Las guerras comerciales abren algunas (pocas) oportunidades de negocio

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Guerras comerciales oportunidades

“Las tendencias son menos ventajosas y fiables”, pero hay nichos para empresas medianas, globales y dinámicas de telecos, software y pagos electrónicos.

 

Las décadas de progreso hacia la globalización han tocado a su fin. Pero las relaciones globales en el mundo empresarial siguen siendo fundamentales. Así lo entienden los estrategas del banco de inversión Morgan Stanley, Michael Zezas y Meredith Pickett, que auguran un nuevo orden económico internacional que está a punto de reemplazar al que ha pervivido desde la Caída del Muro de Berlín. En su diagnóstico de situación, aseguran que, en el futuro, “no todas las fuerzas que han tejido la globalización confluirán en la misma dirección”. Motivo por el que los nuevos tiempos determinarán qué industrias y compañías continuarán son sus procesos de expansión internacional y cuáles reducirán sus espacios de influencia a la órbita regional -entre sus países vecinos- o nacional, sus propios límites fronterizos. “Alguna de las tendencias actuales avanzan que el comercio global ofrecerá menos ventajas y que, en ocasiones, ofrecerán menos fiabilidad que en el pasado reciente”, escriben en una nota corporativa a clientes. La más obvia de estas rémoras -admiten- son las tensiones comerciales. “Vemos una alta posibilidad de que los flujos de comercio tengan que sortear barreras arancelarias mucho más elevadas”, por lo que sugieren a los inversores que “tomen nota de este fenómeno” y estudien “las ramificaciones por el coste estructural y el potencial de crecimiento de los mercados” donde vayan a operar. “En especial, en sectores empresariales de EEUU, China y Europa”, añaden, lugares en los que las tensiones pueden incrementarse bruscamente.

Más en concreto, ponen como ejemplo los efectos colaterales del incremento de aranceles en EEUU por razones de seguridad nacional, lo que traslada el clima económico-empresarial al albur de la política exterior americana. “Otra tendencia cada vez más marcada”, dicen. Zezas y Pickett enfatizan que hay dos factores que serán cruciales para que una compañía registre beneficios o, por el contrario, incurra en pérdidas. El primero, conocer si determinados productos o tecnología pueden resultar atentatorios contra la seguridad nacional; es decir, saber si los bienes y servicios que ofrecen las empresas son “sensibles” a cualquier escrutinio o vigilancia de las autoridades pertinentes. Aunque la doctrina proteccionista de países como EEUU establezcan medidas de protección a los productores nacionales. “Pueden afectar a las ventas o a los acuerdos suscritos con socios internacionales”, aclaran. El segundo aspecto a tener en cuenta es la previsión de una clara estrategia sobre la vulnerabilidad que pueden ocasionar las guerras tarifarias. “Compañías que, en el pasado reciente, han superado con creces a sus rivales podrían tener que reorientar sus costes principales, tal y como está considerando Apple para mantenerse en China”, afirman.

Para Morgan Stanley, firmas como Apple, HP o Seagate Technology están entre las empresas de hardware que tienen mucho que perder. En cambio, algunas de menor dimensión, las llamadas “campeonas regionales emergentes” en el mundo globalizado, “están en mejor disposición para afrontar las complejas y cambiantes presiones” de las guerras comerciales. Firmas de Internet de China y EEUU, de pequeña y mediana dimensión, y compañías de transacciones como Visa o MasterCard, están entre las que más opciones tienen de beneficiarse del retroceso del proceso de globalización.

 

El futuro de otros sectores

Menos optimistas se muestran sobre el futuro de la industria de automoción, de las empresas colaborativas y de las firmas europeas de maquinaria (manufactureras) y de bienes de capital, las fabricantes de hardware y microchips, y las operadoras de telefonía. Todos ellos podrían ser objeto de restricciones nacionales, de reducciones de sus ventas al exterior y de costes tarifarios adicionales. Y añaden otras fuentes de conflicto. “Son ya numerosos los mercados emergentes que están sopesando reducir sus facturas en la adquisición de bienes y servicios a través de los transportes marítimos y sustituyendo sus elevados desembolsos por carga y descarga de los últimos años por contratos on line a través de plataformas digitales”. Al mismo tiempo que sus compañías manufactureras están transformando sus cadenas productivas y sus estrategias de venta al exterior para reducir costes laborales, aseguran.

Otro informe de este banco de inversión, que firma James Lord, de su equipo de analistas en los mercados cambiarios, afirma que la segunda mitad de este año puede ser un buen momento para invertir en divisas de economías emergentes. A pesar de su debilidad en el último bienio y de que el dólar permanece especialmente fuerte. “Subsiste en el mercado la apuesta por que el billete verde americano reducirá su valor”, aunque ahora esté en un escalafón de beneficios. Sin embargo, la alta tensión internacional que se apreció en la reciente cumbre del G-20 y la débil coyuntura económica global, unido a una fase de políticas monetarias acomodaticias -es decir, de retorno a la laxitud- “empiezan a incrementar la demanda de negocios” en estas divisas. En el equipo de Morgan Stanley creen que el rublo ruso y, en menor medida, por su amplio margen de revalorización, después de las pérdidas de los últimos meses, la lira turca y el rand sudafricano serán las mejor colocadas para certificar su recuperación respecto al dólar.

 

 

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Last modified: 29/07/2019