMC “no puede prevenir ninguna acción encaminada a instaurar medidas contra uno de sus socios que establece medidas que juzga necesarias para proteger sus intereses esenciales en el orden de la seguridad”.

Puede entrar en juego el panel de disputas

Sin embargo, la lista de denunciantes incide en otro de los principios rectores de la OMC: aceptar las denuncias de algún estado miembro que crea que otra nación ha violado, por alguna razón, sus derechos comerciales, y convocar inmediatamente su Dispute Settlement Body. Sólo estos paneles están autorizados a emitir dictámenes sobre conflictos, que llevan aparejadas sanciones. Aunque EEUU se ha apresurado a reclamar una revisión de esta iniciativa multilateral porque rompe, a su juicio, las reglas del juego.

El asunto se complica aún más porque, desde finales de septiembre, cuando Washington añadió nuevos obstáculos a la adquisición de mercancías procedentes de China. Por un valor superior a los 250.000 millones de dólares. Y lo hizo en defensa de la llamada Sección 301 de su Trade Act de 1974. Norma que la OMC declaró inválida en 2000 por un conflicto planteado por la UE. El objetivo de Trump es restaurar esta norma legal, que la institución multilateral consideró restrictiva al libre comercio, y presionar a la organización para que no abra el panel de disputas. Bajo la amenaza, nada velada, de que EEUU podría abandonar la OMC. O, en sentido contrario, si la institución sigue las instrucciones de Washington, el bloque de denunciantes también podría sentirse tentado a dejar la organización.

La encrucijada comercial proseguirá

Porque las tensiones, especialmente entre EEUU y China, no tienen visos de que vayan a relajarse en el futuro inmediato, con lo que las peticiones de paneles de resolución de conflictos se pueden suceder. Tampoco las hostilidades de Washington con Europa. Ni siquiera con México y Canadá, a pesar del renovado acuerdo del Nafta. Ante este panorama, los escenarios se suceden. Existen vientos favorables para la OMC. Entre otros, que la economía de EEUU pierda fuelle -creció un 3,5% en el último trimestre, pero con pérdida de peso de su sector exterior, que tuvo una aportación negativa al dinamismo- y que propicie una pérdida de empleos y de productividad. O que Trump no revalide su mandato en 2020 -a sólo dos años vista- y que se vuelva a restaurar la cordialidad y la comunión de intereses en el OMC.

China una de las causas de la guerra comercial

Pero, en el orden interno americano, también ha cundido en su sociedad civil y entre sus agentes económicos que China no es respetuosa con las reglas. De hecho, Pekín sigue sin lograr el plácet internacional de economía de mercado. Algo que también reconoció al Congreso Barack Obama y que ha estado detrás del apoyo de varios legisladores demócratas en la subida arancelaria de Trump a productos de su rival asiático, al que señala como el principal culpable de su déficit comercial.

 

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Perdida de credibilidad de la OMC frente a EEUU

La Casa Blanca ha manifestado en varias ocasiones su disconformidad con el funcionamiento de la OMC. Los esfuerzos de Obama de que culminara la Ronda de Doha fallaron estrepitosamente. De manera que, con independencia de quién acceda al Despacho Oval en enero de 2021, persiste una creencia más o menos generalizada de que esta organización no realiza una protección adecuada de los intereses de EEUU y de que el mercado interior americano ofrece más libertad a los bienes y servicios procedentes de otras naciones que los que otorgan éstas a sus mercancías. Dicho de otra forma. Si Trump no revalida su segundo mandato, su sucesor tampoco parece que vaya a ser un defensor a ultranza de la OMC. De manera que la segunda ola de la globalización -la primera floreció entre 1870 y el inicio de la Primera Guerra Mundial-, que ha florecido durante décadas, sobre todo en el mundo occidental, podría estar dando los últimos coletazos. Por su fracaso a la hora de gobernar adecuadamente los mercados globales. En los que la OMC ha tenido una parte incuestionable de responsabilidad.

Reacción conjunta al desafío comercial de la OMC, Banco Mundial y el FMI

Precisamente en este punto es donde se aprecia una reciente e inusitada reacción del entramado multilateral. Porque la OMC, el Banco Mundial y el FMI han hecho causa común para interrumpir las guerras comerciales. Los tres organismos acaban de exigir, en una medida sin precedentes, reformas urgentes del comercio internacional. En un informe tripartito. Bajo la justificación de que la era de la digitalización requiere de nuevas normas y de un clima que “no dañe” los negocios y en la que la OMC debe jugar “un papel determinante” que fortalezca el comercio y las inversiones en “tiempos de cambio”. Es decir, en un nuevo orden global.

Last modified: 31/10/2018