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Los peligros del low cost

Algunas empresas sienten, de vez en cuando, la tentación de aplicar estrategias que garanticen resultados inmediatos en su negocio. Una de ellas es la del low cost, una drástica y generalizada reducción de precios que se convierta en un revulsivo para las ventas y que haga aumentar la clientela rápidamente. Este método, bien aplicado, puede tener resultados muy positivos, pero también conlleva algunos riesgos. Veamos los principales.

 

No siempre es posible. La fórmula del low cost no se puede aplicar en todo tipo de negocios o, mejor dicho, hay algunos en los que no obtendrá seguramente los mejores resultados. Esto sucede sobre todo en los más especializados, en los que están relacionados con segmentos muy determinados de público o en los que se dirigen a nichos de mercado muy específicos. Para lograr el éxito hace falta que los productos o servicios que ofrece la empresa vayan dirigidos a todo tipo de público, ya que solo así se conseguirán numerosos clientes y consumos masivos. Es la única manera de compensar el esfuerzo realizado previamente bajando los precios.

 

Reducción de la calidad. Una de las fórmulas que utilizan determinadas empresas para compensar la bajada de precios es reducir sustancialmente, a su vez, la calidad de productos y servicios. Este es uno de los grandes errores que pueden cometer, ya que si lo hacen, probablemente los nuevos clientes que acaban de conseguir desaparecerán pronto y, además, los antiguos podrían pasarse también a la competencia. En cualquier caso, si la empresa considerara imprescindible reducir en alguna medida la calidad para que le salieran las cuentas, esta reducción debería ser mínima y no afectar a los elementos fundamentales del producto o servicio.

Efecto CESCE

 

Mala imagen. Aunque no se reduzca ni un ápice la calidad de la oferta, una estrategia low cost puede tener siempre un riesgo, sobre todo entre algunos segmentos de población: la mala imagen. Por eso, como también comentábamos al principio, es necesario que los productos comercializados vayan dirigidos a un público universal. Solo así las ventas masivas podrán compensar, con creces, las reticencias que se creen por este tema en determinados colectivos particulares.

 

Riesgo de ser copiado. El precio no suele ser el único motivo de compra, por lo que es necesario diferenciarse de la competencia con otros elementos, ya estén relacionados con la calidad, el diseño, la originalidad o el servicio. Si el low cost se convierte en la única estrategia de un negocio, es posible que otras empresas terminen copiando el producto e, incluso, ofreciéndolo en el mercado a un precio todavía menor.

 

Falta de comunicación. La bajada de precios puede ser una buena estrategia, pero para conseguir que derive en un rápido aumento de habrá que anunciarla por todos los medios posibles. Si la empresa baja tarifas pero no lo comunica adecuadamente, el esfuerzo no habrá servido para nada porque los clientes y consumidores no se habrán enterado y lo único que cambiará es que la cuenta de resultados del negocio se resentirá duramente.

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