Brexit_en_el sector_farmacéutico

Consecuencias del Brexit en el sector farmacéutico

Pocas horas después de conocerse el resultado del referéndum sobre el futuro de Reino Unido en la Unión Europea, la libra se hundía peligrosamente hasta niveles no vistos desde 1985, reflejando la incertidumbre que se ciñe a todos los niveles sobre el futuro económico del proyecto europeo. El 30 de marzo de 2019 será el momento en el que el divorcio se formalice, si bien el periodo de transición se extenderá hasta finales de 2020.

Centrándonos en el sector de la Salud, este hecho tendrá dos consecuencias directas:

  • El traslado de la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) a Ámsterdam;
  • La imposibilidad, por parte de Reino Unido, de seguir realizando procedimientos centralizados, como la compra de materiales.

La Agencia Europea del medicamento desempeña un trabajo esencial para el correcto funcionamiento del mercado único de medicamentos en todo el entorno comunitario. Su trabajo es vital para proporcionar a los ciudadanos medicamentos efectivos, seguros y de alta calidad, así como para mantener un entorno regulador que fomente la innovación y el desarrollo de nuevos medicamentos.

Tanto es así que entre los primeros protocolos post Brexit, la UE analizó cuidadosamente la redistribución de competencias y actividades que hasta el momento desempeñaban las autoridades nacionales de Reino Unido, a través de la MHRA (Agencia Reguladora de Medicamentos y Productos Sanitarios). De este modo, la carga de trabajo en operaciones se ha optimizado mediante un mejor reparto entre el resto de agencias europeas.

Áreas clave del Brexit en el sector farmacéutico en el futuro

De acuerdo a la Comisión Europea, cada ciudadano del Viejo Continente gasta de media alrededor de al año en medicamentos, lo que, a efectos de facturación global del sector, significa alrededor de 214.000 millones de euros. La importancia de esta industria es tal que por sí sola da empleo a alrededor del 10% de la población, siendo la segunda más importante económicamente hablando para la región por valor de mercado, según el índice FT Europe 500.

Entre los principios fundacionales de la Unión Europea, hay tres que atañen directamente al ámbito farmacéutico: el reconocimiento mutuo (que permite la entrada de medicamentos de fuera si son útiles para la población), las políticas de competencia (para favorecer o no la fusión entre laboratorios si se asegura una adecuada competencia en el mercado) y la investigación de vanguardia (sólo entre 2014 y 2020 se destinarán ayudas que superan los 77.000 millones de euros para la I+D europea del sector).

4 consecuencias directas del Brexit en el sector farmacéutico

Como consecuencia directa de los efectos del Brexit, existen cuatro ámbitos que son muy relevantes para garantizar su sostenibilidad en el futuro, y sobre los que las empresas españolas deberán estar muy atentas:

1. Licencias de Medicamentos.

En abril de 2018, se finalizó la redistribución de la cartera de productos de Reino Unido, con más de 370 productos sanitarios autorizados por procedimiento centralizado, entre los Estados Miembros, más Islandia y Noruega, quienes asumirán la plena responsabilidad de estos productos a partir del próximo 30 de marzo. Además, estos más de 370 medicamentos tienen a su vez otras autorizaciones de comercialización con compañías británicas en otros países de la UE -entre ellos, España- que tendrán que traspasarse, al quedar Reino Unido excluido como país miembro de la EMA.

2. Lotes de productos

Además de las licencias de los medicamentos, el Brexit también bloqueará la liberación y exportación de lotes de productos desde Reino Unido hacia países de la UE (afecta principalmente a los fármacos biológicos, como las vacunas). Los datos que maneja Farmaindustria apuntan a que hasta 300 lotes de productos se liberan desde el Reino Unido hacia países de la Unión Europea y también tendría que pararse esta exportación con la salida de Reino Unido. Los Titulares de las Autorizaciones de Comercialización (TACs) de medicamentos autorizados por procedimiento centralizado, deberán solicitar, a través de la correspondiente variación, el cambio en la localización de sus centros de control, liberación y exportación a direcciones sitas dentro del Estado Económico Europeo (EEE), antes de marzo de 2019.

3. Relevancia para los laboratorios

Todos estos cambios aumentarán considerablemente la carga de trabajo adicional que deberán asumir las compañías farmacéuticas, tanto en el periodo de moratoria como tras la desconexión definitiva del Reino Unido. La gestión de todos estos cambios debe realizarse de forma meticulosa, para evitar retrasos y problemas innecesarios. Es, por ello, que esta actualización requiere de un equipo cualificado, que sea capaz de asumir y gestionar todas las implicaciones de este cambio. Aunque los laboratorios más afectados en principio pueden ser los británicos con filial en España, como las multinacionales GlaxoSmithKline o AstraZeneca, las compañías nacionales también se verán impactadas en el nuevo escenario.

4. Posibles problemas de suministro

Un informe de la EMA advierte de que 88 medicamentos pueden tener problemas de suministro dentro de la UE una vez se consume el Brexit, ya que los laboratorios, presumiblemente, no harán a tiempo los cambios legales necesarios para mantener la autorización de comercialización (entre ellos, cabe destacar el tener la sede dentro del Espacio Económico Europeo, ídem para la entidad encargada de la farmacovigilancia o el archivo maestro, planta de producción, contratos o cadena de suministro, entre otros factores).

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Austria busca erigirse como puente de negocios entre Europa y China

La actual presidencia de la UE alerta de que, en toda batalla comercial, no hay ganadores. Mientras su diplomacia económica busca asentarse en los mercados asiáticos.

 

El Gobierno austriaco ha emprendido una estrategia diplomática para actuar como pasarela de comercio e inversiones entre China y Europa, para capitalizar los flujos de capital de industrias como la electrónica o la automovilística y posicionarse en el negocio digital; en especial, ante el boom del e-commerce en el mercado interior europeo y en el gigante asiático. Pero también por el interés de Viena en tener un papel activo en los flujos comerciales de la llamada Nueva Ruta de la Seda, la apuesta inversora del presidente chino, Xi Jinping, que ha prometido aportar más de 110.000 millones de euros a la causa: 13.300 millones a través de un fondo estatal, un préstamo de 50.400 millones, otros 8.000 en ayudas a países en desarrollo y organismos de las naciones de la ruta y 40.000 millones más, procedentes de la poderosa industria financiera china para impulsar a las empresas hacia el exterior. Detrás de esta iniciativa subyace, según Pekín, un objetivo geoestratégico que pretende convertir la ruta en una autopista mercantil entre China y el resto de naciones de Euroasia que sirva de contrapeso al predominio económico de EEUU, en defensa del libre comercio. Ahora que la Administración Trump ha declarado la guerra comercial con incrementos arancelarios sobre una lista multimillonaria de productos que adquiere de una serie de aliados -Europa, Canadá o México, esencialmente-, además de China. Unas medidas de cariz proteccionista para preservar -aduce la Administración Trump– a la industria y las empresas americanas.

3 Claves de Austria en su estrategia diplomática como puente de negocios entre Europa y China

El país alpino aumentará la frecuencia de las misiones empresariales a Asia

Aunque el foco de actuación preponderante es China. Tal y como ha señalado su ministra de Economía, Margarete Schramboeck, que se ha comprometido a presentar esta estrategia de expansión y impulso a las exportaciones austriacas hacia el continente asiático a finales de año. Aunque el primer paso de esta diplomacia económica ya lo ha dado. Schramboeck se desplazó en junio pasado a Pekín, en donde suscribió una treintena de acuerdos por valor de 1.500 millones de euros con empresas chinas. “Nosotros tenemos el conocimiento, el know-how de los mercados de Europa del Este y China puede abrirnos las puertas de las economías asiáticas”, dijo la responsable gubernamental en la capital austriaca. Tanto ella como el canciller Sebastian Kurz mantuvieron encuentros con altos directivos de firmas chinas; entre ellas, Alibaba, el gigante del negocio digital, Great Wall Motor o Industrial and Commercial Bank.

Combatirá las amenazas proteccionistas de Washington

En paralelo, Schramboeck garantizó que, durante el mandato rotatorio de la UE que ejerce en la actualidad Viena, combatirá las amenazas proteccionistas llegadas desde Washington tratando de abrir nuevos mercados fuera del bloque comunitario. La ministra ha sido CEO de Telekom en Austria y ha criticado abiertamente la política restrictiva de EEUU en materia comercial. También ha promocionado, desde su ministerio, la creación de un impuesto especial a los conglomerados tecnológicos y ha dado su apoyo a una regulación europea de protección de datos que se adecúe a la era digital, porque, en su opinión, “la reindustrialización” será el gran semillero de empleos en el futuro en la UE.

“Nadie gana en una contienda comercial, por si alguna de las partes involucradas en este tipo de batallas pudiera pensar lo contrario”, afirma. Por tanto, “será necesario emprender diálogos directos para evitar que se pierdan puestos de trabajo por el aumento de tarifas” alerta la titular austriaca de Economía.

El comercio bilateral entre Austria y China se elevó un 13% en pasado año

Ha llegado a alcanzar los 11.700 millones de dólares. Pero Viena quiere dar un “salto geopolítico” y cambiar su tradicional táctica transatlántica por otra que apunte al Pacífico. Pese a que los intercambios de comercio con EEUU aumentaron un 10%, hasta los 16.000 millones, tal y como se constata en su registro de Comercio. En la estrategia austriaca se incluye, además, el impulso investigador en Inteligencia Artificial e industria digital con el gigante asiático; extensible a Japón y como estrategia común de la UE. Bruselas lanzó a principios de año un macro-proyecto informático de 1.000 millones de euros que excluía a Reino Unido por el Brexit y encaminado a catapultar las exportaciones y la creación de empleo en estas industrias. Viena desea que este fondo, que también potencia la educación de habilidades profesionales y la cooperación académica, se extienda a China y otros mercados asiáticos.

Austria justifica esta iniciativa en que las reglas de protección de datos “serán iguales” para firmas estadounidenses, asiáticas o de cualquier otra nación que ofrezca servicios en el mercado interior, sin establecer “excepciones”, porque consumidores y compañías necesitan preservar su confidencialidad de multinacionales como Facebook o Alphabet. De ahí que respalde la tasa del 3% sobre las ganancias de estos conglomerados dentro del espacio europeo. O que impulse, en Austria, cambios tributarios que reduzcan los costes laborales y espoleen las inversiones en I+D+i. Con el foco puesto en Asia-Pacífico.

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China expande su influencia por Asia para combatir la guerra comercial

La gota que colmó el vaso de Pekín fue la subida arancelaria del 10% sobre productos chinos por valor de 200.000 millones de dólares. Viraje en la relación bilateral.

 

El objetivo prioritario e ineludible de la afrenta comercial de Donald Trump no son sus aliados. Por mucho que sus socios geoestratégicos -Canadá, México y la UE- contribuyan de forma nítida al déficit comercial estadounidense y se hayan llevado las embestidas y el desplante, dialéctico y personal, del presidente norteamericano en el G-7. El enemigo declarado de la Casa Blanca es China. Una estratagema que no pilla de sorpresa a Pekín. Aunque el régimen del país, que ha tratado de negociar con Washington una nueva relación sin medidas punitivas tan drásticas, opine que la guerra abierta acabará debilitando a ambas potencias. EEUU ha puesto sus metas económicas por encima de cualquier táctica de entendimiento directo con China. Circunstancia que complicará los lazos con el resto de naciones asiáticas y dificultará la labor de mediación, si fuera posible, de aliados en la región.

