EEUU insufla optimismo a las negociaciones comerciales con China

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“No hay razones naturales” para que no se firme un acuerdo, dice la Casa Blanca, que también ve factible “a corto plazo” el levantamiento del veto contra Huawei.

 

El impulsor del mensaje de optimismo en las negociaciones para rubricar un acuerdo comercial que sirva para superar la guerra arancelaria que mantienen las dos mayores superpotencias del planeta desde la primavera de 2018 ha sido el secretario de Comercio de la Casa Blanca, Wilbur Ross. “No hay ninguna razón natural” para que los mandatarios de EEUU y China no suscriban una alianza comercial a lo largo de este mes. Aunque, como ha ocurrido en este periodo en más de una ocasión, las perspectivas de uno y otro bando no siempre suelen coincidir. Ni en términos comerciales, ni en avances negociadores. Sin embargo, y a la espera de que se revele la visión real desde Pekín, el máximo responsable de la política comercial estadounidense también juzga factible el levantamiento del veto que pesa sobre Huawei, y que prohíbe a cualquier compañía norteamericanas realizar negocios con la multinacional tecnológica china. Las licencias para que las empresas puedan formalizar contratos de compraventa con Huawei puede reactivarse a corto plazo, afirmó.

Ross corroboró que habían alcanzado un principio de acuerdo para superar la fase uno del pacto comercial en ciernes. Incluso barajó Iowa, Alaska, Hawái y varias ciudades chinas como posibles escenarios de la nueva entente cordiale, después de la cancelación de la cumbre de la Asean, el espacio de cooperación económica Asia-Pacífico de finales de octubre en Santiago de Chile por la oleada de protestas sociales en este país sudamericano. Aun así, Ross insistió en que el pacto “sigue siendo extremadamente complicado” tras asegurar de que ambas delegaciones oficiales “tienen la total certeza y seguridad de que lo que cada una de las partes han detallado” en una especie de “memorándum de entendimiento”. Estamos en un periodo de sintonización, de unos progresos adecuados, que invitan a pensar que la fumata blanca es bastante posible -dijo-, “pero si nos dormimos en los laureles, aunque sea un instante, todo puede saltar por la borda”.

 

Los avances de las negociaciones

Los indicadores bursátiles saludaron con notable euforia los avances negociadores durante las jornadas de la pasada semana. Entre otras razones, porque la Administración Trump tiene una urgencia política en revitalizar una economía que evoluciona con síntomas de fatiga, a un año vista de las elecciones presidenciales. El Gabinete de Donald Trump confía en que la reanimación del comercio acabe con los signos de enfriamiento de la actividad y con los primeros síntomas de pérdida de vigor del mercado laboral. Las bolsas, además, saludaron con fuertes subidas a lo largo de las últimas jornadas de octubre y los primeros días de noviembre este nuevo conato de entendimiento entre EEUU y China. Ante las apelaciones de ambas partes al inicio de una fase de diálogo “constructivo” para relajar las tensiones arancelarias.

Las bases de este hipotético acuerdo bilateral elevarían las compras, desde el gigante asiático, de productos agrícolas estadounidenses, su compromiso de mantener el valor de su divisa -el rinminbi, en los mercados cambiarios- estable y la apertura de sus servicios financieros a firmas americanas. Como contrapartida, Pekín reclama el final de las nuevas tarifas a la importación de la Casa Blanca, que tendrán efecto desde el 15 de diciembre, a bienes made in China, incluidos los smartphones. Ross aplicó la doctrina del no comment a esta petición, porque -dijo en la cita de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático- este asunto “depende de los cambios legales que pueda introducir China y de la puesta en marcha de los mecanismos de seguridad que pueda implantar, sin los cuales, la pila de puntos conflictivos sin resolver seguirá apilándose en la mesa de negociación”. Pero sigue siendo reacia a emprender reformas sin que Washington acabe con los aranceles punitivos sobre sus mercancías y servicios y a liberalizar áreas industriales en las que operan firmas estatales, que podrían hacer tambalear los pilares del todopoderoso Partido Comunista Chino.

 

Compañías Made in China

La Administración Trump ha señalado a una docena de compañías chinas en una lista negra del Departamento de Comercio que, a su juicio, interrumpen el libro flujo de compra de software y otros componentes informáticos de las empresas tecnológicas estadounidenses. La primera de ellas es Huawei, a la que declaró en mayo un cerco para hacer negocios por razones de seguridad nacional. Pero a la multinacional china se han unido otras 28 firmas más -entre otras, SenseTime, Megvii y Hangzhou Hikvision Digital Technology- a las que les exige una licencia federal para que puedan realizar negocios con entidades estadounidenses. Aunque algunas de ellas han superado la prohibición utilizando compañías subsidiarias. Pekín también exige la supresión de esta lista.

No hay ninguna evidencia de que Huawei sea un peligro para la ciberseguridad ni razón alguna para que EEUU mantenga esta prohibición”, ha explicado el vicepresidente del emporio chino, Edward Zhou, para quien “las previsiones de beneficios de este año mantendrán la progresión de 2018, a pesar de la gran presión que ejerce el Gobierno estadounidense”. Una medida que también está dañando la capacidad de suministro y las cuentas de resultados de las empresas americanas del sector. En junio, tras reunirse en Osaka con Xi Jinping, durante la cumbre del G-20, Trump aseguró que le resultaría “sencillo” permitir un cierto nivel de exportaciones al sector exterior estadounidense con la operadora china y, semanas más tarde, precisó que podría llegar a acelerar la aprobación del proceso de licencias.

 

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Last modified: 13/11/2019