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Errores comunes que llevan al cierre una pyme

Desde fuera se conserva la idea romántica de que ser emprendedor es algo muy bonito. Parece que convertirte en tu propio jefe y transformar una idea en un negocio rentable supone deambular por los alrededores de la más absoluta felicidad. Pero la realidad es muy diferente. Las películas con Happy End es mejor dejárselas a Hollywood. La verdad es que ser empresario es una carrera de obstáculos que, en muchos casos, son muy difíciles de superar.

 

La aventura de levantar un negocio está repleta de peligros. Algunos de los más importantes están enumerados en este post. Estamos ante las trampas que pueden llevar a un negocio al cierre inmediato. Por tanto, es necesario conocerlas y prevenirlas para no caer en sus redes.

 

– No se arriesgue en solitario. Es cierto que existen historias de éxito de cómo una sola persona ha sido capaz de levantar imperios por sí misma -léase Larry Ellison y Oracle por ejemplo-. Pero lo normal es que se necesite a más de un individuo para arrancar un negocio y hacerlo crecer. Con un apoyo es más sencillo superar loa vaivenes del día a día. Además en una empresa existen infinidad de labores diferentes para las que el mismo emprendedor puede no ser la persona más adecuada.
– No fabrique en grandes cantidades. Usted tiene una idea y observa que todo va bien. De repente se sube a la ola optimista y se lanza a fabricar demasiadas unidades o muchas variantes del mismo producto o servicio que nadie le ha pedido. Si llega una caída en la curva de ventas, esta situación es muy peligrosa. Tanto es así que el exceso de inventario es considerado por empresarios (grandes o pequeños) como uno de los problemas más graves en cualquier compañía.

– Tenga un plan de negocios. Es casi seguro que el 100% de los expertos le dirán que un emprendedor debe tener un plan de negocios. Pues bien. Se trata de una realidad inamovible. Tener una guía ayuda a saber qué hacer en la empresa. Es fundamental saber cuál es el propósito del negocio, quiénes son los clientes potenciales, cuál es la misión y los valores de la firma, quiénes son los competidores, cuál es el siguiente movimiento… No se trata de seguir al pie de la letra lo que se vende desde las escuelas de negocio. Pero sí es básico contar con un plan de negocio que ayude a seleccionar el camino a seguir.

– No malgaste el dinero. Volvemos a la ola de optimismo a la que se sube cualquier emprendedor cuando en sus inicios las cosas empiezan a funcionar demasiado bien. En ocasiones, esta situación origina que se manejen los fondos de forma irresponsable. Quizá se contrata a personas de más, o se relaja la vigilancia sobre los costes de producción y distribución, o se dedique todo el dinero obtenido en una ronda de financiación a la expansión. Cualquiera de estas situaciones puede llevar a la empresa a sentirse indefensa ante cualquier imprevisto. De eso saben mucho los antiguos reyes del ladrillo español, que dejaron caer gigantes por las enormes deudas que arrastraban los negocios. Para evitar que esto ocurra en una pyme es fundamental seguir una especie de guía económica familiar que obliga a ir guardando en el colchón todo lo que se pueda para prevenir cualquier problema.

– Sea capaz de virar el rumbo. ¿Sabe que Nokia era una papelera antes que un gigante tecnológico? Pues nada de eso sería posible si en aquellos tiempos los responsables de la firma finlandesa no hubieran tenido suficiente cintura para dar un volantazo y reorientar su negocio. En las pymes pasa lo mismo. Quizá pensemos que nuestra idea es brillante. Pero si no funciona hay que saber tirar toalla y apostar por otra cosa. Eso puede salvar el negocio.

– No se crea lo del nicho de mercado.
Muchas veces la clave para los negocios es hacerse fuerte en un pequeño nicho de mercado. Eso puede estar muy bien. Pero, en ocasiones, ese nicho es tan minúsculo que no basta para contrarrestar los gastos de la compañía. Además la falta de competencia provoca que la gestión de la empresa se acomode y la deje en una situación muy peligrosa ante cualquier problema. Y, por último, no conviene olvidar que a una buena idea le debe salir competencia. Si no, el problema es que la idea quizá no es tan buena.

– No rechace la intuición. Parece increíble que en el ultracompetitivo mundo de los negocios todavía quede lugar para las corazonadas. Pues así es. No hay nada malo en guiarse por el instinto. Además quizá esté ante la única ventaja que tenga frente al resto de rivales.

– Ni caso a los familiares y amigos. Muchos empresarios están demasiado confiados con una idea de negocio porque todos sus conocidos le han dicho que es genial. Huya de ese concepto. Ni las amistades ni la familia son clientes objetivos y sus valoraciones hay que ponerlas siempre en cuarentena. Confíe más en lo que le diga cualquiera que en lo que venga de conocidos.

– Deje claro los márgenes. Lo más normal es que un buen plan de negocios traiga incluido un apartado en el que se estudian los márgenes del negocio. Lo malo es que muchas veces no se calculan de la manera indicada. El ejemplo lo tenemos en una empresa cuya fuerza está en la comercialización de un producto o servicio y que necesita la colaboración de fabricantes, distribuidores y, quizá, vendedores para situar el artículo en la calle. Pues bien, los márgenes no deben basarse solo en la diferencia que existe entre lo que cuesta a la empresa y el precio al que se vende al distribuidor, sino que debe contemplar a todos los integrantes de la cadena. De no hacerlo, cualquier eslabón puede saltar por los aires y con él todos nuestros sueños, que quedarán enterrados por la quiebra del negocio principal.

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