Europa y la OMC rechazan categóricamente el Brexit de Boris Johnson

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Ni Bruselas ni la máxima autoridad comercial internacional suscriben ninguna de las tres alternativas del dirigente tory para el divorcio británico de la UE

 

Todos tienen un denominador común: la salida del Reino Unido de la UE el 31 de octubre. Fecha en la que concluye la prórroga otorgada por Europa para certificar el divorcio amistoso. Pero a los dirigentes de la Unión no les gusta ninguna de las partituras que escribe el líder conservador, Boris Johnson, para culminar el mayor quebradero de cabeza político de la historia reciente de Gran Bretaña. Ni su plan A, ni el B, ni el C. Junto a las posiciones discordantes aparece también la Organización Mundial del Comercio (OMC). De hecho, las dos primeras alternativas ya han sido descartadas tanto por Bruselas, como por Ginebra, sede de la máxima autoridad global del libre comercio. La tercera en discordia, es la separación forzosa, sin tratado y, por lo tanto, sin ningún cauce de entendimiento futuro entre ambas partes. Un escenario que varios insignes nombres de la formación tory se han encargado de calificar de catastrófico, contrario al interés británico y, por ende, han prometido librar una batalla interna contra el liderazgo del aspirante mejor colocado para sustituir a Theresa May al frente del Ejecutivo. Tampoco su posición parece convencer a los simpatizantes del partido, desde donde parten voces reclamando que la estancia de Boris Johnson como premier se someta inexorable y rápidamente al dictamen de las urnas.

La primera opción que baraja Johnson, que sigue al frente de las preferencias de los afiliados de la formación en su disputa directa con el ministro de Exteriores, Jeremy Hunt, exige una nueva negociación sobre la frontera irlandesa. Sin duda, uno de los asuntos más espinosos de la dura contienda legal entre Londres y Bruselas. Pero la UE se niega de forma tajante a modificar la más mínima coma del proyecto de salida forjado con sangre, sudor y lágrimas, que diría el estadista británico Winston Churchill con May. La segunda posibilidad que ha esbozado el ex alcalde de Londres es mantener la letra y el espíritu del actual acuerdo, pero haciendo uso de una norma, conocida como al artículo 24 del GATT, el viejo armazón regulatorio que dio origen a la OMC y a la actual arquitectura de la globalización comercial, para conservar las actuales reglas de juego y preservar los derechos de acceso de Reino Unido al mercado interior europeo. Niet, le alertan desde la Comisión y el Consejo. Como acostumbraba a responder Andrei Gromiko, el sempiterno jefe de la diplomacia soviética. La OMC también advierte de que ese precepto legal no resulta en absoluto aplicable al Brexit. Aun así, Johnson sigue en sus trece. “Conseguirlo o morir, sea lo que sea”, insiste en las semanas previas a que se dilucide su pulso interno en el seno del partido tory con Hunt, que se anunciará el próximo 23 de julio. La tercera visión post-Brexit, el no pacto, es, sencillamente, el peor de los sueños para las empresas y los sectores industriales británicos.

Europa también le ha trasladado al dirigente conservador su férrea oposición a alcanzar una serie de mini-acuerdos, por áreas concretas, que sirvan para aludir un Brexit duro y suavizar la senda hacia el entendimiento. Aún, demasiado pedregosa. Una propuesta, que parte de Londres y que señala como metas volantes previas ententes cordiales parciales en asuntos como el libre flujo de personas y mercancías a través de la frontera irlandesa o para conservar la condición de la City como centro financiero de referencia en Europa. Bajo la amenaza del caos. Es decir, de un divorcio por las bravas. Algo que también descarta la Cámara de los Comunes. Aunque recibiría el apoyo de EEUU. Porque el propio Donald Trump ha incitado en su reciente viaje a Reino Unido a que Londres apueste por un Brexit duro, inmediatamente después del cual -dijo-, Washington ofrecería al sucesor de May un acuerdo comercial de máximos. El líder tory ha tenido que salir al paso de las acusaciones que le señalan como instigador y partícipe en encuentros con Steve Bannon, el asesor de Trump en su primer año en la Casa Blanca, para crear una alternativa ultra conservadora entre ambos países. “Es una conspiración sin fundamento”, enfatiza Johnson pese a que ha tenido que reconocer reuniones con Bannon durante su etapa como responsable del Foreign Office. Para más inri, Johnson afirma “esperar” que Europa “no imponga aumentos de aranceles” en caso de que no fructifique ningún acuerdo bilateral.

Uno de los sectores productivos que más preocupación ha mostrado por los posibles daños que una ausencia de acuerdo formal podría propiciar sobre sus futuras carteras de negocios es el de la automoción. Las fricciones transfronterizas y una hipotética escalada de tarifas retrasarían los pedidos y la cadena de producción, hasta acarrear un coste de 64.000 dólares por minuto, según calcula la Sociedad de Comerciantes y Manufactureros del Motor (SMMT), la patronal de esta industria. Sus dirigentes llaman a la cordura y demandan que un acuerdo sensato y factible con la UE “debe ser una prioridad” del próximo primer ministro. Con él -precisan- y una adecuada estrategia de reconversión hacia la automatización, como la que están llevando a cabo -dicen-, se añadiría 20.000 millones de libras (22.300 millones de euros) a la economía británica.

Desde Europa, además, se hace hincapié en que sólo aceptará mínimas concesiones para lograr un acuerdo con Reino Unido y piden honestidad con el electorado a los aspirantes a revalidar el cargo que ha dejado vacante May. No les gusta la idea de Johnson de renegociar un tratado con rapidez inusitada. Dicho de otro modo, esperan que la fecha del 31 de octubre sea para suscribir un consenso pactado y según los parámetros marcados hasta ahora con el Ejecutivo de May. A favor de su postura sobresale el hecho de que el aspirante conservador a premier, que tomará las riendas del país hasta la convocatoria de nuevas elecciones, deberá ser refrendado por la convención del partido, acontecimiento que sucederá a comienzos de octubre. Y recuerdan que May falló hasta en tres ocasiones su intento de obtener la luz verde de la Cámara de los Comunes al acuerdo cincelado con Bruselas. Si ahora, dicen fuentes diplomáticas europeas, cualquiera de los dos aspirantes tories desea transformar aspectos substanciales, como la cuestión irlandesa o un tratado comercial, la confrontación estará servida. “La retórica política en Reino Unido no va a forzar una reapertura de negociaciones para cambiar lo estipulado”, ha llegado asegurar el jefe del Ejecutivo de Luxemburgo, Xavier Bettel, recogiendo el sentir del Consejo Europeo. Como tampoco olvidan en el máximo órgano de decisión europeo la instrumentalización que Johnson hizo en favor del Brexit en el referéndum que determinó la salida británica de la UE o el proceso judicial abierto contra él por falsear los cálculos sobre el coste de que su país siguiera formando parte del club comunitario.

Last modified: 15/07/2019