bombilla

¿Una idea genial? Así se consigue

El emprendedor, ¿nace o se hace? Nadie viene al mundo con una “bombilla” encima de la cabeza. Pero no por ello hay que resignarse. Un momento cualquiera puede ser el germen de esa idea brillante, genial e innovadora que arranque ese negocio o ese proyecto tan deseado, o que haga despegar esa empresa que ya se tiene, pero que parece estar en punto muerto, y necesita un empujón.

 

Observar ante todo

El primer paso para ser creativo es aglutinar y reunir toda la información que tengamos a mano: la competencia (real o posible), la visita a una feria, los folletos de propaganda de otros negocios… Y, a partir de ahí, empezar a tomar decisiones. Dicho de otra manera: vislumbrar qué es lo que deseamos o necesitamos, meterlo en la “batidora”, y buscar respuestas a nuestras preguntas. Por eso, la primera fuente que nos hará ver el vaso medio lleno es la observación. La vía más rápida para encontrar productos y servicios innovadores es resolver una necesidad insatisfecha, plantearnos la mejora de algo que no era idóneo, meditar en la búsqueda de ideas de negocio. Y, para que tenga éxito, el proceso tiene que crear una respuesta que asombre, novedosa, original e inesperada, incluso para la propia persona que la propone. Todas las facetas de la vida, del trabajo, del propio pensamiento, de la familia… pueden ser esa fuente de inspiración. Un proceso que pasa por tres niveles: comprender y definir el problema; proponer la mayor cantidad de ideas posibles lo más rápido que se pueda; y seleccionar, sintetizar y elegir.

 

Potenciar la creación

Efecto CESCE

Otro método que nos puede hacer llegar a buen puerto es el de preguntar. Las preguntas son una puerta abierta a la innovación. Porque una cuestión realizada a la persona oportuna en el momento adecuado puede proporcionar toda la ayuda necesaria para acceder a una importante cantidad de información e ideas. Tampoco es una mala táctica ver las cosas desde diferentes puntos de vista. Un negocio que ha triunfado puede tener rendijas, o puntos sin tratar, que pueden mejorarlo, o ser el germen de otros diferentes.

También es conveniente que desafíe las suposiciones habituales que hace cuando aborda problemas o define metas. Si las mismas fuesen totalmente ciertas nunca se sentirá sorprendido y nunca podrá crear nada nuevo. Cada suposición que se tiene es una oportunidad para el cambio, la diversión, el perfeccionamiento… en definitiva, un campo abierto para las grandes ideas.

 

Momento adecuado

Difícilmente encontrará el momento y el ambiente adecuado para generar ideas en su despacho. Pero, quizás sí, cuando se toma una café, mientras hace ejercicio físico, al despertarse en mitad de la noche, o mientras lleva a cabo un trabajo manual. Y en el camino debe olvidarse de frases del tipo “ya lo hemos intentado antes y fracasamos”.  Antes quizás no era el momento oportuno, pero ahora, con determinados retoques, sí puede serlo. La negatividad lo que hace es aplastar sin piedad las grandes ideas, retrasar el proceso e inhibir las innovaciones.

Por último, está el “préstamo” de ideas ajenas. Eso sí, siempre y cuando se haga de un modo adecuado. La forma correcta es tomar prestada una idea de otra persona y perfeccionarla; la incorrecta se llama plagio, o robo. Convertir en un hábito el hecho de quedar expuesto a las ideas de los demás, de identificar las buenas, y adaptarlas para beneficio propio, es una buena medicina. Examinar la manera en que los mejores competidores operan y dirigen sus negocios es, a veces, más fácil que analizar sus propias operaciones.

Y no se desanime si al principio no le acompaña el éxito. Tómese un descanso. Reconozca que la creatividad no proviene solo de su interior, sino también de afuera. Siempre hay cabida para otra nueva idea.

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