Los bodegueros europeos inician la adaptación a los cambios climáticos

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Las inclemencias meteorológicas han obligado al sector vinícola francés, español, italiano y de otras latitudes de la UE a modificar sus métodos productivos.

 

La catástrofe climática, el término que comienza a acuñarse para referirse, con mayor exactitud científica a los daños propiciados por las emisiones de CO2 a la atmósfera, han acelerado la transformación de los procesos productivos del sector vitivinícola mundial. Al menos, entre los bodegueros europeos, que llevan la voz cantante en cuanto a la modificación de los métodos tradicionales de elaboración de vinos. El incremento de las temperaturas y de los fenómenos meteorológicos extremos han impactado como nunca en los últimos años en sus cuentas de resultados, forzando a las firmas, en su mayoría de mediana dimensión, a abordar con otras fórmulas un mercado especialmente diversificado, en el que la mayor de los conglomerados de este segmento inserto en la industria de alimentación -E&J Gallo- apenas controla el 3% de las ventas de vinos a nivel global, a pesar de que la compañía estadounidense, el mayor mercado de consumo de todo el mundo, comercializó alrededor de 35.000 millones de botellas en 2018.

Esta más que notable segmentación ha obligado a los bodegueros europeos a tomar cartas en el asunto de la emergencia climática. Es como si hubieran asumido como corporativos los riesgos del calentamiento global. Hasta el punto de romper con un modus operandi que ha durado varias generaciones. En un reportaje aparecido en la agencia Bloomberg, Almudena Alberca, directora técnica de Bodegas Palacios, un grupo vinícola que se fundó en 1894, asume este reto: “Te tienes que reinventar cada año”. Una filosofía que demanda una elevada exigencia. Desde cultivar viñas con tipología o variedades de uvas más resistentes al clima, hasta acometer nuevas plantaciones capaces de sortear prolongados periodos de sequías, acabar con el empleo masivo de herbicidas dañinos con el medio ambiente y que se usan para, supuestamente, perfeccionar la calidad de los caldos o la instauración de nuevos métodos de protección de la uva, explica Alberca, primera mujer elegida Master of Wine, en 2018.

Europa alberga alrededor del 60% de la producción mundial de vino, con Italia, España y Francia como los auténticos dominadores del mercado. Países donde ya aprecian el complejo equilibrio entre conservación ecológica y la cuenta de resultados. “Si el verano se extiende más allá de los meses normales, las consecuencias sobre los hábitos de consumo pueden costarnos un mes de ventas en nuestra principal marca”, admite Carlos Caraballo, responsable de Viñedos y Bodegas Sierra Cantabria, viñedo fundado en 1870 con denominación de origen Rioja. “Nuestra especialidad, los tintos, tendrían una capacidad productiva impredecible”, explica.

Caraballo habla con conocimiento de causa. La amplia zona de vinos de La Rioja ha visto cómo la temperatura media en su área de producción se ha elevado 1,3 grados entre 1950 y 2014. Un fenómeno que ha elevado la graduación alcohólica de sus caldos, que ha obligado a adelantar la recolección de uvas y cambiado las amenazas que asolan a sus cultivos. “Los costes productivos han aumentado porque las bodegas necesitan más horas de regadío y los seguros que les cubren de posibles destrozos o pérdidas de cultivos les resultan más caros”, alerta Sergio Andrés Cabello un investigador de la Universidad de La Rioja. “Los tiempos de cultivo son menos predecibles, lo que conduce a un aumento de los desembolsos de mano de obra”, añade.

Los bodegueros españoles “trabajamos desde hace algún año en crear mecanismos de clonación de sus variedades, para poder adaptarnos a las inclemencias meteorológicas sin que se alteren las características de nuestros vinos, asegura Iñigo Torres, director gerente de Grupo Rioja, una asociación que representa a productores de esta denominación de origen. Una quinta parte del cultivo total en esta región está bajo peligro de sequía o heladas; aun así, sus bodegueros conservan intactos sus intenciones de mantener sus volúmenes de producción.

 

Francia

El panorama es similar en Francia. En la región de Burdeos, donde ha recalado gran parte de las crecientes adquisiciones de vino procedentes de China, la alternancia de sequías y heladas han reducido sus estimaciones de ventas para este año en un 6% respecto a la media registrada en los cinco últimos ejercicios. Samuel Masse, con viñedos familiares en Saint Bauzille de Montmel, en el sudeste de Francia, desde el siglo XV, achaca al calentamiento la supresión de una tercera parte de las nuevas plantaciones de viñas en sus 20 hectáreas de cultivos. Este pasado verano la temperatura en la zona alcanzó los 46 grados. Masse ha invertido en nuevos instrumentos de riego desde que, en 2013, él y su hermano asumieron la gestión de sus cosechas. Han plantado árboles para dotar a sus viñedos de sombra y ganado terreno de cultivo para obtener semillas fertilizantes. También sopesan plantar olivos: “Debemos adaptarnos”, dice. Mientras el sur de Francia queda cada vez más sometido a los rigores del calentamiento, los cultivos de viñedos en el norte, en el Valle de Loire, empiezan a generar más beneficios. En las regiones alrededor de Nantes (desde Sancerre hasta Touraine) los cultivos de uvas, áreas más frías, comienzan a crear unas condiciones productivas idóneas.

