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Trump elige otra víctima en su política comercial: India

El presidente estadounidense advierte a Narendra Modi de que su país debe redoblar sus esfuerzos para reducir los obstáculos a las exportaciones americanas.

 

El discurso del dirigente norteamericano habla de buscar una nueva, justa y recíproca relación con India. Pero, al mismo tiempo, deja un mensaje a Delhi de que tendrá que reducir lo que, a su juicio, supone una lista de agravios comparativos, de obstáculos, a los bienes y servicios made in US que llegan a territorio indio. Las palabras de Donald Trump se produjeron durante la visita, en junio, de Narendra Modi a la Casa Blanca. A pesar de su política comercial proteccionista con la que se pretenden elevar las barreras arancelarias a las importaciones de mercancías a suelo americano. Ambos, Modi y Trump, han enarbolado la bandera de la potenciación industrial en sus respectivos países. El republicano, con su eslogan de America, First y el nacionalista con su campaña de Make in India.

Modi también quiso poner paños calientes al mensaje de Washington

Lo hizo al asegurar que el plan económico de Trump, al que identificó con el objetivo del dirigente de la Casa Blanca Make America Great Again, “llevará nuestra cooperación a una nueva dimensión” en la que los intereses de “cada nación” se verán potenciados “en términos de prosperidad”.

Las exportaciones indias a EEUU generaron un superávit comercial para la mayor democracia del mundo de más de 24.000 millones de dólares, aunque su balanza comercial sea deficitaria. En más de 105.000 millones de dólares, según datos de 2016.

Durante el encuentro bilateral, Trump también agradeció a su homólogo el favorable clima de negociación para la adquisición, por parte de India, de un importante pedido de aviones civiles y material militar estadounidenses. “Siempre nos hace sentirnos muy felices que alguien elija de nuestro arsenal militar equipos para sus necesidades civiles y para sus ejércitos”. El avance en este acuerdo ha sido una de las razones prioritarias del viaje oficial de Modi a Washington. Entre otras adquisiciones, India desea comprar drones Predator y caza-bombarderos y aviones para avanzar en su política balística nuclear, transportar y abastecer, aunque ninguno de los dirigentes especificó los pormenores del catálogo militar.

Reuniones y negociaciones clave

El pasado mes de abril, Trump firmó una orden ejecutiva en la que exigía la revisión de visados para extranjeros y en la reunión también se trató del cupo para ciudadanos de la India. Modi, además, se reunió con posterioridad con los consejeros delegados de Apple, Tim Cook, y de Amazon, Jeff Bezos. Dehli continúa con su declarada estrategia innovadora, donde ha logrado convertirse en una de las referencias tecnológicas globales, y de apertura de mercados. Amazon ha abierto varios centros logísticos de grandes dimensiones en India, con vistas a potenciar en la enorme economía asiática su política de entrega en 24 horas.

A comienzos de junio también se produjo otro hecho relevante en el mundo de los negocios. El principal abastecedor de material militar del Pentágono, el gigante Lockheed Martin, firmó una carta de colaboración con Tata Advandec Systems para producir 70 aviones de cobate F-16 en la India. En línea con el acuerdo comercial entre la aerolínea de bajo coste SpiceJet y Boing para la adquisición de 40 aviones (737 MAX) a la multinacional estadounidense por un montante total de 4.700 millones de dólares.

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El valor del CETA

El objetivo

En línea con el resto de los socios europeos, el Parlamento Español ha dado vía libre al CETA. Ese acuerdo comercial global entre la UE y Canadá que tiene como objetivo impulsar el intercambio de bienes y servicios y el flujo bilateral de inversiones reduciendo trabas administrativas y aranceles y que, desde un punto de vista estratégico, permite situar a la UE en la primera línea de influencia económica global y refuerza la relación transatlántica, en un momento en el que EEUU mira a China.

Un mercado en crecimiento

Además, para España el mercado que ofrece Canadá está en fuerte crecimiento. Aunque actualmente este país norteamericano sólo representa el 0,51 por ciento del total de las exportaciones españolas, su cercanía al mercado norteamericano le permite ofrecer una plataforma desde la que exportar a EEUU, a la vez que el ambicioso programa de inversión pública del nuevo gobierno de Justin Trudeau, por importe aproximado de 5.000 millones de dólares canadienses, constituye una oportunidad para la inversión de las empresas españolas.

Aumentarán las exportaciones a Canadá

Los informes de la Comisión Europea y de la Secretaría de Estado de Comercio sobre el impacto de este acuerdo coinciden en apuntar que su entrada en vigor permitirá incrementar al menos un veinte por ciento las exportaciones españolas a Canadá. Las instituciones comunitarias esperan, asimismo, un aumento del Producto Interior Bruto de la UE cifrado en 11.600 millones, de los cuales cerca de la mitad provendrían de la liberalización del comercio de servicios, lo que se traduciría automáticamente en la creación de empleo. Los cálculos de Eurostat estiman que por cada mil millones de euros en exportaciones se crean en la UE 14.000 nuevos puestos de trabajo.

Todo ello con el añadido general de que las políticas de libre comercio son las que, durante el último medio siglo, han permitido generar un nivel de competencia dentro del mercado abierto actual que actúa como motor de la innovación y da lugar a productos de calidad superior, empleos mejor remunerados, nuevos mercados y mayor volumen de ahorro e inversión.

“Un juego de suma positiva”

En definitiva, la evolución de las economías de Asía, América Latina, y de los propios países desarrollados de Europa y América del Norte, demuestra que la globalización ha propiciado una enorme generación de riqueza. Como explicaba recientemente el presidente de CESCE, Jaime García-Legaz, “la grandeza del libre comercio estriba en que no se trata de un juego de suma cero, sino de un juego de suma positiva porque cuando dos naciones eliminan las barreras a los intercambios y el comercio florece, se producen ganancias mutuas de bienestar”.

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EEUU y China acaparan el dinamismo futuro de la economía global

La mitad del PIB mundial de los próximos dos años se generará en las dos mayores economías del planeta.

Una actividad que crecerá un 2,8% entre 2017 y 2019.

 

Buenas previsiones para China y EEUU

China y EEUU protagonizarán la mitad de la prosperidad económica del planeta a medio plazo. Así lo vaticina el Banco Mundial en un reciente informe en el que estima que el crecimiento del PIB global en el próximo trienio -es decir, entre los ejercicios 2017 y 2019- será del 2,8%. Lejos aún de las tasas de entre el 5% y el 7% de los años que precedieron a la crisis de 2008. O, dicho de otra forma. Todavía sin alcanzar la velocidad de crucero, su ritmo potencial de avance.

El gráfico del documento de esta institución multilateral resulta elocuente. Porque la tradicional disputa por la hegemonía de la actividad económica entre potencias industrializadas y mercados emergentes ha dado paso a otro paradigma: China y EEUU frente al resto del mundo. Con las lógicas e históricas variantes entre países de altas rentas per cápita y naciones en vías de desarrollo.

