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Rusia: tierra de oportunidades para pymes y autónomos

La primera impresión que un emprendedor tiene de Rusia es que es un territorio a evitar si se está encarando un proceso de internacionalización en la empresa. Existen diversos aspectos que avalan esta tesis, empezando por el político, marco que ofrece serias deficiencias. El presidente Vladimir Putin concentra el poder de manera interrumpida desde 1999 y nada hace presagiar que esta situación vaya a cambiar debido a su carácter autoritario y a la imposibilidad de que florezca una oposición con garantías de plantar cara al zar ruso.

Es obvio que esta circunstancia de mando autoritario en Rusia que Putin implanta no favorece los intereses comerciales de pymes y autónomos en el vasto país. Tampoco lo hacen las sanciones de la UE a Rusia por la anexión de Crimea, ni el enfrentamiento con Occidente por el apoyo de Putin al régimen Sirio. Todo esto es cierto. Pero esto no quiere decir que el país carezca de oportunidades que las pymes y autónomos también pueden aprovechar.

Los problemas comentados en el párrafo anterior desaconsejan a los nuevos negocios arriesgarse a realizar fuertes inversiones en el país, así como a abrir delegaciones comerciales o filiales. Por el contrario, nada impide que Rusia esté en el radar de nuestra internacionalización a la hora de vender productos o servicios desde España. Así lo indican los datos de exportaciones españolas a Rusia que en 2017 crecieron un 20,9 por ciento con respecto a 2016, hasta alcanzar la cifra de 1.602,9 millones de euros.

La recuperación económica que el país afronta desde 2016 gracias a las reformas impuestas y al aumento del precio de petróleo, también convierten el momento actual en idóneo para que los nuevos negocios exploren las oportunidades que Rusia puede ofrecer. Lejos de lo que se puede pensar la excesiva dependencia económica del país a los hidrocarburos también constituye una ventaja que es aconsejable aprovechar, ya que abre oportunidades en otras áreas que, a continuación, analizamos.

Sector energético
Ya hemos dicho que el país pivota sobre los hidrocarburos, que suponen cerca de dos tercios del total de las exportaciones rusas. Pero esa dependencia abre la puerta a las empresas españolas a intervenir en infinidad de proyectos que el país necesita para modernizar sus plantas energéticas y sus sistemas de distribución de combustibles. Quizá se pueda pensar que se trata de contratos a los que solo pueden acudir las grandes corporaciones. Nada más lejos de la realidad, las pymes especializadas en aspectos concretos, como ingeniería, también pueden optar a jugosas operaciones.

Servicios sanitarios
Desde hace un tiempo Rusia evoluciona hacia un sistema sanitario en el que coexisten la sanidad pública y privada, parecido al español. De ahí que haya sido el propio Kremlin el que haya manifestado en más de una ocasión que tiene gran interés en contar con la colaboración de firmas españolas para impulsar el nuevo modelo.

Sector agroalimentario
Puede llamar la atención que en un país que tiene una extensión de más de 17 millones de kilómetros cuadrados frente a los poco más de 500.000 de España, la mitad de los alimentos que se consumen deban ser importados. Pero este aspecto se entiende por la dureza de la climatología rusa que hace imposible que crezcan un gran número de variedades de verduras y frutas.

Ni qué decir tiene que este aspecto unido a que hablamos de un territorio que habitan  150 millones de personas implica una oportunidad para todas las pymes nacionales que se mueven en el ámbito de la alimentación o las bebidas.

Infraestructuras
La ya comentada extensión del país sumado a la necesidad de modernizar infraestructuras de todo tipo (ferroviarias, carreteras, etc…) también abre una puerta de entrada a nuestras empresas. Al igual que en el caso ya hablado del sector energético, las infraestructuras también constituyen una buena opción para pymes especializadas y que sean capaces de ofrecer un mejor producto o servicio que las grandes multinacionales en aspectos concretos.

Otros ámbitos que también ofrecen oportunidades
Existen más sectores que son interesantes para la exportación desde España, como bienes de consumo, maquinaria y equipos para la agricultura, textil, tratamiento de la madera, etc.

En definitiva, Rusia es mucho más que el carácter autoritario de Putin. Se trata de un territorio que ofrece oportunidades que pymes y autónomos pueden aprovechar. Máxime cuando son las propias autoridades rusas las que anhelan el conocimiento que nuestras empresas pueden ofrecer. Eso sí, siempre bajo sus reglas. De ahí que, como ya se ha dicho, quizá sea menos problemático poner a Rusia en el foco de nuestras exportaciones, dejando la inversión para más adelante. Y hacerlo, sin duda, con la protección de un buen seguro de crédito.

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China sopesa devaluar el yuan como respuesta a la guerra comercial

Pekín maneja un informe de su banco central que aconseja usar el tipo de cambio para gestionar el impacto del comercio bilateral con EEUU y forzar negociaciones China – EEUU.

Las tarifas y aranceles

La tensión geoestratégica no se ha hecho esperar. Apenas un mes después de la proclamación de la guerra comercial por parte de la Administración Trump, China, el principal acusado desde la Casa Blanca del déficit comercial estadounidense, la dialéctica ha dejado paso a los hechos. Aunque el cruce de acusaciones, de alta carga retórica, no haya desaparecido precisamente. Sin embargo, el combate inicial de productos de una u otra potencia económica que han pasado a engrosar la cada vez más extensa lista negra de bienes y servicios que serán sometidos a alzas de tarifas y aranceles siga aumentando, podría pasar a otro peligroso umbral si, como parece, el Gobierno chino decide activar la política cambiaria para amortiguar el golpe de efecto de EEUU y tratar de ganar ventaja en este combate bilateral. Varias fuentes oficiales atestiguan el posible uso de esta arma. De indudable efecto sobre los flujos y la libertad del comercio y de la inversión.

Acuerdo comercial China – EEUU

Una parte de este análisis oficial se centra en las repercusiones que nuevos movimientos en la banda de fluctuación cambiaria que determina, desde el banco central -es decir, por criterios de la política económica planificada de Pekín-, tendría para forzar negociaciones directas con EEUU para alcanzar un acuerdo comercial. En concreto, con la clara intención de alcanzar un mayor margen de maniobra sobre Washington que permita a China cerrar un consenso con ciertas garantías para sus intereses comerciales. El segundo apartado del estudio del que hablan los analistas del Mercado tiene que ver con los efectos que un rinminbi (la divisa internacional que mantiene un cambio paritario con el yuan, la moneda de uso corriente en china) más bajo respecto a las principales divisas del mundo (pero, en especial, frente a un dólar todavía lejos de la prometida fortaleza que desea Trump) tendría sobre la balanza comercial china.

“Parece como si Pekín deseara mostrar la totalidad de las herramientas de las que dispone y que podría emplear” en esta guerra comercial, asegura Viraj Patel, estratega de ING Bank. El yuan se mantiene en una línea de moderada pérdida de valor frente al billete verde norteamericano desde el estallido de la contienda comercial con EEUU. A un cambio de 6,3 yuanes por dólar. Sin que, hasta el momento, el banco central chino haya dado señales de preocupación. Al menos, sin una alteración especial desde que Donald Trump, al inicio mismo de su mandato, arremetiera contra la banda de fluctuación fija que usa Pekín. La principal razón esgrimida por la OMC y sus socios para impedir, casi unánimemente, que adquiera el estatus de economía de mercado. Pese a que se ha revalorizado un 9% respecto al dólar desde que Trump accedió a la Casa Blanca, en enero de 2017.

Las subidas arancelarias

 

China, de hecho, ya está jugando a una gradual depreciación del yuan. Desde el mismo instante en el que su gobierno decretó subidas arancelarias a productos made in USA por valor de 50.000 millones de dólares. A la que siguió otra réplica de Washington para encarecer productos chinos por 100.000 millones, que se suma al alza de tarifas sobre el acero (25%) y el aluminio (10%), que originaron las hostilidades. Gran parte de cuyas importaciones, proceden de China. De momento en vano. Porque desde su implantación, el S&P 500, principal índice de referencia bursátil en el mundo, ha caído un 9% en comparación a su máxima, de comienzos de enero de este año. Una tendencia a la baja que también se ha trasladado al Shanghai Composite Index, que ha perdido un 12% de su valor en el mismo periodo. El presidente Xi Jinping ha declarado que es consciente de los riesgos asociados a una devaluación de la moneda. En concreto, sobre el servicio de pago de deuda de las empresas chinas, altamente endeudadas después de varios años de compras masivas de rivales en el exterior. O por la interrupción del viaje hacia la libre flotación del yuan que le concedería el ansiado cetro de economía industrializada. Cuando pretende lograr el cetro mundial y sustituir, por abandono, a EEUU como actor hegemónico de la globalización.

