Nuevo frente de batallas comerciales: los mercados emergentes

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Los mercados emergentes

Las economías emergentes están atravesando el cuarto trimestre consecutivo de retroceso inversor y devaluación monetaria; daños colaterales de las guerras comerciales.

 

Los mercados emergentes también están sometidos a los rigores y consecuencias de la escalada de aranceles decretada por EEUU en la primavera de 2018. Esencialmente, contra China, pero también hacia Europa, México, Canadá -socios geoestratégicos y comerciales históricos-, India, a la que la Administración Trump acaba de amenazar retirar el estatus de aliado preferente, o Turquía. Economías, estas dos últimas, a las que la Casa Blanca les advierte de que pueden perder además su condición de economías en desarrollo, con los consiguientes incentivos financieros multilaterales y el respaldo de los fondos de cooperación que parten anualmente desde las arcas del Tesoro americano, previo certificado de la Secretaría de Estado. Los flujos de capital directos desde el exterior están remitiendo en el conjunto de estas naciones, que se sitúan en una senda intermedia entre las potencias de rentas altas y los países en desarrollo. Sus divisas atraviesan unos derroteros de pérdida de cotización y fuertes volatilidades en sus tipos de cambio, respecto a las monedas de referencia en los mercados. Con pérdidas de valor más o menos encubiertas, como en junio de 2018 que marcó el punto de reversión de sus paulatinas devaluaciones.

 

Las guerras comerciales continúan

Como entonces, el recrudecimiento de las guerras comerciales está detrás de este incierto y peligroso comportamiento inversor y monetario. La Casa Blanca ya avanzó en septiembre que estaba reconsiderando sus carteras de capitales hacia China. Pese a que esta política americana ha ralentizado la producción manufacturera del gigante asiático, mantiene elevados los tipos de interés en India o Turquía -y con escasas opciones de recorte por las presiones inflacionistas y la necesidad de defender sus monedas por parte de sus respectivos bancos centrales- y la creación de empleo en EEUU empieza a dar tumbos. Sólo unas semanas después, Washington ha movido ficha. Y ha puesto sobre la mesa negociadora con Pekín alguna de las restricciones que sopesa activar. En particular, la de los fondos de pensiones de ciudadanos americanos que, como todas estas herramientas de inversión, bucean en los mercados y valores con mayores rentabilidades a largo plazo. También fórmulas jurídicas para frenar la afluencia de firmas chinas en los parqués bursátiles americanos. El Comité Federal de Inversiones para el Ahorro del Retiro (FRTIB, según sus siglas en inglés), el fondo oficial que maneja aportaciones de trabajadores estadounidenses, tomó en 2017 la decisión de destinar parte de sus recursos en el MSCI -el Indicador Mundial que aúna a los principales índices bursátiles y que se ha convertido en un referente inversor por sus cotas de estabilidad a medio y largo plazo- a la evolución de este instrumento inversor. Con una cartera de capital comprometido hasta mediados de 2020. Desde el Congreso se ha configurado de inmediato un doble frente. Entre quienes instan a Trump a proclamar una orden ejecutiva en esta dirección para preservar la salud financiera de las pensiones privadas de los trabajadores y defienden la medida como un acto de seguridad nacional, y quienes arremeten contra el líder republicano por aplicar nuevas prohibiciones unilaterales y contrarias a la libertad económica.

La interrupción de esta inversión afectaría a casi 50.000 millones de dólares de activos de retiro, casi en su totalidad de empleados federales. Incluidos miembros de las Fuerzas Armadas. La voz de sus defensores asegura que el riesgo sobre sus pensiones está asociado a que, en este índice, fluctúan cotizaciones de grandes compañías chinas.

 

Las medidas de la Casa Blanca

Entretanto, Washington y Pekín han retomado las negociaciones para formalizar un concordato comercial que acabe con estas disputas. Trump ha sacado provecho, vía tweet, a esta nueva cita bilateral. Augura buenos resultados. Pero no es la primera vez que anticipa un acuerdo que se trunca sobre la campaña negociadora. A la espera de resultados concretos, el FMI ha valorado en el tamaño de la economía suiza, 740.000 millones de dólares, la decimonovena del planeta, según su propia evaluación, el efecto de las guerras comerciales en curso. Mientras desde el Departamento de Comercio americano se ha elaborado una lista negra de empresas de espacios emergentes -mayoritariamente chinas, como la tecnológica Hikvision- con las que prohíbe a sus conglomerados realizar operaciones empresariales o inversoras. Esta compañía ha sido citada en varias ocasiones por el propio presidente republicano como amenaza para la economía y la seguridad nacional de EEUU. Para los expertos, como James McCormick, estratega jefe de Nat West Markets, el mero hecho de que la Casa Blanca esté barajando este tipo de medidas genera confusión e inestabilidad: “No se sabe aún qué grado de seriedad adquirirá esta iniciativa, pero, si ocurre, se abrirá otro nuevo frente beligerante con China y ya existe un significativo nivel de perturbación en el sistema del comercio global como para que se traslade a los mercados de capitales y se eleve el riesgo de pérdidas de inversión”.

Los mercados emergentes Casa Blanca

Las divisas de las naciones emergentes, en paralelo, prosiguen con su rastro de debilidad, con el rinminbi marcando la correlación de fuerzas del resto de monedas. Aunque bajo el dominio del dólar, todavía registrando casi el 80% de las transacciones comerciales e inversoras, reconoce el BIS que, sin embargo, admite que la denominación en divisas emergentes está restableciéndose en busca de rentabilidades a corto plazo. Desde BNP Paribas se espera “una alta volatilidad” en las monedas de estos países; en función del calendario político -elecciones en Argentina el 27 de octubre- o las decisiones monetarias de sus bancos centrales, sometidos a una disyuntiva de alto voltaje: bajar el precio del dinero para inyectar liquidez y fomentar la actividad económica y facilitar los negocios o vigilar estrechamente las acometidas del mercado contra sus divisas a través del mantenimiento de tipos de interés altos.

El rublo ruso, por ejemplo, perderá en los próximos tres meses todo lo que ha ganado a lo largo de este año respecto al billete verde americano, que evoluciona con una sobrevaloración en su cotización del 18%, según el consenso del mercado. Así lo anticipa Jaroslaw Kosaty, analista del mayor banco polaco, que sitúa la caída de la divisa rusa en un 6%, hasta los 69 dólares, a finales de este ejercicio. La política de tipos a la baja de la Fed ha hecho perder el atractivo en valores de altas rentabilidades, como estas divisas que también estarán sometidas a fluctuaciones del precio del petróleo, cuyo barril se denomina casi en exclusiva en dólares. Yuri Popov, economista de Sberbank CIB en Moscú también augura una devaluación del rublo del 6%. Aunque sólo si las tensiones comerciales entre EEUU y China conducen a la economía global hacia una recesión.

 

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Last modified: 22/10/2019