2019: alta tensión para las divisas de mercados emergentes

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Las monedas emergentes perdieron 5 billones de dólares en 2018. El primero con pérdida de valor desde 2015. En 2019, buscarán su potencial en el mercado.

 

Las divisas de los mercados emergentes tratan de recuperar el aliento

Después de un 2018 en el que el valor de sus monedas se dejó más de 5 billones de dólares en las principales plazas cambiarias, será una tarea para la que necesitarán tiempo. Porque la política de subidas de tipos de interés de la Reserva Federal, las tensiones comerciales entre EEUU y China o las fluctuaciones del precio del petróleo serán parte de la sinfonía que determinará el baile de divisas en 2018. Sin menoscabar otros factores de riesgo geopolítico como la irrupción del populismo por Europa y América Latina. “La teoría es simple. O susto, si la coyuntura económica y monetaria mundial evoluciona dentro de su potencial y bajo las perspectivas del mercado, o muerte, si el escenario empeora substancialmente, momento en el que los activos de los mercados emergentes caerán sin remedio”, explica Anthony Peters, analista de divisas y antiguo investigador en Blockex. “Aun así, los emergentes tienen un mayor recorrido alcista si el clima inversor se estabiliza porque sus divisas parten de posiciones muy atrasadas” en su relación con el dólar, el euro o el yen.

Dinero más caro

No es un buen augurio, sin embargo, que Jerome Powell haya admitido en la última reinión de 2018 que el propósito de la Fed seguirá siendo el de encarecer el precio del dinero americano y, con él, el coste de la financiación internacional. Pese a las presiones del presidente de EEUU, Donald Trump, que ha llegado a catalogar del mayor riesgo económico a la gestión de la Reserva Federa y de la obligada salida de su secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, para garantizar el sillón de Powell en la presidencia de la Fed. En una tesitura diferente, pero con cierta similitud, se encuentra el BCE, que ha dado por finalizada su política expansiva de compra de deuda tanto soberana como corporativa -el gran instrumento que logró reanimar al moribundo euro durante la crisis de endeudamiento de la zona monetaria europea- y que podría dirigir esa capacidad monetaria a mercados de altas rentabilidades como el polaco o el húngaro y, con ello, acelerar las subidas de tipos de interés en sus vecinos del Este, cuyos bancos centrales, hasta ahora, se han resentido a modificar sus políticas monetarias.

Espadas en alto

Pero la presión sobre los mercados emergentes, sobre sus calendarios de vencimientos de sus servicios de deuda y sus déficits comerciales y por cuenta corriente, o el endeudamiento de sus corporaciones, que mantienen sus cuentas de resultados en dólares, también va a depender en gran medida de si China y EEUU son capaces de forjar una entente cordiale más allá de los tres meses de tregua en sus disputas comerciales. Las espadas están en alto. La negociación bilateral abierta en Pekín denota, por un lado, una declaración de intenciones positiva. Aunque las voces que han precedido al encuentro del más alto nivel entre ambas delegaciones no son demasiado halagüeñas. Las alusiones mutuas al poderío militar, económico o empresarial y las reticencias a ceder a las demandas comerciales e inversoras han acompañado al comienzo de las reuniones.

Cambios políticos

También podría hacer saltar las alarmas las políticas populistas en los dos grandes mercados de América Latina. Brasil y México inician 2019 con nuevos presidentes, si bien uno y otro se sitúan en las antípodas ideológicas. Las acciones en los mercados brasileños saludaron con euforia al mensaje del ultraderechista Jair Bolsonaro de que privatizará docenas de compañías estatales del país, medida que dirigirá Paulo Guedes, neoliberal de la Universidad de Chicago, como máximo responsable del área económica de su gobierno, quien, nada más tomar posesión de su cargo, ha sugerido que impulsará una reforma de las pensiones para reducir su valor. Entretanto, en México, el izquierdista Andrés Manuel López Obrador, a quien los inversores no conceden su confianza para que el país logre superávits primarios en sus próximos presupuestos, a los que ven con excesivo gasto social.