La consecuencia

Una consecuencia inminente y asociada a esta estrategia cambiaria es la volatilidad del mercado. Ya de por sí, bastante convulso tras la declaración de guerra comercial y las posibles represalias bélicas en Siria. Pero, como toda contienda que se precie, el resultado de mover artificialmente la cotización del rinminbi puede provocar que el disparo le salga a Pekín por la culata. ¿Interesa a China, pues, tocar a su antojo el tipo de cambio? “No es ni adecuado, ni demasiado inteligente” dice Kevin Lai, economista jefe para Asia de Daiwa Capital Markets. “Porque una devaluación utilizada como arma económica podría dañar más la coyuntura china, a la que la táctica del tipo de cambio bajo una banda de fluctuación le ha ayudado a generar estabilidad”, explica, y “podría ocurrir como en 2015, cuando los valores corporativos y financieros se comportaron como una montaña rusa y estuvieron a punto de dar al traste con los cambios en el patrón de crecimiento decretados por Pekín”. China devaluó su moneda, inesperadamente, en agosto de ese año, y los flujos de capital huyeron precipitadamente del país.

Frances Cheung, de Westpac Banking, cree que, dados los antecedentes, Pekín no se decantará por la herramienta monetaria. Aunque servirá para facilitar un compromiso entre ambas partes en la dirección correcta, la de la liberalización de capitales. “Hay otras medidas que puedes usar antes que ésta”, asegura Ken Peng, de Citi. “Utilizar la depreciación es como sacrificar a 800 soldados de tu ejército para matar a 1.000 enemigos”. No es un buen resultado.

Sobre todo, si los augurios de Louis Gave, CEO y cofundador de Gavekal, uno de los fondos de inversión más rentables con un amplio juego de intereses en China, resultan correctos ya que, a su juicio, antes de la declaración de guerra de Trump, Pekín tenía en mente abandonar la banda de fluctuación de su moneda en los mercados internacionales. Dentro de tres años, precisa. Básicamente, porque su riqueza ha crecido y se ha expandido por su sociedad y, si quiere lograr el estatus de economía de mercado, debe abandonar estas prácticas. Algo que puede conseguir de la mano de Alemania. Un viejo anhelo desde que entrara en la OMC, en 2001, y que otorgaría al país un mayor rango de influencia mundial. En línea con viejos mensajes de Administraciones estadounidenses del pasado de pedir “mayor responsabilidad y activismo” a Pekín en resolución de problemas globales. Y que han desaparecido con la llegada de Trump.

“La Lista”

Más efectivo, sin embargo, será la lista de productos norteamericanos que se encarecerán a su entrada en el gigante asiático. Los más de 100.000 millones de dólares en los que se valora las subidas arancelarias de EEUU sobre bienes procedentes de China podrían ser menos dañinos que las barreras por 53.000 millones que ha levantado el régimen de Pekín a mercancías que adquiere de EEUU. La explicación está en los sectores. La agencia Standard & Poor’s no considera que la subida arancelaria americana afecte más allá del 12% de las exportaciones chinas hacia la mayor economía del planeta, muy centrada en productos tecnológicos -no precisamente de alta gama-, hacia el pago de patentes (propiedad intelectual) o a suministros para abastecer a la industria del automóvil. En cambio, el disparo chino es más preciso. Va contra el sector agrícola, es decir contra los estados rurales del interior, los que dieron su voto mayoritariamente al dirigente republicano. La agricultura y, en especial, las carnes, frutas, hortalizas y vino que acaba de gravar adicionalmente Pekín, supusieron más de 19.000 millones de las ventas americanas a China en 2017. La jugada es simple. Washington prefiere daños cuantitativos para reducir su desequilibrio bilateral desde los 375.200 millones de dólares a una cifra inferior a los 100.000 millones, y Pekín apuesta por los efectos cualitativos. Sólo la soja totalizó 12.300 millones del total de la partida agrícola estadounidense. Aunque Pekín también ha creado nuevas barreras a los automóviles y a los aviones comerciales, segmentos en los que las grandes multinacionales americanas habían cerrado acuerdos multimillonarios, con carteras de inversiones cerradas para varios años.

Entre otras razones, porque firmas como Ford tenían previsto importar versiones de su modelo Focus ensamblado en sus plantas de China a partir de 2019. O el holding Geely, que integra a la marca Volvo, que empezó a importar sus automóviles sedans de China en 2015. O General Motors, que también adquiere de sus fábricas en China su híbrido Cadillac CT6.

Dardos bandera alemana y americana

Merkel sabe que Trump no parará hasta corregir el déficit con Alemania

Quizás más que el Brexit, las presiones nacionalistas de Rusia o las reformas europeas, el gran reto de Merkel en su cuarto mandato será la guerra comercial de EEUU con Trump.

 

La Casa Blanca ha situado a Alemania en su punto de mira

No hasta el punto de modificar su alianza geoestratégica, forjada en la historia reciente, a prueba de cualquier altercado. Pero la Administración Trump tiene una obsesión: acusa a Berlín, casi al mismo nivel que a China, de ser el artífice del déficit comercial de la mayor economía del planeta. Donald Trump menciona a la locomotora europea cada vez que revela sus intenciones sobre cómo deberían ser las relaciones comerciales en el nuevo orden global. Y esas tensiones con aliados, como ha avanzado el actual inquilino del Despacho Oval, determinarán las acciones inmediatas de la Gran Coalición de Merkel en su cuarto mandato como canciller. Más, incluso, que posibles injerencias del nacionalismo de Vladimir Putin o que otra posible crisis de refugiados, que deterioró en la legislatura anterior un drástico descenso de la popularidad de la dirigente germana.

Detrás de la subida arancelaria sobre el acero y el aluminio subyace su idea de debilitar el sector exterior alemán. Igual que su declarada intención, aún no consumada, de imponer un impuesto sobre los coches de importación, que han copado el parque automovilístico de los americanos en los últimos años. O su idea de penalizar a países que no aporten sus asignaciones anuales a la OTAN. Otra de sus constantes amenazas a Berlín. Y es que Alemania es el socio europeo que más tendría que perder en caso de que se recrudezca la batalla transatlántica. “Aunque suene bastante rocambolesco que se redoblen las presiones entre aliados”, asegura Sebastian Dullien, investigador del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR) en Berlín. Dullien precisa que Trump asume el refrán de “con estos amigos, quién necesita enemigos”. Toda una equivocación, a su juicio. Pero sus citas sobre comercio y defensa no caerán en saco roto. “Algún efecto va a tener” en las relaciones, explica.

La nueva estrategia proteccionista

El saldo positivo de la balanza comercial entre EEUU y Alemania sobrepasó en 2017 los 60.000 millones de dólares. Cuatro veces el superávit bilateral de Canadá. Pero, con la nueva estrategia proteccionista de Trump, sus exportaciones al mayor mercado del mundo y, sobre todo, la salud empresarial de sus grandes emporios industriales, desde Daimler a Deutsche Bank, pasando por BMW -entre otros- podrían verse sometidos a vaivenes en sus cuentas de resultados. El futuro, pues, “es incierto”, admite el mercado. A los ojos de Merkel, esta actitud supone una afrenta en toda regla de su aliado transatlántico. En un instante de tensiones con Reino Unido por el Brexit, con China por la hegemonía a la que ha renunciado la Administración Trump en el orden global, en asuntos como el cambio climático o el libre comercio, lo que se traduce en un pulso dentro de instituciones multilaterales como el G-20, el FMI o la propia OMC y, sobe todo, con una dura y exigente agenda reformista del euro en ciernes.

El tacticismo de Trump

Merkel se ha adherido a la reacción europea contra EEUU en el terreno comercial. Aunque ve en esta actitud una oportunidad de renegociar el Tratado Transatlántico con Washington. En su opinión, a Trump también le mueve el tacticismo. Como ha sucedido con el Nafta. Pese a que sus homólogos mexicano y canadiense incidan en que, tras un largo trimestre de diálogo, las intenciones de revitalizar la unión aduanera norteamericana por parte del dirigente republicano sean una quimera. Fiel a su teoría de que en una guerra comercial “nadie gana”, la canciller adopta la estrategia de wait and see. Hasta comprobar, de primera mano, que la carta del tratado de libre comercio se entierra definitivamente. Siempre ha confiado en las distancias cortas. Sobre todo, en cumbres multilaterales como las del G-20.

De hecho, al mismo tiempo que respalda las sanciones europeas a productos estadounidenses, pone de ejemplo las exenciones que se han granjeado Canadá o México sobre los incrementos arancelarios del 25% al acero y del 10% al aluminio. Origen de la guerra comercial. Una medida de gracia a la que podrían acogerse también Reino Unido, deseoso de labrar nuevos acuerdos de inversión y comerciales para su etapa post-Brexit y Australia. Es decir, los mercados anglosajones. El mismo compás de espera que han proclamado Robert Lighthizer, representante comercial de EEUU, y la comisaria Cecilia Malmstrom. Ambos han apelado a “un futuro próximo” para arrojar “mayor claridad” a las nuevas relaciones comerciales entre Europa y EEUU.