La estrategia de Trump en la guerra comercial entre China y EEUU

La visión trumpiana de las relaciones con China entierra la política de Obama de combatir toda acción agresiva en materia comercial contra el gigante asiático haciendo uso e involucrando a sus aliados dentro del entramado multilateral. Trump no necesita palabras. Su obsesión es bajar la capacidad de influencia de China en el mundo. Algo que admiten las cancillerías occidentales. Y una misión que perturba al empresariado estadounidense. Scott Paul, presidente de la Alianza para la Industria Americana, decía recientemente en The Washington Post que “no puede evitar sentir que la Administración americana no podrá sacar partido de esta contienda” con China. Por mucho que detrás de esta iniciativa esté la declarada medida de evitar que Pekín deje de obtener y plagiar derechos de propiedad intelectual estadounidenses de forma ilícita. Pese a las sanciones dictadas contra tecnológicas del gigante asiático como ZTE que, con una plantilla de 70.000 personas, también intercede en conflictos tan delicados como el de Corea del Norte. Un acicate para otras administraciones americanas. Pero no para la de Trump. La intención de su antecesor en el cargo con el tratado Asia-Pacífico, que dejaba fuera a Pekín, pero al que permitió tutelar y liderar el bloque económico de Asean con el conjunto de mercados asiáticos, pretendía involucrar a Xi Jinping en asuntos comerciales, económicos y monetarios más ortodoxos y más cercanos al de las economías de mercado. Estatus que China persigue durante décadas, desde que se incorporó a la OMC, en 2001, y que le daría más músculo global ahora que ha cambiado el patrón de crecimiento hacia un modelo más industrializado, relegando a su sector exterior, al que ha nutrido de un elevado nivel de productividad (la gran factoría mundial) a través de bajos salarios y turnos laborales permanentes, a un peso inferior de su PIB. En beneficio de la demanda interna. Más consumo y más inversión empresarial con facilidades financieras de sus enormes conglomerados bancarios.

El problema de este viraje de Trump no es sólo que la subida arancelaria sea desmesurada. Del 10% adicional sobre bienes y servicios que, en conjunto, totalizan 200.000 millones de dólares. Por encima de la cifra que China consigue como superávit en la balanza comercial bilateral con EEUU. Sino que, como alertan desde el Instituto Peterson, especializado en asuntos económicos internacionales, el incremento de aranceles puede perjudicar el abastecimiento que necesita la industria americana para funcionar a velocidad de crucero.

Además, para paliar este conflicto, China ha intensificado su influencia en Asia. Ya lo hace desde el inicio del milenio. Entre 2000 y 2016, Pekín ha empleado más de 48.000 millones de dólares en preparar a sus vecinos para que consuman productos made in China. A través de acciones de diplomacia económica, política y de cooperación. La mayor parte, procedente de sus recursos presupuestarios, según AidData. Una táctica que ha utilizado en África y América Latina, donde la llamada Mano Invisible de China ha ido añadiendo cuotas de mercados a base de inversiones constantes y multibillonarias. El juego, pues, de la segunda potencia económica mundial en Asia es claro: lograr que sus vecinos continentales sean el supermercado de sus productos, abrir sus economías a las firmas chinas, acceder a sus fuentes de materias primas, legitimar las fronteras marítimas y territoriales con sus reclamaciones en el Mar de China y labrarse el apoyo de todos ellos hacia las posiciones de política exterior de Pekín en Naciones Unidas y otros foros globales.

En esta estrategia, Made in China 2025, se enmarca también los 110.000 millones de dólares que se ha gastado en poner en marcha el Belt and Road, la nueva nomenclatura de la llamada Ruta de la Seda, proyecto con el que Pekín quiere ganarse la imagen de actor global frente al proteccionismo. Los cálculos de Pekín prevén que la renovada Ruta de la Seda, impulsada ya en 2013, movilizara un flujo de inversiones de 1,8 billones en los próximos cinco años por empresas y naciones que participarán en esta iniciativa. En principio, destinado a 68 países, que suman 4.400 millones de personas y el 40% del PIB mundial. Y que incluye proyectos tan diversos como el tren Madrid-Yiwu, el corredor China-Pakistán y un oleoducto que conectará el sur de China con Birmania y la Bahía de Bengala.

En paralelo, Pekín dice que, desde 2014, sus empresas ya han suscrito contratos relacionados con Belt & Road por 279.000 millones de euros. Además de instar al Banco Asiático de Desarrollo (BAD), del que es, junto con Japón, el gran contribuyente neto de sus finanzas, a que desvíe al proyecto la mayor parte de sus fondos, de 91.500 millones de euros, destinados a las infraestructuras. Sin olvidar los más de 732.000 millones previstos como inversión estatal durante el próximo lustro. La ambición de Jinping en la Ruta de la Seda es tal, que pretende involucrar a Oriente Próximo, África y América en su sueño hegemónico. Pero la prioridad es el mercado asiático, donde el régimen de Pekín ya tiene 115 programas de hermanamiento entre ciudades chinas y del resto del continente, con amplias alianzas comerciales y económicas. Además de haber inaugurado más de 500 Institutos Confucio a lo largo y ancho de su territorio.

La Administración Trump, a través de su representante comercial, Robert Lighthizer, insiste en que el comienzo de las hostilidades partió de Pekín. Con su agresiva política comercial hacia los EEUU. Pero su postura declarada es que, si China reacciona con tarifas más altas, Washington se verá en la obligación de añadir más obstáculos arancelarios sobre otra lista de mercancías del país, por valor de otros 200.000 millones de dólares. Demasiada leña para atizar el fuego. Porque China abastece el 8% de las materias que demanda del exterior la industria americana, según datos del International Trade Center. En 2017, las adquisiciones estadounidenses procedentes de China totalizaron 505.000 millones de dólares. Si casi la mitad reciben aranceles adicionales, bienes como la ropa o los productos electrónicos repercutirán en el precio final que pagarán los consumidores americanos, aseguran en este think-tank. Pero las consecuencias pueden ser aún mayores. Conglomerados como General Electric pidieron a Washington que quitara de la lista de bienes procedentes de china 34 materiales electrónicos de importación de este país que juzga esenciales para mantener su producción. La Casa Blanca ha desechado todos ellos. Bien es cierto que su lista de mercancías americanas susceptibles de mayores tarifas es menor, ya que en 2017 compró a EEUU por valor de 130.000 millones de dólares. Pero puede paralizar el número, cada vez más creciente, de estudiantes chinos que desembarcan cada año en universidades de EEUU y, sobre todo, puede jugar la carta regulatoria de impedir que firmas estadounidenses entren en el accionariado de empresas chinas de sectores estratégicos. En muchos de los cuales ya han invertido las compañías estadounidenses.

Sobre China también asolan las sombras. Sus plazas bursátiles pierden fuelle desde el anuncio de la Casa Blanca y su economía, en pleno tránsito hacia un patrón de demanda interna, también se resiente de la pérdida de su sector exterior. Pero no se puede desmerecer el músculo y poder de su acción exterior. Mickey Kantor, antiguo representante comercial americano en el mandato de Clinton, lo expresa de forma nítida: “Si dejamos a nuestros aliados europeos, canadiense y mexicano en manos del liderazgo chino, EEUU se quedará sin opción alguna cuando quiera reaccionar, y sin capacidad de sanción dentro del entramado institucional”, en referencia a la OMC, sobre la que Trump ha declarado que no tiene confianza alguna en su labor de árbitro de las relaciones comerciales globales.

Pero los daños colaterales también surgen en el gigante asiático. En una economía que ha bajado su ritmo de crecimiento. Expectativas a la baja que admite el propio Banco Central. En buena medida, por el encarecimiento de los costes financieros internacionales de la subida de tipos de interés de la Reserva Federal, que suma endeudamiento, generalmente denominado en dólares, a las deudas contraídas por empresas y bancos. Aunque también porque se deja sentir el daño del comercio. “El PIB de China ha hecho emerger riesgos, que se trasladarán a la economía global alimentada, además, por el aminoramiento del dinamismo en Europa, la subida del crudo y las turbulencias en los mercados emergentes”, escribe Louis Kuijs, economista jefe para Asia de la consultora Oxford Economics en Hong-Kong y antiguo investigador del FMI. El cambio de color de la coyuntura china se vislumbra en una caída de la inversión en activos fijos, que lleva dos meses consecutivos en números rojos (en abril fue del 6,1% interanual); en el retroceso de los fondos para infraestructuras, que se han reducido del 11,3% al 2,3%; en la ralentización de las ventas minoristas, del 11,2% al 7,9%, el nivel más bajo en quince años y en la moderación de las exportaciones, que evolucionan en un rango de entre el 3,2% y el 3,7% desde el anuncio de la batalla comercial de Trump.

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El Congreso americano se mueve para frenar el proteccionismo de Trump

Bajo el ‘America, first’ de Trump emerge un aislamiento de EEUU que demócratas y republicanos pretenden corregir recuperando el control sobre las tarifas comerciales.

 

“Trump desea batallar contra todos. Quizás piense que la mejor vía de defender sus intereses y los de los estadounidenses, pero sólo está provocando el aislacionismo de EEUU”. Bajo esta idea motriz, que está en el pensamiento de los servicios diplomáticos occidentales y chinos, pero que también subyace, cada vez de manera más intensa, entre históricos responsables -actuales o en excedencia- de la Secretaría de Estado, demócratas y republicanos han empezado a mover ficha para corregir los excesos proteccionistas del presidente americano y tratar de contener los efectos perniciosos de la guerra comercial iniciada por la Casa Blanca. Su campo de operaciones será el Congreso. El poder legislativo, como en tantas otras ocasiones en la historia del país, se posicionará en contra de una iniciativa que considera desmesurada procedente del entramado ejecutivo. La declaración de intenciones de los partidos estadounidenses comenzó a fraguarse, además, antes de la polémica reunión del G-7, donde salieron a relucir las discrepancias directas entre Trump y el resto de líderes de las potencias más industrializadas del planeta.

¿De dónde nace el proteccionismo de Trump?

La base fundamental de su argumentación es la creciente retórica beligerante de Trump hacia sus aliados, que deja traslucir una errática y volátil estrategia exterior. El dirigente republicano -argumentan- ha confundido sus esfuerzos y ha irritado a sus socios y aliados, tensando los lazos bilaterales con todos ellos al retirar a EEUU del acuerdo nuclear con Irán, a pesar de que las objeciones de los europeos, y tratando de dinamitar el Nafta, en contra de las posturas de México y Canadá, que incluso han aceptado revisarlo en profundidad mientras pactaba con el dictador norcoreano una salida a la escalada nuclear de ese país poco transparente que, además, lleva aparejada la salida de las fuerzas estadounidenses de Corea del Sur. Apelando a razones, pese a ser aliados de larga fiabilidad, de seguridad nacional. También para justificar las subidas arancelarias. De repente, en cuestión de meses, los más sólidos amigos de EEUU se han convertido en acérrimos enemigos. Hasta el punto de que el G-7, el cónclave donde se dirime el orden mundial, pasa por su crisis más grave desde su nacimiento, en 1975.

