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Así atraen las startups al capital riesgo

startups_riesgoExisten infinidad de startups en España. Por desgracia, la mayoría de ellas no llegan a los dos o tres años de vida. El principal motivo de este elevado ratio de mortalidad lo tenemos en las dificultades para obtener financiación. Por norma general, una empresa (y más si es de reciente creación y trabaja en el sector tecnológico) no será rentable hasta que hayan pasado cuatro o cinco años de actividad. Ejemplos de ello los tenemos a montones. El más carismático es el de WhatsApp. A pesar de sus más de 1.000 millones de usuarios la filial de Facebook jamás ha dado un euro de beneficio. Lo mismo le ocurre a la red social de moda, Snapchat, que crece sin parar en número de usuarios. Pero todavía no ha sido capaz de descubrir cómo convertir a esos internautas en clientes.

 

A pesar de ser deficitarias, ambas compañías (y otras muchas) no han tenido problemas para encontrar financiación. El capital riesgo se las ha rifado y ha generado que startups de similares características tengan un valor contable que, por sus cifras de facturación y beneficios, nunca podrían obtener.

 

Saber cómo enamorar a los inversores adquiere una importancia capital. De ahí que en este post queramos definir unos pasos básicos que todo emprendedor debe seguir si no quiere que la falta de financiación acabe con sus sueños empresariales. La mejor forma de lograrlo es encontrar las respuestas a la gran pregunta que todo inversor, ya sea particular o parte de una firma de venture capital, se hace antes de colocar su dinero: ¿cuáles son las virtudes y los defectos de la empresa?

 

La firma debe resolver un problema con una herramienta nueva o, como mínimo, diferente
Una startup jamás tendrá éxito, ni será capaz de lograr financiación, si no ofrece algo útil. Sin una idea que sea capaz de resolver una carencia, es imposible llamar la atención. Esto será lo primero en lo que se fije un posible inversor. Estudiará a qué se dedica a la firma y si no le convence lo que ofrece será imposible lograr que se quede e invierta.

 

Esa solución no tiene que ser milagrosa. Si es nueva, estupendo. Pero también sirve si mejora lo que ya existe en el mercado. Sólo así se podrán tener oportunidades de captar dinero exterior.

 

La búsqueda de la idea genial también tiene una lectura negativa. Algunas veces, los emprendedores se ciegan y ponen en peligro a la propia empresa porque no se deciden a pedir ayuda hasta que no tienen el producto totalmente desarrollado. Eso no es del todo necesario. Si una idea es buena, aunque todavía esté en desarrollo, será suficiente para llamar la atención de los inversores. Estos se encargarán de darnos los fondos necesarios para que la firma pueda pulir la solución final.

 

No se canse de hacer comprobaciones

Uno de los errores más habituales de las firmas de reciente creación es pensar que su invento es lo mejor. Que no existe nada en el mercado capaz de igualarlos. El problema es que ese castillo de naipes se suele derrumbar cuando llega un inversor y le dice que en tal lugar existe otra compañía que está haciendo lo mismo y de forma más eficiente.

 

Para evitar que eso ocurra, es necesario desafiar nuestros supuestos una y otra vez. Debe probar su producto o servicio con diferentes muestras de personas. No basta con la familia o los amigos sino que es necesario buscar ayuda profesional para realizar testeos amplios. Sólo así estará más cerca de dar con esa solución requerida.

 

Todas estas pruebas le servirán además para pulir los detalles que no convencen a las muestras. Y también le vendrán muy bien para conocer cómo es y qué busca su cliente objetivo. Así aumentará las posibilidades de éxito. Y es que puede que el producto o servicio sea perfecto pero muy difícil de vender debido a que la sociedad no está dispuesta a pagar el precio que vale. Todas estas variables hay que tenerlas en cuenta porque el inversor, sin duda, las tendrá.

 

No busque soluciones de capital eventuales

Una norma del capital riesgo es la de permanecer poco tiempo en una misma compañía y diversificar las inversiones. De hecho, estas empresas se guían por una regla muy sencilla. Ellos saben que en el caso de las startups ocho de cada diez inversiones generarán pérdidas. Pero con las dos que salen bien recuperarán lo invertido y obtendrán beneficios. De ahí su reducido tiempo de permanencia.

 

A pesar de ello, la intención de un emprendedor debe ser la de conseguir socios dentro del capital riesgo. Hay que ser capaces de crear un núcleo accionarial estable, que será clave en el futuro de la compañía. Un objetivo prudencial de permanencia puede ser de cuatro o cinco años. Si usted es capaz de lograr que un inversor profesional siga con usted esa cantidad de tiempo será porque tiene un producto o servicio de muy alta calidad.

 

Construya un equipo de profesionales de muy elevada cualificación

Los fundadores de startups necesitan buenos compañeros de viaje dentro de la propia empresa. Se trata de un paso fundamental para alcanzar las metas exigidas. Los primeros años de cualquier negocio son muy difíciles y resultan imposibles de superar si no se cuenta con ayuda.

 

Una empresa deja de existir cuando los trabajadores la abandonan. Por eso, un emprendedor tiene que ser capaz de atraer al talento y, también, mantenerlo. Aunque no se lo crea, esta característica también será tenida en cuenta por parte de los inversores. Ellos estudiarán todas las claves y no suelen apostar por firmas unipersonales en las que las posibilidades de éxito o fracaso dependen de una sola persona.

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