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Filosofía para emprendedores

Las personas van y vienen. Las marcas también. Pocas perduran en el tiempo. Las que sí lo hacen son las grandes ideas y los grandes pensadores. Las conclusiones de algunos filósofos han sido capaces de perdurar y de ser útiles en la actualidad para los empresarios.

 

Sus ideas están centradas dentro del área particular de la filosofía llamada pensamiento económico. Son afirmaciones que inspiraron a los grandes empresarios de la era industrial pero que siguen estando vivas a la hora de crear de la nada un negocio propio. Aquí le mostramos una breve referencia de cuatro pensadores que abarcan los tiempos antiguos y la era moderna. Todo lo que dijeron es de lectura obligatoria para los emprendedores. Algunas de sus lecciones fueron, son y serán fundamentales para la mera existencia de las empresas.

 

Karl Popper mostró las excelencias del ensayo y error

Este vienés nacido a comienzos del siglo XX está considerado como uno de los grandes pensadores del pasado siglo. Sus ideas van enfocadas a potenciar la creatividad partiendo del concepto más sencillo de todos: el ensayo y error. Para Popper, todo avance tecnológico se basa en probar las cosas, ver lo que no funciona y solucionar los problemas. Su pensamiento simboliza la base de la experimentación, que es necesaria en cualquier startup tecnológica que se precie. Solo a base de fallar y asumir errores se puede concebir un producto o servicio apto y útil para la sociedad.

 

Sus lecciones son de aprendizaje obligado para emprendedores. Pero también para las grandes multinacionales. Sin ellas, no existirían referencias mundiales como Apple o Sony. Y tampoco Zara sería lo que es en la actualidad. Todo debe ser probado para resolver los problemas y dar con la solución o colección, en el caso del grupo textil gallego, perfecta.

 

Friedrich Hayek: el orden dentro del caos

Otro pensador austriaco de comienzos de siglo XX supone la segunda referencia obligada para los emprendedores. Friedrich Hayek se hizo famoso por la defensa a ultranza de los sistemas económicos liberales frente a la economía socialista, más planificada. Pero su lección para aquellos que quieran llegar a ser alguien en el mundo empresarial es la del orden espontáneo. Para este filósofo, el caos no es malo. Se trata del principio del orden. Y eso es algo que se puede aplicar a todas las vertientes económicas. Solo basta fijarse en las redes sociales. Todo en ellas parece caótico y sin sentido cuando la realidad es diferente. Estamos ante un ecosistema no regulado que genera su propio orden alrededor con una precisión similar a la de un reloj suizo. Los emprendedores deben extraer de sus enseñanzas que nada está planificado y que hay que adaptarse a las libres circunstancias de un mercado en movimiento.

 

El elogio a la destrucción de Joseph Schumpeter

Nacido en el siglo XIX, Joseph Schumpeter siempre tuvo claro que la destrucción no encierra nada negativo sino creatividad. Sus enseñanzas aplicadas a la actualidad nos llevan a concebir un mundo en el que las nuevas corrientes tecnológicas acaban por enterrar las anteriores. Una realidad como un templo. Un buen ejemplo lo tenemos en los smartphones que acabaron con los teléfonos móviles que conocíamos hace 10 años. O las televisiones planas. ¿Acaso alguien recuerda las de tubo? Según sus propias palabras, la tecnología evoluciona y es como un ciclo de la vida. Todo muere pero se reencarna en nuevas y mejores ideas.

 

El pensamiento de Schumpeter es perfectamente aplicable a los emprendedores que nunca deben olvidar que tienen que renovarse. Si no lo hacen acabarán muriendo. Su ciclo de vida habrá terminado. Es más: ninguna empresa, da igual su tamaño, debe olvidarse de que la innovación es el pilar de presente y futuro. Sin ella no hay ninguna posibilidad de sobrevivir en el tiempo. Nunca la hubo y menos ahora en el siglo XXI.

 

Daniel Kahneman: la importancia de la toma de decisiones meditadas

Este filósofo ganó en Premio Nobel de Economía por haber sido capaz de integrar la investigación psicológica en la ciencia económica. En otras palabras, Daniel Kahneman supo elaborar una teoría que nos enseña a tomar decisiones en momentos de incertidumbre. Este israelí divide el pensamiento en dos partes. La primera es el inconsciente, la segunda es el deliberativo. Sostiene que la primera parte es la más utilizada y que lo mejor a la hora de decidir es atenernos a lo que se extraiga de la segunda parte.

 

Para lograrlo, sugiere que necesitamos crear hábitos más deliberativos para ser capaces de pensar de forma consciente. Aplicado al mundo de la empresa, la conclusión está clara: las mejores decisiones no saldrán de corazonadas sino de pensamientos pausados profundos donde se analicen todos los factores.

 

La aplicación de estas corrientes de pensamiento beneficiará a cualquier emprendedor. Sus lecciones no generan margen de duda y solo ahondarán en la mejor forma de resolver los inconvenientes que se generan en las compañías de reciente creación.

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