¿Cuál es la postura del partido republicano frente al proteccionismo de Trump?

Este repentino aislamiento de EEUU no ha gustado a las filas republicanas. Varios senadores del llamado Grand Old Party (GOP) han iniciado tramitaciones legislativas para contrarrestar las acciones de la Casa Blanca. Entre sus planes, está el respaldo de una enmienda al presupuesto anual de Defensa, que requiere de la aprobación del Congreso, y que permite emprender una serie de ajustes sobre las importaciones de materiales para fines militares. En esta iniciativa se contempla incorporar medidas contra las recientes subidas de aranceles sobre el aluminio y el acero. Y creen necesario dejar abiertas las enmiendas a otros asuntos comerciales, sugiriendo con ello que podría llegar a convertirse en una pieza legislativa del suficiente calado como para que Trump se vea obligado a firmarla. No esconden su intención de fumigar la batería de normas comerciales que se han lanzado desde Washington, en nombre del libre comercio y aduciendo riesgos sobre la economía del país. Uno de esos líderes es el senador Bob Corker, de Tennessee, quien admite que entre las correcciones tarifarias que van a proponer se encuentran las que el presidente ha incluido, por imperativo de seguridad nacional, de acuerdo con la Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial, que está sujeta al visto bueno del Congreso. Y podría obligar a cambiar la estrategia de Trump con carácter retroactivo. Para beneficio de la UE, México y Canadá. Aunque está por ver si también para China, el otro gran damnificado por la escalada arancelaria. Corker usó un tono pragmático: “puede de la reacción de Trump no sea positiva, pero creemos que es una acción necesaria para restablecer la autoridad del Congreso”.

Junto a Corker, políticos republicanos como Ben Sasse (Nebraska), que dice estar “atónito” ante las embestidas de Trump, los senadores Marcos Rubio (Florida), para quien la confrontación con China “debería forjar una alianza previa de EEUU con Europa”, Lamar Alexander (Tennessee), al que las subidas de tarifas supondrán “la destrucción de puestos de trabajo, especialmente en la industria automovilística americana” o el portavoz de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, que critica que “no parezca que para Trump haya otras formas de ayudar a los trabajadores y a los consumidores” del país, están detrás de esta estrategia. Sobre todo, porque la Constitución americana -dicen- confiere el poder para establecer aranceles al Congreso. Y si el legislativo cree que el presidente realiza un poder abusivo de esta delegación, puede invalidar cualquier acción de la Casa Blanca. 

Y los demócratas, ¿Qué opinan del proteccionismo de Trump?

Sin embargo, una vez en vigor, la acometida del Congreso debe contar con el visto bueno de las filas demócratas. Formación que está en pleno debate ideológico tras la salida de Barack Obama y el fracaso de Hillary Clinton en la carrera presidencial. Tradicionalmente más proteccionista que los republicanos en materia comercial -se han opuesto a acuerdos globales como el que se rubricó con las naciones de Asia-Pacífico, en el segundo mandato de Obama- están dispuestos a seguir la estela de sus rivales. Una reciente encuesta de Pew Research Center, asegura que sólo el 22% de los representantes demócratas del Congreso apoyan la medida tarifaria de Trump al aluminio y el acero, con el 63% en contra. Además, hay una unanimidad plena en la defensa del Nafta, acuerdo cerrado con el fast-track por Bill Clinton en los noventa. El sentimiento en bloque de los demócratas es actuar con mayor virulencia contra las políticas de Trump implantadas por Obama -desde el MediCare hasta la reforma financiera que combatió la crisis de 2008 o la doble rebaja impositiva sobre las rentas y las empresas- y defender la histórica postura de EEUU como abanderado del libre comercio. En un año, además, de elecciones legislativas como el actual.

Europa Vs Proteccionismo de Trump

También contará en este desafío el curso exterior e interior de los acontecimientos. Europa se ha unido frente a la escalada de tensiones con EEUU. Ha advertido que no dejará ninguna acción sin reacción. A la amenaza de nuevas tasas, de hasta el 20%, a la importación europea de vehículos, sector más que estratégico para Alemania y fuente de empleo para no pocos socios de la Unión, Bruselas se ha mostrado de acuerdo en devolver los golpes. Y acudir ante la OMC. Sin descartar choques comerciales de mayores proporciones que los 350 productos americanos -desde motocicletas Harley Davidson, bajo riesgo de quiebra por la escasez de ventas en EEUU, al bourbon o barcos de recreo- a los que ya han subido aranceles. Sobre todo, si Trump cumple su amenaza de pasar factura adicional a las constructoras europeas que operan en el gasoducto Nordstream 2. O si, finalmente, refuerza sus poderes para examinar los capitales foráneos que entran en EEUU a través del llamado Comité de Inversiones Extranjeras (CFIUS, según sus siglas en inglés), con poder para bloquear operaciones de tomas de control de una sociedad americana si supone algún tipo de amenaza contra la seguridad nacional. Y “proteger la transferencia de tecnología es una cuestión muy importante para EEUU”, ha advertido el secretario del Tesoro, Steve Mnuchin. La lectura que extrae Europa de estos movimientos es que la guerra contra el libre comercio “irá a peor”. Hasta el punto de que podría poner en riesgo el futuro de la OMC. Varios estudios alertan de que, si no se logra defender el statu quo actual, los aranceles en el mundo crecerán, de media, un 32%. Así lo atestiguan, en un informe conjunto, los economistas Alessandro Nicita, Marcelo Olarreaga y Peri da Silva.

¿Cuál es la estrategia europea?

La estrategia europea cuenta con que logre cundir el pensamiento, en EEUU, de que esta guerra reducirá notablemente la, hasta ahora, vibrante economía americana y recortará la confianza empresarial en el país. De momento, Mark Zandi, economista jefe de Moody’s Analytics, calcula que los movimientos arancelarios en vigor ya van a restar tres décimas al crecimiento del PIB de EEUU este año. Impacto que aumentaría considerablemente si Trump sigue la pauta prevista.

Temor del congreso americano frente al Nafta

Pero en Capitol Hill, sede del Congreso, también preocupa, y mucho, el Nafta. La bancada de los republicanos cree que la ausencia de posibilidades de que se renegocie convenientemente este tratado mermará las posibilidades del partido en la contienda electoral de noviembre. Y si no lo hay, se temen lo peor. Barajan la opción de que fuercen la aprobación de un nuevo tratado, sin demasiadas cortapisas, por parte del Congreso. Sobre todo, porque el Nafta genera industrias multimillonarias en la mayoría de los estados americanos por las facilidades empresariales y las ventajas exportadoras e importadoras del pacto en vigor con sus vecinos del norte y del sur. En sus 24 años de funcionamiento hasta 33 estados del país han llegado a vender más bienes y  servicios a Canadá que al resto de EEUU. En 2016, último ejercicio previo a la declaración de la guerra comercial, las exportaciones a Canadá oscilaron desde los 9.000 millones de dólares del estado de Washington hasta los 23.700 de Michigan. Mientras que las ventas a México fueron desde los 2.000 millones de Hawai hasta los 91.700 de Texas.

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Canadá “se prepara para lo peor”: tensión con EEUU y salida del Nafta

La cumbre del G-7 marcará un antes y un después en las relaciones entre Canadá y EEUU, según su titular de Exteriores. Ottawa no descarta integrarse en el bloque europeo.

 

“Prepararse para lo peor”. La frase surge de boca de la jefa de la diplomacia canadiense, Chrystia Freeland, semanas después de la tensa reunión del G-7 en Quebec. Pero es un sentir general en el servicio diplomático canadiense. La afrenta retórica de Donald Trump contra su homólogo del norte, Justin Trudeau, ha dado al traste con cualquier intento inmediato de restablecer los lazos bilaterales entre Canadá y EEUU que, en algún momento de las semanas previas a la cita de las siete potencias más industrializadas del planeta, planteó, por parte de la Casa Blanca, incluir a Canadá en el elenco de economías que podrían beneficiarse de la excepcionalidad en las subidas arancelarias que ha impuesto EEUU a sus principales aliados. Aduciendo razones de seguridad nacional e invocando el agujero en la balanza comercial del mayor mercado del planeta. Freeland enfatizó que nunca en la historia reciente, la sintonía entre ambos países había estado “en un punto más bajo y de tanta preocupación”. Punto de fricción que también corrobora un antiguo asesor de Trudeau, Roland Paris, para quien “ha habido momento de tensión en varios instantes de la historia, pero nunca he visto ni oído un lenguaje tan agresivo y despectivo como el usado por la Administración Trump hacia Canadá”. Sobre todo -matiza- porque la esperanza del primer ministro de Canadá en la cita del G-7 era la de restaurar el entendimiento tras las tarifas punitivas aplicadas por la Casa Blanca.

En términos exactos también se expresó Colin Robertson, antiguo diplomático y responsable del Instituto Canadiense de Asuntos Globales. “Ahora, estamos preparados para lo peor”, porque “el daño ya está hecho, es de magnitud y proseguirá en el futuro”. Canadá es el primer socio comercial de EEUU, con un volumen de intercambio de mercancías y servicios de 673.900 millones de dólares. Un reciente estudio de CD Howe Institute valora en más de 6.000 puestos de trabajo y una pérdida de tres décimas del PIB el efecto del incremento arancelarios sobre el acero y el aluminio para la economía canadiense. Mientras que la réplica de Ottawa de aplicar tarifas adicionales a productos estadounidenses como el whisky, la soja o bienes industriales de diferentes sectores, por valor de 16.700 millones de dólares, se cobrará 22.700 empleos, aunque sólo un recorte del 0,02% del PIB, a EEUU.

Trump “ha descubierto un arma, la guerra comercial, que está usando en su máxima expresión, como un elemento de destrucción masiva, como el gran artefacto de beligerancia para impulsar su política de American, first”, escribe Lawrence Herman, antiguo diplomático y ahora consultor de comercio internacional, para quien la equivocación del presidente americano es que “su idea estratégica hará a EEUU menos dependiente, pero, en realidad traslada el mensaje de que ha dejado de ser un socio fiable, incluso a sus más próximos aliados”.  

La opinión canadiense, además, se ha trasladado al resto de socios de EEUU, que ya se plantean actuar contra los intereses empresariales de EEUU. Una declaración de intenciones que están trasladando a la sede de la OMC, la institución global defensora del libre comercio, donde podrían perfilarse acciones conjuntas. Algunos expertos hablan ya de un impuesto Trump sobre activos estadounidenses en el exterior. Freeland incide en la idea. “El creciente escepticismo no puede servir ni para aislar, ni para fomentar que EEUU abandone el orden global sobre el que tanto ha contribuido América”. Pero “la posibilidad de que el poder económico y empresarial de EEUU se circunscriba casi exclusivamente a su territorio y su mercado interior es real”. La preeminencia económica de una nación “no es eterna” y generalmente sucede por errores estratégicos de sus gobernantes. Y EEUU se equivoca tratando de renovar el orden internacional por su cuenta y riesgo y sin cooperación con sus aliados tradicionales, explicaba hace pocas fechas la ministra de Exteriores en Foreign Policy Magazine.

