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Armas para luchar contra el cliente moroso

Uno de los puntos más difíciles de vadear para el buen empresario es y será siempre el de tratar con el cliente moroso. A pesar de que la crisis ha enseñado a muchos quiénes son los ‘ejemplares’ a evitar, es inevitable toparse con ellos de vez en cuando. Y para salir indemne de tamaño enfrentamiento es recomendable contar con las herramientas adecuadas.

CONTAR CON UN SEGURO DE CRÉDITO: Si su negocio se caracteriza por vender a crédito y asumir elevados riesgos comerciales es más que necesario, ya que su principal objetivo es cubrir el peligro de impago por parte de un deudor.

¿Cómo funciona un seguro de crédito? Si un cliente moroso se declara insolvente, o si han pasado los plazos establecidos en el contrato de la póliza sin que se haya satisfecho una deuda, la aseguradora indemnizará al tomador del seguro con la cantidad que ambas partes hayan pactado previamente.

Por otra parte, la mayoría de las compañías especializadas en seguros de crédito tienen recursos para agilizar los trámites de cobro de un moroso. Además, ofrecen a sus asegurados aplicaciones y herramientas online que permiten clasificar el riesgo de sus clientes: conseguir informes sobre su status de solvencia, conocer su reputación como pagador y sus ‘modus operandi’ a la hora de hacer frente a sus deudas. Algo que puede ser muy útil para evitar negocios que no convengan.

TRABAJAR CON EMPRESAS CUBIERTAS CON UN SEGURO DE CAUCIÓN: No todas las compañías con las que se hacen negocios cuentan con un oscuro pasado repleto de impagos y retrasos que provoquen la desconfianza inicial. No es tan difícil toparse con empresas de reputación intachable que, de repente, se vean afectadas por un problema puntual imprevisto que termine perjudicando al compromiso que han adquirido con nosotros.

Por eso es esencial que todas aquellas sociedades con las que se trabajen posean un seguro de caución. Más aún si los contratos firmados por ambas partes implican transacciones de alto riesgo. Éste se convierte en una garantía de cobro, ya que la compañía aseguradora se encargará de indemnizar a la empresa acreedora cuando el asegurado no pueda hacer frente al pago.

Eso sí, la indemnización estará dentro de unos límites pactados, así que es importante conocer cuáles son esos límites antes de firmar un contrato. De esta manera, el empresario puede saber de antemano que, si apareciese un problema, el resarcimiento por los daños soportados será (o no) mucho menor que la deuda contraída.

COBRAR POR ADELANTADO: En determinados negocios puede ser complicado, aunque no imposible. Y no tiene que ser el total de la factura, es más recomendable negociar un porcentaje como adelanto ofreciendo, por supuesto, todas las garantías de que los encargos se van a llevar a cabo de forma óptima y en el plazo previsto.

Este sistema servirá para asegurar una parte de la transacción y observar a grandes rasgos la disposición del cliente. Eso sí, también puede convertirse en una barrera para conseguir nuevos contratos, pagar por adelantado no suele gustar. Especialmente a aquellos que tienen problemas de liquidez.

NO DEJAR PASAR EL TIEMPO Y PRESIONAR DE FORMA CONTINUADA: Es importante dar toques de atención al moroso y reclamar los cobros de forma continuada, mejor si es de forma variada: visitas, llamadas, emails, cartas… y que quede constancia de todo ello por si es necesario tomar acciones legales.

Hay que tener en cuenta que las empresas que no pagan a sus proveedores acaban desapareciendo más tarde o más temprano. Por eso hay que seguirles la pista en todo momento y no darles tregua. Cuanto más tiempo pase, más difícil será recuperar el dinero.

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