Alemania plantea dar voz a las empresas en la política de competencia

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Berlín desea implicar al sector privado en la elaboración de guías de actuación que eviten casos de prácticas ilícitas, y no descarta elevarla a Europa.

Las firmas corporativas, en ocasiones, no contemplan todas las consecuencias de participar -o de negociar, como suministradores o socios comerciales- con los grandes emporios industriales o empresariales. Y, por ende, los negocios que se puedan derivar de estos conglomerados pueden ocasionar actuaciones que, con posterioridad, resultan en no pocas ocasiones sancionadas por los tribunales nacionales o europeos por inculcar los principios rectores del libre mercado. Este es el argumento que acaba de sacar a la palestra Achim Wambach, miembro de la comisión creada por el Ejecutivo de Angela Merkel para revisar las normas anti-trust en Alemania y preparar al potente sector industrial germano, de nuevo, en la senda de los beneficios, después de un largo año bajo una dura ralentización. Este segmento de actividad, uno de los tradicionales motores que propulsa impulsa la locomotora, había emergido, tras la crisis de 2008, como un ejemplo de adaptación a la economía digital. Pero la nueva coyuntura de los mercados, que deja cada vez más evidencias de que el ciclo de negocios parece tocar a su fin, en EEUU, Europa y otras latitudes industrializadas, ha vuelto a poner en entredicho la vitalidad de la industria alemana, con una cartera de pedido en franco declive.

Wambach asegura que, a menudo, las compañías ponen en marcha proyectos compartidos que son paralizados por la aplicación de normas regulatorias que se interpretan de forma retroactiva; es decir, que los tribunales alemanes o europeos dictaminan, con sanciones económicas e, incluso, la obligación de modificación del mapa accionarial si consideran que atentan contra las leyes de la libre competencia. A su juicio, este riesgo que adquieren numerosas firmas privadas a la hora de sellar alianzas comerciales o empresariales, podría mitigarse si se les diera voz en los organismos de política económica y competencial y se les trasladara algún tipo de luz verde de las autoridades que les indiquen que sus pretensiones inversoras no incurrirán en algún tipo de amenaza futura por cooperación en cárteles o oligopolios que operan bajo posición dominante. Sería -dice- como una especie de guía informal para evitar pertenecer -o participar- a conglomerados contrarios a las normas anti-trust.

 

Competencia y cooperación

“Las compañías aseguran que, a menudo, les resulta difícil cooperar”; por ejemplo, a la hora de que compartan datos en áreas sensibles o que están sometidos a cambios de negocios, como el de los automóviles autónomos, cuyos cambios productivos y competitivos están ya transformando los mercados de todo el mundo. En Alemania, “la ausencia de una guía de la competencia les obliga a tomar decisiones a ciegas”, por lo que tienen que cruzar los dedos “para no esperar recibir multas de la Oficial Federal del Cártel”, precisa el experto del Gobierno alemán. Pero la cuestión debería ir más allá, explica. “Porque este planteamiento tendría que ser valorado por las instituciones de la UE”. Estas cartas -o guías- de advertencia a las empresas “podrían ser utilizadas en el mercado interior en cualquier sector o área de negocio; en todos los supuestos y casos”.

Esta cooperación conjunta entre las autoridades europeas y el sector privado reduciría de manera substancial costes comerciales, porque las compañías no tendrían excusa para ser sensibles a este tipo de información en sus decisiones diarias, además de abaratar precios e impulsar el consumo. La unidad de Volkswagen AG’s Scania sufrió uno de las más altas multas de Competencia de la UE y sus competidoras Daimler AG y BMW AG se arriesgan a pagar sanciones bajo la acusación de una serie de acuerdos de colusión para retrasar las emisiones de tecnología limpia. Mientras Bruselas estudia bloquear varios pactos empresariales de gran dimensión como la fusión entre Siemens y Alstom para crear un gran emporio ferroviario paneuropeo. Y algunos especialistas en la materia se hacen eco de que la actual legislación comunitaria deja a las economías y empresas europeas en situación de vulnerabilidad frente a la agresiva competencia de sus rivales estadounidenses y chinas, donde las sanciones impuestas por prácticas de abuso dominantes -cárteles- no son tan rigurosas como las de la UE.

Wambach, que compatibiliza sus tareas de asesor de la Comisión para las Leyes de Competitividad 4.0 del Ejecutivo de Berlín con la dirección del prestigioso centro de investigación económica ZEW, revelará en las próximas semanas el contenido de su informe para modificar el armazón jurídico de Alemania y Europa y adaptar la normativa antitrust a las necesidades de la economía digital. Un objetivo para el que contará con el respaldo de socios como Francia y Polonia, que desean incluir una regulación más flexible y ajustarla a las expectativas de la competencia global en el ámbito de la UE. El Ejecutivo comunitario de Jean Claude Juncker dejó pendiente un mensaje de actuación: si las preocupaciones industriales de los socios se traducen en líneas de cooperación permanentes con el sector privado, Bruselas estaría en disposición de aprobar subsidios y de permitir ayudas de los estados para una larga batería de proyectos de fusión empresariales, siempre que se atengan a los principios rectores de la libre competencia.

 

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Last modified: 02/10/2019