A la espera de alguna señal conciliadora por parte de Washington, Canadá -igual que México- ya se prepara para un escenario post-Nafta. Incluso ante la persistencia de EEUU de que la revisión del tratado no es una táctica para la desmantelación definitiva de la unión aduanera del norte de América, y que el pacto que podría surgir de las negociaciones en curso, desde hace más de seis meses, beneficiará también a sus dos socios. Ottawa ha dejado de escuchar esos cantos de sirena. Sus negociadores no concluyen nada parecido. Tampoco sus colegas mexicanos. Ambos países se han lanzado a sellar nuevas alianzas comerciales. Conscientes de que el Nafta está ya en la sala de cuidados paliativos. Canadá y México acaban de firmar una nueva relación con el tratado Trans-Pacífico, el primer acuerdo internacional cancelado por Trump, y con otros nueve mercados de la otra orilla de este océano. Además de tener negociaciones avanzadas con la UE. Por si fuera poco, han iniciado diálogos con países como Colombia, Perú, Chile, Singapur, Nueva Zelanda y Australia. Una reacción que empiezan a asumir ciertos políticos en EEUU. Eric Farnsworth, vicepresidente del Consejo de las Américas y negociador en el original acuerdo del Nafta, en vigor en los últimos 30 años, considera que “el mundo no puede dejar de girar ni de buscar nuevos pactos de libre comercio sólo porque EEUU desee torpedear su arquitectura de comercio”. A su juicio, “el mercado global tiende hacia la diversificación”, luego “no es una fase en la que convenga refugiarse en un territorio concreto; por mucho que sea el mercado con más volumen de negocio del mundo”.

Entre las iniciativas más sorprendentes que tiene Canadá encima de la mesa, y que baraja con cierto rigor, es unirse al bloque europeo. Trump, dicen en Ottawa, ha dejado con su Guerra comercial indiscriminada las puertas abiertas a cualquier movimiento geo-estratégico. Así lo advierte el senador estadounidense por Nebraska, Ben Sasse, republicano. Crítico con la táctica comercial de Trump. “No sería descabellado”. Se trataría -admite- de consolidar una de las rutas tradicionales de comercio canadiense y de aprovechar una oportunidad histórica. “Con un poco de imaginación, las garantías de éxito de este juego serían casi plenas”.

Europa podría ofrecer a Canadá un fast-track (la poderosa herramienta que pasa del Congreso a la Presidencia de EEUU para rubricar acuerdos comerciales, según el equilibrio de poder entre el ejecutivo y el legislativo americano y que resulta imprescindible para acelerar negociaciones en curso) para adherirse al mercado interior europeo. Para Canadá, sería como reemplazar de un plumazo a EEUU y tener acceso con inmediatez a un mercado incluso con mayor número de consumidores que el estadounidense. Y geoestratégicamente, podrían consolidar una pasarela transatlántica que ganaría influencia global y dejaría a Reino Unido entre dos espacios de inversión demasiado potentes como para que no se tome en serio el Brexit. Y México podría seguir sus pasos. Sería el nacimiento de una nueva era multipolar. Con EEUU ajeno. O por lo menos, con el pie cambiado. De momento, Trudeau, en la jornada de conmemoración del 151 aniversario del nacimiento de Canadá, se desplazó a la pequeña localidad agrícola de Leamington, al suroeste de Toronto, próxima a la frontera de EEUU, para anunciar la subida de aranceles a productos estadounidenses por valor de 16.600 millones de dólares. “Considerar las exportaciones canadienses de automóviles una amenaza para la seguridad nacional de EEUU no tiene sentido. Aun así, nos aplicaremos en la renegociación del Nafta” con las autoridades de la Casa Blanca, dijo el primer ministro canadiense. Una puerta abierta a la concordia.

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Europa expande sus alianzas globales frente a las sanciones de EEUU

Los tratados de la UE de libre comercio con otros mercados plantan cara al proteccionismo de la Administración Trump mitigar el final del pacto trasatlántico.

 

Las economías del libre comercio se alían frente a la subida de aranceles y las represalias de la Administración Trump, y Europa toma el mando de las operaciones. La UE apuesta por alianzas globales y ya ha abierto negociaciones con Australia para formalizar un tratado de libre comercio que ayude a compensar el freno a los flujos de inversión y de exportaciones hacia el mercado estadounidense, el mayor del mundo. Pero sobre la mesa, la Comisión Europea tiene más de una docena de deliberaciones iniciadas con otras latitudes del planeta, en diversas fases de conversaciones. Desea aprovechar el aislamiento de Washington y su cambio en la concepción de las relaciones económicas globales, en defensa, aduce, de su seguridad nacional. La agresiva política exterior americana, que le ha llevado a abandonar el Tratado Trans-Pacífico y a lapidar la libre circulación de bienes, mercancías y servicios trasatlántico, con Europa -molesta también por el final del acuerdo nuclear con Irán, por decisión unilateral de Trump- ha impulsado a la UE a “estrechar lazos” con otros socios o bloques comerciales, a los que se ha apresurado a colgar el cartel de estratégicos. Resignada a las “aseveraciones caprichosas” del dirigente republicano, tal y como afirmó el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk.

Los tratados de la UE en busca de aliados comerciales

La apuesta europea por intensificar las alianzas comerciales con otras potencias busca preservar -en palabras de la comisaria europea de Comercio, Cecilia Malmstrom-, el sistema mundial del comercio. Todos los tratados de la UE que formalice, enviarán el mensaje de que nuestro mercado interior y sus socios tienen intereses comunes y avanzan de común acuerdo en esta dirección”, dijo en una reciente conferencia en Canberra. “Necesitamos muchos aliados que nos ayuden a alcanzar este desafío”. Tan sólo unos días después de que Washington amenazara con elevar los aranceles sobre nuevas importaciones chinas por valor de 200.000 millones de dólares tras otra oleada de incrementos tarifarios sobre productos del gigante asiático por valor de otros 50.000 millones. Y de la amenaza de la Casa Blanca sobre cualquier intento europeo de aumentar los obstáculos a la entrada de la industria de automoción americana en su mercado. Las represalias estadounidenses han generado enfado entre sus aliados, y China y la UE se han erigido en los principales defensores del sistema multilateral de comercio.

Australia uno de los principales socios

El inicio del diálogo con Australia es muy significativo en este sentido. Europa es ya el segundo socio más importante del mercado austral, después de China. Y si este acuerdo se formalizase, como no se descarta, incluyendo también a Nueva Zelanda, el PIB europeo podría elevar en casi 5.000 millones de euros (4.900 millones, exactamente) su tamaño en 2030, según estimaciones del Ejecutivo comunitario. La parte central de las deliberaciones incluyen el comercio de coches, maquinaria, equipamientos electrónicos y productos químicos y metalúrgicos.

9 tratados de la UE con mercados internacionales

Hay nueve acuerdos en tramitación. Aunque algunos más en fase de tanteo y reflexión.

CETA

A pesar de que el acuerdo ya se está aplicando, quedan incógnitas en torno al tratado con Canadá. Todas, de calado. En España, está pendiente un recurso sobre su constitucionalidad, registrado en el Congreso de los Diputados. El nuevo ejecutivo italiano también plantea dudas en torno a esta área de libre comercio al que la Comisión Europea dio vigencia provisional desde otoño de 2017. También el Tribunal de Justicia de la UE ha entrado a analizar si el tribunal de arbitraje incluido en el CETA es compatible con el derecho comunitario.

Tratado UE-Japón (JEFTA)

Es uno de los tres tratados cuya fase de negociación ha concluido ya. Se trata de un acuerdo que la Comisión ha categorizado como de “competencia exclusiva” de la UE, al tener asumidas competencias sobernas en materia de comercio. Todo hace indicar que se firmará definitivamente en la primera quincena de julio.

Tratado UE-Singapur

Otro tratado concluido y a falta de firma. Es un acuerdo de calado ya que Singapur es, de facto, un territorio con ventajas fiscales y financieras y enclave geo-estratégico en el transporte comercial marítimo mundial. Es un espejo del Jefta. Incluye un acuerdo sobre protección recíproca de inversiones con instauración de tribunales de arbitraje (ISDS).

Tratado UE-Vietnam

También muy similar al tratado con Singapur. Europa busca ratificarlo con celeridad, aunque, en este caso, no se descarta la separación de los mecanismos ISDS en un acuerdo paralelo para no retrasar demasiado su firma. Entre otras razones, por el déficit en los derechos laborales del ordenamiento vietnamita. Es una economía de trabajos poco cualificados y bajos salarios. La UE está a la espera de que Vietnam ratifique los convenios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Tratado UE-México

Ambas partes alcanzaron un “acuerdo político” el pasado mes de abril para “modernizar” el tratado comercial firmado hace 20 años, aún vigente. Europa negocia con el vecino sureño de EEUU y miembro del Nafta -tratado firmado entre EE UU, México y Canadá- tras la imposición de aranceles de la Casa Blanca al acero y aluminio y la amenaza de bloquear, entre otras mercancías, la entrada de automóviles fabricados en México, motor exportador de la economía latina del Nafta, y por las restricciones de entrada de ciudadanos mexicanos a suelo estadounidense por los cambios en la política migratoria de Trump.

Tratado UE-Mercosur

Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay tienen el tratado comercial con la UE en estado avanzado. Aunque quedan puntos calientes por resolver. Los expertos creen que se saldarán a lo largo del verano. Los puntos de fricción: automóviles, carne y agro-combustibles así como con el transporte marítimo.

Tratado UE-Chile

Al igual que con México, la UE pretende actualizar el acuerdo vigente con Chile desde el año 2000. El pasado 13 de junio, el Parlamento Europeo instó a que se produjera esa actualización antes del final de la legislatura tras la tercera ronda de negociaciones con este mercado sudamericano.

Tratado UE-Australia y Nueva Zelanda

En estos últimos días, la comisaria Malmström pretende inaugurar las negociaciones de tratados comerciales similares al CETA o JEFTA. Los dos países de las Antípodas centran sus negociaciones en las exportaciones de carne y de recursos naturales como carbón o el uranio.

Tratado UE-Reino Unido

El laberíntico proceso de salida de Reino Unido de la Unión Europea después del Brexit debe dar lugar a un acuerdo comercial en la línea marcada por el CETA. La batalla comercial entablada por EEUU ha generado en el Reino Unido una revisión de la política comercial en toda regla que ha generado una incertidumbre añadida sobre la fórmula en la que ambas partes retomarán sus relaciones bilaterales; en especial, el estatus que Londres adquirirá para acceder al mercado interior europeo.

¿Están muertos los tratados de la UE con EEUU?

