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Convertir los ciberriesgos en ciberseguridad

Ninguna empresa se salva de los ciberriesgos, por muy grande que sea la compañía y por muchas inversiones que haya realizado en sofisticados sistemas de seguridad. Pues bien, las pymes –que cuentan con menos recursos y presupuesto- están aún más expuestas a estos peligros, que pueden trastocar muy seriamente la evolución del negocio y generar serios e irreparables problemas. Además de crear disfunciones en la operativa diaria, los ciberconflictos son capaces de derivar en serias consecuencias como poner en jaque a los sistemas de información, crear litigios de propiedad intelectual, complicar el cumplimiento normativo, dañar la reputación, provocar la pérdida de clientes…

 

Solo hay una forma de evitar todos estos problemas: convertir los ciberriesgos en ciberseguridad. Y para lograrlo, todas las empresas deberían tener en cuenta los siguientes pasos:

 

Determinar los riesgos. Lo primero es conocer al enemigo. Entre los riesgos a tener en cuenta se encuentran los ciberataques, la caída de de redes e infraestructuras, la paralización de las comunicaciones, el robo de datos, la violación de la privacidad, el incumplimiento de la propiedad intelectual, el chantaje y la extorsión, los fallos en la red…

 

Controlar los instrumentos sensibles. Algunos piensan que solo las empresas de e-commerce han de preocuparse seriamente por los ciberriesgos. Sin embargo, todas las compañías pueden tener problemas relacionados con ellos o caer en las redes de los ciberdelincuentes. Y es que todos estos peligros pueden llegar a través de un ordenador, una tablet o cualquier otro dispositivo electrónico conectado a internet; y hoy en día trabajar sin ellos sería inconcebible en cualquier compañía.

 

Aplicar la defensa a todas las áreas y proyectos. Las medidas de ciberseguridad deben ser aplicadas a todas las áreas y proyectos que se realicen en cualquier momento. Es decir, no solo a los mecanismos de funcionamiento ordinario de la empresa, sino también a ámbitos tan dispares como el desarrollo de nuevos productos, la compra de compañías o la ampliación del negocio a nuevos territorios y países.

 

Formar a los directivos. El conocimiento de los ciberriesgos y de los elementos de ciberseguridad no tiene porqué ser una cuestión específica de los directores de tecnología, sino que su conocimiento debe extenderse a los principales directivos de la empresa, especialmente al CEO, al director financiero, al director jurídico, al director de riesgos y al de recursos humanos.

 

Establecer defensas cibernéticas. Los antivirus no son suficientes para evitar todos los ciberriesgos, sino que cada empresa debe definir una estrategia específica y equilibrada para hacer frente a todos los peligros que tiene por delante, así como un estricto y eficaz plan de actuación y seguimiento. Además, ha de procurar salvaguardar siempre de forma especial los datos más críticos para el negocio y la viabilidad futura de la firma.

 

Testar el sistema. Los riesgos acechan continuamente y evolucionan de forma constante. Por eso, es necesario comprobar si realmente las defensas que se han establecido funcionarán con eficacia ante las nuevas amenazas que van surgiendo. Para ello, es conveniente evaluar de forma periódica la protección, tanto interna como externamente, realizar pruebas de intrusión y establecer un sistema de puntuación de ciberseguridad.

 

Crear un plan de respuesta ante incidentes. A pesar de todas las medidas de seguridad, puede ocurrir que un ciberriesgo consiga penetrar en la empresa y se convierta de pronto en una amenazante realidad. Para evitar mayores consecuencias, la compañía debe estar preparada en todo momento y contar con un plan de contingencia eficiente que disponga de  medidas reactivas capaces de limitar los daños.

 

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