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Sobre la economía china, el Banco Mundial considera que se expandirá un 6,5% este año y dos décimas por debajo en los dos ejercicios posteriores. Si, como hace tradicionalmente el Banco Mundial, se equiparase este crecimiento en términos de Capacidad de Poder de Compra (PPP, según sus siglas en inglés), que tiene en cuenta el valor real de la divisa del país y la disponibilidad de gasto medio individual de sus ciudadanos, el salto de actividad en China equivaldría al 35,2% del crecimiento global en el citado periodo, otorgando a su PIB una producción adicional de 2,3 billones de dólares.

Los expertos de esta institución multilateral desvelan un grado mayor de incertidumbre al prever la salud económica de EEUU. “Los pronósticos sobre la primera economía global no incorporan los efectos de las nuevas medidas” que tiene en mente la Administración Trump. “Entre otras razones, porque aún no se han convertido en ley y están supeditadas a ciertos interrogantes” en su periplo por el Congreso.

El informe alude al doble recorte fiscal

Del 35% al 15%, en el Impuesto sobre Sociedades, y de cuatro puntos a los más ricos, en el de la Renta, que verá, además, reducir sus tramos a tres: al 35% el tipo impositivo máximo, al 25% y al 10%. Unas rebajas que generan dudas a economistas y al mercado, en caso de que fructifiquen en su tramitación legislativa según la propuesta de la Casa Blanca, porque este estímulo económico podría disparar la propensión al gasto y acelerar la inflación. Además de ocasionar una sustancial pérdida de ingresos tributarios en un país con casi el 100% de endeudamiento en relación al PIB. Nada menos que 18 billones de dólares. Y un crónico desequilibrio fiscal, en gran medida propiciado porque dos de cada tres empresas no han contribuido a las arcas del Tesoro entre 2006 y 2012 y las que lo han hecho, han aportado, de media, un 14%, según la Oficina de Contabilidad Gubernamental (GAO).

Plan de infraestructuras

Otro punto dubitativo es el volumen financiero del plan de infraestructuras. El presidente Trump desea movilizar un montante similar al de su presupuesto y al PIB español (1 billón de dólares) a mejorar las conexiones rodadas, ferroviarias y portuarias del país. Además de gaseoductos y oleoductos. Para lo que confía en el respaldo de los responsables presupuestarios del Congreso, pero también en la iniciativa público privada y en que se sufrague también a través de subidas de algunos impuestos. Como los de los carburantes, el gas y el petróleo, que no se mueve de los 18,4 centavos por galón desde 1993, bajo el primer mandato de Bill Clinton. Pero que el equipo económico de Trump desea elevar, presumiblemente, hasta los 44 centavos, con el visto bueno de los camioneros, los principales damnificados. Por ser el sector que se beneficiará de la mejora de carreteras.

Adiós a la política monetaria laxa

El tercer bloque de inquietud lo genera un dólar que no acaba de revalorizarse, como desea el Tesoro americano, en un periodo en el que la Reserva Federal, además, ha cambiado el paso y ha iniciado una fase alcista de los tipos de interés, más allá del 1%. Es decir, se aleja del precio del dinero próximo a cero y abandera, entre los grandes bancos centrales, el final de la política monetaria laxa que han caracterizado los años de crisis.

El escenario, además, no es menos ventajoso en este terreno para China. Su deuda ha escalado hasta los 17 billones de dólares (el 156% de su PIB) en pleno proceso de limpieza de activos de las grandes firmas del país que ha llevado a la agencia de rating Moody’s a rebajar la calificación de la deuda soberana del país. “Por las turbulencias en los mercados de bonos corporativos”, que las firmas chinas están tratando de colocar en las plazas bursátiles para quitarse la losa del endeudamiento y afrontar el exigente plazo de vencimiento de pagos. Aun así, están en mejor situación que hace unos años, también según Moody’s. Debido a la combinación de estímulos económicos oficiales y a las duras reformas implantadas por Pekín sobre los balances de las compañías estatales no financieras. La agencia asegura que han caído a niveles de 2010. Después de que la ratio deuda-activo de las cien mayores de estas empresas cayera hasta el 68% a finales de 2016, cuatro puntos por debajo de la cota del año precedente. Con un flujo de caja conjunto superior a los 93.000 millones de dólares, gracias a los notables márgenes de beneficios de los ejercicios recientes.

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China seduce al sector privado con cinco proyectos de infraestructuras

Grandes obras de ingeniería para consolidar la Nueva Ruta de la Seda.
El órdago de Pekín para ganar influencia global incluye suculentas carteras de inversión.

 

“Esperamos desencadenar nuevas fuerzas económicas para el crecimiento global, construir nuevas plataformas para el desarrollo mundial y reequilibrar la globalización para que la humanidad se acerque más a una comunidad de destino común”. Así definió hace un mes el presidente chino, Xi Jinping, el objetivo estratégico de la Nueva Ruta de la Seda, durante el foro de cooperación que congregó a varios mandatarios; entre ellos, el presidente Mariano Rajoy.

La delegación española, en sus encuentros bilaterales, mostró su indisimulado interés por los grandes proyectos de infraestructuras. De ahí que la presencia del titular de Fomento, Íñigo de la Serna, junto a las autoridades económico-comerciales y del ámbito de Exteriores. China valora el expertise de las grandes obras de ingeniería made in Spain.

 

Pero, ¿qué planes de construcción baraja Pekín para su corredor comercial, al que ha dotado de unos planes de modernización valorados en 40.000 millones de dólares? Además de contar con otros 100.000 millones procedentes de líneas de financiación multilateral del Banco Asiático de Inversión y de otros 69.500 (14.500 de contribución oficial y 55.000 de bancos chinos).

Transporte de mercancías China-Europa

Xi Jinping anunció una nueva inyección de 70.000 millones de dólares para el proyecto. Hasta ahora, China gestiona cerca de 20 líneas de trenes de carga que comunican directamente el país con ciudades europeas como Londres, Madrid, Rotterdam o Varsovia. De hecho, la ruta China-Madrid lleva funcionando más de un año y es el servicio ferroviario más largo del mundo.

Bajo la Nueva Ruta de la Seda, el Gobierno chino pretende modernizar y agilizar la red ferroviaria hasta lograr que sea una alternativa más rápida -aunque más costosa- al tradicional transporte marítimo de productos chinos. Pekín prevé que las obras del nuevo tren de alta velocidad, que unirá los 7.000 kilómetros que separan a Pekín de Moscú en 30 horas -frente a los 5 días que dura actualmente el viaje-, terminen en 2025, según la firma estatal rusa OAO Russian Railways.

Detrás de esta gran iniciativa está la intención de China de consolidarse como una potencia de la alta velocidad ferroviaria, ya que es la nación con más kilómetros operativos para trenes con velocidad superior a 300 kilómetros hora.

Estimación del coste total del proyecto con iniciativa privada: 242.000 millones de dólares

Red de trenes en Asia

China y Japón compitieron durante meses por el proyecto del primer ferrocarril de alta velocidad de Indonesia, que unirá la capital Yakarta con la ciudad de Bandung, en la isla de Java. Era la demostración más palpable del fervor por el AVE en Asia.

En este apartado hay dos grandes proyectos que tienen vinculación con la pasarela. Por un lado, la Red Panasiática, con la que China planea conectar la ciudad de Kunming, situada en el sur del país, con Vientiane, la capital de la vecina Laos, y con la red de ferrocarriles de Birmania. Si logra ejecutar la obra y pone en marcha otras planeadas en Tailandia, Camboya o Vietnam, podría llegar a constituir una red panasiática que uniera China con el resto del sudeste asiático.

