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Crece el riesgo de guerra comercial entre China y EEUU

EEUU y China idean cambios drásticos en las relaciones comerciales.

Una de las últimas voces que alertan en el mercado sobre la profusión de señales de alarma de esta confrontación comercial es la del servicio de estudios del Deutsche Bank, desde donde se asegura que el combate entre las dos grandes economías del planeta se ha intensificado en los últimos meses. Desde asuntos de tal minuciosidad como los granos desecados y destilados, que resultan de alto valor añadido para abastecer la alimentación animal y que, por tanto, redunda en elevados beneficios para la industria transgénica y de exportación cárnica, hasta la imposición de tarifas y sanciones bilaterales, el arma de guerra comercial por antonomasia.

Un efecto colateral de su lucha por el liderazgo de la globalización y por la hegemonía del comercio.

Los analistas del banco alemán recuerdan que, en las últimas semanas, China ha aumentado los aranceles a la importación de cereales estadounidenses desde el 33,8% hasta el 53,7%, al tiempo que ha incrementado las sanciones a productos que se benefician de subsidios a la exportación, que en EEUU son especialmente numerosos, desde el 10% de su valor hasta el 12%. Con pleno apoyo de su sistema judicial. Porque un juzgado del país justifica estas medidas en el “substancial daño sufrido por la industria agrícola”. Acusación directa al modelo de subsidios de EEUU. “Dado que China importó más de 200.000 millones de dólares de esta modalidad de grano procedente de EEUU en 2015, que también se utiliza en la elaboración del etanol, la decisión de Pekín supone un duro varapalo para la industria de esta modalidad energética estadounidense”, escribe en su nota de mercado Zwiwei Zhang, economista para Asia de Deutsche Bank.

En su diagnóstico, dice que las tensiones bilaterales no han hecho más que empezar. Porque las medidas proteccionistas de Donald Trump, su discurso beligerante hacia el régimen de Pekín a cuenta de asuntos geoestratégicos como Taiwán o las Islas del Mar del Sur de China, a los que aspira la soberanía del gigante asiático, o las crecientes amenazas de la Casa Blanca en la crisis nuclear de Corea del Norte o hacia Irán en Oriente Próximo, no contribuyen precisamente a la pacificación y a la estabilidad de la globalización.

Ante esta tesitura, China está aprovechando el vacío global que deja EEUU en cuestiones como el libre comercio o el cambio climático para lanzar su ‘visión geoestratégica’ del mundo. Bajo el lema de “China es la solución”, la consigna que Xi Jinping propaga, cada vez que puede, en su frenética agenda de visitas internacionales. Quien empieza a reconocerse como el presidente más notable desde Deng Xiaoping, dentro y fuera de su país, ha recogido el testigo caído de EEUU en el liderazgo global con una doble estrategia: una ‘Diplomacia Panda’, sosegada pero proactiva, y un modelo productivo que, sin desligarse del Estado, se aproxima al estatus de economía de mercado.

Zhang, el analista del Deutsche Bank, señala otros posibles focos de colisión comercial entre los dos colosos económicos: “la industria aeronáutica, la de frutas y hortalizas, algodón, madera, cuero y celulosa”. A su juicio, “podríamos estar ante el preludio de una guerra comercial abierta, porque no hay signos de que se quieran aplacar estas tensiones”. Para muestra, señala un botón, el de la balanza comercial entre ambos países en los productos donde han arraigado las primeras escaramuzas comerciales.

Deutsche Bank

Pero la escalada puede saltar por los aires y convertirse en una guerra total si se precipitan una serie de acontecimientos de alta diplomacia. Por ejemplo, sin ir más lejos por orden cronológico, la renegociación del Nafta. La declaración de intenciones de Trump, repetida recientemente, en los prolegómenos de los encuentros con México y Canadá, han aireado las diferencias de los dos socios de Washington con el proteccionismo del líder republicano. Hasta el punto de señalar a China como futuro interlocutor comercial. A pesar de que los analistas corroboran que los dos mercados emergentes tienen más de competidores naturales que de aliados por su condición de economías con bajos costes laborales que fabrican productos al por mayor para abastecer a las potencias industrializadas, la necesidad de un plan B, podría acercar las posturas de ambos gobiernos. Y China ya mantiene magníficas relaciones comerciales, en especial, para importar bienes energéticos, con Brasil y Chile, los rivales latinoamericanos de México.

Uno de los primeros pasos en esta dirección es la invitación que el presidente chino, Xi Jinping, ha cursado a su homólogo Enrique Peña Nieto, para que visite Pekín esta semana como invitado al selecto club BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), con objeto de revitalizar el poder económico y diplomático de los grandes mercados emergentes.

Es parte de la llamada diplomacia Panda, inspirada en las proclamas de Xiaoping de “mantener un perfil bajo, nunca tomar la iniciativa, pero marcar las diferencias” con sus rivales globales -en especial, con EEUU-, la política exterior china, adaptada a los tiempos por Jinping, ha sabido capear las afrentas al orden internacional de Trump y sus embestidas contra la estrategia china, también en el terreno económico, por su control del tipo de cambio del rinminbi o el dirigismo estatal de su modelo productivo y empresarial. Como una tortuga, China ha extendido ya su caparazón, en muchos casos de la mano de la canciller Angela Merkel -Alemania y China han sido acusados por el líder republicano de ser un riesgo latente por sus elevados superávits comerciales- por asuntos candentes de la globalización.

La invitación de Jinping a Nieto es otro paso del Panda chino. De su diplomacia. Que ha sabido leer la necesidad de México de “buscar alternativas a EEUU”, asegura el vicepresidente del grupo empresarial del Consejo de las Américas, Eric Farnsworth, quien concede credibilidad a la salida de México del Nafta si el giro de Trump sobre el acuerdo aduanero norteamericano no resulta acorde con los principios de la libertad de tránsito de las mercancías y los servicios. Sobre todo, porque supondría un acicate en la diversificación del sector exportador mexicano, demasiado sometido al abastecimiento de su vecino del norte.

El potencial vendedor de México hacia China es más que considerable. A pesar de que, desde 2012, ha logrado elevar su cuota exportadora en un 12% interanual, apenas contabiliza 10.000 millones de dólares anuales. Quizás por todo ello se entiendan las palabras del canciller mexicano, Luis Videgaray, de que si Trump cumple con su amenaza de solicitar al Congreso de EEUU la extinción urgente del Nafta -un proceso que duraría 60 días- México se retirará de la mesa trilateral negociadora.

 

2 comentarios
  1. Federico Perez
    Federico Perez Dice:

    Es cierto que en los últimos tiempos la tensión por el control del pacífico se está intensificando mucho. Recordemos el conflicto de Filipinas y Estados Unidos, donde Duterte rompió relaciones con EEUU para aliarse con China. Yo creo que el temor de los EEUU a que esta actitud se siga desarrollando nos puede traer bastantes problemas. Esperemos que se quede en un conflicto comercial…

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