Brexit, ¿a la enésima va la vencida?

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La sucesión de acontecimientos que tuvieron lugar la pasada semana en Westminster agravaron, más si cabe, la monumental crisis política en la que se encuentra Reino Unido desde que comenzase el proceso del Brexit. En el Consejo Europeo del 21 de marzo, los Veintisiete habían concedido una extensión del Art.50 supeditada a la aprobación del Acuerdo de Salida en el Parlamento británico. Si May conseguía el respaldo de la Cámara, la prórroga sería hasta el 22 de mayo, víspera de las elecciones al Parlamento Europeo; en caso contrario, la extensión sería hasta el 12 de abril.

 

El lunes 25 de marzo, la primera ministra admitió que no contaba con los apoyos suficientes para aprobar el texto. Sin embargo, ese mismo día los diputados británicos sí que llegaron a un consenso acerca de la hoja de ruta que querían seguir y se hicieron con el control del Brexit. El miércoles 27 el Parlamento celebró una serie de “votaciones indicativas” para explorar qué alternativas al plan de May contaban con un mayor apoyo. Se votaron ocho opciones diferentes, que iban desde “una salida sin acuerdo”, “un segundo referéndum” o “revocar el Artículo 50”. Ninguna de las ocho alternativas obtuvo la mayoría suficiente para prosperar, lo que supone un fiel reflejo de lo fracturada que se encuentra la Cámara.

 

De forma paralela, May intentaba, incluso ofreciendo su dimisión, exhortar al ala más dura de los conservadores euroescépticos a que respaldase su plan. Ni siquiera el sacrificio político de la primera ministra sirvió para convencer a este grupo de conservadores radicales, a quien solo parece contentarles una salida abrupta de la UE. May había conseguido sortear la prohibición del Presidente del Parlamento, John Bercow, quien había advertido al Gobierno de que no podía presentar a votación el mismo texto sin cambios sustanciales. En una maniobra política magistral, pero de legalidad cuestionable, el Ejecutivo decidió someter a votación sólo una de las dos partes que forman el Acuerdo; esto es, el Acuerdo de Salida en sí mismo (el texto que establece el marco regulatorio que regirá durante el período de transición) y no la Declaración Política, que establece las directrices para la relación futura con la UE.

 

Y en este contexto político, el día 29 de marzo, cuando estaba previsto que Reino Unido abandonase la UE, Theresa May sometió por tercera vez el Acuerdo de Salida a votación en el Parlamento británico. Y Westminster rechazó, por tercera vez, el texto. Si bien en esta ocasión el margen fue mucho menor (58 diputados frente a los 149 de la votación anterior).

 

Este resultado pone al país al borde del abismo, el enésimo en los últimos meses; ya que, de no solicitar una nueva extensión del Art. 50, Reino Unido se enfrentará el próximo día 12 de abril a una salida desordenada de la UE. Mientras tanto, en Bruselas ya se preparan para lo peor. El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, ha convocado una reunión extraordinaria para el 10 de abril, a 48 horas de que expire la prórroga concedida a Londres. Se prevé que en este Consejo los Veintisiete acuerden una postura común y fijen las condiciones de un nuevo aplazamiento del Art. 50, si es que éste llega. Francia, España y Bélgica encabezan el ala más dura y supeditan la prórroga a que Reino Unido participe en las elecciones al Parlamento; Alemania, Holanda y el propio presidente del Consejo, Tusk, insisten en apurar al máximo las posibilidades, incluso la opción de revocar el Art.50, una posibilidad bastante inverosímil actualmente en Reino Unido.

Last modified: 02/04/2019