La instauración del proteccionismo en EEUU y la reacción de recoger el testigo de la UE ante la batalla comercial decretada desde la Casa Blanca ha herido de muerte la alianza transatlántica. De hecho, en un artículo de la prestigiosa publicación Foreign Policy, James Traub, habla bien a las claras de que el entramado político-institucional y el económico-financiero entre los espacios de democracia occidental por antonomasia ha suscrito su acta de defunción. RIP: 1945-2018 dice en su artículo. Aunque ya empezó a resquebrajarse, bajo su punto de vista, con el final de la Guerra Fría. La alianza para contener a la extinta Unión Soviética ha pasado tres décadas en las que se han relajado hasta límites insospechados las necesidades estratégicas comunes entre Europa y EEUU y, con ellas, la convergencia de valores, que han dejado en un estado de colapso casi total al orden demócrata-liberal que gobernó el mundo tras la Segunda Guerra Mundial.

La diplomacia de Trump causa de la defunción

En especial, por el viraje de Trump en materia económico-comercial y en su línea diplomática sobre asuntos tan candentes como Oriente Próximo, que amenaza con voltear el frágil equilibrio en la región más convulsa del planeta, con saltos en la volatilidad de los mercados y en el precio de la energía mundial, por el juego de contorsionismo americano que ha inclinado sus apoyos hacia Israel y Arabia Saudí, con intereses empresariales y estratégicos nada transparentes, al tiempo que ha tensado los lazos con Irán. Al dejar sin validez el trascendental pacto nuclear suscrito por Barack Obama. Un presidente, el último demócrata, que trató, a juicio de Traub, de restablecer el multilateralismo que, ahora, Trump no sólo ha enterrado, sino que lo ha sustituido por un unilateralismo extremo. Su diagnostico es que EEUU irá de crisis en crisis y que Europa se enfrenta a un dilema existencial de gran magnitud. Con el euro sin convergencia plena en materia monetaria, económica y fiscal y con presiones migratorias que distancias casi sin remedio a la UE. A lo que hay que añadir su necesaria redefinición de la estrategia de Defensa que ahora le exige mayores gastos militares para permanecer en el seno de la OTAN. Cualquier reconstrucción de las relaciones euro-americanas pasa por una compleja discusión en todos los órdenes entre la visión europea de un futuro bajo unas reglas elementales de gobernanza de la globalización y el retorno al pasado que marca la Administración Trump. De momento, Europa ya ha dado el primer paso hacia la confrontación con EEUU en el área comercial. Ha advertido a su aliado del otro lado del Atlántico que se enfrenta a subidas arancelarias en su mercado que equivalen al 19% de las exportaciones que realiza al Viejo Continente, al que envió, en 2017, más de 290.000 millones de dólares.

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España y Latinoamérica refuerzan sus lazos comerciales

Un estudio realizado por EAE Business School asegura que en 2017 las exportaciones de España a la región latinoamericana crecieron un 12,5% respecto a 2016, superando los 15.250 millones de euros, y las importaciones aumentaron un 25%, rozando los 17.000 millones de euros

 

Desde hace cientos de años, la balanza comercial entre España y Latinoamérica ha tenido un fuerte vínculo. En las últimas décadas se ha acrecentado con el incesante intercambio comercial que se ha dado y que sigue funcionando en ambas direcciones. De hecho, en 2017 España incrementó sus exportaciones a los países del centro y sur de América un 12,5% respecto a 2016, superando los 15.250 millones de euros, y aumentó sus importaciones un 25%, rozando los 17.000 millones.

Así lo recoge el estudio Las relaciones comerciales entre España y América Latina en 2017, publicado recientemente por EAE Business School. El informe también especifica las relaciones de nuestro país con diferentes regiones comerciales, como el Mercado Común de América del Sur (Mercosur), conformado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. En este caso el incremento de las exportaciones en el mismo periodo fue del 12,8%, situándose en 4.140 millones de euros, y el de las importaciones superó el 21%, alcanzando los 5.953 millones. Un déficit comercial de más de 1.820 millones que, por otra parte, se ha reducido un 44,6% con respecto a 2016.

MERCOSUR PRIMER BLOQUE DE LA BALANZA COMERCIAL ENTRE ESPAÑA Y LATINOAMERICA

Mercosur fue el primer bloque comercial con el que la Unión Europea suscribió acuerdos de libre comercio y asociación estratégica. Además cuenta con otros países asociados como Bolivia, Ecuador, Chile y Perú, al tiempo que tiene como estados observadores a México y Nueva Zelanda.

Entre los miembros y asociados de Mercosur hay algunos con los que la balanza comercial española ha sido especialmente negativa: Chile, Brasil y Venezuela (que por su situación política ha sido suspendida del bloque comercial). El motivo: las dificultades económicas que atravesaron durante 2017, combinadas con las graves crisis políticas y sociales sufridas por Brasil y Venezuela, que han estado marcadas por casos de corrupción y de inestabilidad institucional. Por su parte, Chile ha tenido en 2017 una situación económica delicada como consecuencia de un menor crecimiento económico (1,6% frente al 2,3% de 2016) que ha motivado una contracción del consumo privado.

MÉXICO, UN PAÍS MÁS ESTABLE EN LA BALANZA COMERCIAL ENTRE ESPAÑA Y LATINOAMERICA

Afortunadamente, con México, uno de los países de la región con el que España tiene un mayor flujo comercial, las exportaciones superaron levemente a las importaciones en cantidad, rozando ambas partes un crecimiento del 12%. Sin embargo, nuestro país presenta saldo negativo en la balanza, puesto que la diferencia entre compras y ventas ha sido del -30,3%.

Desde el punto de vista del estudio, México tiene un papel estratégico Balanza comercial entre España y Latinoamérica, relacionado no sólo con su gran tamaño sino también con su posición geográfica, como también ocurre con otros países de Centroamérica. Es una puerta de entrada al eje Asia-Pacífico, ya que forma parte del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) y de la Alianza del Pacífico junto a Perú, Chile y Colombia. Y también al mercado estadounidense y canadiense, con los que mantiene el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA por sus siglas en inglés).

EJE COLOMBIA-PERÚ

Con el eje Colombia-Perú se han dado circunstancias similares a las del Mercosur, aunque se ha logrado un superávit comercial del 44,4% respecto a 2016. Las exportaciones crecieron un 30,4% y las importaciones un 22,6%. Según el estudio, este incremento ha sido especialmente intenso con Perú, debido a la mayor pujanza económica del país andino.

Ambas naciones son miembros de la Comunidad Andina de Naciones, la Asociación de Cooperación Económica Asia-Pacífico y parte de la Alianza del Pacífico junto con México y Chile, con el interés geográfico que ello despierta. Además, tanto Colombia como Perú han mostrado unas elevadas cifras de crecimiento económico durante las últimas dos décadas.

Finalmente, con el área de Centroamérica (El Salvador, Guatemala, Honduras, Costa Rica y Panamá) se registró otro ascenso de exportaciones, en este caso del 20,6%, y de las importaciones, de un 37,7%. El resultado en la balanza comercial también fue negativo, del 0,9% en relación a 2016.

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EE UU lanza la guerra comercial contra Europa, México, Canadá y China

La tregua fue flor de una semana. La fumata blanca con China se ha traducido en más aranceles a la tecnología. Europa y México denunciarán a EEUU ante la OMC.

 

Donald Trump ha decidido finalmente lanzar la guerra comercial contra sus grandes aliados, la Unión Europea, México y Canadá, al activar unos aranceles al acero (25%) y al aluminio (10%) que había anunciado en marzo, y que había dejado en suspenso y supeditados a una negociación bilateral con las tres partes. Detrás de este viraje estratégico de Washington subyace la exigencia de la Administración Trump de corregir el déficit comercial que la mayor economía del planeta mantiene con estos tres mercados. La decisión, pues, de la Casa Blanca, constata que la escalada arancelaria está servida. Porque, entre otras cuestiones, los gravámenes entraron en vigor con el cambio del mes. Es decir, están operativos desde el pasado 1 de junio. Y resulta una premisa imprescindible para avanzar en el credo trumpista del America, first. El diálogo no ha dado con el consenso que la mayor economía del mundo desea. O, mejor dicho, el proteccionismo se ha hecho un hueco en el mercado que pregona la libre circulación de mercancías por excelencia.

De modo que EEUU se ha enfrascado en una batalla contra aliados y rivales. En tres grandes áreas geográficas -su vecino del sur, su aliado fronterizo del norte y su histórico socio comercial, Europa-, pero con un enemigo declarado: China, la segunda potencia mundial.

Origen de la guerra comercial

La Administración Trump implora la defensa de la seguridad nacional. Así lo ha vuelto a constatar el secretario de Comercio norteamericano, Wilbur Ross. “Sin una economía fuerte, no puedes tener una seguridad nacional idónea” por lo que el “debilitamiento de la industria es un riesgo para la producción o la compra de armamento y la tecnología militar”, dijo Ross para justificar la subida de aranceles. Razonamiento calificado por sus socios como “inconcebible”. De igual forma, todos ellos se desmarcaron de inmediato de las palabras del responsable del Comercio estadounidense, que reconoció avances, aunque no substanciales, en las conversaciones abiertas por Washington para eludir las nuevas barreras al acero y al aluminio. Un mensaje dirigido a Europa y China. Porque el embrollo con sus dos vecinos americanos se supeditaba al éxito de la renegociación del Nafta, el Tratado de Libre Comercio Norteamericano, que se encuentra en vía muerta, sin fecha de resolución y con negros presagios para el futuro de la unión aduanera.

Postura de Europa en la guerra comercial

Para Europa, el modelo de la Administración Trump “es puro y simple proteccionismo”, motivo por el que la Comisión Europea ha avanzado que, por un lado, denunciará a EEUU ante la OMC, la máxima institución del libre comercio y, por otro, contraatacará con la imposición de nuevos aranceles a las importaciones procedentes de su aliado del otro lado del Atlántico. Bruselas dice que iniciará el procedimiento legal contra EEUU de inmediato. Cuando Trump lanzó su primera amenaza contra el acero y el aluminio, Bruselas elaboró una lista de unos 350 productos (desde alimentos a bebidas, maquillaje o barcos de recreo) que quedarían sujetos a más gravámenes, como represalia por la medida estadounidense. Y el Ejecutivo europeo las notificó de inmediato a la OMC para poder actuar con rapidez si Washington abría la guerra comercial, por lo que en Bruselas se calcula que se podrían activar ya a mediados de junio. En concreto, la UE presentó a las autoridades comerciales de la OMC dos listados que penalizan productos cuyas ventas a la UE representan unos 6.400 millones de euros, un montante equivalente a las exportaciones de acero y aluminio a EEUU. Una reacción que pretende igualar daños. “Hoy es un mal día para el comercio mundial. Hemos hecho todo lo posible para evitar este resultado”, dijo la comisaria de Comercio, Cecilia Malmström, que ha dialogado incansablemente con Ross durante los últimos meses. Malmström mostró su frustración por el desenlace de esta guerra comercial. “En estas conversaciones, EEUU ha tratado de usar la amenaza de restricciones comerciales para obtener concesiones de Europa. Y la UE no negocia así”, reprochó. Pero así es la estrategia trumpista, que a pocos meses de las elecciones legislativas está intensificando su discurso nacionalista.