Aun así, Trump no pierde comba a la hora de criticar a Berlín. Es el caso más significativo de los aliados que dicen “no queremos tarifas” y el más reacio a “cambiar las cosas y a advertir de sus terribles consecuencias”, aclara el presidente. Mientras “Europa no mata” con un déficit que supera los 100.000 millones de dólares. Por eso, “vamos a gravar con impuestos, tarifas y otras barreras a sus multinacionales”. De cumplir con esta prerrogativa, y elevar en un 10% el coste de las compras procedentes de Alemania, el PIB germano se contraería tres décimas. Aunque el americano sería un 0,9% más reducido en 2020. Es decir, que el perjuicio sería mayor para la economía de EEUU, según algunos estudios prospectivos. Carsten Brzeski, economista jefe de ING-Diba cree que la táctica proteccionista de Trump “es un argumento a favor de una mayor integración de la zona del euro”. La canciller “busca suprimir los riesgos iniciales de la contienda; hasta comprobar que la amenaza es cierta y real”, aclara Oliver Rakau, de la consultora Oxford Economics. “Aunque no le haya sentado nada bien que las embestidas desde Washington hayan surgido durante la campaña electoral y se hayan acentuado mientras superaba los escollos de su futuro gabinete”, dice “ella confía en rebajar las pretensiones” de Trump.

La incertidumbre y los empresarios

La paciencia de Merkel, sin embargo, no guarda relación con la de los empresarios de su país. Al menos, con los dirigentes de Lufthansa, por ejemplo. La línea de bandera alemana acaba de cancelar su vuelo directo Berlín-Nueva York ante los escasos beneficios que le ha reportado la  ruta en el último año, en el que la instauró, tras el colapso de su rival Air Berlin. Lufthansa no ha admitido exactamente que su decisión se deba a la guerra comercial. Pero ha contado porque, de hecho, ha criticado abiertamente la dureza de horarios que el aeropuerto JFK ha impuesto a sus vuelos y las nulas opciones de adquirir otras bandas temporales por la prioridad que concede a sus aerolíneas nacionales y a ciertas extranjeras, preferentemente de países anglosajones.

Bandera americana Trump industria

Guerra comercial de Trump: efectos económicos y orden mundial

La subida arancelaria al acero y el aluminio de Trump en EEUU es un riesgo sistémico. Ninguna guerra comercial ha ocasionado riqueza nacional, sino tensiones globales. 

Las consecuencias de la guerra comercial de Trump inaugurada el mes pasado por la Casa Blanca con la subida arancelaria sobre las importaciones de acero y aluminio se apreciarán sobre la coyuntura de la mayor economía del planeta y sobre sus intereses geoestratégicos. Tal y como se analiza en los siguientes apartados. Porque ningún mecanismo de protección comercial declarada ha ocasionado vencedores. Más bien al contrario. Las hostilidades contra el libre comercio siempre se han saldado con duros efectos sobre los mercados involucrados.

1.- La economía estadounidense sufrirá presiones inflacionistas.

En el peor momento. Bajo una coyuntura delicada. Con una rebaja fiscal sin parangón, tanto para rentas personales como para beneficios empresariales, que añade combustible a una economía que muestras los primeros signos de sobrecalentamiento y de subida de precios; con la Reserva Federal del presidente recién nombrado Jerome Powell, acelerando el encarecimiento del dinero (el pasado miércoles lo hizo en otro cuarto de punto, hasta el 1,75%), el sexto movimiento alcista desde la implantación de la política de tipos próximos a cero. Y se esperan dos más este año, según el recién nombrado máximo dirigente de la Fed. Debido a que sus previsiones de crecimiento se han elevado (al 2,7% este año y al 2,4% en 2019) a que la tasa de paro oscilará entre el 3,6% y el 3,8% y que el IPC se espera que repunte al 2% en 2019.

Sin embargo, estas predicciones están puestas en tela de juicio. No sólo en el mercado. También entre los organismos multilaterales, que detectan efectos más perniciosos sobre los precios y que alertan, además, sobre el doble déficit (el fiscal y el de la balanza de pagos) de la mayor economía global. JP Morgan cifra que el desequilibrio presupuestario alcanzará este año el 5,4% del PIB, dos puntos más que en 2017, mientras que el de cuenta corriente -exceso de gasto en las transacciones internacionales- llegará al 3,9% del PIB en 2019. Anomalías que pueden traer unas súbitas oscilaciones en el valor del dólar y dudas en consumidores y empresas a la hora de iniciar decisiones de gasto o de inversiones por el dinero extra de las rebajas tributarias. BCA Research apuesta por tipos de interés notablemente altos a medio plazo para contener una inflación que se disparará en los próximos meses, y por rentabilidades bursátiles a la baja y un billete verde en retroceso por la guerra comercial. Por si fuera poco, sus expertos alertan de que, a diferencia del recorte fiscal de la era Reagan, la deuda federal estaba en el 30% del PIB. Ahora se sitúa en el 100%, con las obligaciones de pagos internacionales en el 40% del PIB.

2.- La historia de las guerras comerciales acaba en catástrofes.

Ninguna batalla por el control del comercio ha traído buenas nuevas. Y ninguna ha dado como resultado una “victoria sencilla” como vaticina Trump. Sin duda, la más emblemática de la historia económica contemporánea fue la iniciada por EEUU en 1930. A partir de la Smoot-Hawley Tariff Act. Una subida arancelaria sobre más de 20.000 productos de importación. Concebida para hacer frente al Crash de 1929, fue derogada en 1934. Porque Canadá y otros socios comerciales de EEUU subieron el precio de sus adquisiciones made in US hasta un 61%. Numerosos historiadores aseguran que, lejos de cantar victoria, esta reacción a la Gran Depresión fue el mayor desastre en política comercial de EEUU en el siglo pasado.

En EEUU, desde hace más de cien años, el lobby agrícola e industrial ha pretendido sellar las fronteras por temor a la competitividad, vía precios, sobre todo, de sus rivales exteriores. Y, casi siempre lo han conseguido. Pese a que la Smoot-Hawley sigue siendo un caso práctico de libro en las escuelas de negocio. De prácticas perniciosas claro. Lo llegó a reconocer Franklin D. Roosevelt, su mentor desde la Casa Blanca. En 2010, se alcanzó un gravamen medio de entrada de mercancías y servicios a EEUU del 5%. Si bien en 1930, alcanzó el 45%. No resulta fácil desmantelar los muros arancelarios. De ahí que el mundo académico tache a Trump de “arcaico” y de “decimonónico” por su concepción sobre el comercio. Ni antes, con actos similares, de finales, incluso, del XVIII, ni después, con las batallas sectoriales del pollo y otros productos alimenticios, o la propia de George W. Bush sobre el acero y el aluminio, el resultado ha sido satisfactorio. Para nadie.

El sentir general asegura que los grandes perdedores son los consumidores, que hay muchos más sectores y negocios que dejan de ingresar que los escasos que ganan y que éstos lo hacen de forma coyuntural, y que generan más desigualdad porque su contagio inflacionista -el impuesto de los pobres- lo pagan, sobre todo, las clases más desfavorecidas.

3.- El juego geoestratégico entra en escena con Trump.

Hay quien dice que los que persigue Trump es un juego táctico. De buscar de nuevo la hegemonía estadounidense con sus aliados. De ahí que nada más llegar al Despacho Oval arremetiera contra el Trans-Pacific Partnership y sacara a su país del acuerdo suscrito por Obama. En paralelo a la defensa de Taiwán y las acusaciones sobre la presencia de Pekín en las islas del Mar Meridional de China. En plena tensión nuclear con Corea del Norte. Y con un replanteamiento de relaciones geoestratégicas con Seúl y Tokio -e, incluso con China- que va a modificar el statu quo en Asia. No por casualidad, Trump acaba de avanzar aumentos de aranceles sobre productos chinos por más de 60.000 millones de dólares.

También ha utilizado esta estrategia con el Nafta norteamericano. Herido de muerte, pero sobre cuyo aparente cadáver aún negocian tanto Canadá como México. O con la pasarela de comercio e inversiones transatlántico (el llamado TTIP) con Europa. En este teatro del absurdo, además, conviene mencionar los acuerdos multimillonarios con Arabia Saudí, el acercamiento al Israel de Netanyahu y los ataques contra Palestina para cambiar la creciente influencia iraní en Oriente Próximo. Y los ataques al entramado multilateral, con la OMC y el FMI como objetivo claro de sus dardos.

Sin embargo, las críticas arrecian contra la concepción infanticida de Trump. Desde un sinfín de latitudes. El Gobierno noruego, por ejemplo, hace hincapié en que la constante apelación a la seguridad nacional para justificar esta medida, denota que el presidente estadounidense “tiene su Talón de Aquiles con el libre comercio” y que su vinculación a esta causa “es una excusa para implantar un proteccionismo exacerbado y nada constructivo”, asegura su Ministerio de Exteriores en una dura nota oficial. La poderosa Cámara de Comercio estadounidense le ha instado a que deje sin efecto la medida, advirtiéndole que su idea del America, first ocasionará un perjuicio de alto calado a la industria del país, debido a las consecuencias imprevisibles de la guerra comercial abierta con sus aliados. Pero, quizás, la dialéctica más feroz ha llegado de un ex director de la CIA, John Brennan, para quien Trump “es inestable y carente de experiencia”. Como en su día criticó Henry Ford a Roosevelt (“su medida, señor presidente, es una solemne estupidez económica”), Brennan cree que el liderazgo del republicano deja una “profunda preocupación” porque sus “diatribas -dijo- irán a peor”.

