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Carmina: el valor del zapato artesano

Los expertos en calzado aseguran que el cosido conocido como goodyear es la mejor forma de diseñar y crear un buen zapato. De entrada, se trata de un calzado duro, pero que tras un periodo de doma se convierte en el zapato más cómodo del mercado. Otra característica de este tipo de construcción y cosido es que no se puede realizar sin la intervención del hombre, lo que quiere decir que estamos ante una fabricación totalmente artesanal, que prescinde de cualquier proceso industrial. Como se puede suponer, el coste de producción del calzado goodyear es caro, lo que origina que cada vez son menos los zapatos elaborados bajo este costoso proceso de producción.

Tanto es así que marcas de lujo tan conocidas como Gucci, Clavin Klein o LVMH han prescindido de este característico cosido para introducir procesos industriales en la elaboración del calzado, lo que ha dejado un nicho de mercado abierto a otros fabricantes más pequeños que sí que siguen respetando la tradición en el calzado.

Una empresa centenaria

Uno de esos artesanos es la empresa Carmina Shoemaker. Se trata de una pyme familiar española que inició su andadura en Inca (Mallorca) en 1866. Fundada por Matías Pujadas, Carmina nació como un pequeño taller donde se hacían zapatos a medida. Una generación después, su hijo Mateo Pujadas, continuó la labor del fundador, y en 1905 abrió una de las primeras fábricas de zapatos cosidos goodyear de las Baleares.

En 1961, José Albadalejo Pujadas, bisnieto del pionero y continuador de la saga familiar, convierte a la empresa en uno de los fabricantes de lujo más grandes de España que, en los años 80, llegó a fabricar un millón de pares de zapatos. Pero tras una crisis de mercado, en la que la demanda de calzado de lujo descendió de forma vertiginosa la empresa se vio obligada a reinventarse. Esa labor la ha llevado José Albadalejo que, en 1997, creó una nueva compañía con el nombre de Carmina Shoemaker, con la intención de fabricar uno de los mejores zapatos artesanos del mundo.

A la conquista de Asia

En estos pocos años de nueva andadura, la pyme cuenta con ocho tiendas propias (París, Madrid, Barcelona, Bilbao, Valladolid y Palma de Mallorca), y compite en los mejores escaparates de Europa, Asia y Estados Unidos con gigantes del lujo franceses e italianos. Por si eso no fuera suficiente, en los últimos tiempos este pequeño David está vendiendo a los Goliat del mercado más elitista, en territorios tan remotos como Hong Kong.

Buena prueba de ello es la noticia aparecida en el diario South China Morning Post que asegura que los consumidores masculinos del lujo, que tradicionalmente se inclinaban por la prestigiosas marcas francesas e italianas, empiezan a darse cuenta de que la calidad de dicho calzado no está a la altura de los precios y se cuestiona si merece la pena pagar más de 1.000 euros por unos zapatos fabricados de manera industrial.

Por tanto, el dominio de estas marcas está empezando a decaer a favor de productos artesanales británicos, norteamericanos, austriacos y españoles. El diario habla en concreto de Carmina Shoemaker como ejemplo de empresa que ofrece gran calidad a muy buen precio.

El caso de Hong Kong no es único. Es más, esta pequeña empresa mallorquina ha logrado entrar con fuerza en países como Japón, Taiwán o Corea del Sur, países donde los artesanos se han convertido en objeto de culto. Para mantener el prestigio, Carmina continua apostando por ser uno de los pocos, casi el único, fabricante de zapatos del mundo que utiliza también el cosido goodyear para elaborar el calzado femenino. Y es que sólo siendo los más exclusivos se puede competir y vencer a los monstruos del lujo internacional.

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