La guerra arancelaria de EEUU impulsa el gran mercado interior de Asia

Internacionalización, Noticias

La guerra arancelaria de EEUU

China juega sus cartas en una doble partida. Mientras negocia un nuevo pacto comercial con EEUU, ha protagonizado el acuerdo aduanero de Asean, con 16 mercados.

 

Las tensiones arancelarias, económicas y geopolíticas entre la Casa Blanca y el régimen de Pekín han catapultado el entendimiento entre las grandes potencias asiáticas para la firma de un gran acuerdo de libre comercio. Hasta el punto de que las naciones del sudeste asiático, englobadas en Asean, la institución política regional, han anunciado en Bangkok un principio de acuerdo tras el ímpetu diplomático mostrado por las autoridades chinas. Este partenariado económico, como se denomina al grupo (RCEP, según sus siglas en inglés) compromete a dieciséis mercados. Pero no todos adquieren unos lazos de unión similares. Entre los signatarios se encuentran las diez naciones que conforman la Asean -Indonesia, Tailandia, Singapur, Malasia, Filipinas, Vietnam, Birmania, Camboya, Laos y Brunei-, a los que se incorporan otros cinco más -China, Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda- e India, “si, en el futuro, decide adherirse”, tal y como recalcó el viceministro de Asuntos Extranjeros chinos, Le Yucheng: “Será bienvenida”, apostilló. Estos 16 países modelarían la mayor área de libre comercio del mundo, con la tercera parte del PIB global y casi la mitad de la población del planeta.

Pero el avance negociador, con compromisos oficiales de por medio, es algo más que un espacio aduanero común. Supone toda una afrenta a EEUU y a la Administración Trump, cuya primera medida al tomar lar riendas del país fue la retirada estadounidense de otro gran acuerdo de libre comercio, el que cincelaron los mercados de una y otra orilla del Pacífico, el denominado Trans-Pacific Partnership (TPP), que se ha puesto en marcha entre 11 naciones y que mantiene la mano tendida a Washington para su inmediata incorporación. China quedó fuera de este espacio hasta que sus estándares económicos y comerciales se ajusten a las reglas de su estatuto fundacional, según rezaba su acta de nacimiento. De ahí que Pekín haya jugado desde entonces la baza de la integración de Asean y de su Nueva Ruta de la Seda. Entre otras estrategias para contrarrestar la afrenta comercial de EEUU y buscar nuevas vías de comercio e inversiones.

Esta victoria parcial de Pekín deja varios frentes abiertos. Los analistas creen que la jugada de China, fulgurante en su desarrollo, y con escasa repercusión diplomática previa fuera de la órbita asiática, revela una preocupación colectiva y compartida sobre la ralentización económica y las tensiones en materia de seguridad en la región. Son los argumentos que han posibilitado el éxito de este memorándum de entendimiento. “Ha sido la confirmación de que la luz al final del túnel existía y que la travesía era más corta de lo previsto”, explica Tang Siew Mun, director del Centro de Estudios de la Asean. “Sólo queda que los políticos culminen estos avances”, dice, que contienen acuerdos sobre veinte capítulos para certificar la unión aduanera. Y la disposición de sus autoridades parece positiva para sellar el tratado. “Algunas naciones del Sudeste Asiático desean mostrar que la integración regional es un signo de superación de la escalada de tarifas al comercio y a la inversión entre las dos superpotencias económicas”, asegura Benjamin Bland, director para los países de Asean en el Instituto Lowy de Sídney. “Porque en Asia, no sólo China ha soportado el proteccionismo de EEUU”, explica. La cumbre de Bangkok corrobora este deseo de superar página. Porque el RCEP da carta de naturaleza a este salto hacia adelante. Y porque la mayor parte de los socios de la Asean, que han ejercido de contrapoder frente a China por las presiones geopolíticas de EEUU, para contrarrestar el poder de Pekín en el continente, empiezan a tener dudas de perpetuar en el tiempo esta estrategia. Tailandia e India, por ejemplo, has sido objeto de la retirada de la condición de mercado comercial preferente por parte de Washington. En el caso tailandés, la pérdida de tal estatus ha sido reciente. De finales de octubre. Condición que otorgaba al país 1.300 millones de dólares de beneficios a la importación en el mercado de EEUU. La acusación de la Casa Blanca: el déficit protector de los derechos laborales en Tailandia.

Aunque algunas compañías han decidido trasladar su producción de China a otras latitudes del área para escapar del aumento arancelario de EEUU sobre los productos del gigante asiático, el FMI, en su reciente diagnóstico otoñal, ha recortado medio punto, desde el 5,3% en 2018, hasta el 4,8% este año, el ritmo de actividad entre las cinco principales economías de la Asean. También el de India, cuya ralentización, a los ojos del Fondo, es de siete décimas: desde el 6,8% al 6,1% de variación interanual. “Las tensiones comerciales han sido la última advertencia a las naciones asiáticas de que necesitan disponer de una plataforma económica-comercial colectiva que actúe de carburante para impulsar el dinamismo”, sentencia Deborah Elms, directora del Centro de Comercio Asiático, con sede en Singapur.

Si todo sale como el viceministro chino promete e India se suma al pacto, la futura RCEP abarcará el 47% de la población mundial, o 3.400 millones de personas, y el 32,2% del PIB mundial, 20,6 billones de euros. También acaparará el 32,5% de la inversión global y el 29% del comercio del planeta. La RCEP y el TPP contienen reglas y objetivos bastante diferentes. Así, mientras el TPP se centra en la reducción -y supresión, en según qué casos- de las barreras no arancelarias -en aspectos como la preservación del medioambiente o los estándares sobre los flujos de capitales extranjeros-, la RCEP pone el énfasis principalmente en los aranceles, sin las protecciones a los derechos laborales que ofrece el tratado que originalmente lideró EEUU.

 

Si quieres seguir leyendo noticias relacionadas, haz clic aquí.

Last modified: 14/11/2019