Moneda dólar comercio Trump

Guerra comercial de Trump: EEUU en el laberinto

La afrenta de Donald Trump contra el libre comercio puede traerle serios perjuicios. Con aliados hostiles y sin recuperación del empleo industrial.

Los efectos colaterales de su ordenado incremento de tarifas sobre las importaciones de acero -del 25%- y de aluminio (10%) no parecen que estén completamente bajo el control del actual inquilino de la Casa Blanca. Es decir, que el inicio de hostilidades decretado por EEUU ya revela dudas sobre la hipotética victoria “fácil” augurada por su presidente en esta contienda. Todas ellas, de enorme calado. Algunas, de índole económica, aunque también geoestratégicas. Y que dejan en entredicho las palabras de Trump, en su cuenta personal de Twitter, de que “las guerras comerciales son buenas”.

Veamos dos inmediatas, de pronóstico incierto para el comercio global

1.- Aliados de Washington que recogen el guante.

“El acero es el acero. Si no tienes acero, no tienes un país”. La proclamación de Trump en la Sala Roosevelt de la Casa Blanca es una llamada al proteccionismo. Al patriotismo. “Estas acciones se han tomado porque no hay otra elección, porque son necesarias para preservar nuestra seguridad nacional”, explicaba Trump, antes de sentenciar: “La mayoría de los países que nos amenazan con lo peor del comercio y de la defensa militar son nuestros aliados, como a ellos mismos les gusta denominarse”. El dirigente aludía, sin citarlos, a países de la OTAN. Trump acusa a los diez que lideraron las ventas de acero a EEUU de competencia desleal a los trabajadores metalúrgicos estadounidenses, a los que, enfatiza, hay que defender a ultranza como parte de la soberanía nacional.

Este primer muro arancelario ha dejado un reguero de rivales. Europa, Japón, China, Rusia y sus vecinos del todavía latente Nafta (Canadá y México) están dispuestos a presentar batalla a Washington. La UE, por ejemplo, ha enumerado un listado de 350 productos a los que aplicará gravámenes si EEUU consuma su amenaza sobre el acero y el aluminio. En realidad, son dos listas negras que, en conjunto, suman 6.400 millones de euros en ventas. En caso de que la Organización Mundial del Comercio (OMC) dictamine que EEUU ha vulnerado, con su decisión, el principio de libre circulación de mercancías y servicios. El Gobierno chino, por su parte, se apresuró a calificar de “sumamente grave” el viraje de Trump. Li Xinchuang, presidente de la Asociación China del Hierro y del Acero, aclaró que “el impacto sobre los productores chinos no será grande”, ya que, según el Departamento de Comercio de EEUU, los mayores vendedores de acero son Canadá, con más del 16% de las adquisiciones de este material, seguidos de Brasil y Corea del Sur, mientras China apenas coloca algo menos del 5%. Datos de 2017. Pero, escasas semanas después, Pekín ha contraatacado con subidas de aranceles a una treintena de bienes de EEUU por valor de 3.000 millones de dólares. Advirtiendo de que la respuesta será inmediata y proporcionada, en sintonía, con posibles nuevas represalias de EEUU.

Louis Kuijs, de la consultora Oxford Economics en Hong Kong cree que, si realmente Washington pretende hacer daño a Pekín en este terreno, “debería encarecer las entradas de productos electrónicos o de telecomunicaciones”. Aunque, según su opinión, “sería más conveniente alcanzar un acuerdo bilateral, porque muchas firmas de EEUU se enfrentarán a daños colaterales que podrían repercutir sobre los consumidores, con alzas de precios”. O actuando sobre la propiedad intelectual, requisito que las compañías chinas se suelen saltar por norma general, un asunto -aclara- que sería, además, del agrado del sector privado estadounidense.

China, México y Europa -o, para ser más precisos, Alemania-, han sido identificados por Trump como los principales focos del déficit comercial de EEUU. Un agujero que se ha deteriorado durante el primer año de gestión de Trump un 12,1% en términos interanuales, hasta totalizar 566.000 millones de dólares, la cota más alta desde la crisis de 2008. Las exportaciones subieron un 5,5% (2.330 millones de dólares), frente al repunte del 6,7% de las compras: 2.900 millones. Con China -que acumula frente a EEUU un superávit comercial de 375.200 millones de dólares, un 8,1% más respecto a 2016- y México (71.100 millones) a la zaga, aunque a bastante distancia. Europa tuvo un saldo positivo conjunto de 120.800 millones en 2017; un 6,8% más que el año anterior.

El problema para Trump es que su táctica del palo (incremento de tarifas) y la zanahoria (países que podrían beneficiarse de excepciones; es decir, de un aumento menos agresivo e, incluso, de exenciones) no parece que vaya a dar el resultado previsto. Salvo mercados anglosajones como Reino Unido, inmerso en una dura negociación con Europa por el Brexit y necesitado de perfilar su mapa de acuerdos de libre comercio tras el divorcio de la UE, o Australia, titubeante ante los cantos de sirenas de Trump, los grandes aliados de EEUU prefieren combatir el proteccionismo de la mayor economía del planeta. Japón recalca que “sus ventas de aluminio y acero a EEUU no pueden afectar a la seguridad nacional; en absoluto. Así se lo diré a sus autoridades en cuanto tenga la oportunidad”, dijo su titular de Comercio.

En línea con voces empresariales como la del CEO de Siemens, Joe Kaeser, para quien “después de una reforma fiscal enfocada a la creación de empleo, ahora [el gobierno americano] saca de la chistera una deplorable decisión sobre lo que considera un comercio justo”. Para Kaeser, la doble subida arancelaria “ni es buena para el consumidor, ni para generar empleos ni para un mundo libre”. Algo que también critica Hyundai. La multinacional surcoreana alerta que este cambio de tarifas “elevará los costes de producción” de sus fábricas en EEUU, lo que conducirá a “un incremento del precio final de sus vehículos y a un descenso de la demanda”, señaló Jim Trainor, portavoz de la firma en EEUU, que no descartó modificaciones en los planes productivos de su planta en Alabama. La japonesa Toyota o Ford se han añadido a la lista de empresas agraviadas.

Hasta Canadá se ha sumado a la retahíla de advertencias. Su primer ministro, Justin Trudeau, que ha aireado su malestar por la renegociación del Nafta, un intento, a su juicio y el de numerosos expertos, de lapidar la unión aduanera norteamericana, considera “inaceptables” y una medida que causará “daños significativos” la maniobra beligerante de Trump.

2.- El alza de tarifas no garantiza la defensa de los empleos americanos.

“Las tarifas sobre el acero funcionan”. Fue el lema de George Bush en marzo de 2002 para justificar su decisión de elevar, del 8% al 30% los aranceles a la importación. Esta recurrente ocurrencia republicana, en su penúltima versión, sólo duró un año y medio. Hasta diciembre de 2003. No consiguieron reactivar el empleo de esta vetusta, aunque todavía estratégica industria.

El sector sufrió su gran desplome de puestos de trabajo al inicio de los ochenta del siglo pasado, al pasar de una plantilla de 453.000, en 1979, a otra de 236.000 en 1984. Después de alcanzar su clímax en 1953: 650.000 empleos. En sintonía con la caída global. Desde 1972 hasta 2014 este segmento manufacturero ha perdido la mitad de sus trabajadores en el mundo, según la Oficina de Estadísticas Laboral de EEUU. Una dura y larga reconversión.

Tampoco el negocio vinculado al aluminio es demasiado boyante. La bauxita, el mineral del que se extrae, apenas requiere 5.000 mineros, el 80%, en Minnesota. De ahí que la adquisición de acero y de aluminio foráneo y barato, indispensable para abastecer la industria aeroespacial, la automovilística, la de envases o la de componentes electrónicos, haya aportado más puestos de trabajo de los que ha destruido. Aunque no lo crea así el secretario de Comercio, Wilbur Ross, que compró varias firmas acereras en bancarrota en 2002 -coincidiendo con el alza arancelaria de Bush- y que tres años después vendió a Mittal Steel (ahora Arcelor Mittal).

Ross abandera el ala dura de los partidarios del proteccionismo en la Casa Blanca. Junto a Peter Navarro, director del Consejo Nacional de Comercio. Son los dos grandes triunfadores. Las voces del Buy american, first. Y Robert Lighthizer, responsable de Comercio Internacional quien, como abogado, dirigió el lobby de la industria siderúrgica en Washington. Los tres han salido airosos frente al dimisionario Gary Cohn, el principal asesor en materia económica de Trump y antiguo directivo de Godman Sachs y Rex Tillerson, ex secretario de Estado. Una lucha interna que tendrá sus consecuencias en la esfera internacional, mediante un “alto coste diplomático” en el terreno geoestratégico y económico, auguran nada menos que Alan Greenspan y Ben Bernanke, los ex presidentes de la Reserva Federal, quienes no conceden credibilidad al mensaje de Trump de que la política de resolución de conflictos a través de panales sectoriales de la OMC ha sido “un desastre para nuestro sector manufacturero” y proclamar que “necesitamos a nuestras firmas para impulsar a nuestra industria del metal”.

