comercio_global

El comercio global vuelve a sobrepasar al PIB en ritmo crecimiento

Retorno a la normalidad. El comercio vuelve a aportar vigor a la economía mundial. Aunque aún con riesgos latentes y lejos de su añorada velocidad de crucero.

 

El flujo de los intercambios comerciales vuelve a recuperar sus constantes vitales. Por primera vez desde 2010, a juzgar por las previsiones, recién modificadas de la Organización Mundial del Comercio, que ha elevado un punto y dos décimas, hasta el 3,6%, la tasa de crecimiento para el conjunto del actual ejercicio económico, el comercio suma, en vez de restar, dinamismo al PIB mundial. Todo un síntoma de que el ciclo de negocios en vigor, tras años de recuperación y dura salida de la crisis, ha ganado músculo. Como lo revela también otro dato: la totalidad de los 45 socios de la OCDE presentan crecimientos positivos. Un escenario desconocido desde 2007, el año que precedió a la quiebra de Lehman Brothers e instante en el que se sitúa el inicio oficioso de la reciente inestabilidad financiera internacional. La actividad de los países de la órbita de la OCDE, pese a que no han obtenido el plácet de acceso potencias de la dimensión de China, Rusia o India -entre otros, porque no han adquirido el estatus de economías de mercado-, ofrece una radiografía muy elocuente sobre el estado real de la coyuntura global. Porque aúna al pleno de los países con la consideración de industrializados (o de rentas altas) un notable espectro de los grandes mercados emergentes, que también han recobrado los ritmos previos y posteriores a la crisis, cuando protagonizaron el fastuoso y sorprendente decoupling o des-apalancamiento de los ritmos de prosperidad respecto a sus rivales más avanzados. Fenómeno nunca visto en la historia económica contemporánea.

Sin embargo, las buenas perspectivas de la OMC no deben impedir ver ciertos nubarrones que aún se detectan en el radar a corto y medio plazo. Como lo revela la modesta predicción de la máxima institución del comercio mundial. Alejada de las tasas de dobles dígitos de los años de bonanza que precedieron a la crisis de 2007. Más allá de las tensiones, y dudas, que generan ya desde hace unos ejercicios, el baile de divisas -con el dólar en busca de su hegemonía perdida-, las políticas monetarias alejadas de la gratuidad del precio del dinero que preparan los bancos centrales de las principales potencias industrializadas, los elevados endeudamientos soberanos y corporativos de las grandes economías o los excesos financieros de mercados como China. O de las incógnitas sobre el grado de proteccionismo comercial que impera en el planeta y que ha frenado el impulso liberalizador de otras décadas, la incertidumbre sobre el Brexit o el viraje de potencias como China hacia un modelo productivo más enfocado en la demanda interna.

Y, por supuesto, por encima de motivos coyunturales, como el repunte del comercio en Asia o de la capacidad de compra de los países de América del Norte que, a juicio de la OMC, están detrás de este modesto despegue de las transacciones de mercancías y servicios.

Hay voces de especial resonancia mundial que apelan a esa cautela. Como la de Yngve Slyngstad, consejero delegado de Norges Bank Investment Management, el mayor fondo soberano global, con más de un billón de activos, poseedor del 1,3% de las acciones corporativas internacionales y con el mandato de invertir en participaciones de empresas con reconocimiento del mercado por sus medidas empresariales en favor de la preservación del medio ambiente, el desarrollo de las sociedades civiles o la ética en sus negocios. El CEO de Norges admite que el comercio global podría haber “alcanzado un punto de inflexión”, como anticipa la OMC. Pero inmediatamente después aclara que está sometido a embestidas que podrían desembocar en una recaída “algo más seria que una ralentización temporal”.  

Slyngstad matiza que la pregunta que se hacen los inversores internacionales es si este repunte es flor de un día. Fruto de “la fuerte externalización manifestada por las multinacionales chinas” que han salido de compras, durante los años posteriores a la crisis, con crédito casi ilimitado de los grandes bancos del país. La duda es si se trata sólo de “un superávit primario”, alerta con un tono al uso, propio de la jerga multilateral, con la que se describen las recetas de austeridad que exigen a los países en crisis a cambio de ayuda financiera para superar procesos de quiebra de sus finanzas y sus economías. Si no fuera algo así, cómo es posible que, con los tipos próximos a cero desde hace años, el comercio siga arrastrando los pies, se pregunta. Antes de precisar que, a su juicio, las ínfulas proteccionistas de ciertas potencias económicas también detrás de estas rémoras sobre los intercambios comerciales. Los inversores -dice Slyngstad- no ven retornos que superen el 3% ó 4% a largo plazo. Pese a elevar sus posiciones inversoras, en algunas ocasiones, hasta un 60% ó 70%.

El CEO del Norges Bank constata que, bajo las actuales coordenadas, el fondo soberano noruego reforzará su posición en los mercados europeos, a la espera de “potenciales cambios” en EEUU y China, donde -insiste- su institución siempre dirige sus ojos en su cometido de diversificar sus inversiones geográficamente. Norges asegura que la rentabilidad de su cartera ha sido del 5,89% en las últimas dos décadas.

También las inversiones muestran este cuadro de mando. Los flujos de capital transfronterizos han caído un 65% desde el estallido de la crisis -de totalizar 12,4 billones de dólares, en 2007, a 4,3 billones el pasado ejercicio- sin que haya visos de que esta vitalidad vuelva a estar en el radar operativo inmediato, asegura McKinsey Global Institute. Los expertos de esta consultora inciden en que el fervor inversor previo a la inestabilidad financiera se ha sustituido por una “forma más estable” de globalización de los mercados. Por un lado, “más sensible a los cambios” y, por otro, “más racional a las causas” de cualquier eventualidad política o económica y, sobre todo, “con una visión más crítica y resistente” a la integración financiera internacional. Es lo que denominan “una nueva dinámica”. La exploración, por ejemplo, de cómo los grandes bancos sistémicos de Europa y EEUU realizan sus actividades en el exterior o la forma en la que entran en mercados en desarrollo. La interpretación constante que han asumido los inversores globales se justifica en los cambios de políticas y actitudes de empresas y gobiernos y su repercusión en el sistema financiero global. Tarea que requiere discusiones sobre los virajes reguladores en segmentos como el bancario, en EEUU y Europa, y cómo las nuevas reglas responden a desafíos como la era digital, la conexión de mercados financieros o el futuro de los flujos transfronterizos de capitales.

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *