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Un cambio productivo para el empleo

Se puede ver la botella medio llena o medio vacía, que todo es del color del cristal con que se mira, pero las cifras muestran que el de este año ha sido el peor agosto para el empleo desde el inicio de la crisis. Un mes tradicionalmente malo para el mercado de trabajo pero que este año ha registrado el mayor aumento de parados desde 2011.

Sin querer entrar en el debate de si se trata de un hecho coyuntural o el inicio de un cambio de tendencia lo más preocupante de este resultado no es el dato en sí, sino lo que subyace detrás de estas cifras, que, ciertamente refrendan un comportamiento típico, previsible y coherente con el fin de una campaña estival de récord, pero, precisamente eso es lo grave de estos datos, que la evolución de empleo en nuestro país sigue dependiendo del turismo en la temporada de verano y del comercio a fin de año por las festividades navideñas.

El sector servicios

Y es grave porque esto revela que no se ha producido el imprescindible cambio de modelo productivo y que seguimos teniendo un crecimiento económico basado exclusivamente en los servicios. Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), muestran como la industria aporta hoy sólo el 17,1 por ciento del PIB nacional, una décima menos que en el año 2010 en plena crisis económica, y prácticamente la mitad de su contribución en 1970 cuando llegó a representar el 34 por ciento del PIB.  Todo lo contrario que ocurre en los servicios cuya aportación al conjunto de la economía ha pasado del 46,2 por ciento en 1970 al 74,1 por ciento al cierre de 2016. Evolución similar se observa en el empleo con caída del industrial desde el 25,3 por ciento del total en 1970 a únicamente el 13,9 por ciento hoy, mientras que en los servicios ha pasado del 36,5 al 75,8 por ciento en el mismo periodo.

Y no es malo ser un país de servicios, lo negativo es ser un país de servicios de baja capacitación y escaso valor añadido. La historia reciente demuestra que para mantener un crecimiento sostenible y sostenido en el tiempo se necesita empleo estable y de calidad y para eso hoy es imprescindible impulsar la apuesta por las nuevas tecnologías, las políticas de investigación, innovación y desarrollo, la educación, la formación en las empresas y potenciar la internacionalización de las empresas diversificando los mercados de destino y reforzando los instrumentos de apoyo financiero como los fondos de Cofides y el seguro de crédito de CESCE.

Eso es lo que demandan las sociedades desarrolladas, el mercado global y la garantía de futuro.

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