Una apelación al patriotismo que no ha cuajado. Ford cree que, a pesar de comprar la mayoría del acero y aluminio del país, “esta acción aumentará el precio de las materias primas y dañará la competitividad del sector”; las firmas cerveceras, que venden gran parte de su producción en latas, han pedido a la Casa Blanca que “reconsidere su postura” para cubrir los desequilibrios de demanda de aluminio nacional o importado y cumplir con los 2,6 millones de toneladas de este metal que precisó en 2016; las tecnológicas, con Apple a la cabeza, aunque sólo fabrique una mínima porción de sus productos en EEUU, admiten temer caídas bruscas de su cotización por la guerra comercial de EEUU, colapso que también atisban las constructoras de oleoductos y gaseoductos, en una fase crucial, con un billonario plan de infraestructuras en marcha e, incluso, el sector agrícola, que se teme el blanco de las represalias a la importación de mercancías estadounidenses. Sus directivos muestran unas cartas reveladoras: los sueldos que generan las firmas productoras de acero y aluminio totalizan 203.000 nóminas en todo el país. Frente a los 6,5 millones de las diferentes industrias que usan estos materiales.

Bandera europa y reino unido rota

Reino Unido y la UE acercan posiciones sobre su acuerdo de divorcio

El Brexit está más cerca. Bruselas y Londres han sellado el ‘road map’ de la desconexión británica de Europa, la transición de 21 meses tras la ruptura.

Un primer esbozo

Las empresas y ciudadanos europeos y británicos ya tienen un primer esbozo de acuerdo sobre la preservación de sus derechos civiles y mercantiles, que establecerá reglas consensuadas sobre circulación de bienes y mercancías. Una reivindicación de mínimos, reclamada desde la sociedad británica y desde las instituciones europeas, como paso previo para consolidar una transición ordenada del divorcio entre Reino Unido y la Unión Europea (UE).

“Se trata de un paso decisivo”, aseguró el negociador jefe de la Unión, el comisario francés Michel Barnier, que pasa, a falta de que se concreten los pormenores de este principio de acuerdo, por una premisa esencial: Reino Unido permanecerá bajo el sometimiento de las normas europeas durante los 21 meses a los que se refiere el consenso, pero sin capacidad de voto -ni siquiera de voz- en los estamentos en los que se toman decisiones soberanas en nombre de la Unión.

Las cesiones iniciales

Grosso modo, Londres deberá seguir otorgando a los ciudadanos europeos que lleguen a suelo británico los mismos derechos que hasta ahora. Y, salvo imprevistos, que los puede haber en cualquier momento, también cederá a las reivindicaciones europeas sobre Irlanda, y Gibraltar, que saldrá de la UE al mismo tiempo que Reino Unido. A los ojos de la primera Theresa May, estas cesiones iniciales al órdago lanzado desde Bruselas podrían anticipar un buen pacto futuro en materias sensibles para el 10 de Downing Street como la Seguridad y la Política Exterior o el libre acceso al mercado interior. E, incluso, la negociación de acuerdos comerciales con terceros países o bloques aduaneros antes de que se certifique la rúbrica del Brexit. Una condición que Londres ha buscado desde el primer minuto de su decisión de activar el artículo 50 del Tratado de la UE por el que un país miembro puede pedir unilateralmente su salida del club comunitario y que se ha hecho imperioso para los intereses de Londres con la reciente declaración de guerra comercial lanzada por la Casa Blanca.

El sector empresarial

Una de las primeras voces en celebrar el resultado negociador, impulsado durante el pasado fin de semana, han sido las empresariales. Allie Renison, responsable de política comercial y para Europa del Instituto de Directores, think-tank vinculado a la gran patronal británica, agradeció que se diera cumplimiento a “una prioridad” del empresariado, aunque se reservó una opinión de mayor precisión “hasta conocer los pormenores del acuerdo”. También la poderosa Cámara de Comercio Británica, que ha ejercido indisimuladamente su influencia sobre el gabinete tory en los últimos meses para alcanzar este principio de consenso, se mostró satisfecha. “Era una auténtica urgencia avanzar este pacto porque la mayoría de las planificaciones de inversiones y de negocios para el próximo bienio (y en el escenario post-Brexit) deben empezar a tomarse de inmediato”, explicó Adam Marshall, su director general. La noticia, de hecho, hizo saltar el valor de la libra, una de las divisas más revalorizadas, según el mercado, pero en paulatino descenso durante la segunda mitad del pasado año y el trimestre actual de 2018.

El road map de la salida del Reino Unido

David Davis, el ministro para Europa del Reino Unido y contraparte de Barnier en la negociación, resaltó que este principio de acuerdo “sienta las bases para avanzar en el tratado que desligará a Londres de las instituciones comunitarias”. Barnier, por su parte, valoró “el notable caudal de entendimiento mutuo” para llevar, a buen ritmo, el road map de la salida del Reino Unido. De hecho, para Davis, “este acuerdo facilita enormemente que Londres salga de la Unión en el plazo previsto”. Es decir, en dos años desde la petición de separación.

Gibraltar en el punto de mira

Ambos políticos, además, convinieron en que el abandono británico de la UE supone, de facto, y de forma inmediata, la salida también de Gibraltar. De manera que este asunto pasará a ser de la exclusiva responsabilidad de Londres y Madrid, que reivindica históricamente la devolución de la colonia británica. Es decir, que perderá la concepción comunitarizada de ciertos aspectos negociadores, como la política de Cielos Abiertos, centralizada en Bruselas, para convertirse en un conflicto de marcado cariz bilateral. Aun así, Barnier quiso enfatizar la solidaridad europea con las posiciones españolas en torno a esta cuestión. En este sentido, Davis señaló que las negociaciones entre Londres y Madrid están siendo “muy constructivas”, al tiempo que enfatizó su deseo de que acaben siendo “muy productivas”. Aunque fuentes diplomáticas españolas y europeas incidan en la dureza negociadora de Madrid.

El Peñón seguirá beneficiándose de las ventajas del mercado único en las mismas condiciones que el Reino Unido hasta finales de 2020, pese a que en teoría el poder de veto de Madrid sigue intacto: para que el acuerdo de transición sea aplicable en Gibraltar tiene que haber un acuerdo bilateral entre Londres y Madrid. Y España pretende que Londres haga concesiones acerca del uso compartido del aeropuerto de Gibraltar y sobre las prácticas fiscales agresivas que emplea El Peñón. Entre otros aspectos.

Irlanda

Otro de los puntos de máxima tensión es Irlanda. No sólo por la posibilidad, defendida desde el Reino Unido, de evitar que se instauren de nuevo los límites fronterizos entre ambos países. Sino por cómo va a quedar resuelta finalmente la solución para Irlanda del Norte. “Mientras no haya un acuerdo, este asunto quedará sin respuesta. Pero sabemos qué tenemos que hacer y cómo conseguirlo”, aseguró Davis. Barnier prefirió hacer hincapié en que “serán los trabajos preparatorios”, de suma trascendencia, los que logren “eludir la frontera que separe el norte del sur y reduzca la necesaria cooperación entre las dos partes de Irlanda”. El comisario europeo dijo confiar en que este acuerdo “de transición” sirva para perfilar “los términos” de un pacto duradero y de “obligado cumplimiento y entendimiento”.

Tanto Londres como Dublín desean que la desconexión no ocasione una separación geográfica y política entre Irlanda e Irlanda del Norte que ponga en riesgo los Acuerdos de Paz del Viernes Santo. Pero la marcha de Reino Unido del mercado interior podría obligar a ello. De momento, Londres también cede a las pretensiones de la UE: acepta incluir un respaldo “legal” que mantendría a Irlanda del Norte en el grueso del mercado único y la unión aduanera “hasta que se encuentre otra solución”, dice Barnier. O lo que es lo mismo. Hasta que Downing Street proponga otras opciones.

Pasos rumbo a la desconexión de Reino Unido

Finalmente, en el anuncio de este progreso negociador sin precedentes desde que el 29 de marzo del pasado año Londres invocara oficialmente la puesta en marcha del Brexit, también se apreciaron discrepancias. En particular, sobre el clima para hacer negocios. Mientras para Davis, este concordato de transición restaurará la certidumbre en el sector privado de ambas partes, para Barnier, la necesaria certeza que demandan las relaciones empresariales sólo se conseguirá con la rúbrica del acuerdo definitivo.