Otro de los integrantes de los BRICS, Rusia, está pendiente de nuevas sanciones económicas por parte de EEUU, que podrían contemplar las restricciones operativas para adquirir deuda rusa en los mercados internacionales o la retirada de sus bancos en determinadas plazas financieras si el proceso de instrucción que dirige el consejero especial, Robert Mueller, logra del Congreso la aprobación de su línea investigadora que trata de conectar la interferencia del Kremlin en las elecciones americanas de 2016 que dieron la victoria a Donald Trump.

Dinero ‘negro’

Al igual que la evolución que escoja el precio del petróleo. Todavía por debajo de los 55 dólares el barril, una cota que no resulta del agrado de los mercados emergentes y, sobre todo, de Arabia Saudí. Riad necesita que la cotización supere los 95 dólares para equilibrar su presupuesto este año y restaurar la confianza inversora perdida por el affaire del periodista Jamal Khashoggi, de cuya muerte responsabilizan al príncipe heredero saudí y que no ha sido capaz de restablecer ni siquiera la inclusión de los principales valores empresariales del país en el indicador MSCI de mercados emergentes para 2019.

O las elecciones en ciernes, que señalan a otras economías de gran calado. En India, habrá urnas en abril o mayo, que podría desembocar en una nueva coalición de Gobierno que paralizaría la agenda reformista del primer ministro Narendra Modi. Tailandia vota en febrero, después de varios retrasos decretados por el gubernamental partido que tomó el poder en 2014 en un golpe de Estado incruento, en medio de un desencanto inversor por la represión social del país. Y sus vecinos de Indonesia lo harán en abril con un resultado incierto entre el presidente Joko Widodo y su rival Prabowo Subianto. En Argentina, Mauricio Macri se someterá a votación con el apoyo de los inversores, pero con una creciente contestación social a sus políticas. Y con la economía en recesión y con una inflación de casi el 50%, que ha encendido de nuevo el populismo dentro del peronismo. Sudáfrica tendrá también el primer test electoral para Cyril Ramaphosa y Nigeria lo hará en febrero bajo un clima de anemia económica, una rampante deuda de sus empresas estatales y dudas del mercado sobre las posibilidades de éxito de las reformas estructurales del presidente Muhamadu Buhari.

El mercado sitúa al real brasileño y a la rupia india como las de mayor recorrido alcista, junto al peso mexicano, al won surcoreano y al bath tailandés. Si no acontece algún riesgo sistémico en sus economías o si el aterrizaje de los PIB de EEUU y China no resultan ser de especial brusquedad. En un segundo bloque de reactivación, el consenso de los analistas privados incluye a la lira turca, gran protagonista -con permiso de la rupia india y del peso argentino- de la caída súbita de las divisas emergentes en 2018. En especial, durante el periodo estival. Además del rand sudafricano y la rupia indonesia.

La fuerza del Yen

Fuera del ámbito emergente, la palma se la puede llevar el yen. La única divisa que se revalorizó frente al dólar en 2018. Con la vista puesta en la libra, en función de si hay o no acuerdo sobre el Brexit y de si resulta ser un pacto asequible para las dos partes o no. La reválida del euro será la resolución de la crisis presupuestaria italiana y la velocidad que pueda alcanzar cualquier otro pacto más ambicioso sobre las reformas aparejadas a la zona monetaria. Los peores augurios se aprecian sobre el dólar australiano, que seguirá retrocediendo respecto al billete verde. “El yen continúa estando muy infravalorado en términos históricos por lo que, en perspectiva, tiene un recorrido alcista que podría llevarle a concluir el año en las 109 unidades por dólar” dicen desde Barclays. “Incluso a 107, si no hay demasiados percances entre las divisas asiáticas”, matizan.

Last modified: 25/01/2019