El Brexit ya cuesta al Reino Unido 500 millones de libras a la semana

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La factura del divorcio británico de la UE sigue en aumento. Un ‘think-tank’ entierra la promesa de dividendos por dejar Europa que llevó al Brexit al triunfo electoral.

 

500 millones de libras. Y subiendo. Este es el coste del divorcio con la UE para las arcas del Tesoro británico. Según el Center for European Reform (CER), un prestigioso think-tank paneuropeista que, en su día, en tiempos de Tony Blair y de Gordon Brown, se llegó a considerar próximo al laborismo de la Tercera Vía que representaron los dos ex primeros ministros del Reino Unido en los años anteriores y posteriores al cambio del milenio. Una cantidad que supera con creces la cifra que se barajó desde la campaña a favor del Brexit (Leave) y que hablaba de unos dividendos de 350 millones de libras a la semana; sólo por el hecho de que Londres dejara de aportar las asignaciones financieras al club comunitario. Los expertos del CER también aseguran que detrás del triunfo del Brexit están los duros años de austeridad que impuso el Gobierno tory de David Cameron para afrontar la crisis de 2008. Además, apuntan que el PIB británico es un 2,5% más pequeño que si hubiera fracasado el voto favorable a la salida de la UE, lo que unido a un flujo de caja de las finanzas públicas (ingresos del Estado) supone una merma de 26.000 millones de libras anuales, algo más de la mitad del presupuesto de Defensa del Reino Unido, unos 500 millones de libras semanales. Ese es el precio de abandonar las instituciones europeas.

Alto coste del Brexit en el gobierno de May

Pero este puede ser sólo el coste económico. Porque en el orden político, la indefinición sobre la estrategia del Ejecutivo conservador de Theresa May puede acabar en cualquier momento con su gabinete y precipitar al país hacia unas elecciones anticipadas en plena vorágine con la UE para culminar un divorcio a tiempo. Es decir, a las 0:00 horas del 30 de marzo de 2019, fecha en la que se cumplen exactamente los dos años a los que se refiere el artículo de la Constitución europea que determina la salida de uno de sus países miembros. Por si fuera poco, el laborismo de Jeremy Corbyn cada vez disimula menos su todavía débil planteamiento oficial a favor de una vuelta a la órbita comunitaria que, entre otras cuestiones, devolvería al sector privado y a los consumidores británicos al mercado interior europeo y a la industria financiera a su flamante City. Mientras, en las filas conservadoras se afanan en discutir las ventajas e inconvenientes de un Brexit duro, como desean los enemigos internos de May -principalmente, Boris Johnson, su anterior ministro de Exteriores- o blando. Por si fuera poco, las voces que reclaman el reingreso de Reino Unido en la UE se suceden sin razón de continuidad. Desde la práctica totalidad del colegio de comisarios de Bruselas hasta el presidente galo, Emmanuel Macron.

El sector empresarial alerta del coste del Brexit

También desde el ámbito empresarial se pide a Downing Street que reconsidere el escenario. Es cierto que se cuidan muy mucho de airear cualquier apoyo al retorno británico, lo que exigiría un segundo referéndum, por el que claman ya abiertamente Blair o Brown, pero enfatizan sus mensajes en alcanzar un acuerdo eficiente de divorcio con Europa. Carolyn Fairbairn, directora de la Confederación de la Industria Británica, partidaria de que Reino Unido mantenga el acceso al mercado interior europeo, alerta de las consecuencias dramáticas de un mal tratado de salida de la Unión, mientras rivales comerciales del país, como Canadá, han cerrado un tratado que casi le otorga la condición de socio del club comunitario. Fairbairn asegura que el sector privado del país ya ha puesto en marcha programas de contingencia para “minimizar” el daño colateral del divorcio, pero no se han parado a sopesar todavía los efectos de un mal acuerdo. Y eso que los directivos de las industrias manufactureras han empleado decenas de millones de libras en acudir ante dirigentes de varios países de la Unión -dice- para decidir dónde instalar sus centros empresariales. “Un asunto vital es el de que no haya fricciones transfronterizas”, en alusión a la difícil resolución sobre la frontera entre Reino Unido e Irlanda; “circunstancia que, obviamente, Canadá ni siquiera contempla en su acuerdo comercial”, matiza.

