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Chufas desde el inhóspito Níger

chufas-nigerProgramas de televisión como Españoles en el mundo o Madrileños por el mundo nos han enseñado el espíritu aventurero de muchos compatriotas que, lejos de amilanarse ante los problemas, se lanzan a la búsqueda de oportunidad en el extranjero con la intención de mejorar su calidad de vida. A muchos de ellos les va realmente bien. Algunos se han casado y trabajan en empresas foráneas obteniendo por ello una solvencia económica difícil de lograr en España. Otros, han desarrollado pequeños negocios con los que mantienen con holgura a sus familias. Pero existen otros muchos emprendedores que no aparecen nunca en esos programas. Y no porque no se lo merezcan, sino porque sus vidas se desarrollan en países hostiles  a los que no acostumbran a llegar las cámaras de televisión.

Uno de esos lugares es Níger. Se trata de un país sin litoral de África occidental. Limita al sur con Nigeria y Benín, al oeste con Burkina Faso y Malí, al norte con Argelia y Libia, y al este con Chad. Con una renta per cápita de poco más de 600 dólares y una población de 15 millones de habitantes, Níger es cualquier cosa menos un destino fácil. Por no tener, el país carece de infraestructuras adecuadas y, como suele ser habitual en estos territorios, la corrupción campa a sus anchas por el Gobierno. Lógicamente la presencia de empresarios extranjeros dispuestos a invertir en Níger es bastante escasa. Tanto es así, que sólo existe una empresa española presente en el país africano. Se trata de Tigernuts Traders, una compañía especializada en la exportación de chufas comandada por el valenciano Rafael Carrión. Su historia, no tiene desperdicio. “En 1990 tenía 40 años. Había dejado mi trabajo en IBM y decidí buscar otros rumbos. Me enteré por la prensa de que había escasez de cosecha de chufa y de que los precios se doblarían en un futuro. Así que investigué. Todo el mundo pensaba que la chufa sólo se podía cultivar en una zona concreta de Valencia, pero descubrí que existía otro territorio con buenas condiciones para su cultivo”, explica Carrión.

Comienza la aventura

La tierra prometida para el cultivo de chufa era Níger. Pero su conquista no era tarea sencilla “A base de teléfono y fax, ya que Internet estaba en pañales, encontré las zonas de Níger donde se podía cultivar la chufa. Y allí que me fui. Aterricé en Costa de Marfil y alquilé un coche con el que recorrí 2.000 kilómetros para llegar al país”, narra Carrión.

El esfuerzo mereció la pena. Tras algunas vicisitudes, encontró un socio local y juntos fundaron Tigernuts Traders en la primavera de 1995. “La empresa nació para exportar la chufa pero pronto buscamos nuevas utilidades al producto, que la de elaborar horchata. Así, la empresa utiliza la chufa para elaborar aceites, harinas y utilizarlas como cosméticos”, explica Carrión. ¿Resultado? En la actualidad, la empresa exporta a 40 países y ha recibido reconocimientos como la visita de la ex vicepresidenta primera del Gobierno María Teresa Fernández de la Vega en 2008. “Cuando vino ocurrió una anécdota curiosa. La prensa aireó una foto que la tomaron saludando a nuestro socio y a sus cuatro mujeres. Media hora más tarde toda España estaba escandalizada. Parece que la gente no sabe que Níger es un país musulmán donde la poligamia es una práctica corriente y no está mal vista”, añade Carrión.

Las dificultades de África

Las diferencias culturales y religiosas no son los únicas diferencias a las que es necesario adaptarse si se quiere triunfar en el continente negro. Otros de los retos que se deben tener en cuenta en África es el del transporte y la corrupción. De lo primero sabe mucho Ramón Carrión, ya que el mayor problema al que se enfrenta con asiduidad es transportar la cosecha desde la entrañas de África a cualquier puerto de embarque. “Es casi un milagro que a un camión, viejo y fatigado, cargado con 40 toneladas, ya que no se respetan las limitaciones de carga, no le pase nada en el trayecto. Desde una avería, pasando por un accidente, a una carretera cortada por las obras, o a un asalto de delincuentes”, explica Carrión. En uno de esos viajes el camión estuvo retenido con toda la mercancía durante dos meses. “Como no hay grúas móviles, los contenedores no pueden cargarse en otro camión. Así que hay que esperar a que lleguen las piezas de Japón o Alemania para repararlo y seguir camino. Son camiones obsoletos y las piezas son difíciles de encontrar”, narra Carrión.

A pesar de ello, este emprendedor también sabe reconocer las bondades de África. “ Lo mejor son los trabajadores. A la Autoridad no le importa demasiado pedirte “favores”, por lo que es necesario tener una buena relación con el Gobierno de turno. Pero la gente es otra cosa. Se trata de trabajadores sencillos, respetuosos y muy serios, especialmente las mujeres, que son quienes se ocupan del cultivo. Al igual que ocurre en Europa, los trabajadores saben que si a nuestra empresa le va bien, a ellos también les irá bien, porque continuarán teniendo trabajo renumerado en África donde el nivel de desempleo es escalofriante. Tigernuts proporciona trabajo a un colectivo de más de 1.000 personas”, concluye Ramón Carrión.

Poniendo en un balanza los pros y los contras está claro que este emprendedor valenciano no se arrepiente de haber emprendido su negocio de chufas en tierra hostil.

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