7 lecciones de la vida que se deben aplicar en el mundo empresarial

Albert Einstein no fue sólo uno de los grandes científicos que tuvo la humanidad en el siglo XX, sino que, a su manera, fue un impagable filósofo que dejó para el recuerdo algunas frases célebres. Una de ellas fue que “la vida es algo muy peligroso, no por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa”. A la hora de gestionar cualquier empresa, hay que tener muy claro que habrá que tomar decisiones muy importantes, algunas de ellas que no serán del agrado de terceras personas e, incluso, otras que pueden suponer algo negativo para nosotros mismos. Pero, en cualquier circunstancia, la peor actitud siempre es preferir no hacer nada y dejar que el destino, la suerte o la casualidad actúen por nosotros, lo que suele conllevar resultados a la larga negativos.

Por ello, en estos días que para muchos son de descanso estival, quizá sea un buen momento para intentar reflexionar y obtener el máximo jugo de algunas enseñanzas y lecciones que marcó la vida para algunas personas y cuyo legado puede ser de la máxima utilidad si sabemos extraer la sabiduría que esconden en su interior:

  • La ira tapa el miedo. El maestro yoda, un jedi centenario que acumulaba miles de experiencia, lo tenía muy claro: “El miedo es el camino hacia el lado oscuro. El miedo conduce a la ira, la ira conduce al odio, el odio conduce al sufrimiento”. Hay momentos en que la frustración puede que se apodere de nosotros debido a un cúmulo de malas noticias, por culpa de un error humano que se produzca dentro o fuera de la organización, o a causa de una incidencia imprevista. Incluso es posible que esa ira obnubile al interlocutor que tenemos frente a nosotros. En cualquier caso, siempre hay que intentar mirar las cosas con perspectiva, serenarse y buscar apoyos, psicológicos o humanos, que nos puedan ayudar a volver a recuperar la senda habitual.

 

  • La perseverancia como estandarte. Citábamos antes a una leyenda de la ciencia, ahora vamos con otra de las letras. Miguel de Unamuno decía que “el modo de dar una vez en el clavo es dar cien veces en la herradura”, algo que, aplicado al ámbito empresarial significa que nunca debemos rendirnos ante un fracaso puntual o por la incertidumbre acerca del futuro que, a buen seguro, en un momento u otro nos invadirá. Si algo caracteriza a la raza humana es su afán por superar los límites del cuerpo y de la mente, y eso implica, para lograrlo, que debemos combatir contra una de las tendencias impuestas en el mundo actual: la inmediatez.

 

  • Rectificar es de sabios. Al contrario del punto anterior, muchas veces podemos correr el riesgo de empecinarnos en algo que va en contra de la propia lógica del mercado o del propio sentido común, lo que puede llegar a poner en riesgo incluso la supervivencia del negocio. No conviene nunca cerrarse en banda, sino rodearse de gente que sea profesional y que esté dispuesta a aconsejarnos lo mejor posible incluso si va en contra radicalmente de nuestra manera de pensar.

 

  • Estar siempre a gusto con uno mismo. Mírate cada mañana antes de salir de casa en el espejo y pregúntate si ese día fuera tu último en el mundo qué es lo que te gustaría hacer. Si tienes muy claro que no sería nada de lo que tienes previsto en la agenda, quizá sea el momento de plantearte un cambio, ya que tu vida profesional debe ser sinónimo de pasión, de disfrute, de satisfacción. Si cada jornada lo das todo con la convicción de que es lo mejor para ti y para tu empresa, seguro que en largo plazo los buenos resultados llegarán.

 

  • Muchas veces lo importante no es conseguir el fin, sino el camino hasta lograrlo. Antes de embarcarse en la fabulosa epopeya que fue El Señor de los anillos, Bilbo Bolsón le advirtió a su sobrino Frodo que aprendiera todo lo posible de las vicisitudes que le ocurrirían en el futuro ya que, en ellas, se escondía el verdadero secreto que le impulsaba a realizar el viaje que estaba a punto de comenzar. En cualquier proyecto empresarial, a pesar de los retos principales que se marcan, a lo largo del tiempo se conocerán personas y se vivirán experiencias que no sólo nos enseñarán sino que nos mejorarán como personas y como profesionales. Valorémoslas como se merecen.

 

  • La zona de confort es el lugar menos confortable. En el mundo anglosajón suele decirse que es imposible obtener resultados diferentes si siempre aplicamos las mismas recetas a nuestros problemas. Por ello, conviene ser valiente y arriesgarse cuando las circunstancias así lo requieran, aunque nos pongamos en peligro exponiéndonos frente a terceros o creamos que hacerlo nos llevará al fracaso. No hay nada peor en el mundo empresarial que creer que se debe hacer algo y no ponerlo en marcha, a la larga seguro que nos arrepentiremos.

 

  • Si la vida te da limones, hazte limonada. Aunque cumplamos con todas las premisas anteriores, es posible que, al final, las cosas nos salgan mal y no acabemos logrando los resultados que esperábamos. No te desesperes y recoge el guante porque, a lo mejor, esa mala racha sirve para reorientar el negocio o, incluso, tu propia carrera profesional. Evalúa siempre lo que has aprendido, extrae las cosas buenas de lo que te ha ocurrido y vuelve otra vez a la carga con bríos renovados. Probablemente, el resultado que obtengas te sorprenderá.

Last modified: 14/08/2019