Estimación del coste: 7.000 millones de dólares. Únicamente del tren de alta velocidad Kunming  Vientiane.

A esta iniciativa hay que añadir la conexión de alta velocidad en Indonesia, uno de los mercados emergentes más dinámicos, que conectará la capital del archipiélago con su centro económico por excelencia: Java. Las empresas chinas ganaron finalmente la licitación.

Coste contractual: 5.900 millones de dólares.

3.- Corredor China-Pakistán

Esta arteria comercial tiene su origen a 700 kilómetros de la capital de Pakistán, Karachi -el puerto de Gwadar- y concluye en la ciudad china de Kasgar, pasando por el Mar Arábigo. La idea de Pakistán, gran aliado chino, y de las autoridades de Pekín es el despliegue de inversiones del gigante asiático hacia su socio geoestratégico en la zona. En otros objetivos, para ‘exportar’ a suelo pakistaní el exitoso planteamiento tecnológico del llamado Silicon Valley chino del sureño puerto de Shenzen.

La ejecución de este proyecto otorgará a China una salida al mar sin necesidad de que sus bienes y mercancías atraviesen por el siempre conflictivo estrecho de Malaca, donde operan piratas y las inclemencias meteorológicas suelen ser habituales.

El proyecto contempla la ampliación de la Carretera del Kakarorum, una de las más altas del mundo, que conecta a China con Pakistán.

Estimación de coste total: 55.000 millones de dólares.

4.- Puerto de Colombo

El Gobierno de Sri Lanka otorgó el proyecto del puerto de Colombo-Sur, presupuestado en US$1.400 millones, a una compañía china. Porque para el gigante asiático, el transporte en la Nueva Ruta de la Seda no sólo será terrestre. El presidente Jinping también considera clave el desarrollo de puertos marítimos. El de Colombo, la capital de Sri Lanka, es una prioridad para Pekín.

Aunque quedó paralizado con el cambio de Ejecutivo en la isla -más cercano políticamente a India-, recientes negociaciones han permitido continuar con el proyecto y ya se han reanudado las obras.

Coste contractual: 1.400 millones de dólares

5.- Proyectos en África

Gestionada por personal chino, la flota de trenes de nueva construcción de la línea que une la capital de Etiopía, Adís Adeba, y Yibuti está ayudando a impulsar la economía de ambos países. China lleva un decenio invirtiendo en países africanos; en especial, en fuentes de energía, desde firmas de minería hasta proyectos de prospección de gas y petróleo.

Aunque también en el terreno de las infraestructuras. China ya está construyendo el ferrocarril que unirá las dos principales ciudades de Kenia: la capital, Nairobi, y Mombasa, en la costa del país. Dentro de una estratégica táctica para configurar la futura red de transportes de África Oriental, que conectará las ciudades de Kenia con las capitales de Uganda (Kampala), Sudán del Sur (Juba), Ruanda (Kigali) y Burundi (Bujumbura).

Una red que bifurcará sus conexiones también hacia Adís Abeba. De hecho, China ya inauguró el tren que une la capital etíope con la ciudad costera de Yibuti, la capital del país de mismo nombre, situada en el Mar Rojo, donde compañías chinas están construyendo un centro logístico marítimo. “Es un desarrollo estratégico enorme”, aseguró al diario The New York Times. Peter Dutton, profesor de estudios estratégicos de la Escuela Naval de Guerra en Rhode Island, EEUU, que recoge también la edición en español de la BBC. “Se trata de una expansión del poder naval para proteger el comercio y los intereses regionales de China en el Cuerno de África. Eso es lo que las potencias en expansión suelen hacer. Y China aprendió las lecciones del imperio británico hace 200 años”, concluye el diagnóstico de Dutton.

Estimación del coste total: 13.800 millones de dólares.

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El dólar fuerte no acaba de certificar las expectativas del mercado

Las perspectivas para 2017 de los bancos de inversión hablaban de una notable apreciación del ‘billete verde’ americano.

El euro es la divisa más revalorizada del G-10.

El consenso del mercado era rotundo al inicio de año. El dólar, que ya estaba significativamente sobrevalorado en las postrimerías de 2016, alcanzaría la supremacía en el mercado internacional de divisas a lo largo de este ejercicio. Aún no se pueden lanzar las campanas al vuelo. Obvio. En las plazas monetarias hay demasiados fundamentales, vinculados con la coyuntura económica y la salud de las finanzas soberanas, pero también no pocos intangibles. Parámetros que escapan a la vista, incluso, de los más avezados expertos. Pero, a falta de unas semanas para traspasar el ecuador de 2017, la divisa que acapara los focos por su rally alcista es … el euro. Al menos entre las de las principales potencias monetarias, las del G-10.

La sobrevaloración del billete verde

El retorno a la tradicional política del dólar fuerte, a la que se renunció -nunca de forma oficial, por supuesto- durante la debacle bursátil de las punto.com y la colateral crisis de Enron, que se llevó también por delante a la consultora Arthur Andersen, allá por 2003. Durante la presidencia de George W. Bush. El dirigente republicano tenía margen de maniobra: la sobrevaloración del billete verde llegó a cifrarse, por algunos bancos de inversión, de hasta el 70% de su valor.

Las pretensiones oficiales del Tesoro americano

Con el aterrizaje de Donald Trump en la Casa Blanca, y tras el doble mandato de Barack Obama, de paulatina y lenta recuperación del dólar frente a sus grandes rivales en los mercados -euro, libra y yen, aunque también el controlado renminbi chino- las pretensiones oficiales del Tesoro americano volvían a estar claras: restablecer la indiscutible hegemonía de la divisa de EEUU.

El primer semestre

Sin embargo, al término de los primeros cinco meses de 2017 -y en las dos semanas del sexto, junio-, el dólar, lejos de sacar músculo, se ha dejado un 3,8% de su valor negociador en plazas internacionales. A la espera de que las filas republicanas en el Congreso -enfatizan los analistas- sean capaces de sacar adelante los ambiciosos programas de estímulo económico del actual mandatario -entre otros, una notable rebaja tributaria, un generoso plan de infraestructuras y un plan presupuestario expansivo en áreas como Defensa y Seguridad-, el comportamiento del dólar ha sido decepcionante. Incluso monedas como el peso mexicano o el dólar canadiense, a las que las medidas proteccionistas de EEUU en materia comercial amenazaban su cotización, se han apuntado a la revalorización de las grandes divisas, en general. Aunque el gran triunfador haya sido, a nivel global, el won surcoreano (como ya contamos), que ha irrumpido como moneda de referencia en el intenso tráfico comercial asiático. Pese a la elevada volatilidad, con drásticas caídas de las divisas de mercados emergentes como los mencionados México o Corea del Sur, del primer trimestre.

