Consejos para no aburrir al hablar en público

Gestión empresarial

Consejos hablar en público

Intervenir en congresos, ofrecer charlas y cursos y salir en los medios de comunicación es fundamental para que los nuevos negocios se den a conocer. De hecho, todo empresario, no solo los emprendedores que recién empiezan, debe tener en cuenta que su correcta oratoria a la hora de hablar en público es una asignatura que deben aprobar, ya que la empresa saldrá beneficiada de ello.

Existen multitud de errores que los ponentes cometen cuando hablan en público. Pero el peor de todos es ser aburrido. Si una charla o un discurso solo es capaz de despertar bostezos en el respetable, se estará haciendo un flaco favor a la imagen de la empresa, a la de la marca y a la del propio empresario.

 

Por tanto, un orador debe intentar mantener el interés del público evitando que se aburra y, por lo tanto, se disperse entre sus propios pensamientos. Esto que es algo tan básico es muy difícil de lograr. De hecho, todos hemos asistido a clases magistrales o charlas o cursos de personas que saben mucho de lo que están dando a conocer. Pero que, al ser aburridos, no han despertado el interés de casi nadie.

La lucha contra el aburrimiento, por tanto, es prioritaria. Y la mejor forma de vencerlo no pasa por rehacer el guion mil veces ya escrito, sino por saber contarlo. Algo que solo se podrá lograr si se consigue dejar de ser monocorde. Este aspecto es uno de los más complicados de corregir. De ahí que el objetivo de los siguientes puntos sea precisamente el de evitar la monocordía, que no es otra cosa sino la repetición de un mismo sonido durante todo el tiempo. O, dicho en otras palabras, es como si siempre sonara la misma cuerda de la guitarra con idéntica intensidad. A la larga el resultado siempre será el aburrimiento o, dicho de otro modo, la pérdida de interés por parte del público. Conviene por tanto entrenar los siguientes aspectos hasta lograr eliminar cualquier rastro de monocordia en nuestro discurso.

 

Entrenar los matices

A la hora de valorar una obra de arte e independientemente del género cultural al que nos refiramos, un cuadro, una película, una canción, etc., nos fijamos irremediablemente en los detalles. Es en las pequeñas cosas donde está la diferencia entre algo del montón y una obra maestra. Pasa en la pintura (con algunos volúmenes o pinceladas), ocurre en una película (con escenas en concreto rodadas de manera que destacan) y lo mismo en la música (con un riff de guitarra, un solo de violín o una melodía deliciosa). Todos estos detalles es lo que se llama matices. A la hora de comunicar y de tratar de captar la atención del respetable, dichos matices están en la enfatización de palabras que sirven para apuntalar ideas o descripciones.

Consejos hablar en público no aburrir

Por todo ello, si una presentación, por muy bien preparada que esté, carece de matices, todo el mensaje sonará monocorde y, por tanto, será difícil de ser recordado por el público. Para evitarlo hay que trabajar mediante largos y repetidos ensayos con el objetivo de mejorar la dicción de modo que la articulación y la modulación de las palabras sea la indicada para cada ocasión.

Como ya se ha dicho, la única forma de terminar con la monocordia consiste en ensayar tantas veces como sea necesario un guion. No se trata de memorizar cada palabra sino de ser capaces de entender dónde están las señales que avisan de que llega el momento de cambiar la entonación para conseguir que las ideas penetren en la imaginario colectivo. No obstante, lo más importante es conseguir que dicha preparación no se nota en el momento de hablar. La naturalidad es, precisamente, la palabra clave que todo empresario debe tratar de conseguir, ya que será la mejor manera de ofrecer una oratoria amena y diferente, elevando así las opciones de terminar con éxito la presentación.

 

Vigilar la cadencia

La cadencia es todo el conjunto de recursos que se utilizan a la hora de hablar para enfatizar las ideas y evitar el aburrimiento que la monotonía implica. En concreto, hablamos de las pausas, de las exclamaciones, de los silencios. Sí, también el silencio es una poderosa arma que todo buen orador utiliza, ya que deja un tiempo precioso en el que al público no le queda más remedio que pensar en lo que se le acaba de comunicar.

Por todo ello, ensayar todas estas posibilidades son fundamentales para tener éxito cuando se está en contacto con el público.

 

La importancia del ritmo

Es fundamental diferenciar entre ritmo y velocidad, ya que se trata de dos cosas diferentes. Para empezar, la velocidad no sirve para nada en el caso de la oratoria. De hecho, su única aportación es negativa, ya que refleja que no se está a gusto ante el público. Otra cosa es el ritmo, que consiste en agitar en un coctelera las armas que un buen orador debe conocer y saber utilizar. Es decir, el ritmo está compuesto por los matices, las cadencias, los silencios, la expresividad, y todo ello debe de combinarse a la perfección para lograr el objetivo de captar la atención del público.

Equivocarse con el ritmo suele tener consecuencias fatales y, además, es fácil que se cometan errores. Y es que, en ocasiones, y como ya hemos dicho en el párrafo anterior, se toma la equivocada solución de imprimir velocidad a un discurso en aras de evitar el aburrimiento. Pero, como ya se ha dicho también, el resultado será negativo. Lo mismo ocurre con la lentitud que sí o sí generará aburrimiento. Por tanto, hay que aplicar un ritmo justo y ser capaz de jugar con él cuando se está hablando para variarlo si se comprueba que se está empezando a perder la atención del público.

 

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Last modified: 31/10/2019