¿Una guerra comercial mundial?

Las tensiones comerciales generadas por la Casa Blanca, además, corren el riesgo de trasladarse a escala global. Bajo las directrices de los socios europeos, la propia UE, que tiene voz propia, y de Canadá, el presidente Trump afrontará una cita delicada en la cumbre del G-7 en Quebec, donde se encontrará con una contundente respuesta -y amenazas ya poco veladas de contestar a su afrenta contra el libre comercio- del conjunto de este selecto club. Con Japón, otra de las potencias industrializadas eminentemente exportadoras, al quite. El ministro galo de Finanzas, Bruno Le Maire, admite “haber detectado una atmósfera tensa” en los prolegómenos de esta cita; “hasta el punto de que podría ser más un G-6 más uno que un G-7”, dando a entender que en este asunto, Reino Unido, sumido en un difícil escenario comercial post-Brexit, sin acuerdos operativos para el libre intercambio de mercancías e inversiones hasta que no cierre el divorcio con la UE, también se inclina por censurar la política comercial de Washington. En paralelo, los socios del Nafta se declaran también partidarios de seguir la estela de Europa. México ha hecho saber a EEUU que iniciará una demanda contra las subidas arancelarias en la OMC y Canadá ya elabora una lista negra de importaciones estadounidenses de similar calado que la de China o la UE. Incluso Japón, al que EEUU le ha excluido de cualquier riesgo sobre la seguridad nacional del país por la venta de productos made in Japan, piensa en alinearse con las tesis del G-6 del que habla Le Maire.

Aun así, el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, sigue en sus trece: “El presidente Trump ha dejado muy claro qué es lo que espera de nuestros aliados en materia comercial”, al tiempo que rechazó que EEUU fuera a abandonar su papel de liderazgo en la economía global. “Nuestro reto es asegurar que se produzca un nuevo equilibrio, entre flujos y comercio justo”. Planteamiento con el que no concuerdan ni organismos multilaterales como el FMI o la OMC y la OCDE ni China. El gigante asiático, el gran objetivo de la Casa Blanca en su batalla desesperada por corregir los desequilibrios de su balanza comercial -acapara 375.000 millones de dólares del agujero total de 556.000 millones, según datos oficiales americanos de 2017, seguida de la UE, con 151.000 millones- asegura no querer una escalada del conflicto bilateral, que ahora somete al sector exterior de ambos países a obstáculos al libre comercio por valor de 50.000 millones de dólares. Pero no descarta que las tarifas entre ambos mercados se eleven en los próximos meses. A tenor de la perseverancia de Trump en sus tesis: “estúpido comercio”, escribía en un reciente tweet el dirigente americano antes de amenazar con “no tolerar por más tiempo” cualquier intento de otros países de ir “contra las directrices del gobierno estadounidense”, porque EEUU “ganará la guerra comercial” a pesar del “clima internacional, en el que las reglas del juego comercial han demostrado que actúan contra los negocios y las empresas americanas”.

El plan protecionista de Trump en la guerra comercial hace aguas

Sin embargo, los cálculos de Trump podrían fallar estrepitosamente. La producción de acero de China se incrementó en abril casi un 5% en términos interanuales, sin que parezca que hayan repercutido negativamente las medidas proteccionistas de Trump. No por casualidad, el acero chino supone la mitad del comercio de este material imprescindible para no pocos sectores estratégicos de todo el mundo y sus tres mayores productores acaparan más del 12% del acero global. Algo que revela que la táctica de EEUU adolece de instrumentos adicionales a las subidas de aranceles que promocionen un comercio más equilibrado, según sus designios. “Más bien se asemeja a un escenario de caos”, afirma Doreen Edelman, abogada de comercio internacional del despacho Baker Donelson, para quien, más bien, la política instaurada en la Casa Blanca “se va a precipitar por una ladera muy resbaladiza” si la guerra se propaga contra Washington desde las grandes potencias industrializadas. México y Canadá no van a permanecer indiferentes a la defunción del Nafta, ni Europa vaciará la lista de productos sancionados y China peleará porque EEUU no actúe de forma interesada y partidista contra sus mercancías tecnológicas cuando ha iniciado un viaje de no retorno hacia la digitalización y sus multinacionales y stars-up ya se codean con las estadounidenses.

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El ‘baile de divisas’ desvela fragilidades en los mercados emergentes

Argentina solicita ayuda al FMI, la lira turca pide oxígeno en su caída libre frente a otras divisas como el dólar, e Indonesia, India o Filipinas elevan tipos para sostener sus divisas.

 

El encarecimiento de las condiciones financieras en los mercados internacionales y la escalada del crudo pueden darles la estocada. ¿Será peor que el ‘credit crunch’ de 2008? Algunas voces del mercado creen que sí. O, al menos, de la misma dimensión. De momento, el rally alcista del dólar, en medio de la tormenta comercial desatada por la Casa Blanca, las tensiones geopolíticas en Oriente Próximo y la península coreana, o la escalada del precio del petróleo, ha puesto bajo vigilancia extrema a las divisas de varios mercados emergentes. Las primeras señales de estas turbulencias -en la jerga del mercado, volatilidad excesiva- tanto de sus plazas bursátiles como del comportamiento de sus monedas en los parqués cambiarios, se vislumbran en Argentina, Turquía e Indonesia. Tres de los mercados emergentes que más auxilio crediticio han necesitado de las arcas del FMI en las últimas décadas, que vuelven a estar bajo la lupa de los mercados. La política del billete verde fuerte que desea Donald Trump empieza a florecer, casi un año y medio después de que el presidente de EEUU tomara posesión del cargo. Objetivo para el que también se ha conjugado una agresiva -y cambiante- política económica tejida desde Washington, en la que destaca, además de la guerra comercial, una cuantiosa doble rebaja impositiva -sobre las rentas, el capital y las empresas- y un ambicioso y multibillonario plan de infraestructuras que tendrán que convivir con la nueva estrategia de la Reserva Federal de elevar los tipos de interés.

Todo ello ha generado un súbito encarecimiento de la financiación internacional que ha cogido con el pie cambiado a no pocas potencias industrializadas. Pero, sobre todo, a zonas emergentes que, hasta ahora, evolucionaban con un diferencial de tipos ostensible respecto a los designios de la Fed.

En consecuencia, y casi diez años después del estallido del credit cunch, en septiembre de 2008, los grandes rivales de las economías de rentas altas han sido los primeros que experimentan los coletazos de lo que parece el epitafio de esta etapa de pseudo-bonanza. Argentina emitió la primera alarma, que ha sofocado el FMI con una rápida negociación por la que ha liberado a Buenos Aires una línea financiera de 30.000 millones de dólares para contener la caída libre del peso en los mercados cambiarios y la escalada de los tipos de interés, por encima del 40%, decretada por su banco central como medida para evitar fugas masivas de capitales y amortiguar el pánico bursátil. Pero apenas dos semanas después, el efecto contagio ha surgido en Turquía. A lo largo de mayo, su valor ha descendido todos los días de mercado, excepto tres, en relación con el dólar. Hasta el punto de reducir un 5,2% su cotización diaria la pasada semana.

Parecen lejanos. Pero los días en los que la lira turca marcó máximos históricos frente al billete verde norteamericano se localizan a finales del último verano e, incluso, en otro rally alcista, al comienzo de esta primavera. La alta volatilidad, generada desde EEUU y sus agresivas políticas comercial (proteccionismo y guerra arancelaria), fiscal (doble rebaja de rentas y sociedades, a la que se sumará otra reducción impositiva “antes de noviembre”, según avanza el propio Donald Trump), económica (plan multimillonario de infraestructuras para dinamizar la actividad, junto a reformas financieras más laxas que espoleen el crédito) y monetaria para enterrar la estrategia de la Fed de tipos de interés cercanos a cero, han dado paso a una convulsión generalizada en los mercados globales. Ya de por sí en estado de máxima vigilancia por el fulgurante incremento del crudo y los polvorines geoestratégicos auspiciados o alimentados por Washington en Oriente Medio, Asia, con la crisis coreana, o el distanciamiento transatlántico en plena tensión interna en la UE por el Brexit.

Turquía, pues, ha entrado en la espiral de una crisis de divisas. Los analistas reclaman ya a las autoridades políticas, económicas y monetarias que “actúen ya, a la máxima diligencia” asegura, por ejemplo, Cristian Maggio, estratega de mercados emergentes en TD Securities, con sede en Londres. “Y no debería ponerse límites sobre cómo y cuándo intervenir porque lo que se avecina es una turbulencia cambiaria en toda regla”. El clima inversor es de “total pérdida de confianza”.

Tampoco ayuda la atmósfera política. En especial, la de su primer ministro, el islamista Recep Tayyip Erdogan, quien ha lanzado constantes mensajes a favor de una rebaja de tipos de interés para espolear la economía, en medio de compromisos de adquirir mayor responsabilidad sobre la política monetaria del país si vence en los comicios del próximo 24 de junio. En un momento delicado para la coyuntura turca. Con la inflación en dobles dígitos y un rampante déficit por cuenta corriente que demanda una alta financiación de los mercados internacionales, cuando el acceso al crédito global evoluciona a precios demasiado elevados, pese a que los tipos de interés todavía pueden considerarse anormalmente bajos. Tanto en EEUU como en Reino Unido y otras latitudes anglosajonas, como en Europa, donde el BCE los mantiene en nivel cero.

La lira ha perdido un 21% de su valor este año. El segundo mayor descenso de las divisas de los principales mercados emergentes. Sólo por detrás de la pérdida de cotización del peso argentino y en sintonía con el retroceso de las monedas de Venezuela y Angola. La cuota de retorno de las inversiones denominadas en liras turcas -diferencial entre costes de una operación y ganancias estimadas-, se ha desplomado hasta cotas desconocidas desde enero de 2017, cuando la divisa turca sufrió otro fuerte episodio de depresión en el mercado. Un sostén que ha pasado factura a las empresas japonesas, que han protagonizado las grandes operaciones bursátiles en la plaza financiera de Estambul, cuyos rectores achacan esta semana negra al clásico mantra que utilizan las autoridades de la proliferación de “movimientos especulativos” para hundir la economía del país. Antesala, en casi todas las ocasiones, de una petición de ayuda multilateral.