El acuerdo de transición es clave para asegurar un Brexit ordenado y evitar una ruptura abrupta. Otorga al Gobierno británico y a la UE 21 meses adicionales para negociar la relación futura, y da más certidumbre tanto a las empresas y los bancos como a los 4,5 millones de europeos en suelo británico y de británicos en la UE. Su contenido preliminar deja dos puntos claros. Reino Unido sigue dentro del mercado común durante 21 meses, pero están obligados a respetar la normativa europea, premisa que molestará, a buen seguro, a los partidarios de un Brexit duro.

puerto marítimo áfrica

El desarrollo portuario en África genera oportunidades a España

Gracias a diferentes acuerdos y tratados de apoyo, muchos países africanos están creando y mejorando sus precarias infraestructuras portuarias, con el fin de impulsar su desarrollo económico. Una situación que España puede aprovechar para reforzar la posición que le da su situación geográfica estratégica.

Los puertos en África

Más del 80% del comercio global se mueve por la vía marítima y se maneja en puertos de todo el mundo, sin embargo, prácticamente el mismo porcentaje de países con actividad comercial no tiene una conexión directa por mar con sus socios. África es uno de los continentes que peor parte se lleva en lo que respecta a puertos. Según la última edición del informe Review of Maritime Transport, en esta gran región sólo destacan a nivel portuario Egipto, Marruecos y Sudáfrica, influidos por sus posiciones geográficas estratégicas. Sin embargo, hay países que hacen negocios entre sí, como Brasil y Nigeria, cuyos barcos han de hacer escalas en puertos europeos por falta de infraestructuras.

Esta realidad ha abierto los ojos de muchos gobiernos africanos, que han empezado a desarrollar grandes infraestructuras para cubrir esta demanda y, de esta manera, generar una mayor riqueza. Una situación que las compañías españolas deben tener en cuenta para impulsar posibles alianzas en el continente vecino. Y no sólo eso, también aprovechar su situación geográfica estratégica para convertirse en enlace imprescindible dentro de las rutas comerciales de África.

La situación española

De hecho, puertos como el de Algeciras o aquellos localizados en las Islas Canarias son ya un referente del comercio con este continente. Según datos aportados por el director general de Casa África, Luis Padrón, el 60% de las mercancías que llegan o salen del Puerto de Las Palmas, por ejemplo, procede o se dirige hasta territorio africano. Además, sólo en 2016 esta misma infraestructura fue enlace en la costa atlántica para casi 90 puertos del continente.

Situaciones como éstas se han dado a conocer en la presentación Review of Maritime Transport, realizada recientemente en la sede de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) en Madrid, en la que también participó Narciso Casado, director de Gabinete de Presidencia, Relaciones Internacional e Institucionales de la patronal. Éste aseguró en su intervención que un gran número de países del África subsahariana ha ratificado el Tratado de Facilitación del Comercio.

Uno de los objetivos de dicho documento es agilizar y modernizar las tramitaciones aduaneras en la mayoría de los países del mundo. A esto se suma el Acuerdo de Partenariado Económico de la UE con la Comunidad de Desarrollo de África Austral, que ha empezado a estar operativo a principios de este año. Gracias a este, se establecen regímenes arancelarios comunes entre diversos países y se pondrán en marcha procedimientos aduaneros más eficientes.

Conexión España-África

También presente en el acto, el presidente de Puertos del Estado, José Llorca, aseguró que en 2017 los intercambios comerciales entre España y los países africanos ascendieron a 106,5 millones de toneladas, un 4,7% más que el año anterior. Una tendencia que, en su opinión, continuará incrementándose en los próximos ejercicios. Llorca aprovechó su intervención para reclamar medidas que impulsen a España como hub logístico de las rutas marítimas internacionales, una apuesta de futuro en la que también jugaría un papel importante la interoperabilidad ferroviaria.

 Review of Maritime Transport se lleva publicando de forma anual desde 1968, y depende de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad). Su objetivo es el de aumentar la transparencia de los mercados marítimos y analizar los acontecimientos que lo requieran. Ofrece información pormenorizada sobre los cambios estructurales, coyunturales y cíclicos que afectan al comercio marítimo, puertos y mercancías, así como información estadística completa.

En su última edición se plasma cómo el tráfico marítimo es mucho más denso en el hemisferio norte, exceptuando las áreas alrededor de Mauricio, Sudáfrica y Brasil. El documento también apunta hacia Suez, Malaca, Panamá y el estrecho de Gibraltar como cuatro de los nudos de comunicación marítima más importantes del mundo.

Mapa iberoamerica

Aumentan las previsiones de inversión en Iberoamérica

El nuevo informe Panorama de inversión española en Iberoamérica asegura que prácticamente el 75% de las compañías españolas a las que se ha encuestado (pymes y grandes empresas) tienen la intención de incrementar su presencia en la región a lo largo de este año

 

En los últimos días se ha presentado la 11ª edición del informe Panorama de inversión española en Iberoamérica, publicado por IE Business School tras realizar una consulta a 105 empresas españolas, de las cuales 15 forman parte del Ibex 35. Según el documento, cerca del 75% de las compañías encuestadas prevé incrementar sus inversiones en el continente sudamericano durante 2018 (un 82% teniendo en cuenta solamente a las pymes). Por otra parte, algo menos del 25% piensa mantenerlas y sólo el 1% reducirlas.

La Alianza del Pacífico o del Mercosur

El responsable del estudio, Juan Carlos Martínez Lázaro, profesor de Economía en la escuela de negocios IE, especifica que los países que generan un interés mayor son aquellos incluidos en la Alianza del Pacífico o del Mercosur. Principalmente en México, Colombia, Perú, Chile y Brasil, por este orden de preferencia. En el lado opuesto se encuentra Venezuela, que se ha convertido en el único país de la zona donde se han confirmado desinversiones paulatinas.

Después de un 2016 cargado de previsiones poco optimistas, relativas al crecimiento económico de los países latinoamericanos, las perspectivas dieron un vuelco esperanzador el pasado año. Además, el Fondo Monetario Internacional (FMI) pronosticó hace unos días que la zona de América Latina y Caribe crecerá un 1,9%, frente al 1,3% observado en 2017.

Una mejoría que también han percibió las empresas españolas. Según el estudio, el año pasado prácticamente el 50% de las encuestadas pronosticaban que el entorno económico global afectaría negativamente a Iberoamérica. En la actual edición sólo el 18% lo piensa, mientras que cerca del 65% estima que les afectará positivamente.

Mejores perspectivas

La mayoría de los encuestados apuntan hacia Perú como el país latinoamericano con la situación económica más favorable, seguido de Chile, Colombia y México. Este último país ha ganado posiciones gracias a las previsiones del 2018 del FMI, que espera un crecimiento del país del 2,3% por el empuje que le dará su vecino estadounidense tras la aprobación de la reforma fiscal.

Por su parte, Argentina también ha mejorado en el ranking gracias a las políticas aperturistas del gobierno de Mauricio Macri en Iberoamérica. Peor visión tienen los empresarios españoles de Venezuela, por la descomposición económica, social y política que vive el país. En cuanto a Brasil y Cuba, se estancan en unas posiciones parecidas a la del informe de 2017.

Prácticamente el 85% de las compañías consultadas creen que su facturación ascenderá durante los tres próximos años en Latinoamérica, y casi el 70% piensa que en ese mismo plazo sus cifras de negocio en esta región serán superiores a las obtenidas en España. Un porcentaje que ha aumentado en más de 15 puntos con respecto al año pasado, a pesar de la mejora de la economía española.

El autor del estudio destaca en el texto que el porcentaje de las pymes españolas presentes en la región sudamericana que tienen previsto crecer sólo a través del desarrollo de su negocio actual asciende al 70%. “Diez puntos por encima del promedio, dada su menor disponibilidad de recursos financieros con los que abordar procesos de compra de otras compañías”, explica Martínez Lázaro.

Invertir en Iberoamérica

A la hora de invertir, los aspectos más valorados por las pymes son el contar con mano de obra cualificada o el tener una ubicación geográfica ventajosa. Por el contrario, la principal amenaza que sopesan las compañías es el riesgo de tipo de cambio, especialmente en México y Colombia, aunque la apreciación que han tenido casi todas las monedas de la región en el último año con respecto al dólar y al euro han hecho disminuir la inquietud por este punto. También preocupa a los empresarios la inseguridad ciudadana, un aspecto especialmente complicado en los países de Centroamérica.

Imagen trump pintado en un muro dando un discurso

Trump inicia las hostilidades contra el libre comercio

Europa y China han salido en defensa de la globalización de bienes y servicios, mientras en EEUU arrecian las críticas contra el proteccionismo de Trump en la Casa Blanca.

Trump: America, first!

El lema electoral del presidente republicano, Donald Trump, ha traspasado, como adelantó antes y después de su victoria en las urnas, una de las fronteras más sensibles: el libre comercio. Sólo algo más de un año después de instalarse en la Casa Blanca. La declaración bélica se produjo el pasado 1 de marzo. Con una primera demostración de fuerza: el anuncio de una subida arancelaria del 25% sobre las importaciones de acero y del 10% sobre el aluminio. A la que sucedió un par de salvedades que dejan la impronta del líder republicano. Por un lado, que la medida tendrá carácter casi inmediato, ya que entrará en vigor antes de que termine marzo, “en dos semanas”, dijo el jueves día 8. Y, por otro, que tendrá complacencia -es decir, unos obstáculos de entrada más reducidos- con aquellos países que asuman sin represalias tal decisión y sean considerados aliados comerciales.

