Las ciudades avanzan en diplomacia mundial

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La acción exterior metropolitana nace con el propósito de atraer inversiones, talento y estimulación cultural y con el objetivo de mejorar la calidad de vida residencial.

 

En 2050, dos tercios de la población mundial vivirá en ciudades, según proyectan los estudios demográficos de Naciones Unidas. En consecuencia, las grandes urbes serán la piedra angular de la actividad económica y de los negocios. Entre otras razones, porque, en la actualidad, crean más del 70% del PIB global. Pero también, porque los asuntos mundiales más prioritarios y con mayor exigencia de soluciones consensuadas y pactadas -cambio climático, refugiados o la lucha contra la desigualdad- ya están afectando de lleno al ámbito municipal. Sus secuelas son visibles y se concentran especialmente en las ciudades, porque son sus autoridades las que se ven en la obligación final de alcanzar soluciones, en muchos momentos creativas, como la generación de ecosistemas de innovación que sirvan para sentar las bases de la prosperidad social y consolidar el clima de negocios, la implantación de políticas inclusivas que cierren la brecha de renta entre los distintos estratos de su sociedad o poniendo en marcha medidas que combatan la polución.

La fuerza de los acontecimientos ha propiciado que ciudades estadounidenses hayan constituido comités internacionales. Muchos de los cuales, además, tejen sus estrategias diplomáticas hacia el exterior al margen -o desmarcándose, cuanto menos- de determinados aspectos ya definidos por las políticas exteriores de sus Estados. Es el caso de varias de las grandes ciudades de EEUU, muchas de las cuales han decidido sortear medidas concretas en materia de inmigración, con una batería de regulaciones alejadas de las normas restrictivas hacia la entrada en el país de los flujos migratorios procedentes de las naciones latinoamericanas dictadas por la Casa Blanca. Las ciudades, pues, han instaurado la edad de la diplomacia metropolitana. En EEUU y el resto del planeta. Perfilan sus propias relaciones internacionales. A través del aprendizaje legal, técnico o político de sus estados en los asuntos de los que han asumido competencias. Muchos de ellos adquiridos en una suerte de coexistencia pacífica con los ministerios de Exteriores de sus países. Como el medio ambiente, la desigualdad o el desarrollo económico.

Precisamente las cúpulas ministeriales están empezando a sacudirse la sorpresa que les produce que autoridades municipales de sus naciones empiecen a confeccionar estrategias exteriores y que éstas hayan sido creadas por diplomáticos, que se han incorporado como altos cargos en los ayuntamientos de las ciudades que han apostado por tener su propia acción internacional. Y que se encargan de entablar cauces de entendimiento con sus colegas ministeriales y que son capaces también de negociar y de redactar acuerdos con otras ciudades de otras latitudes o con organismos multilaterales. Según sus ideólogos, la diplomacia metropolitana debe, lo primero de todo, servir a los intereses de los gobiernos locales, que pasan ineludiblemente por un reto único: mejorar la calidad de vida de sus residentes. Por ejemplo, en Los Ángeles, el alcalde de la ciudad más emblemática de California, Eric Garcetti, estableció en septiembre de 2017 la Oficina de Asuntos Internacionales. Entre sus componentes hay ex altos cargos de los departamentos de Estado, Comercio y Defensa o del Consejo de Seguridad Nacional, además de asesores del Ala Este de la Casa Blanca. Todos ellos colaboran y operan habitualmente con consulados, con oficinas comerciales en el exterior y con instituciones de más de un centenar de países; según el caso, de ámbitos nacionales, provinciales o locales. Con el propósito de atraer nichos de negocio, oportunidades económicas, actuaciones o exposiciones culturales e, incluso, métodos de éxito en materia educativa o de innovación.

Estas acciones exteriores suelen tener éxito a la hora de captar inversiones directas; es decir, al cerrar líneas de capital foráneo interesado en ciertas líneas de actuación municipal. En especial, de proyectos de modernización de la ciudad. O de consolidación del turismo, un segmento que crece, sobre todo, al calor de los atractivos culturales, históricos o artísticos de las grandes urbes y que, en 2018, generó medio millón de puestos de trabajo en el Condado de Los Ángeles. Y de generación de atractivo académico. Más de diez mil estudiantes extranjeros se matricularon en institutos y universidades angelinas, mientras empresas foráneas emplearon a más de 200.000 ciudadanos de LA.

 

Acciones diplomáticas

La diplomacia ayuda a las ciudades en sus también objetivos culturales. Instituciones estatales como Casa Japón o la alemana Thomas Mann llevan acontecimientos y exposiciones habituales a Los Ángeles. Sin mencionar los eventos y exhibiciones que albergan los consulados de no pocos países. En el terreno deportivo, la ciudad se ha ganado una de las candidaturas oficiales para los Juegos Olímpicos de verano de 2028. Todo ello, ha requerido de un esfuerzo diplomático propio. Auténtico de la ciudad angelina. Como ha ocurrido en el pasado reciente con las numerosas urbes que han decidido dar el paso de albergar una convocatoria olímpica.

Aunque, quizás, las mayores acciones diplomáticas de las ciudades son las colectivas. Aquellas que tienen un claro componente de desafío global. De lucha contra amenazas mundiales. Entre las que destacan las relacionadas con el cambio climático. Al fin y al cabo, el 70% de las emisiones de CO2 del planeta proceden de centros urbanos y las ciudades están obligadas a comandar los esfuerzos para reducir los niveles de polución, mediante la instauración de normas de eficiencia energética, de fomento del transporte público, de diseño de ciudades inteligentes (Smart Cities) con sus necesidades y demandas de modernización en infraestructuras, de adecuación a nuevas fórmulas de transporte o métodos de construcción más eficientes y respetuosos con el medio ambiente. En este ámbito es donde más claramente se aprecia la trascendencia de los grandes municipios. A pesar de que Donald Trump ha retirado a EEUU de los Acuerdos de París contra el cambio climático, ha surgido en todo el país una acción conjunta de más de 400 ciudades que, en su totalidad, albergan a más de 70 millones de estadounidenses, que se desmarca claramente del rechazo federal al tratado multilateral de 2015. Los Ángeles, que ha liderado este desafío a la Casa Blanca, viene reduciendo en un 11% sus emisiones en los últimos tres años (2016-2018) y está en disposición de eliminar la combustión de carbón en 2050. Con participación de socios privados, LA ha creado un consorcio junto a otras ciudades americanas para la adquisición de autobuses eléctricos y otros vehículos de servicio público con emisiones cero en combustibles.

Otros escaparates donde se aprecia la diplomacia de las ciudades son foros como la red C-40, de grandes capitales, surgida para fomentar intercambios de experiencias y de acciones sobre vivienda o urbanismo, entre otras disciplinas, porque también establecen cauces permanentes de diálogo sobre el control de las emisiones de CO2. O el denominado 100 Ciudades Resistentes, que comparten información y experiencia sobre la gestión de desastres humanos o naturales. O la Red de Ciudades Poderosas, que se ocupan mayoritariamente por la aplicación de medidas de inclusión social. Todos estos pasos también han propiciado que comiencen a escucharse las voces de las ciudades en cumbres como la del G-20, que acoge a las principales potencias industrializadas y los grandes mercados emergentes. En su última cita, en octubre pasado, en la capital argentina, Buenos Aires, se reunieron responsables de las capitales más importantes del G-20, cuyo comunicado final abogaba por prestar más atención a las necesidades y experiencia de las metrópolis.

 

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Last modified: 18/06/2019