Sin duda, en esta decepción del dólar ha jugado un papel determinante los titubeos de la política fiscal, que se han adentrado por una senda errática en áreas como la repatriación de beneficios desde centros off-shore para grandes corporaciones en un país que deja de ingresar, por este concepto, del orden de 150.000 millones de dólares anuales. O los gravámenes y deducciones a las empresas con vocación exportadora. Dos aspectos que no contribuyen precisamente a atraer nuevos capitales. Aunque también resulta imprescindible para ahondar en este análisis la cada vez más divergente política monetaria de la Reserva Federal, que se aleja con mayor celeridad que Europa y Reino Unido de los tipos de interés próximos a cero. A lo que hay que unir que los cambios impositivos por los que se reducirán del 35% al 15% el Impuesto sobre Sociedades y los tres tramos sobre los que se reconducirá la tributación sobre la Renta (10%, 25% y 35%) no son la prioridad económica esencial del grupo republicano en el Congreso. Los cambios impositivos están detrás de la reforma sanitaria y de los avances negociadores del presupuesto.

El euro, moneda de referencia

Sin embargo, el euro, contra todo pronóstico, ha sido elegido como moneda de referencia para no pocos hedge funds y bancos de inversión durante la primera mitad de 2017. Todo un error de cálculo, si se tienen en cuenta los malos augurios que, sobre la divisa común, pendía en los mercados por el complejo calendario electoral, con riesgos de victoria de partidos partidarios de nuevas salidas de la UE entre los actuales socios monetarios (Francia y Holanda) y la falta de un itinerario de transformación de la construcción europea. En los prolegómenos del ecuador del año, el euro es la moneda que más valor ha recuperado en el G-10, que acoge a los grandes bancos centrales del mundo.

Las elecciones

Los resultados en los comicios, que han alejado el fantasma del populismo excluyente; los mensajes del nuevo eje franco-alemán de Emmanuel Macron y Angela Merkel -al menos, hasta la convocatoria electoral germana de septiembre- en respaldo a las reformas, de gran calado, presentadas por la Comisión Europea para fortalecer la UEM, y las proclamas internas para que Europa sustituya a EEUU en el liderazgo del cambio climático y el libre comercio, por ejemplo, le ha sentado fenomenal al euro. Según Bank of America Merrill Lynch (BofAML), entre otros bancos de inversión que, en una reciente nota, explica la mejora de perspectivas sobre la divisa europea, además, por la mejoría sustancial de la economía de los socios monetarios. “De estar en riesgo a comienzos de año a poder suscribir uno de los mejores ejercicios de su historia”.

De hecho, dicen en Morgan Stanley, los inversores foráneos han adquirido 7.000 millones de dólares en activos en euros desde marzo, sin acudir a firmas de alto riesgo, frente a los escasos 900 millones que se han formalizado a través de hedfe funds. La orden actual de esta entidad americana es operar con la divisa común europea, que ha ganado un 6% frente al dólar desde el inicio del año. En contraste con el descenso de la libra durante la larga campaña electoral en el Reino Unido. La moneda británica se ha mostrado sensible a la pérdida de escaños del partido conservador de Theresa May y a la incertidumbre sobre las negociaciones del Brexit con sus todavía socios de la UE.

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China rescata la Ruta de la Seda para erigirse en Gran Bazar global

El gigante asiático invierte 110.000 millones de dólares en ‘Belt and Road’, su nueva nomenclatura, con el que gana imagen de actor global frente al proteccionismo

El trasfondo que subyace tras el restablecimiento oficial del ‘Belt and Road’ no es su innegable atractivo histórico; es decir, la recuperación de la ruta comercial más emblemática, abierta a mercaderes desde el Siglo I antes de Cristo, que concluía, en sus diversas variantes, en la ciudad china de Xi’an. Ni su estatus de icono de las relaciones mercantiles entre Oriente y Occidente a lo largo del tortuoso y complejo universo económico del medievo. Tampoco la apuesta inversora del presidente chino, Xi Jinping, que ha prometido aportar más de 110.000 millones de euros a la causa: 13.300 millones a través de un fondo estatal, más un préstamo de 50.400 millones; otros 8.000 en ayudas a países en desarrollo y organismos de las naciones de la ruta y 40.000 millones más, procedentes del poderoso sector financiero chino para impulsar a las empresas hacia el exterior. Lo que de verdad está detrás del juego geoestratégico de esta iniciativa, que pretende convertirse en una auténtica autopista mercantil entre China y el resto de naciones de Euroasia, es el combate con EEUU por el predominio económico y la defensa del libre comercio. Ahora que la Administración Trump desea implantar, cada vez con más dudas, su controvertida promesa electoral de instaurar medidas proteccionistas, con aranceles y trabas a la importación, para preservar la industria y las empresas americanas.

Jinping es el gran artífice de este intento de relanzar la imagen de China. De acabar con décadas de capitalismo estatalizado, de límites al accionariado extranjero en los grandes emporios del país, de críticas por las bandas de fluctuación sobre su divisa para garantizar el valor del rinminbi o de los reiterados fracasos por lograr el estatus de economía de mercado, pese a ser socio de la Organización Mundial del Comercio (OMC) desde hace una década y media. Su declaración de intenciones habla de una marca China renovada. De una enseña moderna, vanguardista y que vela por la libertad económica y, sobre todo, comercial. Que cuadre con el cambio de patrón de crecimiento de la economía china -desde un modelo basado en la mano de obra productiva y enfocado a la exportación a otro en el que predomine la demanda interna, tanto el consumo como la inversión- que acaba de instaurar. Y en consonancia con la condición de segundo PIB del planeta y máximo rival de EEUU en los mercados y en el liderazgo y la gobernanza del proceso de globalización.

Xi’an, como en tiempos ancestrales, continuará siendo el centro capitalino de este Gran Bazar global. El epicentro del gran plan comercial de Jinping. Este histórico enclave mercantil será la piedra angular sobre la que se asentará la conectividad y la cooperación entre los mercados de Asia y Europa. Sin descuidar África, el auténtico maná de sus importaciones energéticas en el último decenio. A través de dos pasarelas comerciales. Una rodada, la Silk Road Economic Belt, en la que también se han reactivado los viajes ferroviarios de mercancías. Y otra, vía náutica, la conocidad como Maritime Silk Road. Ambas rutas, la SREB y la MSR, configuran la Belt & Road. Con ellas, el régimen de Pekín no oculta que quiere incrementar el protagonismo comercial y el peso de China en asuntos económicos y políticos internacionales.

Al tiempo que satisfaría sus necesidades de abastecimiento, tanto de bienes como de materias primas e inversiones, para consolidar el consumo doméstico, el mantra de la renovada estrategia de la segunda economía del mundo, y daría pie a elevar su, hasta ahora, el escaso grado de cooperación. En especial, con países suministradores o que pudieran favorecer, en el futuro, intereses geopolíticos como su doctrina de una sóla China, que apunta directamente a Taiwán y a su poder hegemónico en las cada vez más turbulentas aguas del Mar del Sur.

De ahí las palabras de Jinping, en el reciente bautismo de fuego del proyecto, ante nada menos que 28 jefes de Estado y de Gobierno en la capital china. Entre ellos el ruso Vladímir Putin, el argentino Mauricio Macri, la chilena Michelle Bachelet o el presidente español Mariano Rajoy. “Debemos construir una plataforma abierta de cooperación y defender una economía mundial abierta”. Los cálculos oficiales de Pekín prevén que la renovada Ruta de la Seda, impulsada ya en 2013, hablan de que China recibirá inversiones por valor de 1,8 billones en los próximos cinco años de las empresas y naciones que participarán en esta iniciativa. En principio, 68 países, que suman 4.400 millones de personas y el 40% del PIB mundial. E incluye proyectos tan diversos como el tren Madrid-Yiwu, el corredor China-Pakistán y un oleoducto que conectará el sur de China con Birmania y la Bahía de Bengala.