La metalurgia

El primer sostén del presidente norteamericano será la industria metalúrgica, con los que tiene contactos fluidos y que están detrás del giro proteccionista de EEUU porque, a su juicio, y así se lo han transmitido sus patronales a la Casa Blanca en los últimos meses, reducen sus beneficios y ocasionan pérdidas estructurales de puestos de trabajo, debido a los bajos precios con los que entran y operan en el mercado estadounidense. De hecho, tras uno de sus últimos encuentros, Trump dejó el siguiente tweet: “Tenemos que proteger nuestras industrias de acero y aluminio, mientras que al mismo tiempo mostramos gran flexibilidad y cooperación hacia aquellos que son verdaderos amigos, y nos tratan justamente en el comercio y en la cuestión militar”. Horas después de su mensaje, Washington hizo saber que tanto Canadá como México quedarían exentos, al menos inicialmente, de este arancel general. Un guiño que, sin embargo, no ha sido aceptado ni en su vecino del norte ni en el del sur, enfrascados en unas negociaciones para salvar el Nafta, la unión aduanera norteamericana, que Washington se afana en desmantelar.

Trabas al liber mercado

China y Europa no tardaron en reaccionar. Desde Bruselas se habló de guerra comercial abierta y no se descarta que los incrementos arancelarios se propaguen a otros productos y servicios; sobre todo, los que se fabrican o extraen en estados con mayoría republicana, aduciendo que en la Casa Blanca ya se trabaja desde hace semanas en remodelar el ordenamiento jurídico para acometer estas trabas al libre comercio. De hecho, el máximo asesor económico de Trump, Gary Cohn, dimitió de inmediato tras catorce meses en el cargo y se convirtió, así, en el último de una larga lista de consejeros del presidente que han abandonado sus puestos desde que el dirigente republicano accedió a la Casa Blanca. Cohn ha admitido no compartir el nacionalismo económico que se ha instalado en Washington. Y que Trump se encarga de alimentar con mensajes con proclamas como que “EEUU ha sido maltratado como país durante años; todos han sacado ventaja. Pero nunca más va a volver a ocurrir. Las guerras comerciales no son tan malas; somos más poderosos que ellos”. O que los conflictos sobre el comercio “hay que ganarlos” y que “no suelen venir solos”, dejando entreabierta la puerta a nuevos focos de tensión. Una deriva que ha contagiado a otras esferas de poder en EEUU, desde donde se enfatiza sin tapujos que Trump es un político proteccionista. Entre otros, Wall Street, el poderoso sector financiero americano que domina no sólo el mercado inversor estadounidense, sino el resto de plazas bursátiles con sus hegemónicos bancos de inversión. Al S&P y al Dow Jones, sus dos índices de referencia, no le han sentado nada bien la maniobra del presidente en materia comercial.

Críticas en el republicanismo

Desde el republicanismo, se han alzado voces críticas contra Trump, que ha esperado obtener la doble victoria en el Congreso con su rebaja fiscal y la anulación del ObamaCare para emprender su medida estrella, el proteccionismo comercial, base esencial de su America, first. “Exigimos precaución” le espetó el líder del Grand Old Party en el Senado, Mitch McConnell, tan sólo unos días después de que su contraparte en la Cámara de Representantes, Paul Ryan, uno de los republicanos con mayor ascendencia sobre el partido, admitiera “estar preocupados [en la formación conservadora] por las consecuencias de una guerra comercial” de la que precisó, además, que “podría amenazar” los efectos dinamizadores de “la reforma tributaria”. A lo que Trump respondió en Twitter: “Desde el primer Bush hasta hoy, nuestro país ha perdido 55.000 factorías, 6.000.000 de empleos manufactureros y ha acumulado un déficit comercial de más de 12 billones de dólares. El año pasado, tuvimos un déficit de casi 800.000 millones. Malas políticas y mal liderazgo. Hemos de ganar otra vez”.

Europa responde

“Si Trump pone en marcha estas medidas, Europa responderá con un arsenal de productos a los que aplicaremos nuevos aranceles”, aseguró el comisario de Asuntos Financieros, Pierre Moscovici, quien apeló a la cordura del Congreso americano “para que valore si desea implantar una receta en la que perderemos todos”, aclaró. Dicho y hecho. Bruselas impuso tarifas sobre algunos de los bienes más icónicos de EEUU como los tejanos Levi’s, las motos Harley Davidson, el Bourbon o las mantequillas de cacahuete y de arándanos, ante la seria amenaza de que se pierdan casi 3.000 millones de euros por las ventas de acero y aluminio a EEUU. “En una guerra comercial nadie sale ganando”, admitió la comisaria europea Cecilia Malmström, para quien “carece de sentido que Washington diga que la UE, su tradicional aliada, ponga en riesgo la seguridad nacional de EEUU”. Malmström explicó que la estrategia de la UE es triple: litigar junto con otros bloques comerciales ante la Organización Mundial del Comercio (OMC); imponer protecciones a la industria europea del aluminio y el acero, y aprobar normas de salvaguardia “para equilibrar la situación”; con una lista provisional de productos sobre los que se impondrán aranceles.

China también prepara represalias.

Sobre todo, porque Trump siempre ha señalado al régimen de Pekín como el principal responsable del déficit comercial estadounidense. Wang Yi, titular de Exteriores chino, afirmó que ambas superpotencias “no deberían ser rivales” y que la historia se afana en demostrar que las guerras comerciales “no son las decisiones correctas para resolver los problemas”. En especial, “en la era de la globalización”. Pero que, aun así, Pekín “tendrá que preparar una batería de productos y servicios” con los que reaccionar ante “estas embestidas” de EEUU. Trump volvió a hacer uso de su cuenta de Twitter para reclamar la inmediata corrección de sus 1.000 millones de dólares de superávit comercial y de los 375,2 millones de desequilibrio de la balanza bilateral entre ambos países. Aunque las ventas de acero chino a EEUU son mínimas, su industria metalúrgica, también la del aluminio, es la responsable, según el presidente americano, de los bajos precios globales de estos materiales. La Casa Blanca aduce que las exportaciones de China crecieron un 44,5% en febrero respecto al mismo mes del año precedente, un ritmo que ha acumulado un superávit con EEUU, en los dos primeros meses de 2018, de 42,9 millones de dólares.

feria con stand de muebles

El sector del mueble español triunfa mucho en el exterior

La Asociación Nacional de Fabricantes y Exportadores de Muebles de España (Anieme) ha presentado su informe sobre importaciones y exportaciones en el mercado del mueble español, que arroja un crecimiento de las ventas al exterior de un 2,4%.

Hace unos días, la Asociación Nacional de Fabricantes y Exportadores de Muebles de España (Anieme) presentaba sus cifras de 2017. Estos resultados muestran un sector del mueble tocado en lo que se refiere al consumo interno, pero exultante en cuanto a las exportaciones. Las ventas fuera de España crecieron un 2,4%, con 2.113 millones de euros.

Crece la importación del mueble

Son buenas noticias del mueble, que tienen un ‘pero’: las importaciones de muebles crecieron aún más. En concreto, un 3,4% sumando un total de 2.956 millones de euros. Con lo cual, la balanza sectorial nacional refleja un déficit de 842,8 millones de euros. Los principales países a los que compramos estos productos son: China (22,3% del total), Portugal (13,9%), Alemania (10,1%), Italia (8%) y Polonia (7%).

Algunas de ellas coinciden en el ranking de las naciones que más han comprado a España durante 2017: Francia (25,2% del total), Portugal (12%), Alemania (6,6%), Reino Unido (5,2%) y Estados Unidos (5%). Anieme ha querido destacar en su informe el importante crecimiento de las ventas que se ha dado en EEUU, un 7,3% más. También el del mercado marroquí y el del mexicano (un 9,4% y un 14,9% más que en 2016, respectivamente), que se encuentran entre los diez primeros destinos del mueble ‘made in Spain’.

Menos alegrías nos ha dado el mercado ruso, que ha sufrido una caída en sus ventas del 2,6%, ocupando la 16ª posición del ranking de destinos a nivel mundial.

El mueble y los datos regionales

Las comunidades autónomas que siguen alzándose fuertes en lo que respecta a la fabricación y venta de muebles son Cataluña y la Comunidad Valenciana. Entre las dos totalizan casi el 50% del producto exportado en España. Es más, la región catalana ha desbancado de su eterno primer puesto a la segunda, con un crecimiento en sus exportaciones del 7,6% y una cuota del 27,2% del total exportado a nivel nacional.

Por su parte, la Comunidad Valenciana ha visto caer sus ventas al exterior un 2,1% y ha registrado una cuota del 22% sobre el total exportado. Las siguen en el ranking de ventas fuera de nuestras fronteras Galicia (11% del total), Madrid (7,8%), Andalucía (6,8%) y Aragón (6,4%).