“Que Dios ayude a Turquía”, reza la nota oficial de Alnus Yatirim, un bróker que opera en la Bolsa de Estambul, dirigida a sus clientes estos días, antes de precisar: “nos enfrentamos a la inacción de un banco central que sigue oteando los mercados cuando necesita dirigir acciones directas en defensa de la lira”. Sin ella, “se caerá en una espiral de impagos” para hacer frente a los plazos de vencimientos inmediatos de una deuda corporativa, de empresas no financiera, que supera los 222.000 millones de dólares, en moneda extranjera. Por cada punto porcentual de pérdida del valor de la divisa turca se encarecen las condiciones de financiación en 5.000 millones de liras. Máxima tensión. Yatirim apelaba a un movimiento más contundente del banco central que la subida de tipos, de finales de mayo, de nada menos que tres puntos básicos, hasta situarlos en el 16,5%. Algo que no gustará a Erdogan, pero que ha servido para salvar un primer match-ball: los bancos obtendrán más ingresos por servicios, préstamos y créditos a corto plazo que aliviarán sus márgenes financieros. Pero será difícil que Estambul pueda acometer una mínima recapitalización -hasta el momento, han reestructurado unos 78.000 millones de liras, casi 17.000 millones de dólares- con unas ciertas garantías y, sobre todo, tendrán casi imposible acudir al rescate del sector privado turco, que maneja una deuda de 337.000 millones de dólares en monedas extranjeras.

Los bancos centrales de Argentina y Turquía no han sido los únicos con quebraderos de cabeza. La sombra de la inestabilidad se propaga sobre la práctica totalidad de los principales mercados emergentes del planeta. El estado latente es de emergencia. Los economistas predicen escalada de tipos de interés en varias latitudes de Asia. En concreto y, sobre todo, en Indonesia, Filipinas e India, donde no descartan que toquen niveles como los de Argentina o Turquía. “Cuando la Reserva Federal inició el encarecimiento gradual del dinero, las autoridades monetarias de los mercados emergentes intentaron recortar sus diferenciales rebajando tipos”, explica Frederic Neumann, de HSBC.  “Y ahora tienen que adecuarse a la política de la Fed a marchas forzadas y en medio de turbulencias cambiarias” que llevan en volandas al dólar a recuperar parte de su hegemonía perdida. Incluso, algunos países, como Brasil, siguen abaratando el dinero.

La economista Carmen Reinhart, catedrática en Harvard y antigua responsable de investigación de mercados en el FMI, considera que el escenario actual de los mercados emergentes es peor que el de sus dos capítulos negros más recientes, el inicio de la crisis, en 2008, y en 2013, año en el que el decoupling -fenómeno excepcional, entonces, que registraba un notable diferencial de crecimiento entre las potencias industrializadas y los países emergentes por primera vez en la historia económica reciente- empezó a remitir y sus economías se resistieron de la debilidad mundial. Para Reinhart, estadounidense de origen cubano, estos países tienen varias losas que penden sobre sus modelos productivos. Por un lado, la acumulación de deuda; por otro, la debilidad del comercio con la guerra declarada por EEUU y, finalmente, la subida sincronizada de tipos en casi todo el universo económico anglosajón. Diagnóstico que comparte el mercado. “El desequilibrio en las balanzas de pagos [de estas economías] han añadido presión a sus bancos centrales para acometer alzas del precio del dinero antes de los previsto; es decir, cuando la inflación todavía no es un motivo serio de preocupación”, explica Andrew Cates, analista de Nomura. Es lo que ocurre en Indonesia, con la palpable gravedad de su moneda, la rupia, en Malaisia, Filipinas o, incluso, en India. Las excepciones, que aún deben ser catalogadas de coyunturales, son China y Tailandia, con tipos, todavía, próximos a cero.

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El coste del Brexit: 51.400 millones de euros y la pérdida de la City

Los daños y coste del Brexit van en aumento. Londres dejará de ser el mayor centro financiero global en cinco años. Bruselas, además, apremia para cobrar el cheque del divorcio.

 

Londres será la gran perjudicada del Brexit. A juzgar por un estudio, publicado por la prestigiosa firma financiera Duff & Phelps, su conocido en el mercado Global Regulatory Outlook, la capital británica, que se había convertido en los últimos ejercicios en el centro de las finanzas mundiales en detrimento de su histórico y gran rival, Nueva York, dejará de luchar por este cetro global a partir de 2023. Cuando se aprecien los daños colaterales del Brexit, con traslados de empleados, directivos y oficinas desde Canary Wharf, emblema de los negocios financieros de la City, hacia otras latitudes del planeta. Mayoritariamente, para más inri, europeas.  

El informe, basado en encuestas a profesionales seniors de instituciones económicas de todo el mundo, revela un creciente respaldo a Londres como sede idónea para que las corporaciones bancarias y empresariales desarrollen sus líneas de negocio. Sin embargo, ese mismo fervor por las ventajas competitivas de la capital británica se vuelven de inmediato -al vislumbrar el futuro a medio plazo- obstáculos insalvables por la salida del Reino Unido de la UE, la incertidumbre que todavía rodea al divorcio entre ambas partes y los interrogantes sobre si el sector privado de las islas podrá acceder o no al mercado interior europeo. “Pérdida de competitividad” es el término más utilizado por los encuestados, del “centro financiero por excelencia del mundo”.

Julian Koker, responsable de mercados de Duff & Phelps, asegura que “el trabajo que tendría que desarrollar Londres en el futuro si quiere retener la posición de liderazgo actual es ingente. Tanto, que los profesionales no lo ven ni entre los cinco primeros lugares preferenciales en un escenario post-Brexit”. A su juicio, “a medida que se aprecia cómo avanzan las negociaciones y las dudas sobre el camino por el que encauzar el mandato del referéndum el mercado es mucho más consciente de que las decisiones que se tomarán en los próximos meses serán cruciales, no de inmediato, sino en los próximos años”. Los dirigentes de los servicios financieros son los que más preocupación manifiestan en este estudio. Un 64% considera que el coste del Brexit será “directo y definitivo sobre los actuales programas de inversiones”. Aun así, este estado de situación gana en optimismo respecto a sus predecesores de años anteriores.

Korek aduce que el factor que impera sigue siendo la incertidumbre, pero con una renovada y sorprendente confianza respecto a las opiniones vertidas por los directivos financieros cuando se produjo la consulta popular. Porque, en su opinión, “la principal novedad del informe estriba en que, en los últimos meses, Londres haya recuperado su estatus global de primer mercado financiero, por delante de Nueva York”, lo cual anticipa que la probable caída de Canary Wharf podría ser, incluso, más grave si se consuman las cifras de cientos de miles de puestos de trabajo y el traslado de sedes de un centenar de firmar financieras, consultoras y bufetes de abogados que confluyen en la capital londinense desde hace décadas.

El problema añadido es que la factura por el divorcio podría ser, incluso, superior a lo que baraja el Gobierno británico. Es decir, que además de la pérdida de prosperidad asociada al paulatino deterioro de la City como centro de negocios, se une el mayor coste asociado a la salida legal de Reino Unido de la UE. En este caso, las últimas estimaciones del coste del Brexit, de la Oficina Nacional de Auditoría (NAO, según sus siglas en inglés), contabilizan un cheque al portador para Bruselas de 44.900 millones de libras. Unos 51.400 millones de euros. Entre otras razones, porque el gabinete de Theresa May no incluyó varias partidas. Entre otras, 3.000 millones de libras de contribuciones británicas al presupuesto europeo y otros 2.900 millones que tendrá que aportar aún al Fondo Europeo de Desarrollo. Por si fuera poco, la NAO también avanza que el sector privado británico tendrá que costear 7.200 millones de libras por la ruptura del statu quo actual. Esta nueva cifra corrobora la tesis del ex primer ministro, Tony Blair, uno de los más fervientes defensores de un nuevo referéndum en Reino Unido y de no pocos euroescépticos tories del Parlamento británico que esperan el más mínimo revés de May para tratar de boicotear su gabinete, pese a ser del mismo signo político, porque consideran que cualquier cantidad superior a los 35.000 millones de libras por el Brexit sería un ultraje a la soberanía del país.

Philip Hammon, el Chancellor of the Exchequer o ministro de Finanzas, tuvo que salir al paso en la Cámara de los Comunes frente a la oposición laborista, que trasladó al Ejecutivo su temor a que, de consumarse la salida del Reino Unido de la UE, la factura será desorbitada, a cuenta del informe de la NAO. Aunque su mensaje no pudo contentar con datos ni a los parlamentarios de su propio partido conservador, que dio el apoyo a May para que Londres pagara entre 35.000 y 39.000 millones de libras a Bruselas por el divorcio el pasado diciembre y que finalmente se formalizó, como un primer principio de acuerdo, con el negociador europeo, Michel Barnier.

Lo que ahora ponen encima de la mesa los auditores oficiales británicos de la oficina de control de las finanzas públicas, es un reconocimiento claro y explícito de que Reino Unido tiene que contribuir a los presupuestos anuales de 2019 y 2020, además de aportar responsabilidades monetarias por sus compromisos con instituciones de crédito y de ayuda al desarrollo de la Unión después de 2020.

Por si fuera poco, Bruselas apremia a Londres. El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, ha urgido en una reciente reunión a May que concluya con los detalles del divorcio. Y, sobre todo, con el cheque de la separación y el acuerdo fronterizo con Irlanda que satisfaga el principio de libre circulación europeo. Tusk quiere culminar el affair Brexit a tiempo para la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la UE del próximo mes de junio en la que, a buen seguro, se va a revelar también la estrategia de reformas del euro.

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China y EEUU imponen una tregua amistosa a su guerra comercial

Principio de acuerdo en la guerra comercial. La Casa Blanca ha arrancado el compromiso de Pekín de que corregirá su superávit bilateral. Aunque China seguirá con su diplomacia de doble rasero.

 

Las subidas arancelarias estadounidenses sobre productos chinos se dejan en cuarentena. Así lo ha manifestado el máximo responsable de la economía americana: su secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, quien se apresuró a asegurar el compromiso de China en la corrección del gran superávit comercial que mantiene con la mayor potencia económica del mundo. El objetivo que perseguía la Administración Trump con el incremento de aranceles sobre el acero y el aluminio decretado a mediados de abril. La propia Casa Blanca, semanas después de la convulsión que creó en los mercados la reedición de una guerra comercial de dimensiones globales, apuntó el único callejón de salida al conflicto: negociaciones directas para corregir los desequilibrios de las balanzas comerciales bilaterales de EEUU. Un acuse de recibo especial para China, en primer término, y Europa, inmediatamente después. Aunque con escala también en las capitales de Canadá, México y otros mercados anglosajones como Reino Unido o Australia. Washington daba un toque a sus principales socios comerciales. Bajo la amenaza de una vuelta al proteccionismo.

Pekín decidió coger el testigo. Como en semanas precedentes lo hicieron el resto de afectados por la decisión del presidente Donald Trump y del núcleo duro de asesores partidarios de esta estrategia comercial. En concreto, el endurecimiento de las condiciones financieras de entrada sobre una larga lista de mercancías made in China ascendía a 150.000 millones de dólares. Cifra de los beneficios que repatrió Pekín en 2017 por los bienes que Washington seleccionó para su correctivo a Pekín. “Mantenemos la guerra comercial con China en cuarentena”, dijo Mnuchin. “Y así estarán hasta que ejecutemos un acuerdo” bilateral. Todas las subidas arancelarias sobre productos y servicios chinos violaban las leyes sobre propiedad intelectual o fueron identificadas como prácticas contrarias al libre mercado, adujo la Casa Blanca desde el mismo comienzo de las hostilidades. La respuesta inicial de China fue imponer tarifas especiales sobre importaciones americanas, desde hortalizas y legumbres, hasta aviones comerciales. Tanto los mercados como las instituciones multilaterales, especialmente el FMI, han saludado con optimismo el principio de acuerdo entre las dos grandes potencias económicas del planeta.