En paralelo, Pekín afirma que, desde 2014, sus empresas ya han suscrito contratos relacionados con Belt & Road por 279.000 millones de euros. Además de instar al Banco Asiático de Desarrollo (BAD), del que es, junto con Japón, en gran contribuyente neto de sus finanzas, a que desvíe al proyecto de la Seda la mayor parte de sus fondos, de 91.500 millones de euros, destinados a las infraestructuras. El suculento pastel al que podrían acceder las firmas constructoras españolas y por las que Rajoy se hizo acompañar del ministro de Fomento, Íñigo de la Serna. Sin olvidar los más de 732.000 millones previstos como inversión estatal durante el próximo lustro.

La ambición de Jinping en la Ruta de la Seda es tal, que pretende involucrar a Oriente Próximo, África y América en su sueño hegemónico. Porque el presidente chino ha hecho de la renovación de la política exterior su leif motiv. Ha involucrado a todas las regiones del país en la Ruta de la Seda, a la que no sólo adorna con los intercambios comerciales al uso o con las inversiones que se sucederán a medio plazo, una vez se asienten los cauces mercantiles. Entretanto, también se aprecian obras geoestratégicas como el oleoducto del Estrecho de Malaca, que abastecerá, sin necesidad de tener que embarcar el oro negro, a varias ciudades del norte y del sur del país que resultan claves para la ruta. La rapidez en la entrega de mercancías, con las nuevas infraestrcutras en marcha, redundarán en la imagen de eficacia de la reformada economía china. Y, por ende, en su perspectiva internacional.

Una segunda línea estratétiga de Jinping es que China se convierta en el auténtico motor de la prosperidad futura en Asia. Después de que la Administración Trump haya renunciado al área de libre comercio con las naciones del Pacífico y los tigres asiáticos. Pekín ha inundado de planes energéticos bilaterales de calado con varias ex repúblicas soviéticas en territorio asiático -sobre todo, gaseoductos y oleoductos-, que incrementarán en más de un 6% la capacidad de recepción del flujo de gas y petróleo de China. Una táctica que, además, sirve al gigante asiático para decir que reducirán el impacto medioambiental. Otro misil en la línea de flotación de la Casa Blanca. Aunque, en realidad, las protestas sociales contra estas mega-construcciones son cada vez más intensas. Y países como Pakistán o India, pero también Myanmar o Corea del Sur, se han quejado de la inteferencia china en asuntos internos por la Ruta de la Seda, mientras firmas extranjeras y ONG’s, fondos soberanos o de grandes carteras de inversión, como las vinculadas a planes de pensiones públicas o privadas, han alertado contra la falta de transparencia y el déficit de reglas contables y financieras bajo estándares internacionales.

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EEUU quiere renegociar el Nafta con nuevas tarifas a Canadá

La Casa Blanca anuncia que subirá del 3% al 24,10% el arancel sobre productos madereros de uso en la construcción, que perjudica al emporio canadiense West Fraser Timber.

Donald Trump apunta a Canadá. La estrategia de proteccionismo comercial del presidente de EEUU no sólo señala a México, también a su socio del norte en el North American Free Trade Agreement (Nafta). Y eso a pesar de que, en paralelo al repunte de aranceles hacia varios productos de especial intensidad mercantil a ambos lados de la frontera entre Las Rocosas y Los Apalaches, la consigna oficial de la Casa Blanca sea la de renegociar el tratado de libre comercio entre EEUU, Canadá y México. Un tratado que lleva en vigor desde 1994, bajo la presidencia de Bill Clinton. Es otra señal clara de que la política comercial está dando no pocos dolores de cabeza al actual inquilino del Despacho Oval. Hasta el punto de que el propio líder republicano ha admitido esta nota discordante en el seno de su gabinete, que tiene como telón de fondo la corrección del abultado desequilibrio de su balanza comercial con casi todas las latitudes del planeta.

De hecho, a finales de marzo, en los prolegómenos de sus primeros 100 días de gestión, encargó un estudio para que, en el plazo de 90 días, EEUU tenga una noción precisa de cómo consolidar su agujero comercial. Y lo hizo tan sólo unas horas antes de avanzar el diálogo negociador con sus socios del Nafta para sellar un nuevo acuerdo de comercio. Todavía con la incógnita de saber si se establecerán o no aranceles al libre flujo de mercancías y servicios entre EEUU, México y Canadá. Aunque las acusaciones de perjuicio contra empresas, sectores e industrias estadounidenses no auguran un buen resultado en este sentido.

De momento, las últimas maniobras comerciales de Washington se dirigen hacia las industrias maderera y agrícola de Canadá. Sin olvidarse de las amenazas, al comienzo de su mandato, al sector de automoción mexicano, fruto de sus promesas electorales de preservar a los grupos automovilísticos estadounidenses. Trump acaba de decidir elevar, hasta el 24,1%, las remesas de madera para la construcción, una orden ejecutiva vista como respuesta a Justin Trudeau por el talante favorable al libre mercado del político liberal que gobierna Canadá desde 2015. Hasta ahora, el gravamen era del 3%. Esta medida que afectará, sobre todo, a West Fraser Timber, una multinacional canadiense que se ha instalado como suministrador habitual de materiales para el sector de la construcción en EEUU. También Canfor Co sufriría sus efectos.

Pero esta guerra comercial también tiene otros frentes. Sobre todo, en otro sector sensible, el agrícola. Wilbur Ross, el secretario de Comercio estadounidense remarcó casi al unísono que la decisión de Trump que la política canadiense sobre la producción láctea viola el Nafta y perjudica a los ganaderos de EEUU. “Están siendo malos días para los vínculos comerciales entre ambos países”, reconoció hace unas semanas Ross, para quien su departamento “está determinado” a acabar con los subsidios canadienses a varias industrias, que “contravienen las normas fiscales y arancelarias” y que cuestan “un billón de dólares” a los contribuyentes estadounidenses. “Es una evidencia que Canadá intenta recortar tarifas comerciales y tributarias a productos que se venden a diario en territorio de EEUU”, precisó antes de incidir en que el Nafta “no funciona de manera correcta”.

La reacción canadiense no tardó en llegar. Apenas un día después, con la divisa del país en caída libre frente al dólar estadounidense por esta decisión, la titular de Exteriores, Chrystia Freeland, se apresuraba a calificar de “injusta y punitiva” la nueva tarifa comercial, impuesta “sin ninguna base fundada”, que dañará a trabajadores de ambos lados de la frontera porque “aumentará el precio” de los productos lácteos. Freeland llegó a alertar de que su gobierno se plantea iniciar un proceso judicial contra EEUU, si bien se apresuró a afirmar que “confía en que la negociación bilateral sea la solución”.

