El Banco Mundial eleva en 13.000 millones su capital para el desarrollo

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La medida, aprobada por las grandes potencias, incluye cambios operativos para estrechar la vigilancia sobre la ayuda financiera a los países receptores de fondos.

EEUU finalmente no puso objeciones. En contra del criterio mantenido en los últimos meses, la Casa Blanca facilitó la ampliación de capital del Banco Mundial, la principal fuente de recursos de fondos al desarrollo de una institución multilateral. La decisión se tomó durante la asamblea de ministros de Finanzas en la última reunión, la de primavera, a finales de abril, que la entidad realiza junto a su organización hermana, el Fondo Monetario Internacional (FMI), con la que conforma, además del Tesoro norteamericano y la Reserva Federal, el denominado consenso de Washington. O cónclave que perfila los grandes acuerdos mundiales en materia económica. Es decir, el primer paso hacia la liberación de fondos en situaciones de emergencia o diagnósticos iniciales para avanzar en la gobernanza global. No es el único, porque foros como el G-3 de la OCDE, en París, también tienen un protagonismo estelar en citas multilaterales y de grandes potencias industrializadas y emergentes, como el G-20. Al igual que las visiones monetarias que parten del G-10, con vínculos directos en el Banco Internacional del Pagos (BIS), en Basilea. Pero el de Washington es un consenso sine qua non en cualquier crisis nacional, regional o mundial que se precie.

1ª MEDIDA: AMPLIACIÓN DE CAPITAL

Desde esta primavera, el Banco Mundial dispondrá de 13.000 millones de dólares adicionales en su capital social. Surgido, sobre todo, de las aportaciones de sus afiliados; esencialmente, la casi totalidad de los países del planeta. A excepción de regímenes como el de Cuba o el de Corea del Norte y de territorios como Mónaco, Liechtenstein o Andorra, el resto de naciones que forman parte de la ONU tienen cabida en su estructura interna.

En total, alberga a 189 miembros. Sus principales acreedores son Francia, Alemania, Japón y EEUU, parte de cuyas cuotas se destinan a la captación de nuevos recursos en los mercados de capitales, a través de varios de sus brazos financieros, como la AIF, su Asociación Internacional de Fomento, desde la que, por medio de la decimoctava reposición de fondos, en vigor para este año, ha logrado disponer de una cifra sin precedentes de 75.000 millones de dólares, que se destinarán a sufragar su servicio de ayuda de fondos al sector privado. En 170 países en los que opera con proyectos de desarrollo. Así como a sus dos organizaciones privadas, la Corporación Financiera Internacional (IFC) y la Agencia de Garantías de Inversiones Multilaterales (MIGA).

Esta ampliación de capital es la primera desde que, en 2010, se decidiera un incremento de las cuotas, en la que España pasó de representar el 1,7% del patrimonio del Banco Mundial, porción notablemente por debajo de su correlación al PIB global, al 1,85%. Aunque la nación que más vio elevada su cota fue China, que pasó del 2,77% al 4,42%, todavía muy por debajo de su peso en la economía mundial.

2ª MEDIDA: MÁS VIGILANCIA A LOS RECEPTORES

La cesión de EEUU a estos nuevos desembolsos adicionales al Banco Mundial tuvo como réplica el compromiso del Comité Ejecutivo de esta institución multilateral de que se impondrán nuevas medidas de supervisión y vigilancia de las líneas financieras que libera hacia las economías en vías de desarrollo. Washington ha sido uno de los altavoces más críticos, en los últimos años, en favor de que el Banco Mundial instaure mecanismos de regulación y control más eficaces contra la corrupción. Jim Yong Kim, su presidente, de origen surcoreano, el primer máximo dirigente de la institución no nacido en EEUU -por el pacto no escrito en Bretton Woods por el que esta organización sería liderada por un estadounidense, mientras que la dirección gerente del FMI se encargaría sistemáticamente a un europeo- ha enviado cumplidas promesas de que extremará la vigilancia en el futuro contra cualquier “práctica irregular”. Cambios que requerirán pasos en el orden interno, “incluidas reformas operativas y protocolos de fijación de precios”, aseguró la institución en un comunicado oficial. Y que significarán una “reducción gradual” del acceso a la financiación del banco a países como China, que se ha beneficiado de la doble condición de gran contribuyente y de receptor de ayudas. Entre otras razones, porque la OCDE todavía no le ha reconocido el estatus de economía de mercado. Tal y como avanzó Yong Kim. Este organismo se compromete, además, a elevar hasta los 80.000 millones de dólares los fondos que liberarán a lo largo de este año en líneas de financiación para proyectos al desarrollo en todo el mundo. Un montante notablemente superior a los 59.000 millones que aprobó en 2017.

El otro motivo del visto bueno final de EEUU ha sido la exigencia de que China deje de acudir a la financiación del Banco Mundial. “Dado su creciente estatus económico y su habilidad para conseguir liquidez en los mercados financieros”, recalcan fuentes estadounidenses. Del mismo modo que el respaldo a peticiones que, como la británica, reclaman más recursos para proyectos de países en desarrollo. Bajo el nuevo acuerdo de aumento de capital, el Banco Mundial focaliza sus esfuerzos futuros en “las naciones de bajos niveles de renta”, aseguró Kim, como desean los países europeos y Reino Unido, antes de recordar que “China está catalogada como nación con elevadas cotas de ingresos per cápita”. Esta institución otorgó al gigante asiático 2.500 millones de dólares, 500 más que en 2016.

Con este nuevo pacto en el seno del Banco Mundial, China eleva su capacidad de voto desde el 4,5% hasta el 5,7%. Más en línea con su tamaño en relación al PIB mundial. EEUU se mantiene como el máximo accionista de la institución, con un 15,9% de las aportaciones, una décima por debajo de su estadio actual, seguido de Japón, que también cede una décima a Pekín y se sitúa en el 6,8%.

Este reequilibrio del poder financiero del Banco Mundial supone un paso más en el objetivo de paliar el déficit de infrarrepresentación de economías que han dado un salto cuantitativo por su tamaño, diez años después de la crisis financiera de 2008. Básicamente, los grandes mercados emergentes, que empiezan a perder, además, sus fuentes de acceso financiero dentro de la institución. En favor de los países con rentas más bajas. Sin embargo, el acuerdo está a expensas de que sea finalmente ratificado. Por ejemplo, por el Congreso de EEUU, tal y como avanzó Steven Mnuchin, su secretario del Tesoro, quien incidió en que Washington “espera que este pacto sirva para que se reduzcan los niveles de pobreza”.

Y para países como España, cuyas empresas empiezan a ganar terreno en el competitivo y, cada vez más suculento, mercado multilateral, que mueve más de nueve cifras si se contabiliza la totalidad de proyectos de desarrollo del conjunto de instituciones, globales y regionales, que liberan recursos para elevar las condiciones de vida, las infraestructuras y el emprendimiento en economías con dificultades de acceso a los mercados internacionales. La denominada cuota de retorno de inversiones al sector privado español -es decir, los ingresos que las empresas hispanas, en este caso, consiguen por ganar concursos multilaterales, gestionar los planes financieros y lograr que los planes de transformación se conviertan en realidad- siempre han estado por debajo de la tasa o aportación que, como país, España aporta a las arcas de las distintas organizaciones mundiales y regionales de ayuda al desarrollo.

Last modified: 30/05/2018