Trump elige un ‘halcón’ para la presidencia del Banco Mundial

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EEUU ha propuesto a David Malpass, impulsor de la guerra comercial de la Casa Blanca, para la futura presidencia del Banco Mundial y sucesor del surcoreano, Jim Yong Kim.

Los acuerdos de Bretton Woods, el complejo hotelero de Nueva Hampshire donde la comunidad internacional gestó al Fondo Monetario Internacional (FMI) y al Banco Mundial (BM), en 1944, y engendró la arquitectura financiera global para tratar de gestionar el complejo post-escenario económico tras la segunda gran contienda bélica, nacieron con un pecado original, con un pacto verbal. El director gerente del FMI sería europeo, a cambio de que el presidente de su institución hermana, fuera estadounidense. Como sucede casi siempre, lo que se pacta entre bambalinas, suele perdurar en el tiempo.

Pacto entre superpotencias

En este contexto se enmarca, una vez más, la decisión de Trump de aupar a la presidencia del Banco Mundial a David Malpass, artífice esencial del inicio de las hostilidades comerciales de la Casa Blanca y, en la actualidad, miembro del equipo negociador con el régimen de Pekín para tratar de forjar un pacto entre las dos superpotencias mundiales. Dentro de los tres meses de armisticio que se han dado por decisión de sus respectivos presidentes. La designación de Malpass no sólo es un signo de que EEUU quiere recuperar el poder de esta institución financiera. Suspendida durante el mandato y medio de Jim Yong Kim, médico de profesión, que dirigió el Departamento de Salud Global en la Escuela Médica de Harvard y fue cofundador y director ejecutivo de Partners In Health, que ostenta la doble nacionalidad surcoreana y estadounidense y que fue el candidato del bloque emergente en su reivindicación de asumir mayor peso y poder en las instituciones multilaterales. También es un nítido botón de muestra de que Washington desea tener un fiel escudero en su lucha contra el multilateralismo y asegurarse así la presidencia del Banco Mundial.

Una única candidatura

Malpass es vicesecretario de Comercio Internacional y su fidelidad a la causa de Trump no tiene fisuras. Hace unos meses, dejó un aviso a navegantes de cómo va a ser su gestión, en caso de que la comunidad internacional acepte su plácet para la presidencia del Banco Mundial. Algo más que probable, si se tiene en cuenta que Europa, que no se quiere saltar el pacto no escrito con EEUU, y Japón -que siguen a EEUU en capacidad de voto en el banco- ya han anunciado su intención de respaldar al aspirante de la Casa Blanca y que la de Malpass es la única candidatura oficial. La opinión que Malpass ostenta del Banco Mundial es, cuanto menos, peculiar como para ser el máximo dirigente de este organismo. El BM -afirmó hace unos meses- “se ha hecho demasiado grande e intrusivo”, de forma que “las opciones de transformar sus objetivos se han convertido en algo más urgente y más complejo de lograr”. Aunque, como ocurre en ocasiones en el ámbito político, no suelen coincidir con la realidad. Según datos de la memoria de la institución, en el ejercicio fiscal 2017 comprometió ayudas por 42.100 millones de dólares, de los cuales, algo más de la mitad -22.600 millones- fueron a financiar proyectos iniciados ese año; en concreto, a 133 iniciativas de nuevo cuño dirigidas a países en desarrollo, su estricto objetivo, establecido en su estatuto fundacional. Como tampoco parece un desembolso desmesurado los 681.300 millones de dólares que ha liberado a través de su sistema prestatario desde 1945, el año en el que inicia sus actividades. Cantidad similar al PIB de Suiza o de Taiwán. O al montante total de los créditos empleados por el FMI en la crisis asiática.

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Malpass personificará, además, el intento de EEUU de suspender el fondo de 200.000 millones de dólares que el comité ejecutivo de esta institución aprobó semanas antes de la dimisión de Kim, a finales de diciembre, para combatir el cambio climático en los próximos cinco años. Uno de los motivos de su cese. Malpass, que fue asesor de Trump en materia económica durante la campaña electoral que le llevó al Despacho Oval y economista jefe del banco de inversión Bear Stearns, donde conoció a su mentor, Larry Kudlow, director del Consejo Económico Nacional, máximo organismo de asesoramiento de la presidencia de EEUU en el área de la economía, será determinante para que las instituciones multilaterales, críticas con la política económica y con la batalla arancelaria de Trump, avance o frene esta prerrogativa contra el cambio climático.

‘Asalto’ a la Organización Mundial del Comercio

Pero, además, crecen las voces entre varios centros de investigación internacional y ONG’s como Oxfam, de que el Banco Mundial será un campo de pruebas para preparar el asalto a la OMC. Después del desplante que el máximo organismo del comercio mundial recibió de Trump, quien justificó su guerra comercial en defensa de la seguridad nacional y que calificó a esta institución de ser incapaz de gestionar la globalización de los mercados. Lo que le ha ocasionado una merma de prestigio y credibilidad como gendarme del comercio internacional. Su director general -sexto mandatario de la institución- Roberto Azevêdo, acaba de iniciar una investigación sobre el alza unilateral de aranceles a productos y servicios procedentes de China, que alcanzan un valor de 250.000 millones de dólares.

El mandato de Acevêdo expira en 2021 y a Washington no le gusta la petición de varios de los miembros más prominentes de la OMC (entre otros, Canadá, China, México, Noruega, Rusia, la UE y Turquía) que le han requerido crear un panel de disputas -los tribunales sentenciadores de la organización para dirimir conflictos comerciales entre alguno de sus asociados, más de 160 países del mundo- que tendría como encargo expreso dictaminar si la Casa Blanca ha incurrido en prácticas dañinas o ajenas a los principios rectores del libre comercio por sus incrementos arancelarios. El problema al que se enfrenta Azevêdo es que difícilmente podrá resolver que Washington ha violado la carta normativa de la OMC. O, dicho en otros términos, el panel de disputas tiene complicado impedir que EEUU siga con su política proteccionista. Sobre todo, porque Trump tratará de gobernar también su dirección ejecutiva. Malpass es el primer paso.

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Last modified: 15/03/2019