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EE UU lanza la guerra comercial contra Europa, México, Canadá y China

La tregua fue flor de una semana. La fumata blanca con China se ha traducido en más aranceles a la tecnología. Europa y México denunciarán a EEUU ante la OMC.

 

Donald Trump ha decidido finalmente lanzar la guerra comercial contra sus grandes aliados, la Unión Europea, México y Canadá, al activar unos aranceles al acero (25%) y al aluminio (10%) que había anunciado en marzo, y que había dejado en suspenso y supeditados a una negociación bilateral con las tres partes. Detrás de este viraje estratégico de Washington subyace la exigencia de la Administración Trump de corregir el déficit comercial que la mayor economía del planeta mantiene con estos tres mercados. La decisión, pues, de la Casa Blanca, constata que la escalada arancelaria está servida. Porque, entre otras cuestiones, los gravámenes entraron en vigor con el cambio del mes. Es decir, están operativos desde el pasado 1 de junio. Y resulta una premisa imprescindible para avanzar en el credo trumpista del America, first. El diálogo no ha dado con el consenso que la mayor economía del mundo desea. O, mejor dicho, el proteccionismo se ha hecho un hueco en el mercado que pregona la libre circulación de mercancías por excelencia.

De modo que EEUU se ha enfrascado en una batalla contra aliados y rivales. En tres grandes áreas geográficas -su vecino del sur, su aliado fronterizo del norte y su histórico socio comercial, Europa-, pero con un enemigo declarado: China, la segunda potencia mundial.

Origen de la guerra comercial

La Administración Trump implora la defensa de la seguridad nacional. Así lo ha vuelto a constatar el secretario de Comercio norteamericano, Wilbur Ross. “Sin una economía fuerte, no puedes tener una seguridad nacional idónea” por lo que el “debilitamiento de la industria es un riesgo para la producción o la compra de armamento y la tecnología militar”, dijo Ross para justificar la subida de aranceles. Razonamiento calificado por sus socios como “inconcebible”. De igual forma, todos ellos se desmarcaron de inmediato de las palabras del responsable del Comercio estadounidense, que reconoció avances, aunque no substanciales, en las conversaciones abiertas por Washington para eludir las nuevas barreras al acero y al aluminio. Un mensaje dirigido a Europa y China. Porque el embrollo con sus dos vecinos americanos se supeditaba al éxito de la renegociación del Nafta, el Tratado de Libre Comercio Norteamericano, que se encuentra en vía muerta, sin fecha de resolución y con negros presagios para el futuro de la unión aduanera.

Postura de Europa en la guerra comercial

Para Europa, el modelo de la Administración Trump “es puro y simple proteccionismo”, motivo por el que la Comisión Europea ha avanzado que, por un lado, denunciará a EEUU ante la OMC, la máxima institución del libre comercio y, por otro, contraatacará con la imposición de nuevos aranceles a las importaciones procedentes de su aliado del otro lado del Atlántico. Bruselas dice que iniciará el procedimiento legal contra EEUU de inmediato. Cuando Trump lanzó su primera amenaza contra el acero y el aluminio, Bruselas elaboró una lista de unos 350 productos (desde alimentos a bebidas, maquillaje o barcos de recreo) que quedarían sujetos a más gravámenes, como represalia por la medida estadounidense. Y el Ejecutivo europeo las notificó de inmediato a la OMC para poder actuar con rapidez si Washington abría la guerra comercial, por lo que en Bruselas se calcula que se podrían activar ya a mediados de junio. En concreto, la UE presentó a las autoridades comerciales de la OMC dos listados que penalizan productos cuyas ventas a la UE representan unos 6.400 millones de euros, un montante equivalente a las exportaciones de acero y aluminio a EEUU. Una reacción que pretende igualar daños. “Hoy es un mal día para el comercio mundial. Hemos hecho todo lo posible para evitar este resultado”, dijo la comisaria de Comercio, Cecilia Malmström, que ha dialogado incansablemente con Ross durante los últimos meses. Malmström mostró su frustración por el desenlace de esta guerra comercial. “En estas conversaciones, EEUU ha tratado de usar la amenaza de restricciones comerciales para obtener concesiones de Europa. Y la UE no negocia así”, reprochó. Pero así es la estrategia trumpista, que a pocos meses de las elecciones legislativas está intensificando su discurso nacionalista.

