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Cinco países y una alianza estratégica que pueden encarecer el barril de crudo

El precio del barril rebasa la barrera de los 50 dólares. Por primera vez desde el colapso de este mercado, en 2014, los recortes de la OPEP resultan efectivos. 

Los precios del barril

El precio del barril de petróleo se ha instalado desde hace semanas -alrededor de mes y medio- por encima de la psicológica barrera de los 50 dólares. Psicológica, para los tiempos que corren. Porque en otros lares, esa frontera se estableció, primero en los 100 dólares, un par de ejercicios después de la crisis de las punto com, a mediados de la década pasada y, con posterioridad, en plena crisis financiera, en el tránsito hacia el decenio actual, en los 150 dólares. Cota que superó holgadamente. Pero, ahora, lo que estaba en juego era la propia habilidad, histórica, de la OPEP por mantener la cotización en una horquilla adecuada a los intereses del cartel energético, que es casi sinónimo de decir, al dictado de Arabia Saudí, principal productor mundial.

Los factores que influyen en el precio del barril

Este punto de inflexión en los precios del crudo, después de un par de ejercicios en escalafones próximos a los 35 dólares, puede verse alterado, en cualquier caso, por varios factores. Algunos de índole geoestratégica, como el conflicto con Corea de Norte o las crecientes tensiones entre EEUU e Irán. Pero, sobre todo, por los cambios en las capacidades productivas -y en los intereses políticos- de cinco grandes países exportadores de crudo. Un repóquer que, según el consenso del mercado, pueden determinar la evolución del crudo. Hacia arriba, hasta alcanzar los 70 dólares, como pretende, declaradamente, la monarquía saudí. O hacia abajo, por que alguno de los suministradores de crudo, sean o no del cártel energético, incumplan sus cuotas -en el caso de los socios de la OPEP-o no alcancen los niveles productivos previstos por sus petroleras, generalmente estatales.

Los motivos

Entre los motivos de perturbación potencial, se citan desde la escalada del conflicto kurdo en el norte de Irak y el sur de Turquía -país productor, el primero, y espacio de tránsito de varios de los principales oleoductos que comunican Rusia con Europa, el segundo- hasta las renovadas amenazas de la Casa Blanca a Teherán a propósito de su política nuclear, tal y como aseguran los expertos petrolíferos de Citi, uno de los bancos más solventes en el análisis de este mercado.

El origen del barril

Todos ellos se catalogan como estados frágiles, pero suministradores estratégicos del crudo que demandan: Irán, Irak, Libia, Venezuela y Nigeria. Y sus decisiones a corto plazo serán todavía más determinantes que las variaciones estacionales, modificaciones en los contratos de futuro o focos de conflictos geopolíticos, que no han logrado elevar la cotización, pese a los recortes de cuotas de la OPEP, desde 2014. Estos son sus factores clave.

Irak

Acapara los mayores riesgos de suministro a corto plazo. El sorprendente tamaño de los pozos petrolíferos de Kirkuk ya ha ocasionado volatilidades en el precio del crudo. Las últimas estimaciones hablan de que los pozos Bai Hassan y Avana pueden tener una capacidad extractiva de, al menos, 275.000 barriles diarios. Aunque, de momento, el mercado piensa que sólo podría alcanzar dicho ritmo de forma provisional. A la espera de conseguir inversiones tecnológicas de las grandes petroleras para consumar su objetivo de suministro. Conversaciones de negocios que, aseguran fuentes conocedoras de las mismas, están avanzadas y podrían suponer la puesta en el mercado de 400.000 barriles diarios procedentes de estos campos. Irak representa el factor productivo a corto plazo más trascendental en el sector energético. Porque sus campos del sur también se acercan a su potencial productivo, de 600.000 barriles diarios.

