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Inconvenientes de ser demasiado rápido en los nuevos negocios

Existe una realidad inmutable: las buenas ideas que terminan en productos necesitan ser cambiadas, modificadas y ajustadas, sobre todo al principio. Por eso, en este caso es preferible que esa idea salga rápidamente de la empresa y sea testada al instante por el mercado. Obtener la retroalimentación del consumidor es fundamental a la hora de aprender qué es lo que funciona y qué es lo que no funciona en un producto. En este caso específico, es preferible colocar algo a la venta, aunque sepamos que no será perfecto, a perder demasiado tiempo en hacer pruebas internas, ya que los resultados de éstas jamás serán tan fiables como los que nos llegan de los clientes.

 

Pero que en esta ocasión la rapidez sea la mejor aliada de los nuevos negocios no implica que lo sea siempre. En otras muchas situaciones específicas, ser demasiado veloz constituye un importante error que puede llevar a que una buena idea termine en fracaso, por no haber sido capaces de prever sus carencias antes de su puesta en el mercado. Para evitar que esta circunstancia llegue a ocurrirle, a continuación incluimos cuatro momentos en los que la rapidez se convierte en el peor de nuestros enemigos.
A la hora de lanzar un concepto que ya está probado
Cuando se presenta un producto nuevo, la fórmula del ensayo y error es recurrente y, por lo general, positiva a la hora de descubrir los factores de riesgo y los fallos del concepto. Pero esto no es interesante en el caso de que se pretenda vivir de una idea que ya existe y que otros han sido capaces de llevar al éxito. En estos casos es mucho más provechoso demorar el lanzamiento para aprender todo lo que se pueda de los errores y los aciertos de los rivales. No se trata de reinventar la rueda. De eso ya se encargó el pionero, sino de presentar un producto similar pero que carezca de los fallos del predecesor. Pongamos un ejemplo para entenderlo. Usted está interesado en el mundo de la franquicia y quiere lanzar una tienda bajo esta fórmula de una marca muy conocida como, por ejemplo, puede ser McDonald’s. En un primer momento, podría llegar a pensar que una franquicia McDonald’s es un negocio seguro. No se equivoque. Algunas funcionan mejor que otras y, en el peor de los casos, también ha habido cierres. Eso quiere decir que el sistema McDonald’s tiene unas particularidades que deben conocerse. Por tanto, el emprendedor está obligado siempre a perder el tiempo que sea necesario para descubrir el secreto de la rentabilidad de las franquicias más exitosas, y lo que llevó a otras a tener que cerrar.

 

Si usted tiene ya una marca
En los casos en los que usted haya demostrado su valía en los negocios con algún producto o servicio exitoso que le haya granjeado un nombre en su sector y con sus clientes, la velocidad también puede ser mala consejera. Ser demasiado rápidos puede hacernos perder la marca, lo que sería nefasto ante la dificultad que presenta conseguir una enseña de reconocido prestigio. Por tanto, un negocio nuevo o recién nacido tiene poco que perder si comete un error con una referencia debido a la velocidad. En cambio un negocio más consolidado sí que debe hacer un estudio mucho más detallado de los riesgos que presenta el mercado, ya que sí que tiene mucho que perder.
Si le parece exagerado, pongamos el ejemplo de un diseñador de moda que ha saboreado las mieles del éxito con colecciones pasadas, pero que ha cometido el error de ir demasiado rápido en la última, lo que ha dado lugar a un producto muy por debajo de las expectativas que esperaban los clientes. Este diseñador no solo habrá tirado por la borda su última colección sino que habrá perdido el prestigio que se había creado con anterioridad. Además habrá logrado decepcionar a los clientes, lo que le complicará en demasía volver a captarlos.

 

Cuando la empresa no puede dar soporte a la rapidez
Pongamos un ejemplo de una empresa que fábrica bicicletas para niños y que debe trabajar al 110 por cien para satisfacer la demanda de pedidos. De repente, y aprovechando el auge de personajes de dibujos animados infantiles, como Bob Esponja, llega a un acuerdo con la dueña de la marca (Nickelodeon en este caso), y coloca al simpático personaje en sus productos. A nadie se le escapa que esa empresa se debería forrar vendiendo bicicletas de Bob Esponja y sus amigos. Pero no es así. ¿Por qué? Pues porque fue demasiado rápida y trató de aprovechar el boom del personaje mucho antes de que estuviera preparada para hacerlo desde el punto de vista logístico. Eso originó que los pedidos llegaran con retrasos y fallos, lo que a la larga acabó hundiendo el negocio, ya que la empresa perdió su imagen de marca.
Esto es lo que recibe el nombre de morir de éxito. En estos casos, la velocidad tampoco es beneficiosa. Resulta evidente que no había riesgos de mercado, ya que el producto (las bicis de Bob) estaban vendidas antes de que se fabricaran. Pero se quiso ser demasiado veloz y se lanzó a comercializar el producto mucho antes de poder asegurar que la fábrica daría abasto para cubrir la demanda.

 

Cuando la velocidad va unida al ahorro
Anteriormente se ha comentado que la velocidad puede ayudar a los nuevos productos, ya que obtener la retroactividad del cliente es imprescindible para mejorar. Pero eso será imposible si lo que sale al mercado se estropea nada más abrirlo de la caja. Por tanto, la rapidez no debe confundirse con el exceso de ahorro. Se puede ser veloz, pero siempre invirtiendo la cantidad adecuada para ser capaz de poner en el mercado un producto, por lo menos, digno.

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