Los empresarios creen que el Brexit llevará a un acuerdo comercial pésimo

Un reciente sondeo de YoyGov, entre más de mil ejecutivos del Reino Unido, revela que casi tres de cada cuatro empresarios (el 73%) creen que el Gobierno de May se verá abocado a cerrar un acuerdo pésimo para los intereses británicos. Algo en lo que coindicen nombres próximos al partido conservador, como el del ex fiscal general, Dominic Grieve, para quien la reputación y la competencia económica del gabinete actual están supeditadas al resultado que determine el Brexit. Es decir, que resulta ser toda una incógnita a estas alturas de la negociación.

 

Para la UE el coste del Brexit será alto

A menos de seis meses de la fecha señalada, Bruselas también observa más cerca el precipicio. “El riesgo es evidente para las dos partes”, admite el negociador jefe de la UE, Michel Barnier, que afronta la recta final “con una creciente sensación de urgencia”. Igual que la eurodiputada, Danuta Hübner, presidenta de la comisión de Asuntos Constitucionales, tras reunirse en varias ocasiones con el comisario francés. Aunque el escenario central en la capital comunitaria, según coinciden las fuentes consultadas, sigue siendo un acuerdo de salida antes de final de este año que permita llegar con tranquilidad al próximo 29 de marzo. Pero si el estancamiento de las negociaciones no se supera este mes, la cuenta atrás puede precipitarse y fuentes comunitarias temen que se desencadene “una espiral de pánico entre empresas de los sectores más afectados por el Brexit”. Desde la banca, a los seguros, pasando por la aviación, las farmacéuticas o las firmas de distribución. Si no se pactan las condiciones de salida, el Reino Unido pasará el 30 de marzo a ser un país tercero como cualquier otro.

Alerta de la UE ante la llegada del Brexit

La Comisión Europea ya ha cursado instrucciones a autoridades, empresas y ciudadanos para que se preparen para lo peor. Desde las colas de camiones en puestos fronterizos y puertos que controlen la entrada de mercancías británicas, hasta la creación de las instalaciones necesarias para el movimiento de animales vivos y alimentos de origen animal. Bruselas recomienda, por ejemplo, que los ciudadanos europeos con titulación de centros educativos británicos verifiquen antes del próximo 30 de marzo si deben convalidarlos en su país de residencia, tal y como decía una reciente información de El País. El escenario límite llegaría probablemente precedido de la ya mencionada convocatoria de elecciones y la más que posible celebración de una segunda cita electoral para que la ciudadanía se pronuncie sobre el Brexit. Con el inestimable respaldo, es de esperar, del laborismo de Corbyn.

El tercer escenario, más plausible y benévolo, apunta a una salida pactada el próximo 30 de marzo y a una prolongación del período transitorio, al menos hasta el 1 de enero de 2022. El riesgo para los partidarios del Brexit es que “Reino Unido podría acabar en una especie de transición permanente”, reconoce el think tank europeo EPC, favorable a la prórroga. La cuarta alternativa, calificada de muy improbable por fuentes diplomáticas, sería una prolongación del período de negociación (dos años) previsto en el artículo 50. Bruselas teme que ese tiempo extra fomente la incertidumbre política en la UE (que ha mantenido una unidad sin fisuras desde el referéndum británico de 2016) y que enturbie las elecciones al Parlamento Europeo (mayo de 2019), en las que se espera que no participen los británicos.

El quinto y último presagio apunta a una retirada unilateral de la notificación de salida de la UE. Esa posibilidad provoca gran división entre los juristas (algunos la ven imposible) y causaría estupor en la mayoría de las capitales europeas, que han dedicado dos años de esfuerzo al Brexit. Pero la hipótesis ha ganado enteros tras la consulta planteada por un tribunal escocés al Tribunal de Justicia europeo, al que ha pedido, además, que se pronuncie con urgencia. Si los jueces comunitarios avalan la posibilidad de que el Gobierno británico dé un paso atrás un minuto antes de asomarse al precipicio, Londres contaría con una inesperada baza para jugar hasta el 29 de marzo a medianoche.

Last modified: 25/10/2018