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Financiación alternativa para pymes: préstamos participativos, microcréditos y crowdfunding

Además de otras opciones como el Mercado Alternativo de Renta Fija (MARF) o el Mercado Alternativo Bursátil (MAB), las pymes, que representan 2,8 millones de compañías en España -el 99,8% del total- de las que 1,5 millones no tienen un solo empleado, cuentan con un variado portfolio de posibilidades de acceder a la financiación más allá de las ayudas públicas. Pero si en el caso de las citadas anteriormente y desarrolladas en otro reciente artículo, la experiencia dice que son indicadas para periodos de expansión de las empresas, existen otras centradas en fortalecer etapas de crecimiento, una vez se han consolidado ya en sus respectivos mercados. En este caso, cabe destacar principalmente tres:

Préstamos participativos

Están regulados por el Real Decreto Legislativo 7/1996, donde se concreta que “la entidad prestamista percibirá un interés variable que se determinará en función de la evolución de la actividad de la empresa prestataria”. El criterio para concretarla puede ser principalmente a través del beneficio neto, del volumen de negocio o del patrimonio total.

Entre las ventajas de optar por este instrumento están la de que los intereses son fiscalmente deducibles, la no aportación de garantías reales, su vocación de largo plazo, la ausencia de pérdida del control societario o que forman parte de los recursos propios de la empresa en relación a su solvencia financiera.

Microcréditos

Son créditos cuya cuantía no debe superar los 25.000 euros en todo el territorio europeo, de acuerdo a la definición aprobada por la Comisión Europea. Están destinados principalmente a entidades como fundaciones, ONGs o asociaciones, debido a su carácter eminentemente social.

Para poder acceder a ellos se han de cumplir al menos estos tres requisitos:

  • Formar parte de colectivos sociales desfavorecidos o con dificultades de inserción laboral.
  • No disponer de fácil acceso al sistema financiero formal por falta de garantías.
  • Tener un espíritu emprendedor y disponer de una iniciativa empresarial viable.

Normalmente, existe la figura de las Entidades Sociales de Apoyo al Microcrédito (ESAM) que acompañan a las entidades en el proceso de concesión así como en la elaboración del plan de empresa y en otros temas de ámbito formativo.

Crowdfunding

En realidad, a través de este instrumento se promueve la financiación colectiva de proyectos empresariales, normalmente por medio de plataformas electrónicas (Kickstarter, Verkami, Wiseed, Indiegogo). También se utiliza para otros hitos empresariales como la realización de estudios de mercado, recibir opiniones de los usuarios o, por ejemplo, realizar simulaciones para validar un nuevo producto o servicio que se pretende comercializar.

Existen diversas modalidades de crowdlending según la naturaleza de la contribución del aportante:

De donación

Para recaudar fondos sin retorno financiero específico, casi siempre destinadas a apoyar a proyectos sin ánimo de lucro o de carácter social.

De recompensa

Los usuarios contribuyen a la financiación de un proyecto con aportaciones económicas a cambio de un ‘premio’ no financiero, como un objeto material, una firma o autógrafo, o una entrada para un evento. La relación entre aportante y promotor se formaliza mediante un contrato de compraventa por el que el primero anticipa el pago del precio convenido para que el segundo disponga de los fondos para desarrollar la actividad.

De participación en beneficios

El promotor ofrece a los aportantes una participación en sus beneficios en el caso de obtenerlos bajo unas condiciones previamente pactadas. Es muy frecuente en actividades culturales, como audiciones o castings.

De deuda (también conocido como crowdlending)

Se edifica sobre operaciones de préstamos entre los prestamistas y el promotor del proyecto que busca financiación. Es muy habitual en el ámbito anglosajón a través de plataformas p2b, como Lending Club o Lendico.

De capital

Consiste en la financiación en masa de proyectos mediante la participación en el capital de la sociedad promotora. La contribución recibida se trata como aportación de capital y el aportante se convierte en socio, con derecho a participar en los beneficios y a tener los mismos derechos legales y estatutarios que el resto de socios.

Las principales ventajas del crowdfunding son que facilita el acceso a la financiación con independencia del ciclo económico en el que nos encontremos, que promueve las iniciativas de carácter social y cultural, que facilita el coworking y la colaboración tanto de infraestructuras como de conocimientos, reduce la dependencia de las formas tradicionales de financiación y, desde el punto de vistas de los aportantes, les permite participar en diversos proyectos diversificando significativamente el riesgo.

No obstante, también conviene reseñar que es un instrumento no exento de amenazas, en especial en relación a la posibilidad de fraude, la probabilidad de que fracasen los proyectos en los que se invierte, las dudas acerca de la confidencialidad de los datos de los participantes y el peligro para el promotor de que los aportantes exijan recuperar su dinero en cualquier momento del proceso, con la consecuente amenaza de la falta de liquidez suficiente para garantizar la supervivencia del proyecto.

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