Las acusaciones de dumping comercial (venta de bienes por debajo del precio del mercado) han sido más o menos frecuentes desde la década de los ochenta entre ambos socios del Nafta. Los analistas de varios bancos de inversión, sin embargo, conceden credibilidad a esta escalada de tensión y se apresuran a estipular que las medidas anti-dumping que EEUU puede imponer a compañías de Canadá podrían llevar ciertos gravámenes hasta cotas del 45% o, incluso, del 55%. Pero nunca habían alcanzado estas cotas de beligerancia. “Lo que hace Canadá con nuestros agricultores y ganaderos es una desgracia. No nos quedaremos de brazos cruzados”, escribió el dirigente estadounidense en uno de sus tweets del pasado 20 de abril.

La declaración de intenciones de Trump, de expandirse a otros bienes y servicios, dejaría en alta vulnerabilidad al sector exterior canadiense. El intercambio de comercio entre ambos países se cifró en más de 635.000 millones de dólares el pasado ejercicio, de los que tres cuartas partes fueron ventas de Canadá y su acceso al mercado estadounidense contribuyó a captar más de 27.000 millones de dólares de inversión en 2016.

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España apunta a un crecimiento del 3%

El crecimiento del PIB y el empleo en la zona euro

Todos los indicadores de la economía española apuntan a que la recuperación en nuestro país no sólo es firme y vigorosa, sino que nos devuelve al papel protagonista de abanderado del crecimiento del PIB y del empleo en la zona euro y en el conjunto de los países desarrollados.

Incluso el aparentemente negativo resultado de la Encuesta de Población Activa entre enero y marzo no lo es tanto si se tiene en cuenta que el primer trimestre siempre es malo por la destrucción del empleo temporal derivado de la campaña de Navidad. Circunstancia que este año se ha visto agravada por el factor estacional de la Semana Santa que cayó en abril. Aun así y si analizamos el ritmo de creación de empleo en términos interanuales vemos que permanece estable en el 2,3 por ciento, lo que supone que el número de personas ocupadas ha aumentado en 408.700 personas en un año.

A esto tenemos que añadir la sensible mejoría en el índice de confianza del consumidor respecto a los favorables datos del último trimestre de 2016, el crecimiento de las ventas del comercio minorista, el crecimiento superior al 20 por ciento intertrimestral en las matriculaciones de automóviles, las subidas de dos dígitos en la entrada de turistas internacionales sobre las ya cifras récord del pasado año, que las exportaciones de mercancías acumuladas en los dos primeros meses han crecido un 12,6 por ciento alcanzando un máximo de la serie histórica, que las exportaciones de servicios no turísticos suponen ya más del 50 por ciento del total de las ventas exteriores de servicios, y la consolidación de las cifra de inversiones extranjeras en España en un contexto mundial de caída de la inversión entre el 2 y el 5 por ciento.

Buenas previsiones para España

No es, pues, de extrañar que el Banco de España esté avanzando un aumento intertrimestral del PIB del 0,8 por ciento y que tanto los analistas públicos y privados y las instituciones internacionales estén elevando ya hasta el entorno del 3 por ciento sus estimaciones del crecimiento de la economía española para el conjunto del año. Incluso el Gobierno ha revisado oficialmente al alza, hasta el 2,7 por ciento, su estimación inicial del 2,5, aunque en privado todos hablan ya de ese 3 por ciento.

Los trabajadores españoles han asumido grandes sacrificios y la pérdida temporal de derechos laborales y de calidad de vida. Las empresas, especialmente las pequeñas y medianas, han hecho los deberes con sensibles ganancias de competitividad, productividad, servicio, diseño y calidad. También los sindicatos han contribuido de forma importante, con su moderación y la firma de los acuerdos por el empleo y la negociación colectiva, a esta recuperación. Y, fruto de ello es el despegue de nuestras multinacionales que están ganando importantes licitaciones y concursos en Estados Unidos y el resto de las grandes economías mundiales con el apoyo del seguro de crédito de CESCE y de los instrumentos de apoyo del Estado. No es baladí el hecho de que España sea hoy el primer inversor extranjero en el Reino Unido.

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Luces y sombras de hacer negocios en Brasil

Brasil y España quieren potenciar sus relaciones económicas y hacer negocios en Brasil. Así lo han manifestado estos días mandatarios de ambos países a lo largo del viaje que el presidente del Gobierno español Mariano Rajoy ha realizado a Brasil esta semana.

Un destino atractivo con mucha historia

Los atractivos de la tierra que dio origen a la samba son indudables. Es la quinta economía del mundo, con una población de 206 millones de habitantes, más de cuatro veces la española. Su PIB asciende a 1,7 billones de dólares y su renta per cápita se sitúa en los 8.500 dólares. Son muchos los empresarios españoles que ya han apostado por Brasil como destino para sus exportaciones o proyectos de internacionalización. En la actualidad, es el segundo socio comercial de España en Iberoamérica. Y España, el tercer inversor extranjero allí.

Muchas de esas empresas llegaron atraídas por los primeros procesos de privatización que el país inició a finales del siglo pasado. La presencia española es habitual en sectores como la energía, las finanzas, los seguros y el turismo, entre otros. Pero los últimos años no han sido fáciles. La crisis brasileña ha impactado en ellas, y en 2016 las exportaciones cayeron un 18%. Los impagos se generalizaron y con ellos las quiebras empresariales.

La situación

El Gobierno brasileño presidido por Michel Temer quiere paliar esa situación. Aunque la economía todavía está débil, ha puesto en marcha un nuevo proyecto de inversiones en infraestructuras de transporte y energía para dar entrada a inversores internacionales que se denomina Crescer. Consta de 34 proyectos, entre los que se encuentran cuatro aeropuertos, tres líneas de ferrocarril, dos autopistas, cinco áreas portuarias… Las oportunidades de negocio también se extienden, según la información de la Cámara de Comercio Española, a sectores como el aeronáutico, las energías renovables, la gestión de residuos y el medioambiente.

Con el proyecto Crescer, el Gobierno de Brasil ha puesto en marcha un plan de concesiones que mejora la transparencia en el proceso de negociación, la seguridad jurídica e incluso introduce un sistema de arbitraje para dar mayor seguridad a los inversores internacionales.

Es uno de los pasos para tratar de soltar el lastre que pesa sobre la actividad económica y financiera de Brasil.  En 2016, fue calificada como la más cerrada de toda América Latina por un estudio realizado por el Instituto de Pesquisa Económica Aplicada (Ipea) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). El informe Doing Business del Banco Mundial, la sitúa en el puesto 123 de los 190 países que se analizan.

Las sombras de hacer negocios en Brasil

Entre las principales dificultades a las que se enfrentan los empresarios que quieren hacer negocios en Brasil está la excesiva burocracia. Se necesita una media de 13 trámites y 119 días de trabajo para iniciar una empresa. Un permiso de construcción puede tardar en tramitarse más de un año. Los impuestos son otro de los puntos débiles para hacer negocios en Brasil. Según la revista The Economist, “los conflictos por impuestos son tan brasileños como los bikinis o la samba”. El número de impuestos diferentes ronda la centena y la carga impositiva está entre las mayores del mundo. La normativa fiscal cambia continuamente motivo por el cual se aconseja a los inversores internacionales que todas sus gestiones estén supervisadas por abogados brasileños expertos actualizados.

Esto repercute directamente en la carestía de los productos hasta tal punto que es el quinto país más caro del mundo, según el famoso índice BigMac.

