Cómo entrenar la memoria para mejorar nuestra capacidad profesional

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En una era dominada por los smartphones, la Wikipedia, los calendarios digitales y las convocatorias a través del correo electrónico parece que la memoria humana ha pasado a un segundo plano en nuestras prioridades. Sin embargo, nuestra memoria es bastante más que un almacén de datos y recuerdos, teniendo tres partes bien diferenciadas:

  • La memoria de largo plazo, que es la que nos permite realizar de manera casi automática las tareas rutinarias que recordamos aparentemente para siempre, como montar en bicicleta, caminar o tocar un instrumento musical. También es la que aglutina hechos que rememoramos de hace mucho tiempo, aunque suele obviar los detalles para quedarse con lo más importante.
  • La de corto plazo, también llamada de trabajo, que es la que nos ayuda a recordar información que utilizaremos en un espacio breve de tiempo, como, por ejemplo, un número de teléfono, las claves de un informe que hemos leído o la fecha de la reunión que hemos cerrado para dentro de unos días. Si algunos de estos datos comenzamos a utilizarlos de modo recurrente, podrían llegar a formar parte de nuestros recuerdos a largo plazo.
  • La memoria instantánea o sensorial es la que favorece nuestra estimulación, recibiendo y procesando información del entorno, como sonidos, textos que podemos leer en la calle o sensaciones que nos transmite una determinada situación. Si adquieren cierta relevancia, algunos de ellos llegarán a convertirse en memoria de corto plazo.

 

Cómo utilizar los recuerdos que almacenamos en la cabeza

De las tres clases de memoria la que debemos entrenar con mayor vehemencia para que derive en beneficios en nuestro trabajo es la de corto plazo. A través de ella, por ejemplo, podremos comprender mejor lo que leemos, razonar distintos tipos de estrategias y alternativas cuando nos proponen algo o mejorar nuestra capacidad y rapidez de cálculo mental. La ciencia nos ha enseñado que la información que entra en esta categoría se aloja en nuestro córtex frontal dorsolaterial y presenta tres características básicas:

  • Los contenidos allí almacenados se actualizan permanentemente
  • Es una información activa que se transforma, por lo que con el tiempo se distorsiona
  • Tenemos una capacidad limitada de albergar datos en este campo

 

Los beneficios de mejorar nuestra memoria de corto plazo son muy diversos, como, por ejemplo:

  • Favorece que podamos realizar dos tareas a la vez, reduciendo nuestro nivel de estrés. Por ejemplo, memorizamos durante una conversación un número de teléfono o un dato importante que nos dan, permitiendo mantener esa información hasta que logremos anotarla.
  • Fomenta nuestro aprendizaje, ya que al recibir y comprender un mayor número de datos en este tipo de memoria, seremos capaces de seleccionar qué información es lo suficientemente relevante como para que se integre dentro de la de largo plazo.
  • Nos ayudará a prestar un servicio excelente a terceros, mejorando la percepción profesional que tienen de nosotros. Un ejemplo sería la capacidad de transmitir a un cliente durante una reunión hechos del pasado sin tener que ‘perder tiempo’ consultando un registro.
  • Se convertirá en nuestra mejor aliada para la toma de decisiones, permitiendo que analicemos internamente un mayor número de elementos en muy poco tiempo a medida que estimulamos nuestro almacenamiento de datos en este compartimiento.

 

Medidas para entrenar la memoria

  • Uso de reglas nemotécnicas. Nuestra memoria es como un archivador y si desarrollamos asociaciones que le sean sencillas (por ejemplo, relacionando números con palabras) favorecemos no sólo que almacene más información sino que puedan recuperar datos que están alojados en menos tiempo.
  • Sincronización con movimientos del cuerpo. Abrir y cerrar el puño, realizar una acción habitual que llevamos a cabo cada día o, incluso, el ejercicio físico, contribuyen a relajar y estimular a nuestra memoria, mejorando el movimiento de nuestros recuerdos.
  • La ayuda de la tecnología. Apostar por nuestras capacidades mentales no quiere decir que dejemos de lado el poder de lo digital. Apps que incorporan juegos de brain training, de sudokus o de memoria visual nos ayudarán a incrementar nuestra capacidad mental.
  • Las técnicas del Mindfulness. La meditación, además de ayudar a que podamos auto conocernos algo mejor, favorece un adecuado equilibrio entre cuerpo y espíritu, clave para que los datos que albergamos fluyan con mayor rapidez y precisión.
  • Cerrar los ojos y abstraerse. Incluso en los momentos de máximo estrés, hacer una pausa, cerrar los ojos y pensar en algo tranquilo que nos satisfaga es muy importante para que nuestra cabeza se centre y funcione mejor.
  • El café y el chocolate. La cafeína es una de las sustancias más estimulantes que existen, hasta el punto de que, en su justa medida, no sólo hace que seamos más activos sino que refuerza nuestra memoria. Por su parte, uno de los componentes del cacao, el flavonol, está relacionado con un mejor desempeño cognitivo.
  • Descansar. Dormir bien es posiblemente el mejor secreto para que nuestra mente pueda funcionar a pleno rendimiento al día siguiente. Incluso en los días laborables, una siesta de alrededor de 20 minutos contribuye a oxigenar nuestro cerebro y favorecer un mejor rendimiento posterior.
  • Resetear de vez en cuando. De manera periódica, será bueno que procuremos anotar en nuestro ordenador aquellos datos que hemos almacenado en nuestra cabeza pero que no son imprescindibles que llevemos siempre con nosotros. Números de teléfonos, días de cumpleaños, incluso contraseñas de dispositivos pueden guardarse en ficheros encriptados mientras que nos permitirá liberarnos de ese espacio en nuestra memoria tan necesario y que podremos utilizar para alojar nueva información.

 

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Last modified: 19/07/2019