¿Una guerra comercial mundial?

Las tensiones comerciales generadas por la Casa Blanca, además, corren el riesgo de trasladarse a escala global. Bajo las directrices de los socios europeos, la propia UE, que tiene voz propia, y de Canadá, el presidente Trump afrontará una cita delicada en la cumbre del G-7 en Quebec, donde se encontrará con una contundente respuesta -y amenazas ya poco veladas de contestar a su afrenta contra el libre comercio- del conjunto de este selecto club. Con Japón, otra de las potencias industrializadas eminentemente exportadoras, al quite. El ministro galo de Finanzas, Bruno Le Maire, admite “haber detectado una atmósfera tensa” en los prolegómenos de esta cita; “hasta el punto de que podría ser más un G-6 más uno que un G-7”, dando a entender que en este asunto, Reino Unido, sumido en un difícil escenario comercial post-Brexit, sin acuerdos operativos para el libre intercambio de mercancías e inversiones hasta que no cierre el divorcio con la UE, también se inclina por censurar la política comercial de Washington. En paralelo, los socios del Nafta se declaran también partidarios de seguir la estela de Europa. México ha hecho saber a EEUU que iniciará una demanda contra las subidas arancelarias en la OMC y Canadá ya elabora una lista negra de importaciones estadounidenses de similar calado que la de China o la UE. Incluso Japón, al que EEUU le ha excluido de cualquier riesgo sobre la seguridad nacional del país por la venta de productos made in Japan, piensa en alinearse con las tesis del G-6 del que habla Le Maire.

Aun así, el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, sigue en sus trece: “El presidente Trump ha dejado muy claro qué es lo que espera de nuestros aliados en materia comercial”, al tiempo que rechazó que EEUU fuera a abandonar su papel de liderazgo en la economía global. “Nuestro reto es asegurar que se produzca un nuevo equilibrio, entre flujos y comercio justo”. Planteamiento con el que no concuerdan ni organismos multilaterales como el FMI o la OMC y la OCDE ni China. El gigante asiático, el gran objetivo de la Casa Blanca en su batalla desesperada por corregir los desequilibrios de su balanza comercial -acapara 375.000 millones de dólares del agujero total de 556.000 millones, según datos oficiales americanos de 2017, seguida de la UE, con 151.000 millones- asegura no querer una escalada del conflicto bilateral, que ahora somete al sector exterior de ambos países a obstáculos al libre comercio por valor de 50.000 millones de dólares. Pero no descarta que las tarifas entre ambos mercados se eleven en los próximos meses. A tenor de la perseverancia de Trump en sus tesis: “estúpido comercio”, escribía en un reciente tweet el dirigente americano antes de amenazar con “no tolerar por más tiempo” cualquier intento de otros países de ir “contra las directrices del gobierno estadounidense”, porque EEUU “ganará la guerra comercial” a pesar del “clima internacional, en el que las reglas del juego comercial han demostrado que actúan contra los negocios y las empresas americanas”.

El plan protecionista de Trump en la guerra comercial hace aguas

Sin embargo, los cálculos de Trump podrían fallar estrepitosamente. La producción de acero de China se incrementó en abril casi un 5% en términos interanuales, sin que parezca que hayan repercutido negativamente las medidas proteccionistas de Trump. No por casualidad, el acero chino supone la mitad del comercio de este material imprescindible para no pocos sectores estratégicos de todo el mundo y sus tres mayores productores acaparan más del 12% del acero global. Algo que revela que la táctica de EEUU adolece de instrumentos adicionales a las subidas de aranceles que promocionen un comercio más equilibrado, según sus designios. “Más bien se asemeja a un escenario de caos”, afirma Doreen Edelman, abogada de comercio internacional del despacho Baker Donelson, para quien, más bien, la política instaurada en la Casa Blanca “se va a precipitar por una ladera muy resbaladiza” si la guerra se propaga contra Washington desde las grandes potencias industrializadas. México y Canadá no van a permanecer indiferentes a la defunción del Nafta, ni Europa vaciará la lista de productos sancionados y China peleará porque EEUU no actúe de forma interesada y partidista contra sus mercancías tecnológicas cuando ha iniciado un viaje de no retorno hacia la digitalización y sus multinacionales y stars-up ya se codean con las estadounidenses.

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