Mnuchin, eso sí, se reservó la posibilidad de una marcha atrás. El presidente Trump “puede, en todo momento, restablecer de nuevo las tarifas, en caso de que no alcancemos compromisos claros”, precisó. En línea, aunque con un mensaje más contundente, con el representante de Comercio, Robert Lighthizer, máximo responsable de la estrategia comercial en el exterior de la Casa Blanca. “Si este proceso no llegara a buen puerto, EEUU podría hacer uso de herramientas legales para proteger la tecnología americana, a través de tarifas, restricciones a la inversión que proceda de determinados países o instaurar nuevas regulaciones a la importación”. A su juicio, “sería aconsejable que se produjera un cambio estructural porque, de otra forma, la amenaza sobre el futuro de decenas de miles de puestos de trabajo en EEUU seguirá siendo un riesgo”.

Sin embargo, algunas de las medidas instauradas ya por Pekín podrían mantenerse en vigor tras esta paz en la guerra comercial. Por ejemplo, la devaluación soterrada pero constante del rinminbi, su divisa operativa en los mercados cambiarios, mediante el uso de su herramienta habitual, la banda rígida de fluctuación que mueve a su antojo el Banco de China. O la más reciente, de denominar en yuanes, la moneda china de curso legal, los contratos petrolíferos de futuro que suscribe China, principal comprador de crudo del planeta. Toda una afrenta para la hegemonía absoluta del dólar en los mercados energéticos. Una maniobra que se constató hace unas semanas en la Bolsa Internacional de Energía de Shanghái. Y que podría consumarse, según los expertos, con una tercera apuesta económico-monetaria: lograr que la divisa china se haga un hueco importante en las reservas de divisas de los grandes bancos centrales del planeta. Dominadas, hasta ahora, por el billete verde americano y el euro.

El factor sorpresa de China con la denominación en yuanes del crudo se produce en un momento especialmente propenso para ello. Esencialmente, por dos cuestiones. Porque el petróleo acaba de tocar los 80 dólares por barril, una cotización desconocida desde 2014 y, en segundo lugar, porque China es, con creces, el mayor demandante de crudo del planeta y, si fructifica su táctica, adecuará las adquisiciones del oro negro al valor exacto de su moneda. Si a ello se une que toda fluctuación perjudicial sobre su moneda será, a buen seguro, corregida por su sistema de banda de fluctuación controlada de la divisa, el éxito de la medida parece asegurado. Esta maniobra se completaría con un nuevo gran mercado petrolífero en Asia. Como el West Texas o el Brent son las referencias en EEUU y Europa, respectivamente. Si cuajara, el billete verde perdería peso en el continente asiático. Aunque el euro se ha planteado en alguna ocasión una batalla similar sin demasiada perseverancia política. Las autoridades chinas creen que, en los precios actuales, esta decisión ahorraría varios miles de millones de dólares de la macro-factura energética del gigante asiático. Al menos, un par de ellos.

China sigue avanzando al son que marca su denominada diplomacia del Panda en esta guerra comercial, sosegada pero proactiva, y al ritmo que determina su cambio de modelo productivo, que ha dejado atrás su rol de fábrica mundial que exporta a bajos precios para aproximarse al estilo de las potencias más industrializadas, que somete su prosperidad a las ventajas del consumo familiar y de la inversión empresarial. Es decir que, sin desligarse de la planificación estatal, el sistema económico china se acerca cada vez más al estatus de economía de mercado. En línea con las proclamas de Xi Jinping al asumir su nuevo mandato presidencial: iniciar una revolución económica y financiera en el país. La denominación del crudo en yuanes en el mercado de futuros de Shanghái, según el propio dignatario chino, viene a corregir tres largas décadas de retraso en esta decisión. Para Pekín, además, la medida, que se planteó con cierta seriedad en la década de los noventa, busca establecer un mecanismo propio de contratos locales para el comercio del petróleo que podría atraer al capital extranjero. No por casualidad, China ostenta el récord constructor de nuevas instalaciones de refino de petróleo y gas para satisfacer la intensa demanda interna de energía.

Esta es la cara A de la reacción china a la guerra comercial, en lo que se refiere a la energía. Pero tiene un plan B, que también ejerce con regularidad y, hasta ahora, con ciertos visos de éxito. Es el doble filo de la diplomacia político y económica de Pekín. La geometría variable del Panda. La misma que es capaz de iniciar negociaciones abiertas con EEUU. De momento, con resultados eficientes: el alto el fuego en las subidas arancelarias entre las dos potencias. Propiciada por una delegación de asesores presidenciales del área económica de Jinping que inició hace escasas dos semanas contactos con republicanos próximos al círculo de Trump. Se trataba, según Pekín, de una primera toma de contacto. Como las que han emprendido también europeos, canadienses y mexicanos o australianos y británicos en su propósito de obtener treguas arancelarias sobre productos de sus países. Entre las citas que han fraguado el principio de acuerdo destacan las que ha mantenido Liu He, en suelo estadounidense, con el representante de Texas Kevin Brady, a la sazón, presidente del Comité de la Cámara de Representantes que redactó la polémica rebaja fiscal de Trump, primero, y con el senador Orrin Hatch, de Utah, del Comité Financiero del Senado, panel homólogo al de Brady en la Cámara Baja. Liu es viceprimer ministro, y aterrizó en Washington a mediados de mayo. Pero, entre sus interlocutores, también se deben nombrar al secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, que ya tuvo un primer contacto con Liu en Pekín el 4 de mayo. Y con el asesor comercial del presidente de EEUU, Peter Navarro. Quizás, el principal artífice del inicio de la guerra contra China y el gran receptor de las críticas chinas a la decisión bélica estadounidense por “su cerrada defensa del proteccionismo” y por “su actitud errática y poco profesional”.

Pero, sobre todo, el diálogo bilateral -la cal- y las actuaciones en el plano económico -subida de aranceles- monetario -devaluación encubierta de la moneda- y geoestratégico -contestación a la supremacía del dólar en los mercados energéticos- tiene otro doble rasero. El debilitamiento de la actividad económica china. Es la arena de esta jugada. En abril, varios de los indicadores de referencia del boom del país desde finales del siglo pasado desvelaron un preocupante descenso productivo. Entre otros, el de las inversiones de activos fijos, las ventas de comercio minorista y la producción industrial. Las represalias comerciales de EEUU y el endurecimiento de las condiciones crediticias parecen estar detrás de esta pérdida de dinamismo en la guerra comercial.

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El FIEM concedió 185 millones en créditos en 2017

El Fondo para la Internacionalización de la Empresa (FIEM) aprobó durante el pasado año nueve grandes operaciones de crédito y tres dirigidas a pymes, estas últimas a través de su recién estrenada Línea de Pequeños Proyectos de Exportación e Inversión

 

La Secretaría de Estado de Comercio, dependiente del Ministerio de Economía, Industria y Competitividad, ha publicado en los últimos días la Memoria 2017 del Fondo para la Internacionalización de la Empresa (FIEM). Según ésta, el pasado año se concedieron a través de este organismo créditos por valor de 185 millones de euros, repartidos en nueve operaciones.

En concreto, se acordaron dos líneas de crédito en términos comerciales por 70,84 millones de euros; cuatro créditos en condiciones comerciales para operaciones de inversión por 77,45 millones; uno en condiciones comerciales para una operación de exportación por 2,06 millones; y dos en condiciones concesionales por 34,51 millones.

Por otra parte, a través de la nueva Línea de Pequeños Proyectos de Exportación e Inversión, nacida en 2017 con el fin de potenciar la internacionalización de las pymes, se aprobaron tres iniciativas. Su importe fue inferior a un millón de euros.

Desde el punto de vista geográfico, América ha sido el destino en el que más ha invertido el FIEM. Tanto en el ejercicio 2017, con un 61% del total de aprobaciones, como a lo largo de la historia del Fondo en cuestión, con un 35,6% del total. De forma mucho más concreta, el país que mayor financiación recaudó fue México, en el que ya se está invirtiendo uno de los créditos de 80 millones de euros concedidos. Se ha llevado a cabo bajo la modalidad de Project finance (con garantías de proyecto) para la construcción de un parque eólico.

En cuanto a sectores, las operaciones aprobadas se concentraron en los ámbitos de las energías renovables, las tecnologías de la información y la comunicación, aguas y bienes de equipo.

SIETE AÑOS APOYANDO LA INTERNACIONALIZACIÓN

Desde su nacimiento en 2011, el FIEM ha aprobado operaciones por valor de más de 1.560 millones de euros, que han impulsado la exportación y la inversión internacional de empresas españolas por encima de los 3.200 millones. Aunque no supera la rentabilidad media del mercado, se encuentra en una situación saneada y cuenta con sobrada capacidad para financiar a las empresas sin generar pérdidas, de forma auto-sostenible. De esta manera también evita convertirse en competencia con el sector privado.

En estos momentos ofrece financiación en tres modalidades, todas ellas reembolsables.

  • Financiación concesional: Los créditos concesionales se pueden conceder a países de renta media-baja según la clasificación del Banco Mundial. La lista de países elegibles aparece en las Líneas Orientativas del FIEM. Para calcular el grado de concesionalidad se tendrán en cuenta condiciones como el tipo de interés, el plazo de gracia o el plazo de amortización.
  • Financiación Comercial: Siguiendo la normativa derivada del Consenso de la OCDE, el FIEM puede conceder créditos de exportación a un tipo de interés igual al CIRR más una prima anualizada en función del riesgo de la operación.
  • Inversión: El FIEM puede participar en proyectos de inversión productiva o concesionaria de empresas españolas a través de créditos o deuda senior, sin entrar a formar parte del capital. Estos proyectos tienen un esquema de garantías amplio que puede ir desde garantía corporativa hasta garantía de proyecto (esquemas de project finance).

Por lo que respecta a la Línea de Pequeños Proyectos de Exportación e Inversión, presentada en sociedad hace un año, está dotada con hasta 50 millones de euros.

MERCADOS ESTRATÉGICOS EN 2018

Aunque el FIEM puede financiar operaciones en cualquier país, siendo la solvencia del deudor el criterio fundamental para la evaluación del proyecto, se han marcado una serie de mercados prioritarios dentro de su estrategia para 2018. Son los siguientes:

  • América: Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Estados Unidos, México, Perú y Uruguay.
  • Asia: Bangladesh, China, Corea del Sur, Filipinas, India, Indonesia, Japón, Kazajistán, Myanmar, Pakistán, Tailandia, Uzbekistán y Vietnam.
  • Oceanía: Australia y Nueva Zelanda.
  • Oriente Medio: Israel, Irán y países del Consejo de Cooperación para los Estados Árabes del Golfo.
  • Mediterráneos: Marruecos, Turquía y Egipto.
  • Europa: Georgia y Serbia.