La economía alemana cede ante el Brexit, Italia y la guerra comercial

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La pérdida de vigor de la locomotora europea, por el retroceso de su industria y su sector exterior, arrastra a la zona del euro a un crecimiento desconocido desde 2014.

 

La salud de la economía alemana se resiente. El PIB de la locomotora europea se gripó entre los meses de verano. Según Eurostat, la oficina estadística de la UE, la actividad productiva retrocedió dos décimas entre julio y septiembre. Una contracción que nadie esperaba. Y, menos, sin solución de continuidad. Porque las incertidumbres geopolíticas y económico-financieras pueden llevar a la mayor economía del euro a una recesión técnica -dos trimestres consecutivos de números rojos– si se consume este descenso del dinamismo entre octubre y diciembre. Trimestre, tradicionalmente, de ralentización por el parón que sectores como la construcción ocasiona en un país con inviernos poco propicios para que esta industria mantenga sus ritmos contractuales sin retrasos por causas climatológicas. El consenso del mercado vaticinaba un repunte modesto: entre un 0,1% y un 0,2%. Pero los efectos de una triple tensión geoestratégica mundial, que tiene como telón de fondo la crisis presupuestaria auspiciada por Italia, amenaza con desestabilizar la coyuntura del euro. La guerra comercial desatada por EEUU, que ha mermado el ritmo de la industria y del poderoso sector exterior germano y las dudas sobre el Brexit, pese a que el acuerdo de divorcio con Reino Unido presenta gran parte de las reivindicaciones de la UE. Amén de las embestidas procedentes de los mercados emergentes, en especial, para los intereses alemanes, la debilidad de la lira turca.

Cuestión de tripartito

Aunque la contracción germana también ha estado marcada por cuestiones de orden interno. Las discrepancias en el tripartito que gobierna desde Berlín -conservadores, socialdemócratas y social cristianos- se han acentuado con el anuncio de la canciller Angela Merkel de renunciar a un quinto mandato. Decisión que ha irrumpido inmediatamente después de las sucesivas pérdidas de apoyo social de su formación, la CDU, en las últimas contiendas electorales en varios länders y, de forma colateral, la de su formación hermana, la CSU, en los comicios de Baviera, su coto histórico y el semillero de su poder tradicional en los gabinetes conservadores federales. Tendencia de la que no han logrado zafarse los socialdemócratas del SPD.

Ante esta tesitura, los mejores comportamientos económicos de los socios monetarios europeos se registraron en España, cuyo PIB creció seis décimas, y Francia, que firmó un repunte trimestral del 0,4%. Con Holanda y Portugal sumidas en el círculo de la ralentización.

Incógnita global

Los analistas financieros, sin embargo, inciden en la gravedad del motor alemán. Desde el servicio de estudios de ING, por ejemplo, se dice que el diagnóstico de la coyuntura germana es más que serio. Y que las previsiones del Consejo de Expertos Económicos que asesora al Gobierno en materia de economía alemana y que auguraba un crecimiento del PIB del 1,6% este año y del 1,5% en 2019 han pasado de repente a ser demasiado optimistas. Aunque ya supusiera un drástico recorte respecto al pasado ejercicio, en el que la economía se incrementó un 2,2%.

De alguna manera, también el máximo organismo económico del gabinete de Merkel, ha admitido su error de cálculo. Su presidente, Christoph Schmidt, ha declarado que Alemania se enfrenta a “importantes decisiones en materia de política económica ante las incertidumbres sobre el futuro orden global que dañarán la estabilidad del ciclo de negocios” germano. Entre las incógnitas, Schmidt, autor del último informe de situación de esta institución, menciona el Brexit, Italia, la guerra comercial de la Administración Trump, la crisis monetaria en los mercados emergentes y la batalla demográfica en su país por el envejecimiento de su población. “La suma de todos estos componentes temporales están reduciendo la capacidad de producción” alemana, explica.

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Exportaciones

Donde primero se ha constatado la ralentización ha sido en el sector exterior. Las exportaciones alemanas se contrajeron ocho décimas ya en septiembre, último dato contabilizado. Y seguirán en caída libre hasta que se disipen las dudas sobre el Brexit, cuyo acuerdo debe ser refrendado por el Parlamento británico y con el gabinete de Theresa May cada vez más cuestionado y en la cuerda floja y mientras no se negocie un acuerdo tarifario entre Europa y la Casa Blanca. Las ventas de su sector automovilístico han sido el epicentro del retroceso exportador en la economía alemana, que suma ya cuatro de los últimos seis meses en números rojos y ha retraído la confianza empresarial en el país. Gran parte del músculo del sector exterior alemán lo aportan los gigantes de la automoción, como Mercedes o BMW. Y esta industria ha descendido sus beneficios operativos durante los tres meses de verano en un 27% por el aumento de la competencia en los mercados globales y los cambios en los mapas arancelarios provocados por la guerra comercial de Trump. El alza arancelaria a China también es un motivo de preocupación para BMW, el Grupo Wolkswagen o Mercedes Daimler, que fabrican en el gigante asiático varios de sus utilitarios. Al igual que las políticas medioambientales de la UE, con las que Europa pretende reducir las emisiones en un 30%. Este crisol de factores ha influido en la contracción de una décima de la producción del sector automovilístico alemán.

Más voces en contra

Los organismos internacionales también se unen al coro de voces que alertan del peligro sobre la economía germana. El FMI, la Comisión Europea y la OCDE han enfatizado que la coyuntura de Alemania acaba sufriendo con más intensidad a medida que los riesgos políticos y económicos internacionales se convierten en realidad. También el BCE atisba este escenario. Sobre todo, si el derrape presupuestario italiano, como parece, amenaza con sobrepasar el 3% el próximo año. O si la crisis del Deutsche Bank, que el Fondo Monetario Internacional llegó a catalogar como la mayor amenaza sistémica en 2017, se acentúa tras la operación por presunto blanqueo de capitales que acaba de emprender la Justicia alemana. El Deutsche Bank ostenta amplios intereses accionariales procedentes de sectores industriales y manufactureros alemanes, tiene vínculos próximos al poder ejecutivo federal y de varios länders y ha emprendido en los últimos años negociaciones dirigidas a consumar una fusión tanto con entidades financieras nacionales como europeas.

Otro signo de esta pérdida de fuelle de la locomotora europea lo ha transmitido el BCE. Su Índice de Gestores de Compras Manufactureras, el PMI, descendió en octubre hasta el nivel 50,7 desde el 54,1 de septiembre. Este barómetro, para el conjunto de la zona del euro, anticipa el vigor o el descenso de la demanda industrial con bastante precisión. Pero, al desglosar la tendencia de cada uno de los socios monetarios, se aprecia que la caída del indicador alemán ha sido especialmente virulenta y el detonante de que el índice general descendiera, de manera drástica, hasta una cota desconocida desde el mes de diciembre de 2014. “La aversión al riesgo en los mercados globales” está detrás de este comportamiento de la industria, asevera la autoridad monetaria europea.

Last modified: 27/12/2018