Seguro del crédito, vital en la internacionalización

El sector del mueble es uno de los más afectados por la morosidad en nuestro país. Para las empresas que lo representan y que han decidido lanzarse al mercado exterior es decisivo contar con un buen seguro de crédito que pueda cubrir los impagos. Esos mismos impagos que generan la falta de liquidez y, en consecuencia, la bancarrota de una empresa.

Las compañías especializadas en seguro de crédito y en gestión del crédito comercial cada vez ofrecen más servicios a las empresas que lo necesitan. Cuentan con productos flexibles que se adaptan a esas necesidades y que incluyen herramientas de análisis y evaluación de los riesgos comerciales. Por ejemplo, existen servicios de consultoría personalizada en la gestión de créditos y riesgos comerciales que facilitan y aceleran el crecimiento de un negocio.

Hay sistemas de seguimiento en tiempo real que analizan los riesgos existentes en una cartera de clientes, muy útil para adelantarse a los problemas y tomar decisiones antes de que aparezcan. Y no sólo poniendo el punto de mira en los clientes, también en los mercados que crecen y en los que decaen, como está ocurriendo en la actualidad con Rusia y EEUU para la industria del mueble.

Se trata de un producto de sencilla contratación y gestión sobre el que pesan leyendas negras que se deben desterrar, como la de su elevado precio que no es tal. De hecho, las primas medias rondan el 0,5% de la facturación de la empresa que solicita los servicios. Pero, sobre todo, es un sistema eficaz para evitar la incertidumbre que suele garantizar el cobro de entre el 70% y el 90% de las facturas emitidas.

Imagen: Mueble de España

imagen puerto con contenedores

Claves para saber cuándo expandir los nuevos negocios

Vaya por delante que no existe una fórmula ni una receta milagrosa que indique con exactitud cuándo es el mejor momento para expandir una empresa, ya sea en el mercado interior, con nuevos productos o servicios, o dando el salto internacional. El hecho de que no se trate de una clave matemática implica que los emprendedores deben tirar de intuición para descubrir el momento perfecto para expandir el plan de negocio.

Cuando expandir el negocio

Pero que se carezca de la famosa fórmula mágica no quiere decir que no existan síntomas o claves que indiquen el siguiente paso que se debe dar para que los nuevos negocios impulsen su crecimiento.

Uno de esos indicadores que ningún emprendedor debe obviar es el crecimiento de las ventas durante un determinado periodo de tiempo. Es decir, cuando se sabe con certeza que los clientes confían en la marca y, por tanto, acuden con regularidad a adquirir referencias sosteniendo con ello la demanda. Esta realidad debe ser tomada en consideración pero siempre que vaya acompañada de un incremento de los ingresos que permitan ganar dinero y poseer un excedente en tesorería. Solo así se podrá intentar dar el paso para elevar el crecimiento pero sin poner en juego el futuro de la compañía.

Eso sí, el periodo de alza de ventas al que nos referíamos en el párrafo anterior debe ser amplio. No basta con un par de meses de incrementos para afrontar el salto y mucho menos si es a escala internacional. Lo indicado en este caso sería al menos seis meses de buena evolución, tanto en ingresos como en beneficios.

Otra de las claves que los emprendedores deben valorar a la hora de expandir el negocio es la satisfacción de los clientes. El hecho de que las personas que permiten que paguemos las nóminas estén felices con lo que la empresa ofrece, revela con meridiana claridad que la firma está cumpliendo a la perfección el objetivo de ofrecer una gama de productos o servicios que cubren en su totalidad las necesidades de los usuarios.

Cuando un negocio llega a este punto se genera un boca a boca muy beneficioso. Este fenómeno permite capturar nuevos clientes, o lo que es lo mismo, expandir el negocio, y fidelizar a los que ya se tienen.

Un empresario también debe tener en cuenta que sus colaboradores o empleados estén plenamente comprometidos con la evolución de la empresa. Lograr que la plantilla esté satisfecha y motivada es un indicador perfecto para pedir un mayor esfuerzo en aras de expandir el negocio.

Por tanto, contar con un equipo de trabajo feliz sirve para remar todos en la misma dirección y convertir en factible el cambio de rumbo de que la empresa debe dar para expandir sus actividades o su presencia geográfica.

Y es que no existe un solo camino para expandir un negocio. De ahí que desde este blog expongamos las tres alternativas que existen para alcanzar el objetivo de crecimiento.

Abrir nuevos mercados

Atravesar los Pirineos y plantar la bandera de la empresa en otro país es una de las mejores maneras que existen para extender un negocio. Pero, cuidado, la internacionalización de una firma solo debe realizarse si antes se ha realizado un concienzudo análisis para descubrir si lo que la empresa ofrece tiene demanda en otros territorios. Si la respuesta es afirmativa no se debe dar el paso sin antes comprobar que la empresa cuenta con capacidad para surtir esa demanda exterior sin descuidar la interna y un seguro de crédito por si, aunque las ventas en el extranjero fueran bien, los cobros no tanto.

Nuevos productos o servicios

Encontrar una necesidad desatendida en el sector en el que se mueve la compañía es otra fórmula para expandir el negocio. Si se da esa situación, nada mejor que cubrir ese vacío con nuevos productos o servicios.

Abrir más sucursales

Inaugurar nuevos establecimientos para acercar nuestras referencias a los usuarios es otro método de expandir un negocio, ya que acercará la posibilidad de capturar a nuevos clientes. Es obvio que antes de dar este importante paso e inaugurar un nuevo local se debe buscar la ubicación ideal para recuperar lo más rápido posible la inversión que habrá que realizar. Además, también se debe ofrecer la misma calidad de servicio en las nuevas delegaciones, para no perjudicar la imagen de la empresa.

Se elija la fórmula que sea es imprescindible que la expansión del negocio esté sustentada en un plan de negocio acorde a los nuevos objetivos que la empresa  tenga. Y como ya se ha dicho en este post, también es recomendable no comprometer la liquidez del negocio para ampliar sus actividades.

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España cierra 2017 con un máximo histórico de las exportaciones

Los números, dicen, cantan y en la melodía del comercio exterior entonan una historia de éxito. España ha cerrado el año 2017 con un nuevo máximo histórico de las exportaciones, más de 277.000 millones de euros, superando en un 8,7 por ciento el récord de 2016. Un éxito indudable en sí mismo pero que cobra aún más valor por la solidez de los pilares sobre los que se sustenta.

En 2017 se contabilizaron 161.454 empresas exportadoras, un 8,5 por ciento más que en el ejercicio precedente y el número de exportadores permanentes subió a 50.562 compañías, cifras récord en ambos casos. Al igual que ocurre con el número de empresas que venden más de 250 millones en el exterior, un total de 123 con un 17,1 por ciento más de incremento interanual.

La composición sectorial

Y si analizamos la composición sectorial de nuestras ventas fuera vemos cómo los sectores que más contribuyeron a la tasa de variación anual de las exportaciones fueron los productos energéticos, bienes de equipo, y productos químicos, que junto con la alimentación y el automóvil aportan el 74,5 por ciento de todas las ventas españolas fuera de nuestras fronteras. A ellos habría que añadir un factor exógeno como es la recuperación de la demanda europea por la recuperación de las economías de la UE.

Este empuje exportador es el que ha permitido aumentar un 163 por ciento, hasta 607,9 millones de euros, nuestro superávit comercial con la Unión Europea, generar un abultado superávit de la balanza de servicios e incrementar paulatinamente el superávit de la balanza por cuenta corriente.

Crecimiento de las importaciones

Pero también al analizar el déficit se observan elementos positivos. Porque su crecimiento es consecuencia fundamentalmente de la subida de un 10,5 por ciento de las importaciones, además de por la subida de nuestra factura energética que en 2017 se incrementó en 8.875 millones de euros, un 30 por ciento más que en el año precedente. Factores ambos que son indicativos de una importante recuperación de la demanda interna, tanto de consumo como de inversión. Aunque en el caso de la energía está fuertemente condicionado por el aumento de los precios del barril y en los futuros del crudo norteamericano que le ha llevado a los precios máximos en tres años.

Aumenta el peso de las exportaciones

A falta del cierre anual del Banco de España se puede asegurar ya que en 2017 España ha cosechado su sexto superávit consecutivo de balanza de pagos. Y los datos definitivos del Ministerio de Economía confirman que el peso de las exportaciones en la economía ha aumentado un 53 por ciento hasta representar el 21,6 por ciento del PIB, otro máximo histórico, lo que nos permite situarnos como el segundo exportador de la eurozona, sólo por detrás de Alemania.

El sector exterior de España ha realizado un giro admirable y sustentado por un hecho nítidamente diferencial con respecto a ciclos anteriores, que por primera vez en nuestra historia económica el despegue exportador sigue creciendo en paralelo al tirón de la demanda interna.

Cambio que revela, ahora sí, un crecimiento de la economía española firme y saludable y que es fruto del esfuerzo conjunto de las empresas y de las distintas Administraciones, y la aplicación de instrumentos eficaces de apoyo y promoción entre los que destaca el seguro de crédito de CESCE, un aliado natural de las empresas, grandes y pequeñas, en su proceso de internacionalización, ya que ofrece la necesaria protección contra el impago.