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EEUU, México y Canadá inician la renegociación del Nafta

Frente a las apelaciones de Donald Trump a lapidar la unión aduanera norteamericana, el Gobierno mexicano alerta que su defunción generará problemas de seguridad a EEUU

 

La esperada renegociación del Nafta ha comenzado. Y con pocos visos de que el Tratado de Libre Comercio para América del Norte, suscrito por EEUU, Canadá y México en 1994, bajo el mandato presidencial de Bill Clinton, vaya a sobrevivir. Así lo creen importantes voces del mercado, como la de Gregory Valliere, estratega jefe global de Horizon Investments, para quien el compromiso de Donald Trump con sus electores será esencial para poner el epitafio a la unión aduanera que ha convertido a sus vecinos, el del norte y el del sur, en los dos principales socios comerciales del mercado más importante del mundo.

Las conversaciones

Eso a no ser que las 5 rondas de conversaciones para salvar el Nafta, iniciadas este miércoles en México DF, puedan revertir la situación. Que es la intención declarada de las delegaciones canadiense y mexicana, que pretenden prolongar las negociaciones hasta marzo del próximo año.

De momento, el representante de Comercio estadounidense, Robert Lighthizer, ha puesto varias líneas rojas en temas de especial sensibilidad para la Administración Trump: productos lácteos, automoción, tribunales de disputas, procedimientos administrativos y cláusulas de suspensión.

México reacciona

Aunque frente a estos puntos de fricción, México ha reaccionado con una advertencia clara de que el impacto del acta de defunción del Nafta en materia de inmigración, por ejemplo, será evidente ante la ausencia de cooperación intergubernamental, un riesgo que podría trasladarse de inmediato a cuestiones relacionadas con la seguridad nacional. Canadá, por su parte, avisa de que la ausencia del bloque comercial norteamericano también reducirá las expectativas de los tres mercados de acceder a los tratados del Trans Pacific de sus socios del otro lado de este océano, con independencia de que EEUU se haya desmarcado también del principio de acuerdo que suscribió Barack Obama al final de su doble presidencia.

“La instrucción es mantener la pelota en movimiento”, dijo Welles Orr, ex asistente del área de Comercio bajo el mandato de George W. Bush y asesor de la firma Miller & Chevalier. A la espera de que salga adelante, en el Congreso, reformas legislativas más prioritarias para el Ejecutivo de Trump como la rebaja fiscal.

A revista 28 áreas comerciales

El Nafta moviliza mercancías sin trabas arancelarias que superan el billón de dólares anuales. La renegociación pasará revista a 28 áreas comerciales que podrían soportar incrementos en sus gravámenes fronterizos, como desea Washington. Aunque el vaso medio lleno se aprecia en que las tres partes han alcanzado principios de acuerdo en materias tan importantes como las reglas de la competencia y la creación y regulación de las pequeñas y medianas empresas.

Canadá y México son el primer y segundo mayor vendedor de productos a los Estados Unidos. Una circunstancia que ha posibilitado que EEUU acumule un déficit comercial de 53.100 millones de dólares con México, hasta septiembre de este año, y de 12.400 millones con Canadá. Y que han centrado las críticas de Trump hacia el Nafta. Pero es que, además, dice Colin Robertson, asesor de Dentons LLP, “el Nafta se ha convertido en una especie de prueba de fuego de las intenciones comerciales de EEUU” con otros mercados, especialmente europeos y asiáticos. Por lo que la ronda de conversaciones del Nafta será un laboratorio de ideas sobre la estrategia en el orden comercial de la Administración republicana.

De momento, las espadas están en alto. Lighthizer aseguró “estar sorprendido y decepcionado por la resistencia al cambio” de sus interlocutores, mientras en el equipo negociador mexicano se advertía de que ciertos límites de la Casa Blanca “resultaban inaceptables” y los emisarios canadienses de la “mentalidad exclusivamente ganadora” y “poco conciliadora” aireada desde Washington. Sobre todo, en el conjunto de los cinco bloques de disputas. Porque si el Nafta muere se volverán a imponer tarifas de entre el 2% y el 2,5% en todos ellos, según las directrices de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Gastos que repercutirán en ventas y que se traducirán en pérdida de puestos de trabajo y salarios. “Nadie quiere volver a este escenario”, explican desde Canadá.

Pero, ¿qué desea EEUU?

El presidente Trump, en principio, ha aceptado los seis meses de tregua que les solicitaron sus homólogos Enrique Peña Nieto y Justin Trudeau para tratar de restablecer las constantes vitales del Nafta. Aunque su poder es limitado. Será el Congreso el que respalde una salida de la unión aduanera, y no hay garantías de que el legislativo estadounidense esté por la labor. Al menos, inicialmente. Y sin negociaciones de por medio. Si ambas cámaras se opusieran a sus planes, el líder republicano podría hacer uso de una orden ejecutiva, como ya ha hecho en materia migratoria. Lo que abriría la batalla al plano judicial. Porque mientras que la Constitución americana concede al presidente la autoridad para negociar tratados de política exterior, el Congreso comparte esa responsabilidad con el Ejecutivo en áreas como el comercio internacional, incluida la ratificación de acuerdos y la imposición de sanciones comerciales. Los legisladores de EEUU podrían obligar a Donald Trump a acudir a una corte federal bajo cargos de abuso constitucional.

Desde instituciones como la Cámara de Comercio Americana se ha dado un respaldo sin fisuras a que EEUU “luche hasta la extenuación por salvar el Nafta”. Algo que secundan asociaciones de ganaderos y agricultores, de manufactureros y de directivos de multinacionales, que alertan a Trump del error de enterrar el tratado norteamericano.

Washington restaurará las tarifas aduaneras

Pero si EEUU dejase morir el Nafta, Washington deberá restaurar las tarifas aduaneras previas a la entrada en vigor del acuerdo, para lo que dispondría de doce meses, según las reglas de la OMC. Aunque reserva la opción de que se aumente unos puntos porcentuales adicionales. Antes de la unión aduanera, y de promedio, México tenía un gravamen del 7% sobre las importaciones, mientras que la presión arancelaria canadiense era del 4,1% y la estadounidense, del 3,5%.

En cambio, si alcanzan un nuevo acuerdo, Trump necesitará que se tramite en el Congreso. Algo que los observadores de la política estadounidense ven poco probable que se apruebe si los representantes de ambas cámaras consideran que en el mismo se ha vulnerado derechos de los empresarios y trabajadores del país. En esta tesitura, quedaría el fast-track, la autoridad que oscila entre la presidencia y el Congreso para cerrar acuerdos comerciales y que expira el 1 de julio de 2018. El mismo día en que se celebran las elecciones presidenciales en México. Y resulta bastante complejo augurar que Trump vaya a conseguir una extensión de esta potestad más allá de esta fecha con las críticas internas y exteriores a su política de proteccionismo comercial.

De ahí que los analistas consideren una buena baza negociadora el mensaje de México de que su cooperación con EEUU en materia migratoria y de seguridad depende de lo que el Gobierno de Trump decida sobre el Nafta. Y “un mal resultado” en el terreno comercial “tendrá impacto sobre la estabilidad”, ha recalcado el ministro de Asuntos Exteriores mexicano, Luis Videgaray. “No queremos que ocurra y, por eso, estamos trabajando duro para lograr un buen resultado” en la renegociación del tratado.

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