 

Italia

En Italia, la calurosa Toscana es un paraíso vitivinícola. Un área con tintos secos y caros. Aunque el clima también está haciendo estragos. Piero Lanza, un cosechero de 52 años de la región de Chianti, asegura que las inclemencias meteorológicas se han multiplicado en esta zona en los últimos quince años, con inviernos más cortos y veranos mucho más cálidos. Lo que exige que se adelanten las podas y las vendimias. “Estás obligado a conocer el potencial y los límites de tus viñedos y actuar con rapidez para responder al cambio climático”, explica. Italia es el productor de vino más importante de Europa, con una extensión que va desde la montañosa región de Tirol hasta la árida Sicilia.

 

Alemania

La tradicionalmente fría Alemania también soporta esta transformación. El creciente aumento de las temperaturas ha ayudado, en este caso, a elevar las cosechas de los viñedos, con uvas que generalmente daban su excelencia en otras latitudes más meridionales, como la Cabernet Sauvignon, Merlot o Shiraz, utilizando la terminología francesa. El pasado año, el calor concedió producciones históricas. Se elevaron en un 23% respecto al promedio del último decenio. Pero no todo fueron buenas noticias. Porque su mayor contenido de alcohol derivado del sol al que se han expuesto, amenaza con perturbar los flujos exportadores del sur hacia EEUU y Alemania, dos de los mayores mercados de adquisición de vinos. Aparte de la incertidumbre sobre el papel coyuntural de este repunte productivo: “La industria vitivinícola germana ha logrado beneficios por el aumento de la temperatura, pero eso puede cambiar”, señala Frank Schulz, portavoz de DWI, un grupo de influencia del sector. “Todo bodeguero odia lo impredecible y, en especial, el tiempo extremo”.

 

Reino Unido

Reino Unido también ofrece botones de muestra de los nuevos vientos favorables que las firmas bodegueras están logrando en latitudes más septentrionales. La producción aumentó hasta 13,2 millones de botellas el pasado ejercicio, casi el triple de los 5,1 millones de 2015. Las similitudes geográficas entre el sur de Inglaterra y la región de la Champagne francesa también contribuye a este boom de área como Chapel Down (Kent), Ridgeview (Sussex) y Denbies, en Surrey. “2019 va a ser otro año de bonanza, no lo suficiente para alcanzar los niveles extraordinarios del año pasado, pero nos quedaremos cerca”, dice Mark Harvey, director gerente para la industria del vino en Chapel Down. “La calidad es bastante alta, con niveles de azúcar y de acidez dentro de las cotas de calidad pertinentes”, enfatiza.

 

Portugal

En Portugal, las fuertes lluvias, la severa sequía y las altas temperaturas son las preocupaciones más acuciantes del sector, tal y como admite sin tapujos Joao Santos, climatólogo y catedrático de la Universidad de Tras-os-montes y el Alto Duero. “El tema de la falta de riesgo es muy serio, aunque, de momento, no ha afectado a la calidad del vino porque los bodegueros responden al escenario con nuevos flujos de agua y otras medidas”. Santos anticipa que las compañías están sopesando con seriedad la plantación de nuevos viñedos. Grecia lucha contra el aumento de las lluvias torrenciales, las tormentas eléctricas y la sequía, pero sus bodegueros todavía disfrutan de las temperaturas altas y constantes durante buena parte del año. Es el diagnóstico de George Skouras, responsable de la patronal del vino en Argos, en el Peloponeso, para quien tanto el vino tinto que se comercializa -de uva Agiorgitiko- como el blanco -mayoritariamente Moschofilero- están resistiendo mejor que sus rivales de Europa Occidental la transformación productiva.

 

Austria y Rumania

En otros cuatro países también se han tomado remedios. En Austria, por ejemplo, la variedad de uva Blaufraenkisch y Merlot, han encontrado mejores cuotas de producción. Si bien el blanco Chardonnay y Gruener Veltliner, han adquirido mayor acidez, admite Martin Nittnaus, vinatero de la región de Burgenland. “El cambio climático puede ser visto como un aliciente o un riesgo” en un país que ha elevado su temperatura media pero que también soporta los efectos dañinos de grandes heladas. “En estos momentos, nos sigue preocupando más la amenaza del frío”, dice. De ahí que los cambios en las cadenas de valor de las bodegas austriacas se dirigen a métodos tradicionales: la fermentación propia de la uva para darles una estructura más compleja, con el objetivo de elevar la calidad de los caldos, explica Nittnaus. El granizo ha sido el obstáculo por el que la producción de vino en Rumanía descenderá ligeramente este ejercicio respecto a 2018. Unos 5 millones de hectolitros han dejado de comercializarse por este motivo, corrobora Victor Ciuperca, vicepresidente del mayor lobby del vino del país. “En los últimos años ha habido etapas de sequía severa, que no es del todo malo para la industria si no se combinan con inclemencias, y lluvias excesivas”. Pero, a su juicio, la peor noticia para el sector son los destrozos de tormentas y del granizo, que pueden destrozar cosechas enteras aún en el país, asegura.

 

Bulgaria

Bulgaria, el socio más pobre de la UE también se enfrenta a “condiciones extremas y atípicas del clima”, según Blagoy Roussev, de la bodega Orbelus Organic. Las prolongadas sequías no sólo han perjudicado la producción, también la calidad. En 2018, la elaboración de vino descendió en un 3,6%. Los mismos problemas que observa Ivica Matosevic en Croacia, donde “se ha acortado el ciclo normal de vida anual de los viñedos”. En especial, la recolección, que se ha adelantado a agosto, en vez de a finales de septiembre o, incluso, en octubre, reconoce este directivo de la mayor asociación vitivinícola croata.

 

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Last modified: 15/01/2020