Las Olimpiadas

Las infraestructuras tampoco ayudan. Las Olimpidadas de Rio de 2016 sacaron a la luz las importantes carencias que tiene el país. Más allá del caos en el marco del evento, el país desaprovechó la ocasión para modernizar las infraestructuras básicas. Tampoco dio el impulso esperado en desarrollo tecnológico. Unas carencias que impactan de lleno en la rentabilidad de los proyectos empresariales que puedan emprenderse en aquel país. Hace unos años, El Confidencial contaba las dificultades a las que tenía que enfrentarse Zara en materia de impuestos y en su gestión logística en aquel país.

En ese reportaje también se detenía en analizar el impacto que el negocio de la multinacional de Amancio Ortega, las rígidas leyes laborales y el poder de los sindicatos en el país. Aseguraba que el coste salarial para el empresario casi triplica el sueldo que percibe el trabajador. Aún así, según un informe de Morgan Stanley, “el margen de beneficios es tres veces más alto que el promedio de otros países en algunos sectores”. Además, recuerde que la corrupción puede afectar directamente a su actividad.

Es decir, invertir en Brasil tiene su sufrimiento, pero si se hace bien puede merecer la pena. Un alto nivel de información y un buen seguro son requisitos obligados.

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15 becas para empresarios interesados en un postgrado en internacionalización

Ser empresario, directivo de una pyme, autónomo o profesional independiente de cualquier sector y estar interesado en ampliar conocimientos en el ámbito de la internacionalización. Estos son los únicos requisitos que exige la Fundación Gas Natural Fenosa para la concesión de 15 becas de formación. Los agraciados podrán cursar gratis un postgrado enfocado en el lanzamiento y la consolidación de las Pymes en el mercado internacional.

Las clases, al estar dirigidas a empresarios y profesionales se van a concentrar entre el lunes 12 y el viernes 16 de junio de 2017 y se impartirán en la sede de la Barcelona School of Management de la Universidad Pompeu Fabra.

Este evento es parte del programa Primera Exportación de la Fundación Gas Natural Fenosa que se centra en “acompañar a las pymes a dar sus primeros pasos en el ámbito de la exportación en cualquier parte del mundo, a través de un completo plan de formación gratuito y continuo que incluye sesiones formativas presenciales y en línea, asesoramiento y tutorías personalizadas a través de las que los participantes adquieran conocimientos en temas como el marketing internacional, la gestión empresarial y la formación de precios, entre otros.”, según explican en su web.

El origen

El programa tuvo su origen en 2001 en Argentina. Tras la fuerte crisis de aquel país se pensó en potenciar la internacionalización como medio para ayudar a las empresas a superar los problemas de la economía interna. Con la misma filosofía fue replicado en España en 2014. De esta forma, puso a disposición de los emprendedores y empresarios españoles un programa de formación y tutela en los aspectos más farragosos de los negocios internacionales: desde la logística a los trámites aduaneros, pasando por asesoramiento individualizado de cada uno de los participantes (que casi rondan el millar a fecha de hoy). En la actualidad se realiza en colaboración con diversas comunidades autónomas.

Además, desde 2007, el programa ofrece un Viaje de Captación y Negocios de empresarios argentinos a España, en el que está incluido este programa de formación bilateral. En él, los participantes argentinos del programa comparten pupitre, experiencias e incluso proyectos empresariales con empresarios españoles.

El curso

El curso tiene en nivel de postgrado y está dividido en dos módulos de contenidos.  El ambiente de negocios internacionales, impartido por el profesor Enrique Schonberg. En el que se analizarán las perspectivas geopolíticas en el contexto de la post crisis. La relación entre la Unión Europea y los países de América Latina, así como las posibles estrategias y alianzas a ambos lados de Atlántico para superar retos del mercado mundial como el Brexit, la supremacía China, etc.

El segundo módulo estará dedicado a la negociación internacional. En él, el profesor José Luis Martín conducirá una simulación multicultural de negociación internacional en la que se podrán en práctica las claves de este tipo de situaciones. El módulo también tiene previsto analizar las nuevas prácticas que pymes y multinacionales están desarrollando para lanzar sus actividades fuera de los países de nacimiento.

Para optar a esta beca, es necesario cumplimentar el formulario de la solicitud y enviarlo a primeraexportacionfgnf@gasnaturalfenosa.com antes del 30 de abril de 2017.

Los interesados en el programa completo pueden consultar directamente en la web de la Fundación Gas Natural Fenosa.

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Reino Unido ya negocia pactos comerciales con 15 mercados

La filtración es oficial. La ha realizado Liam Fox, del Departamento de Comercio Internacional del Gobierno británico. Nada más emprender Reino Unido la desconexión con Europa.

La exclusiva se la llevó el medio británico IBTimes. El Ejecutivo de Theresa May, tan sólo unas horas después de invocar el Artículo 50 del Tratado de Lisboa que emprendía la maniobra de auto-expulsión británica de la Unión Europea, admitía estar en negociaciones abiertas con otros mercados y bloques comerciales, tratados de libre tránsito de mercancías, bienes y servicios. Semanas antes del Brexit. Quizás, incluso, meses. Y a pesar de la tajante advertencia de las autoridades comunitarias, que alertaron a Reino Unido en Downing Street de que el acceso al mercado interior europeo de inversiones, comercio y ciudadanos británicos estaría supeditado a la ausencia de diálogos colaterales en esta materia con otros países, latitudes y bloques aduaneros.

La decisión de Reino Unido parece dar prioridad a nuevos tratados fuera de sus, hasta ahora, socios europeos, que a la preservación de garantías y derechos para operar en el mercado interior comunitario. Es decir, que Londres buscará en su diálogo con la UE un pacto único, sin esperar al visto bueno de socios individuales y contrarios a su estrategia, como Alemania o Francia, para sellar, cuanto antes, pasarelas comerciales con otros mercados. En concreto, la iniciativa de la diplomacia económica británica ha tenido como destinatarios nueve latitudes (aunque, en realidad, suponen quince países), dentro de una táctica negociadora que englobaba otros nueve grupos de trabajo de expertos del Gabinete May.

Estos son sus interlocutores… y las declaraciones que anticipaban las intenciones comerciales.

Australia

“Ambas partes queremos en el futuro generar un acuerdo de libre comercio que cree, además, nuevas oportunidades de inversión. Priorizaremos las consultas y los intereses de nuestros respectivos sectores privados para buscar puntos en común y sellar un pacto bilateral en toda regla”, apuntaron tanto el ministro de Comercio australiano, Steven Ciobo, como el Secretario de Comercio Internacional británico y filtrador de la estrategia, Liam Fox, en septiembre de 2016.

China

“Los beneficios mutuos son claros. China es la segunda mayor economía del mundo, las exportaciones británicas al gigante asiático han crecido exponencialmente en los últimos años y Reino Unido reclama más inversiones de China que de cualquier otro mercado europeo”, apuntaba Philip Hammond, Chancellor of the Exchequer o Ministro de Hacienda, en noviembre del pasado año.

