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EEUU quiere renegociar el Nafta con nuevas tarifas a Canadá

La Casa Blanca anuncia que subirá del 3% al 24,10% el arancel sobre productos madereros de uso en la construcción, que perjudica al emporio canadiense West Fraser Timber.

Donald Trump apunta a Canadá. La estrategia de proteccionismo comercial del presidente de EEUU no sólo señala a México, también a su socio del norte en el North American Free Trade Agreement (Nafta). Y eso a pesar de que, en paralelo al repunte de aranceles hacia varios productos de especial intensidad mercantil a ambos lados de la frontera entre Las Rocosas y Los Apalaches, la consigna oficial de la Casa Blanca sea la de renegociar el tratado de libre comercio entre EEUU, Canadá y México. Un tratado que lleva en vigor desde 1994, bajo la presidencia de Bill Clinton. Es otra señal clara de que la política comercial está dando no pocos dolores de cabeza al actual inquilino del Despacho Oval. Hasta el punto de que el propio líder republicano ha admitido esta nota discordante en el seno de su gabinete, que tiene como telón de fondo la corrección del abultado desequilibrio de su balanza comercial con casi todas las latitudes del planeta.

De hecho, a finales de marzo, en los prolegómenos de sus primeros 100 días de gestión, encargó un estudio para que, en el plazo de 90 días, EEUU tenga una noción precisa de cómo consolidar su agujero comercial. Y lo hizo tan sólo unas horas antes de avanzar el diálogo negociador con sus socios del Nafta para sellar un nuevo acuerdo de comercio. Todavía con la incógnita de saber si se establecerán o no aranceles al libre flujo de mercancías y servicios entre EEUU, México y Canadá. Aunque las acusaciones de perjuicio contra empresas, sectores e industrias estadounidenses no auguran un buen resultado en este sentido.

De momento, las últimas maniobras comerciales de Washington se dirigen hacia las industrias maderera y agrícola de Canadá. Sin olvidarse de las amenazas, al comienzo de su mandato, al sector de automoción mexicano, fruto de sus promesas electorales de preservar a los grupos automovilísticos estadounidenses. Trump acaba de decidir elevar, hasta el 24,1%, las remesas de madera para la construcción, una orden ejecutiva vista como respuesta a Justin Trudeau por el talante favorable al libre mercado del político liberal que gobierna Canadá desde 2015. Hasta ahora, el gravamen era del 3%. Esta medida que afectará, sobre todo, a West Fraser Timber, una multinacional canadiense que se ha instalado como suministrador habitual de materiales para el sector de la construcción en EEUU. También Canfor Co sufriría sus efectos.

Pero esta guerra comercial también tiene otros frentes. Sobre todo, en otro sector sensible, el agrícola. Wilbur Ross, el secretario de Comercio estadounidense remarcó casi al unísono que la decisión de Trump que la política canadiense sobre la producción láctea viola el Nafta y perjudica a los ganaderos de EEUU. “Están siendo malos días para los vínculos comerciales entre ambos países”, reconoció hace unas semanas Ross, para quien su departamento “está determinado” a acabar con los subsidios canadienses a varias industrias, que “contravienen las normas fiscales y arancelarias” y que cuestan “un billón de dólares” a los contribuyentes estadounidenses. “Es una evidencia que Canadá intenta recortar tarifas comerciales y tributarias a productos que se venden a diario en territorio de EEUU”, precisó antes de incidir en que el Nafta “no funciona de manera correcta”.

La reacción canadiense no tardó en llegar. Apenas un día después, con la divisa del país en caída libre frente al dólar estadounidense por esta decisión, la titular de Exteriores, Chrystia Freeland, se apresuraba a calificar de “injusta y punitiva” la nueva tarifa comercial, impuesta “sin ninguna base fundada”, que dañará a trabajadores de ambos lados de la frontera porque “aumentará el precio” de los productos lácteos. Freeland llegó a alertar de que su gobierno se plantea iniciar un proceso judicial contra EEUU, si bien se apresuró a afirmar que “confía en que la negociación bilateral sea la solución”.

Las acusaciones de dumping comercial (venta de bienes por debajo del precio del mercado) han sido más o menos frecuentes desde la década de los ochenta entre ambos socios del Nafta. Los analistas de varios bancos de inversión, sin embargo, conceden credibilidad a esta escalada de tensión y se apresuran a estipular que las medidas anti-dumping que EEUU puede imponer a compañías de Canadá podrían llevar ciertos gravámenes hasta cotas del 45% o, incluso, del 55%. Pero nunca habían alcanzado estas cotas de beligerancia. “Lo que hace Canadá con nuestros agricultores y ganaderos es una desgracia. No nos quedaremos de brazos cruzados”, escribió el dirigente estadounidense en uno de sus tweets del pasado 20 de abril.

La declaración de intenciones de Trump, de expandirse a otros bienes y servicios, dejaría en alta vulnerabilidad al sector exterior canadiense. El intercambio de comercio entre ambos países se cifró en más de 635.000 millones de dólares el pasado ejercicio, de los que tres cuartas partes fueron ventas de Canadá y su acceso al mercado estadounidense contribuyó a captar más de 27.000 millones de dólares de inversión en 2016.

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