Japón y Corea del Sur, la otra guerra comercial de dos rivales históricos

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Japón y Corea del Sur

Hay otra disputa comercial más oculta y soterrada que la declarada por EEUU a China. Con un complejo legado histórico que enfrenta a las dos economías más avanzadas de Asia.

Los focos se los lleva la hostilidad comercial entre EEUU y China. Pero hay otro tsunami larvado que está amenazando el abastecimiento de los flujos de bienes, servicios y mercancías y que ya ha obligado a EEUU a sopesar cambios en materia de seguridad en Asia. Precisamente con dos de sus históricos aliados en el continente. Porque cualquier paso en falso de Seúl o Tokio puede transformar la estrategia estadounidense en el noreste asiático y desencadenar nuevos riesgos de altercados nucleares por parte de Corea del Norte. Japón y Corea del Sur dejaron atrás más de medio siglo de entente cordiale -y prendieron la mecha del sangriento legado de la Segunda Guerra Mundial- cuando, en octubre del pasado año, la Corte Suprema surcoreana permitió a la ciudadanía de su país presentar acciones legales para reclamar daños de guerra a compañías de Japón. La reacción nipona fue el inicio de las tensiones comerciales. Tokio anunció controles a la exportación de materiales destinados a la fabricación de semiconductores especializados, que son imprescindibles para el adecuado desarrollo del sector de móviles y equipos electrónicos de Corea del Sur.

 

La retórica nacionalista

La retórica nacionalista se activó de inmediato en ambos países. En Corea del Sur, se desataron las iras sociales hacia un vecino que ocupó militarmente su territorio desde 1910 hasta 1945 y que se ha saldado con la inmolación de dos de sus ciudadanos en protesta por las represalias al comercio empleadas por Tokio. Animados por este fervor, una y otra nación, han sacado a sus respectivos sectores exteriores de las listas blancas de permisividad comercial, añadiendo a sus productos y empresas al espacio de altas exigencias regulatorias para colocar sus mercancías en el tráfico bilateral. La inteligencia americana ha mostrado su preocupación por el rumbo de los acontecimientos. Porque, ni el primer ministro japonés, Shinzo Abe, ni el presidente surcoreano, Moon Jae-in, han dirigido precisamente sus acciones hacia una rápida vuelta al reencuentro. Sus maniobras en el futuro inmediato serán determinantes para restablecer la certidumbre en los mercados y devolver la estabilidad geopolítica. Las iniciativas para evitar la mutua destrucción económica serán esenciales. Frente al rampante nacionalismo y las tentaciones de controlar las economías tanto en Tokio como en Seúl. La oposición surcoreana ha criticado la “emocional” reacción de Moon, más posicionada hacia enarbolar la bandera del patriotismo que a echar a Tokio un órdago en materia económico-comercial. Pero que, a buen seguro, exigirá la mediación de la Casa Blanca.

Porque Abe tiene, realmente, poco margen de maniobra. El daño económico está más enfocado a Corea del Sur que a la economía japonesa, donde no se han manifestado críticas por parte de la comunidad empresarial hacia los controles exportadores decretados por el primer ministro. Al menos hasta ahora, porque este mes entra en vigor la subida impositiva, que recae muy en especial sobre el consumo, que pretende inculcar algún tipo de proyección inflacionista en una economía estancada. Cualquier alteración en su ruta económica puede desembocar en ataques contra su tercer gran socio comercial.

 

Exportaciones comerciales

Las tensiones comerciales entre ambas potencias asiáticas amenazan con bloquear el mercado de componentes electrónicos, del que Japón controla el 80% de los suministros de materiales semiconductores. Por su parte, Corea del Sur produce el 70% de los chips de memoria y dispone del 90% de cuota de mercado de sistemas OLED, una tecnología básica para pantallas televisivas y monitores de equipos informáticos. Sin descuidar a terceros afectados. Por ejemplo, firmas como Apple o Amazon que, de iniciarse una escalada de fricciones entre Seúl y Tokio podrían sufrir daños cuantiosos. Una prohibición total de las exportaciones japonesas de componentes semiconductores causaría un incremento de precios del 50%.

Hasta ahora, la supervisión exportadora de Japón es puramente administrativa. Tokio mantiene la idea de que las exportaciones serán aprobadas según los procedimientos burocráticos que se recogen en sus leyes. Samsung y SK Hynix seguirán teniendo acceso a sus pedidos en tiempo y forma razonables. De hecho, los inventarios surcoreanos siguen teniendo entre uno y dos meses de margen para cubrir abastecimientos imprevistos. Aunque han empezado a descender. Y, si el Gobierno nipón decide endurecer los trámites de venta al exterior, la producción de estos bienes se resentirá en todo el mundo. La retirada de las listas blancas significa que los importadores de estos materiales tendrán que atender procedimientos regulatorios que, con el estatus de firmas estratégicas, antes no debían atender o, de tener que hacerlo, no con tanta minuciosidad. Estas barreras administrativas pueden ser tanto o más efectivas que una subida de aranceles. Y Corea del Sur era la única nación asiática a la que Japón ha otorgado el acceso a sus listas blancas. Ni siquiera Taiwán o Singapur, otras dos economías eminentemente exportadoras y calificadas de alta tecnología.

 

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Last modified: 15/10/2019