La gota fría en España debilita al sector exterior agroalimentario

La gota fría en España

Las peores inclemencias meteorológicas en el levante español en 140 años han acabado con 300.000 hectáreas de productos vegetales y frutas, espacialmente cítricos.

 

La peor gota fría en 140 años arruina 300.000 hectáreas de huerta y cítricos. Según los primeros cálculos de varias asociaciones agrarias, la gran depresión climatológica ha hecho perder la producción de frutas y hortalizas en la llamada huerta de Europa. Tal es la envergadura que fuentes del sector y ciertas personalidades políticas como el presidente valenciano, Ximo Puig, hablan abiertamente sobre la conveniencia de aplicar un Plan Marshall a la zona, que aún está pendiente de ser declarada en su conjunto como “catastrófica” por la virulencia de los efectos de la DANA, depresión aislada en niveles altos o baja segregada, como así definen a este fenómeno meteorológico los expertos. Los rigores de este contratiempo amenazan con pasar una factura excesiva a un sector exterior, el de los productos agroalimenticios, que atravesaba una etapa de bonanza exportadora. Con crecientes demandas de bienes y mercancías ‘made in Spain’ en EEUU y China, a pesar de la batalla comercial abierta entre las dos superpotencias. Un estudio que patrocina la escuela de negocios IESE, llamado Vademecum on Food también sitúa a seis países europeos en su top-ten de destinos preferenciales para este sector en España, al que considera “el más internacionalizado de la economía hispana”.

En la Federación Española de Asociaciones de Productores Exportadores de Frutas, Hortalizas, Flores y Plantas vivas (Fepex), se destaca que, en 2018, las ventas de sus empresas asociadas se incrementaron, en los mercados exteriores, en un 1%, hasta los 12.832 millones de euros, con un volumen de 12,5 millones de toneladas. Tendencia estabilizada, precisan, a expensas de que se produzcan fenómenos como el de la reciente gota fría. En conjunto, las ventas del sector, que según la rúbrica oficial del PIB está compuesto por alimentos, bebidas y tabaco, le han convertido en la segunda industria de mayor intensidad exportadora. Con nada menos que el 16,1% de los flujos comerciales al exterior. Tan sólo por detrás del segmento de los bienes de equipo, que superan ligeramente el 20%, un alza de dos décimas, pero con unos ingresos brutos de 45.877 millones de euros según el ministerio del ramo, y un saldo positivo para la balanza comercial española de 10.818 millones, un 2,8% más del superávit de 2017. Por grupos de productos, el pasado año crecieron las ventas pesqueras en un 4,5% -4.168,6 millones de euros-, de frutas, hortalizas y legumbres en un 1,1% -17.427,5 millones-, de lácteos y huevos en un 0,8% -1.461,6 millones-; de bebidas en un 5,9% -4.250,8 millones- y de otros alimentos, en otro 4,6% y 5.439,5 millones. Por el contrario, se resistieron en su actividad fuera de las fronteras nacionales las exportaciones de productos cárnicos en un 1,2% -6.930 millones-; de aceites y grasas, en un 13,1% -4.252 millones-; de azúcar, café y cacao en un 0,2% -1.715 millones- y de tabaco en un 5,6% -230,4 millones-.

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Otro estudio, pionero en España, el Observatorio sobre el sector agroalimentario español, que ha publicado su segunda edición, con datos de 2018, asegura que es la cuarta industria de este segmento de actividad en Europa por volumen de exportación y que representa el 9,2% del total de la economía española, con un valor añadido bruto de 100.742 millones de euros incluyendo toda la cadena: sector primario, transformación y comercialización, lo que supone medio punto más que el año anterior. Un dinamismo que genera 2.451.259 puestos de trabajo, casi la mitad de la plantilla que opera en el sector de distribución. El pasado año, creó un 0,8% de empleos más que en el año precedente y registró el quinto ejercicio consecutivo con fomento de trabajo.

Este diagnóstico precisa que existen 17.644 empresas exportadoras con capital español en este sector, lo que supone el 8,6% del total del sector exterior, aunque tras 12 años consecutivos de crecimiento, en 2018 cayó su censo en un 7,4 %. El estudio coincide con el desafío trasladado por los expertos americanos a sus rivales de EEUU: se necesita más inversión en I+D+i, a pesar de que, en 2016, esta partida experimentó un alza del 14,1% o de que su peso equivale al 3,9% del gasto en innovación en España. Aun así, no se ha recuperado el nivel de investigación en nuevas tecnologías previo a la crisis de 2008.

 

La aceituna negra, centro de colisión bilateral

Sin embargo, los intercambios bilaterales en la industria agroalimentaria viven un momento de alta tensión. El factor culminante de las fricciones es la aceituna negra, una de las fuentes de ventas más sólidas de las firmas españolas en el mercado americano. En agosto de 2018, la Casa Blanca consumó su amenaza y elevó los aranceles hasta el 17,13%. Fruto -dice la Administración Trump- de una investigación antidumping del Departamento de Comercio de algo más de un año. Y que, en realidad, es un gravamen ponderado de unas tarifas a tres empresas españolas sobre las que se ha fijado unas tasas de entrada específicas para comercializar este producto en territorio de EEUU. A saber, Aceitunas Guadalquivir (16,8%); Agro Sevilla Aceitunas (14,64%) y, la que soporta una mayor imposición, Ángel Camacho Alimentación, del 19,73%. La decisión supuso una bajada de las exportaciones del 72% en el último trimestre del pasado año, aunque en septiembre se redujo en un 76%. Para más inri, sus competidores no han sufrido las mismas represalias, ya que las ventas de aceitunas negras de mesa procedentes de Portugal, Grecia, Egipto, Marruecos o Turquía quedan exentas de este gravamen. Además, soportan otro arancel medio, calificado de provisional, del 4,47%, como tarifa preliminar de esa investigación, en este caso por supuestas subvenciones a la producción en España. Denuncia que partió del sector aceitunero californiano y que señalan a las ayudas de la Política Agraria Común (PAC). Es decir, son consecuencia directa de la batalla comercial entre EEUU y Europa. Esta industria exporta a EEUU el 36% de sus ventas al exterior, con un volumen de beneficios de 70 millones de euros anuales en 2016 y 2017 y está asentada mayoritariamente en Andalucía, en donde se produce casi el 80% de la producción y a donde revierte el 30% del valor de la aceituna negra que se vende en el exterior.

El titular de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, ha instado a Bruselas a avanzar en la constitución del panel de conflictos abierto por este contencioso en el seno de la OMC. Hecho que finalmente se formalizó a finales de junio. La comisaria de Comercio, Cecilia Malmström, aseguró que Bruselas “es plenamente consciente de la importancia de este asunto y de todas sus implicaciones sistémicas”. Desde el inicio de las investigaciones preliminares, la Comisión ha intervenido activamente y ha proporcionado a las autoridades estadounidenses la información pertinente, “en cooperación con el Gobierno de España y las empresas españolas afectadas”. Antes de advertir que “seguiremos velando por que EEUU respete las normas de la OMC” y que vigilará que Washington “evite cualquier medida injustificada durante la fase de instrucción” ya que la presión arancelaria sobre la aceituna negra de mesa española, en las semanas previas a la admisión del recurso, alcanzó el 34,75%. Aun así, el sector agroalimentario español envió a EEUU mercancías por 1.812 millones de euros en 2018, un 72% más que hace un lustro. Pero las firmas de este segmento de actividad temen que el proteccionismo americano acabe afectando también a otros productos estrella en el mercado estadounidense como el vino o los quesos.

 

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Last modified: 02/10/2019