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¿Es el Capital Riesgo la solución financiera para su pyme?

La relación entre una pyme y los fondos de capital riesgo se plantea en muchas ocasiones como la de un candidato en búsqueda de empleo. La pequeña empresa suele verse como la parte débil que debe cumplir con todos los requisitos que exige el fondo, que para eso es quien pone el dinero.

Las noticias sobre el interés de los fondos internacionales en España e iniciativas como el fondo de fondos del ICO están dinamizando mucho más el mercado y haciendo que muchas pymes se planteen el dilema. Con el grifo del banco cerrado, ¿es esta una buena alternativa para conseguir dinero?

De la misma forma que los candidatos a un puesto de trabajo pueden decir (aunque hoy en día parezca un lujo) que la empresa en cuestión no es el sitio en el que quieren desarrollar sus tareas profesionales, también el empresario puede decidir que el modo de trabajo del capital riesgo no es lo quiere para su empresa.

En algunos, como en el caso de las micropymes (menos de 10 empleados) la duda ni siquiera  es planteable. Por su tamaño, el capital riesgo suele descartarlas. Para el resto, la situación más habitual recuerda mucho a un ritual de apareamiento digno de pavos reales. Empresarios abriendo sus plumas: destacando proyectos de I+D que apenas tienen más vida que la idea puesta en un papel, rediseñando páginas web, cambiando sus objetivos de negocio… para cumplir con las expectativas que esos fondos dicen tener en cuenta. Pero, ¿realmente es esa la financiación que quieren para sus pymes? Algunos se dan cuenta tarde que cometieron un error, otros la ven como la mejor de las decisiones. Todo depende del proyecto de negocio.

Si el criterio por el que se ha planteado la entrada de capital riesgo en la empresa es sólo por la necesidad de financiación, lo más probable es que la decisión sea errónea. Un capital riesgo, no es un banco que pide unos requisitos, entrega el dinero y espera a su devolución. Este tipo de empresas toman parte del capital de las empresas en las que participan. Esto, cuando se trata de pymes con socios, puede acarrear problemas ya que descontrola el balance de fuerzas de poder sobre el que se constituyó inicialmente la empresa y puede generar conflictos a la hora de tomar decisiones importantes. En muchos casos, no todos los socios pueden tener la misma opinión respecto a las posturas de la empresa de capital riesgo.

Además, conviene recordar que el capital riesgo tiene un límite temporal. Su participación en la empresa no supera los 10 años. ¿Se bate el cobre igual alguien que quiere sacar la máxima rentabilidad en el menor tiempo posible que quien ve el negocio como un proyecto para toda la vida? Esa disparidad de criterios suele ser otra fuente de problemas. Para algunas pymes, correr demasiado en un determinado momento de su negocio puede acabar con el negocio en sí mismo. Es lo que se llama morir de éxito y muchos empresarios son reacios a ello.

Con la entrada de capital riesgo el proceso de crecimiento se suele acelerar. La buena noticia es que la profesionalidad de estos gestores externos ayuda a gestionar ese crecimiento desmedido y conseguir que la empresa se adapte a él con suficiente rapidez. Al menos, así lo asegura un estudio elaborado por un grupo de expertos de las universidades estadounidenses de Standford, MIT y Dartmouth. Su tesis pretendía descubrir si las empresas de capital riesgo ayudan a innovar con éxito o simplemente entran en aquellas empresas que, por sus características, ya están en la rampa de lanzamiento del mismo. La conclusión es que la profesionalidad de los equipos de los fondos de capital riesgo dispara el número de patentes de las empresas en las que participan y además, impulsa sus posibilidades de salir a bolsa. Es decir, les ayuda a crecer y lo hace en el buen camino.

Otra cosa es que ese sea el objetivo de su propia empresa. La entrada de fondos de capital riesgo implica presencia de representantes del fondo en los órganos de dirección de las pymes y esto, a su vez, compartir toda la información sensible de la compañía ¿Está dispuesto a eso? Este es, en muchos casos, el escollo más difícil de superar. Conseguir que los socios de la pyme acepten que ellos ya no mandan. O, al menos, ya no mandan tanto como antes.

¿Merece la pena la pérdida de poder? Si la respuesta es positiva, ya sabe que toca acicalarse y prepararse para el reto. Pero si lo que importa es mantener la esencia de la idea que le hizo hacerse empresario, el control de sus riesgos e incluso de sus angustias financieras, sepa que la opción de vestirse de casual es tan respetable como la primera.  Todo es cuestión de gustos.

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