Irán

Es, quizás, el gran interrogante sobre la mesa de análisis del mercado de la energía global. Su situación es de suma fragilidad. El riesgo de que EEUU imponga nuevas sanciones a Irán, tras el deterioro de las relaciones declarada y reconocida por la Administración Trump, a cuenta de la carrera nuclear del estado persa, es una opción más que real. Como también las dificultades que tendría la Casa Blanca para hacer cumplir a Teherán con las imposiciones que tenga pensado instaurar. Con o sin ayuda de sus aliados internacionales, que está por ver. En especial, en la tarea de bloquear las exportaciones de crudo. El secretario de Estado, Rex Tillerson, ha llegado a asegurar que Washington bloqueará cualquier acuerdo de negocios entre compañías europeas e Irán. Goldman Sachs estima que, en el peor escenario geopolítico, varios cientos de barriles de crudo diarios estarían en riesgo de participar en la oferta del mercado. Mientras da por hecho que la sanción estadounidense sobre el crudo iraní alcanzará, al menos, el millón de barriles por día. Como ocurrió en los años previos a la firma del acuerdo nuclear entre el régimen de Teherán y la Administración Obama.

En cualquier caso, la amenaza iraní no tiene visos de que pueda ponerse en marcha, al menos, en lo que queda de año.

Libia

El socio norteafricano de la OPEP está exento de cualquier acuerdo del cártel hasta que logre recuperar sus niveles de extracción perdidos tras la revolución árabe. El pasado año ya se comportó según las pautas previstas para su sector energético por el mercado. Una señal de la paulatina vuelta a la normalidad. De hecho, casi ha triplicado sus números. De 300.000 barriles al día en agosto de 2016 ha pasado de producir algo más de 850.000 en la actualidad. Incluso en algunas semanas se ha aproximado al millón de barriles. Sin embargo, los riesgos de deterioro de algunas de sus plantas y pozos petrolíferos, dañados por la violencia del conflicto libio de los años precedentes, hacen todavía complicado que Trípoli logre alcanzar la cifra de 1,25 millones de barriles diarios, que se le reclama desde el mercado y, mucho menos, los 1,6 millones de los años previos al estallido de la revuelta social. Pese a ello, Libia supone otro factor de riesgo sobre el precio del barril de crudo. Precisamente por las oscilaciones de cálculo de su producción. También por las dudas sobre su inestabilidad política y sobre la certeza de sus cálculos extractivos.

Nigeria

Su diagnóstico es similar al de Libia. También se encuentra exento del recorte de cuotas decretado por la OPEP para impulsar el precio del barril de crudo por su alta tensión política, con efectos de difícil cuantificación social y económica. Aunque en los últimos meses la violencia ha bajado en el Delta del Níger como consecuencia del alto el fuego decretado el pasado año. Aun así, la producción de crudo se encuentra en niveles reducidos de 1,2 millones de barriles diarios en 2016 y de 1,8 millones de barriles en la actualidad. Mientras la paz social se mantenga frágil, la capacidad extractiva nigeriana se resentirá. Y los grupos rebeldes revelan su frustración con las conversaciones de paz iniciadas con el gobierno. El rebote de la producción de crudo nigeriano no está, pues, asegurado.

Venezuela

Otro de los interrogantes que los inversores manejan en sus precios de contratos de futuro. Venezuela también está inmersa en una agitación civil de alta intensidad. El pasado mes de septiembre, produjo 1,89 millones de barriles por día, lejos de los 3,2 millones de finales de los años noventa del siglo pasado e, incluso, de los casi 2,4 millones de barriles de 2015. Sin liquidez en las arcas del país, la estatal PDVSA ha paralizado sus proyectos de inversión y tiene serias dificultades para mantener sus actuales cuotas extractivas. Por si fuera poco, informes del sector constatan un deterioro de la calidad del barril de crudo venezolano. El crudo bruto no acaba de salir sin las impurezas exigidas por los estándares internacionales. Y el yugo de los acreedores sobre la creciente y desorbitada deuda de la petrolera venezolana presiona cada vez con mayor fuerza. La posibilidad de quiebra crece por momentos. Todos estos componentes contribuyen a poner en duda la capacidad productiva del barril de crudo del país.

 

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