Consejo de Cooperación del Golfo (Bahréin, Kuwait, Omán, Qatar, Arabia Saudí y UAE)

“La libre circulación de mercancías nos hará más ricos: Elevará nuestras inversiones, mejorará nuestra productividad y transformará nuestros niveles de vida al crear nuevas oportunidades a nuestros ciudadanos”, dijo Theresa May en diciembre ante autoridades de los seis países del CCG.

Israel

“Estrecharemos nuestra cooperación en el orden económico, tecnológico, de seguridad, en el campo del ciberterrorismo y en muchas más áreas de colaboración. Incluidos acuerdos comerciales que nos ayuden a mejorar nuestra seguridad y alcanzar la paz en la región” de Oriente Próximo, precisó el primer ministro israelí, en marzo de 2017 durante un encuentro oficial con el Gobierno británico.

India

“Tenemos un compromiso de acuerdo con el Ejecutivo de la India para trabajar de forma conjunta en la elaboración de unas relaciones comerciales sólidas y perdurables, lo que significa más comercio e inversiones para los empresarios británicos, más empleo para ambas partes y más garantías de negocios para los dos países”, aclaró May en noviembre de 2016.

Nueva Zelanda

“Estamos listos para negociar un acuerdo de alta calidad y garantías consolidadas en el terreno comercial con Reino Unido cuando la ocasión lo requiera y así lo aconseje el diálogo para la salida de Londres del club comunitario”, señaló en enero de este año el primer ministro neozelandés, Bill English.

Noruega

“El parternariado entre Noruega y Reino Unido es fuerte y resistente, particularmente en el ámbito del comercio y los negocios. Hemos acordado trabajar en la dirección de cerrar un acuerdo comercial en los próximos años”, anticipó en noviembre la ministra de Comercio noruega, Monica Mæland.

Turquía

“Podemos anunciar hoy un acuerdo bilateral entre Turquía y Reino Unido que sienta las bases de un diálogo y una cooperación mutua entre nuestros gobiernos en la esfera económico-comercial, que también afecta a nuestros acuerdos de intercambio militar y a la estrategia de defensa y seguridad”, explicó May en enero durante un encuentro oficial en Turquía, en el que también subrayó “el establecimiento de un grupo de trabajo comercial para explorar las vías de mejora de los cauces de intercambio de servicios y mercancías” entre ambos países.

Corea del Sur

“Un grupo de trabajo formal ha sido creado por ambas naciones, que ya se han reunido en, al menos, cuatro ocasiones este año, para discutir cómo desmantelar las barreras comerciales y establecer oportunidades futuras y ambiciosas en el plano del libre comercio, después de consumarse la desconexión por el Brexit”, informaba la agencia Bloomberg en diciembre.

EEUU

“Un Reino Unido libre e independiente es una bendición para el mundo y para que nuestras relaciones sean más fuertes que nunca. Ambos, América y la Gran Bretaña comprenden que deben ser responsables con sus trabajadores y ciudadanos. Por eso, avanzaremos en el fortalecimiento de nuestras mutuas relaciones comerciales, de negocios y en el ámbito de la política exterior”, Donald Trump, en enero.

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Xiongan o la nueva zona económica especial de influencia en Beijing

China tiene un nuevo centro operativo de negocios. Xiongan, en el área de influencia de Beijing, se erige en nuevo centro económico, urbanístico y del conocimiento.

 

El pasado 2 de abril, el Gobierno chino anunció la puesta en marcha de una nueva Zona Económica Especial (SEZ, según sus siglas en inglés), situada a 100 kilómetros al sur de la capital, Beijing. Esta nueva área, denominada Xiongan, engloba tres condados (Xiongxian, Rongcheng y Anxin) y conforma el punto central de un triángulo geográfico y económico formado por Beijing, la ciudad portuaria de Tianjin, una de los grandes centros de tráfico marítimo del gigante asiático, y Shijiazhuang, capital de la provincia de Hebei. Inicialmente, esta nueva SEZ tendrá un perímetro de 100 kilómetros cuadrados, aunque las autoridades chinas han admitido que planean ampliarla, a medio plazo, hasta alcanzar los 2.000 kilómetros cuadrados, ya que el objetivo es que Xiongan sirva de enlace mercantil entre los clusters urbanos de su órbita de influencia y se convierta en una nueva mega-ciudad de los negocios. Unas horas antes del anuncio oficial de la nueva SEZ, el Ejecutivo de Beijing suspendió todas las transacciones relacionadas con propiedades, tanto inmobiliarias como mobiliarias, en los tres condados mencionados, con objeto de evitar movimientos especulativos.

Nuevos tiempos, nuevos emplazamientos

Le Xia y Carlos Casanova, del departamento de Análisis Económico de BBVA, aseguran en una reciente nota del banco que la SEZ Xiongan, que entra a formar parte también del consorcio de otras zonas francas como la histórica Shenzhen -creada en los años ochenta del siglo pasado por Deng Xiaoping como experimento de modelo de negocio capitalista- y Pudong -auspiciada ya por Jiang Zemin en los noventa- responde a una estrategia política de intensificar los beneficios económicos del área de influencia de Beijing. Aunque, en su opinión, es también un movimiento dirigido a generar nuevos emplazamientos empresariales y urbanos, necesarios para albergar las exigencias demográficas del país más poblado de la tierra. En pleno cambio de patrón de crecimiento, desde un enfoque, pasado y actual, basado en las manufacturas y las exportaciones, a otro diseñado para trasladar el motor del crecimiento a la demanda interna; es decir, el consumo ciudadano y las inversiones empresariales. Esta nueva estrategia urbanística está justificada y amparada en datos elocuentes. Entre otros, que el 60% de la población china vivirá en ciudades en 2020. En apenas tres años.

Xiongan, China

Xiongan viene a completar iniciativas similares, impulsadas desde otros clusters urbanos como el Pearl River Delta o el Yangtze River Delta. Si bien -dicen Xia y Casanova-, Beijing mantendrá su estatus central como centro de influencia política y cultural, la idea es que este territorio del norte de China acapare el rol de núcleo económico, urbanístico y empresarial, gracias a los beneficios fiscales, laborales y financieros de la SEZ. Además de impulsar su condición de eje del conocimiento, con nuevas universidades, hospitales y centros de investigación con los que nutrir sus necesidades económicas. No sólo a largo plazo. También en el futuro inmediato, ya que la nueva SEZ se podrá beneficiar de la estela de una de las economías regionales más dinámicas de China, la del norte del país, así como de los significativos gastos en infraestructuras que ya están en fase de ejecución.

Una ciudad 100% comunicada

Por si fuera poco, la ciudad dispone de metro ligero, tren de alta velocidad y conexiones radiales de última generación. Redes de comunicaciones que aliviarán el crecimiento vertiginoso de Beijing, así como efectos colaterales perniciosos como la polución o el suministro inadecuado de utilities, como el de agua. Y que contribuirán a promover la innovación en un área que completará y ayudará a mejorar la apuesta tecnológica de la capital china o la de investigación de manufacturas de Tianjin, afirman Xia y Casanova.

“En suma, el anuncio del establecimiento de la nueva SEZ de Xiongan tienen importantes implicaciones, tanto en el frente internacional, para incrementar el valor global de economías de escala china, como en el orden doméstico, ya que traslada más hacia el sur, el dinamismo económico del norte de Beijing”, aclaran los analistas de BBVA.